Capítulo 15 #2
Shane se despertó de un sueño en el que Ilya y él follaban en medio de la pista de hielo.
Había sido ridículo y, como es lógico, montárselo encima del hielo habría sido difícil e incómodo, pero también había sido superexcitante y ahora Shane la tenía como una piedra y se sentía como si con tres meneos le bastara para llegar al orgasmo.
Joder. ¿Y si se había corrido de verdad en sueños? Ilya se reiría de él toda la vida.
Volvió la cabeza y vio a Ilya tumbado bocarriba con las piernas extendidas, profundamente dormido y con la boca abierta y el pelo tapándole la mayor parte de la cara.
A Shane se le hinchó el corazón. Ese hombre tan guapo era todo para él.
Cerró los ojos y bajó la mano sin miramientos hasta apretarse la base de la polla y luego hizo unas respiraciones profundas. No tenía sentido ir empalmadísimo si Ilya estaba como un tronco.
Cuando por fin recuperó la compostura, abrió los ojos y se encontró con que Ilya le sonreía.
—¿Intentabas no correrte? —preguntó Ilya.
Shane dio una torta a Ilya, con lo que hizo desaparecer esa estúpida sonrisa.
—¡Estabas dormido! Pero ¿qué cojones…?
—Me he despertado —dijo Ilya sin más—. Y estabas meditando con la polla en la mano.
Shane lo empujó para tumbarlo bocarriba otra vez y se subió encima de él. Se puso a horcajadas para poder mirar desde allí a su sonriente y petulante novio e intentar recuperar un poco de dignidad.
—No estaba meditando.
—Vale.
—Tuve un sueño húmedo, nada más. Y me desperté… empalmado, o lo que sea.
Ilya dobló los brazos por detrás de la cabeza.
—Cuéntame qué has soñado.
—Ni hablar.
Ilya abrió la boca fingiendo estar ofendido.
—¿No quieres compartirlo conmigo?
—Nop.
—Entonces es que has soñado con otro. ¿Era Hayden?
Shane echó la cabeza hacia atrás y gruñó.
—Por última vez, Hayden no me atrae.
—Pues lo siento por Hayden.
—¡Hayden es hetero y no le atraigo!
—Si tú lo dices.
Shane movió la cabeza de un modo muy dramático hasta volver a quedarse mirando fijamente a Ilya.
—Supongo que lo único que me hacía falta si quería dejar de tenerla dura era despertarte. Ahora estoy tan cabreado que ya no me apetece nada.
—No sé si es cierto.
Y no. No era cierto. No ahora que Shane acababa de caer en la cuenta de que estaba sentado a horcajadas encima del cuerpo desnudo de su guapísimo novio. No podía resistirse a la excitación que le provocaba la sonrisa torcida y los ojos somnolientos y medio cerrados de Ilya.
—Me pones muchísimo —dijo Shane impotente, mientras deslizaba las palmas por el pecho de Ilya.
La sonrisa de este se ensanchó.
—Cuéntame el sueño.
—Me da vergüenza.
Ilya sacó una mano de detrás de la cabeza y cogió la polla casi blanda de Shane.
—Dime una cosa al menos.
La respiración de Shane se aceleró cuando Ilya empezó a masajearle la polla poco a poco.
—Eh… Estábamos… follando.
—Guau —se limitó a decir Ilya.
Shane no pensaba quedarse ahí sentado mientras lo acusaban de tener sueños eróticos poco imaginativos. Se tragó la vergüenza y añadió:
—En medio de la pista de hielo.
Ilya subió mucho las cejas.
—Sé que por la logística —continuó Shane a toda prisa— sería, ya sabes, casi imposible, pero los sueños son raros. Así que, sí. En medio de la pista.
—¿Había gente? ¿Una multitud?
A Shane se le encendieron las mejillas.
—Creo que no. Puede que empezara como un partido, pero luego estábamos desnudos y solos, me parece.
—Interesante. —Ilya movió la mano para acariciarle las pelotas a Shane—. Yo he tenido sueños en los que follamos delante de gente. Como un par de exhibicionistas.
Shane jadeó cuando Ilya tiró con cuidado de su saco.
—Te encantaría, ¿verdad?
Ilya chasqueó la lengua.
—¿Eso crees?
—Claro. Seguro que has ido a alguna orgía y has follado delante de un público embelesado, ¿a que sí?
Un segundo después, Shane estaba tumbado bocarriba con Ilya cernido sobre él. Ilya se agachó y lo besó en la garganta.
—No —dijo Ilya—. Nada de orgías. —Fue dibujando un sendero de besos por el pecho y el estómago de Shane y entonces levantó la cabeza—. Espera. ¿Con cuántas personas se considera una orgía?
Shane lo miró con los ojos entrecerrados e Ilya sonrió de oreja a oreja.
Shane nunca sabía cuándo Ilya hablaba en serio acerca de su pasado sexual, o cuándo se limitaba a tomarle el pelo a Shane para sacarlo de quicio.
Sabía que, en definitiva, daba igual con cuántas personas se hubiera acostado Ilya, pero a Shane le fascinaba que el número pudiera estar en cualquier punto entre dos y un millón.
Sin duda eran más de dos.
Probablemente menos de un millón.
—Cuéntame qué es para ti una orgía —bromeó Ilya.
Sus ojos rebosaban alegría.
—No.
—Por favor. Tengo que saberlo.
—¿No ibas a…?
—Sí, dame un segundo. ¿Para ti un trío es una orgía?
Shane puso los ojos en blanco y luego se movió como si se dispusiera a salir de la cama. Ilya se rio y lo ancló en el sitio, con las manos alrededor de las muñecas de Shane. Mientras lo miraba, su expresión dejó de ser burlona y se convirtió en algo más dulce.
—Me alegro muchísimo de haberte conocido —dijo Ilya en voz baja.