Capítulo 15
Como era habitual, Shane se encontró empotrado contra una pared en cuanto entró en casa de Ilya. Ilya lo besaba con pasión, con una mano por debajo del muslo de Shane y la pierna de este enredada alrededor del culo de Ilya. Shane todavía llevaba la cazadora y los zapatos puestos.
—¿Me echabas de menos? —preguntó Shane entre risas pegado a los labios de Ilya.
—No —dijo Ilya, y continuó besándolo.
Siguieron así un rato —besándose, tocándose, frotándose, con la polla cada vez más dura el uno contra el otro— mientras Shane se iba acalorando por momentos con tanta ropa de calle.
—Espera —jadeó—. Deja que…
Rebuscó la cremallera de la cazadora sin querer interrumpir lo que estaban haciendo, pero con una gran necesidad de quitarse algunas capas.
Ilya soltó el muslo de Shane y retrocedió un paso. Le brillaban los ojos y tenía los labios hinchados, así que Shane lamentó tener que quitarse la cazadora.
—Deberíamos parar —dijo Ilya.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Porque… —Sonrió— tenemos que preparar la cena.
Cuando Shane se sacó la cazadora y los zapatos, Ilya lo cogió de la mano y lo llevó a la cocina. La encimera estaba llena de verdura fresca, una caja de farro ecológico y un plato de salmón cocido.
—¿Qué es esto? —preguntó Shane.
—Vamos a cocinar juntos. Como hacíamos antes. He encontrado una receta que puede irte bien.
Cogió el iPad que había dejado en la encimera y le mostró la receta a Shane. Este la leyó con atención, conmovido de que Ilya se hubiera tomado tantas molestias.
—Tiene buena pinta —dijo Shane.
Ilya sonrió de oreja a oreja.
Shane se acercó al fregadero para lavarse las manos. De pronto le había entrado mucha hambre.
—Es muy romántico, Ilya.
—No es más que comida.
—¿Cuánto has tardado en encontrar la receta?
Ilya no le contestó.
Trabajaron juntos y fue divertido. Shane echaba de menos compartir la cocina con Ilya, lamentaba que su plan nutricional lo pusiera más difícil.
Cocinaron el farro y cortaron, aderezaron e hicieron a la plancha las verduras y luego lo pusieron en dos platos.
Para acabar, complementaron el cereal y las verduras con trozos de salmón y hierbas aromáticas.
—No está mal —reconoció Ilya más tarde, cuando se lo estaban comiendo en la mesa de la cocina.
Ilya había encendido una vela en medio de la mesa, algo que a Shane le pareció adorable.
—Comer sano no quiere decir comer aburrido —dijo Shane—. Muchas de las cosas que tomo están riquísimas.
Ilya le lanzó una mirada escéptica y luego comió otro bocado de salmón y coliflor especiada.
—No es tan bueno como el pollo con parmesano —dijo después de tragar.
Shane no podía llevarle la contraria. En secreto, habría matado por zamparse un pollo crujiente bañado en queso. Quizá con algo de pasta y salsa Alfredo al lado. Quizá una cerveza para hacerlo bajar. Un poco de pan de ajo…
Pero el pan de ajo no era importante. Lo importante era ganar. Lo importante era jugar en la NHL el máximo tiempo posible.
—De postre —dijo Ilya con una sonrisilla irónica— podemos mirar una foto de una tarta.
Shane puso los ojos en blanco.
—O… —Ilya se inclinó hacia él, sugerente—. ¿A lo mejor te mueres de ganas de probar otra cosa?
—¿Te refieres a tu polla, por ejemplo? —preguntó Shane con sequedad.
Ilya sonrió.
—¿Forma parte de tu dieta?
—Descarado.
Se echaron a reír y Shane notó que el corazón le bailaba feliz en el pecho.
Le encantaba compartir con Ilya momentos tranquilos y caseros como ese.
Le encantaba bromear sobre el sexo y reírse juntos.
Le encantaba que Ilya hubiera buscado una receta y comprado ingredientes específicos para hacerla. Que les hubiese ofrecido ese momento.
—Te quiero —dijo Shane. Las palabras se le escaparon de la boca antes de que supiera que iba a decirlas.
Ilya esbozó una sonrisa dulce y tímida.
—Aún me gusta oírlo.
—Aún me gusta decirlo. —Se sonrieron durante un instante largo, superempalagosos, y entonces Shane dijo—: Bueno. ¿Vamos a ver el documental esta noche?
—Si quieres.
—No lo habrás visto ya, ¿verdad?
Ilya lo fulminó con la mirada.
—No.
—Pero ¿te acordaste de grabarlo?
—Joder, Shane. Que sí.
—Vale. Lo siento.
Ilya dio un sorbo de agua y dijo:
—No es obligatorio verlo.
—Me apetece. —Shane curvó los labios—. Quiero ver qué dijiste de mí.
—¿Te refieres a lo de que te encanta que te chupen los huevos?
Shane soltó un enorme suspiro, luego se levantó para llevar el plato vacío al fregadero.
—Porque por supuesto que les conté eso —dijo Ilya.
—Vale.
—Y que chillas cuando intentas no correrte.
—No chillo.
Ilya se encogió de hombros.
—Por eso nos hace falta grabarnos follando. Para que lo veas.
—Ni hablar. La filtrarías de inmediato.
Ilya sonrió.
—¿Quién no lo haría?
—¿Has oído hablar de la web FanMail? —preguntó Shane mientras se acomodaban en el sofá un rato después.
—Sí. Es tipo que la gente paga para que unos famosos finjan que piensan en ella.
—Es una forma muy poco efusiva de decirlo, pero más o menos. Yo no lo había oído nunca hasta que Hayden me contó que hacía esas felicitaciones y…
Ilya estampó el mando de la tele en el cojín del sofá que tenía al lado.
—¿Hayden está en FanMail?
—Sí.
Ilya se levantó como el rayo del sofá y se largó.
—¿Qué coño haces? —le preguntó Shane.
—Coger el móvil. —Volvió al cabo de un momento con el teléfono en la mano y sonriendo a la pantalla—. ¡Cien dólares! ¿Quién pagaría eso por un vídeo de Hayden?
—Mucha gente —dijo Shane a la defensiva—. Se pasa el rato grabando esas cosas.
—Voy a encargar un vídeo.
—Ilya, no. No seas cabrón.
—Querido Hayden —dijo Ilya en voz alta mientras tecleaba—. Mi novio está triste porque tiene un compañero de trabajo que es un plasta y necesita que lo animen. ¿Podrías mandarle un vídeo cantándole su canción favorita, «O Canada»?
—No es mi canción favorita.
—¿Y cuál es?
Shane no tenía una respuesta preparada para eso, así que, en lugar de contestar, se cruzó de brazos.
—Por favor, no se lo mandes.
—Demasiado tarde.
—Sabrá que eres tú. ¿Qué dirección de correo has usado?
—No te preocupes por eso. —Ilya se sentó junto a Shane y volvió a coger el mando—. Vamos a ver esa chorrada.
No había nada especialmente sorprendente, ni siquiera interesante, en el documental. A grandes rasgos era una recopilación de los momentos estelares de su carrera, junto con algunas entrevistas en primer plano mezcladas para crear una especie de hilo narrativo.
Ilya tenía razón: no hablaba de ellos de verdad.
Pero era bonito tener todos esos cortes y entrevistas reunidos en un pack de una hora. Y era todavía más bonito poder verlo los dos acurrucados en el sofá de Ilya.
De pronto apareció una grabación que Shane no había visto nunca.
—No lo mires —dijo Ilya con un tono de seriedad total.
—¿Acaso es…? Oh.
En la pantalla, Cliff Marlow acababa de tumbar de un golpe a Shane durante un partido contra Boston. Se estremeció. Nunca había podido recordar toda esa mierda, pero desde luego que se acordaba de las lesiones que le había provocado.
El cuerpo de Ilya se tensó mientras los dos observaban el cuerpo inconsciente de Shane en la pista de hielo.
— Spoiler —dijo Shane con una risa temblorosa—. Me despierto.
—Ya lo sé —dijo Ilya en voz baja.
En el vídeo, Ilya estaba volcado sobre el cuerpo de Shane. La cámara captó un primer plano de la cara de Ilya mientras miraba por encima del hombro y empezaba a hacer señas frenéticas al personal médico para que acudiera. Tenía la piel blanca como el papel y los ojos muy abiertos y aterrados.
En cuestión de segundos se formó un corro de gente alrededor del cuerpo de Shane, pero Ilya no se marchó. Se mantuvo ahí, justo fuera del cúmulo de personas, como un guardián. Hablaba, pero no parecía que nadie le prestara atención.
Llevaron una camilla y un tablero espinal a la pista. Uno de los enfermeros tuvo que apartar a Ilya de en medio, pero eso no impidió que se quedara tan cerca como le permitieron, sin apartar la mirada ni un momento del cuerpo de Shane.
—¿Estaba despierto entonces? —preguntó con cautela Shane—. No me acuerdo.
—Sí. Más o menos. —La voz de Ilya sonaba débil y quebrada—. Intentabas hablar conmigo.
Ilya no se apartó ni un puto segundo. A pesar de que todos los compañeros de equipo de Shane se quedaron, con buen criterio, apretujados junto al banquillo de Montreal, para no interferir en la labor de la asistencia médica, Ilya permaneció allí en medio.
Se quedó plantado con su uniforme de Boston para asegurarse de que Shane supiera que no estaba solo.
Shane le apretó la mano mientras veía el vídeo. Porque Shane no era el que estaba reviviendo un momento traumático al ver esas imágenes.
—¿Cómo pudieron no darse cuenta? —preguntó Shane—. ¿Cómo es posible que alguien viera esto, te viese a ti, y no supiera que estábamos juntos?
Ilya había mostrado su corazón con crudeza, lo había aplastado contra la pista de hielo de un modo tan inconfundible como el cuerpo fracturado de Shane.
—No lo sé —respondió Ilya.
Ilya tenía que dejar de ver aquello, así que Shane se le subió al regazo y lo besó.
Nunca había pensado demasiado en lo aterrado que había estado Ilya.
Aliviado de que las lesiones no acabasen con su carrera, no había dado demasiadas vueltas al incidente una vez superado.
Pero sabía que, si la cosa hubiera ido al revés, Shane habría sido un saco de nervios.
Las lesiones eran parte del juego, pero quedarse inconsciente de un golpe daba miedo.
Confiaba en que Ilya nunca le diera semejante susto.
—Siento que tuvieras que pasar por eso —dijo Shane—. Y siento no haberme enterado hasta ahora.
—No pasa nada —dijo Ilya, pese a que tenía los ojos vidriosos por las lágrimas—. Me asusté mucho, pero ahora estás bien.
—Estoy bien —coincidió Shane.
A su lado, la pantalla del móvil de Ilya se iluminó. Lo cogió, probablemente agradecido de tener una distracción, y se echó a reír.
—¿Qué pasa? —preguntó Shane.
—Hayden me ha mandado una foto enseñándome el dedo.