El partido más largo (Game Changers 6) Capítulo 13 #3
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Capítulo 13 #3

—No tanto como tú con ese disfraz. —Shane relajó las piernas, se soltó y se puso de pie. Repasó con la mirada a Ilya con expresión alabadora—. Dios mío.

Ilya sonrió. Quizá al final el disfraz no resultara tan ridículo.

—¿Ha valido la pena venir?

—Joder, ya te digo.

Entonces Shane volvió a tirarse en brazos de Ilya y lo besó mientras le apretaba la nuca con una mano.

Ilya se entretuvo un poco más con el juguete sexual. Daba golpecitos a la base y luego tiraba hasta casi sacarlo antes de volver a empujarlo dentro despacio. Shane se estremeció, luego gimoteó y después le mordió el hombro a Ilya.

—Pero ¿seguro que no pasa nada —preguntó Ilya— por llevar tanto rato puesto un plug ?

—No, no —dijo Shane sin resuello—. Lo busqué en Google.

Ilya sonrió al imaginárselo. Tenía pensado tomarle el pelo un poco más con el tema, pero Shane le quitó las ganas de hacerlo al ponerse de rodillas.

—Llevo toda la noche pensando en esto —dijo Shane mirándolo con esos ojos oscuros y cargados de lujuria.

Entonces levantó la parte delantera de la falda de Ilya y tiró del calzoncillo hacia abajo. Ilya ni siquiera tuvo tiempo de sacar las piernas del todo de la prenda antes de que Shane le rodeara la polla dura con los labios.

—Shane —suspiró Ilya.

A Shane no le hacía falta ningún disfraz para ser una fantasía. Era de una belleza absoluta, allí de rodillas para Ilya. Siempre era una preciosidad.

A Ilya se le llenaron los ojos de lágrimas mientras lo observaba, algo raro y alarmante.

Cerró los ojos con la esperanza de que Shane no se hubiera dado cuenta.

Esa noche Ilya se sentía extrañamente frágil, y la magnífica sorpresa de tener ahí a Shane combinada con la ferviente manera con la que adoraba su polla fue demasiado.

Basta. Era hora de tomar el control de sí mismo y de la situación. Retrocedió un paso y disfrutó al ver que Shane se inclinaba un poco hacia delante, persiguiendo su polla.

—¿Has venido para esto o has venido para que te follara? —le preguntó.

Shane lo miró y parpadeó varias veces.

—Mierda —dijo en voz baja.

Ilya sonrió.

—Ponte de pie. Date la vuelta.

Shane se colocó en posición con obediencia y se agarró del brazo del sofá. Ilya cogió un tubo de lubricante de una discreta cajita que había en la repisa que tenía detrás. Se había acostumbrado a guardar lubricante en casi todas las habitaciones de la casa.

Se embadurnó de lubricante y luego jugó con el plug , aún metido en el ano de Shane, un poco más; lo apretaba y lo giraba despacio. Shane gimió y contoneó las caderas, luego jadeó cuando el juguete presionó contra su próstata.

—¿Cómo has logrado llegar hasta aquí en el coche sin correrte? —le preguntó Ilya.

—He estado a punto —masculló Shane—. Una vez he tenido que parar y…, joder…, reajustármelo.

Ilya chasqueó la lengua y volvió a girar el juguete.

—Qué peligroso. Conducir así. Irresponsable.

—Date prisa, joder —se quejó Shane.

Ilya obedeció sacándole el juguete con un único tirón firme mientras Shane jadeaba y arqueaba la espalda. Ilya arrojó el plug al suelo y se colocó en posición.

—¿Para esto has venido?

—Sí… Vamos.

Ilya se la metió mientras agarraba las caderas de Shane con fuerza para mantener el equilibrio. El cuerpo de Shane le dio la bienvenida, ya relajado y abierto. Era como estar en el cielo.

Shane chilló e Ilya empezó a darle con un ritmo constante, lo embestía con tanta fuerza que el sillón se desplazó unos centímetros por el suelo.

La sala, que hacía apenas un rato estaba llena de gente, música y risas borrachas, se llenó en ese momento únicamente del ritmo de Ilya metiéndosela a Shane, su propia respiración entrecortada y los gemidos de placer de Shane.

—Joder, cuánto te quiero —jadeó Shane—. Lo necesitaba.

Ilya gruñó y plantó una mano entre los omóplatos de Shane, para empujarlo hacia abajo hasta que Shane dobló los brazos y apoyó el pecho en el extremo del sillón.

—Hostia… —gimió Shane—. Es perfecto. Ay, dios. No pares.

Ilya no quería parar, pero ya notaba cómo se iba formando su orgasmo. Alargó el brazo hacia la polla de Shane y la rodeó con la mano para empezar a meneársela.

—Espera —dijo Shane entre dientes—. Quiero verte.

Ilya no discutió. Sacó el miembro y le dio la vuelta a Shane, luego lo empujó hacia atrás hasta que quedó apoyado en los cojines del sillón, con el culo sobre el brazo del asiento. Ilya le agarró los muslos, tiró de él hacia arriba y hacia él, y volvió a metérsela hasta el fondo.

—Más fuerte —exigió Shane—. Quiero notarlo durante días.

Ilya gruñó y empezó a mover las caderas con tanto vigor que tuvo miedo de hacer daño a Shane. Pero Shane sonreía como si fuera lo más maravilloso del mundo.

—Ilya —jadeó—. Eres perfecto. Me encanta.

—Venga, córrete —le ordenó Ilya, casi histérico—. Ya.

Shane se la meneó con furia mientras miraba a la cara a Ilya. Tenía los ojos enormes y brillantes, e Ilya quería bucear en ellos. Quería seguir enterrado en Shane para siempre, hacer que se corriera una y otra vez, una y otra vez.

—Voy a correrme. Hostia puta. Ilya, voy…

Las palabras de Shane se disolvieron en un gemido en el momento en que se salpicó de semen todo el estómago.

—Sí —dijo Ilya en voz baja—. Qué belleza.

Al cabo de unas pocas embestidas más, se vació dentro de Shane, agarrándose con una mano al respaldo del sillón.

—Guau —dijo con voz ronca Shane.

Ilya soltó una risita divertida. Se tapó la boca enseguida.

Shane sonrió de oreja a oreja.

—Pero por dios. ¿Qué ha sido eso?

—Nada. No lo sé.

Ilya se distrajo sacando con cuidado la polla del ano de Shane.

Este se puso de pie poco a poco, con una mano apoyada en el hombro de Ilya para mantener el equilibrio.

—Tengo que decir que ha valido mucho la pena hacer el trayecto.

—Con un plug en el ojete —le recordó Ilya.

Notó como si vibrara por las entrañas y se dio cuenta de que le temblaba la mano.

—Me moría de ganas de verte, te lo juro —dijo Shane muy serio.

Ilya asintió y luego lo arropó en un fuerte abrazo. Le ardían los ojos por las lágrimas otra vez, algo bochornoso e inapropiado después de un polvo alucinante.

—Gracias —dijo escondido en el pelo de Shane.

Era muy poco propio de Shane el ser así de impulsivo. Conducir hasta Ottawa en mitad de la noche para un polvo rápido.

Pero también era muy poco propio de Ilya el llorar después del sexo, así que esa noche los dos estaban experimentando cosas nuevas.

—Me gusta la decoración —dijo Shane cuando Ilya llevaba un minuto entero aspirando su aroma.

—Sí. Está bien.

—Espeluznante.

—Mmm.

—Será mejor que nos limpiemos. Tenía corrida en el estómago. Y ahora la tienes en el disfraz.

Ilya sorbió por la nariz, ahogando el llanto, y confió en que Shane no se diera cuenta.

—Nos daremos una ducha. Luego a dormir. Y luego sexo por la mañana.

—Tengo que marcharme antes de las siete.

Ilya lo estrechó todavía más.

—No. Sáltate el entreno.

—No puedo.

—Ya lo sé. —Ilya suspiró y soltó a Shane—. Pues entonces sexo muy temprano.

Shane sonrió.

—«Lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad».

—¿Qué?

—¡Es una cita de Gladiator ! —Shane señaló lo que quedaba del disfraz de Ilya—. ¡Por favor!

—Vale, friki.

—En realidad, solo la conozco porque Comeau la lleva tatuada en el brazo.

—Claro, le pega.

Shane echó un vistazo al pectoral izquierdo de Ilya, por encima de la coraza.

—No eres quien para reírte de los tatuajes de otras personas.

Levantó la cabeza y sonrió a Ilya, que le devolvió la sonrisa, abrumado por cuánto amaba a ese hombre.

—Ve —le dijo Ilya con cariño—. Arriba.

Shane le dio un beso rápido, luego se volvió y se dirigió a las escaleras. Ilya observó cómo se marchaba y se tomó un instante para respirar hondo unas cuantas veces e intentar apaciguar lo que fuera que ocurría en su interior.

A la mañana siguiente, al despuntar el día, Ilya observó cómo se alejaba Shane.

Se quedó en el peldaño de la entrada varios minutos más, mirando hacia la dirección por la que se había ido el coche y temblando con los pantalones cortos de deporte y la camiseta.

Luego entró, cerró la puerta y se echó a llorar.

Cuando acabó de desahogarse, al cabo de un rato indeterminado, se sentía más agotado que después de un partido de hockey. Estaba hecho un ovillo en el suelo, acurrucado contra la puerta de casa, y el mero hecho de levantarse le parecía una hazaña inalcanzable.

Decidió que sí. Probablemente le convenía buscar ayuda profesional.