Capítulo 13
—¿Qué haces esta noche? —le preguntó J. J.
—Nada —dijo Shane, y se arrepintió de inmediato.
Ilya se había marchado el día anterior y Shane notaba la ausencia. No quería hacer nada que implicara socializar esa noche.
J. J. apoyó una mano en la pared de la taquilla del vestuario de Shane, justo por encima de donde estaba sentado este, y lo encajonó.
—Ay, pues deberías salir conmigo. He quedado con unos amigos en una coctelería genial que ha abierto mi colega Benoit.
—No bebo alcohol —le recordó Shane.
—Ah, ¿sigues sin beber?
—Sí. Sigo sin beber.
Shane continuó desatándose los patines, con la esperanza de transmitirle que la conversación había terminado.
—Vale, bueno, también tienen otras bebidas. Seguro que hacen unos..., eh, cócteles sin alcohol alucinantes.
Shane estuvo a punto de recordarle que tampoco consumía la mayor parte de los ingredientes más probables de un cóctel sin alcohol, pero decidió zanjar el asunto de una vez.
—Voy a quedarme en casa. Pero gracias de todos modos.
J. J. suspiró y se sentó en el banco al lado de Shane. Era el sitio de Hayden, pero en ese momento Hayden estaba en la ducha.
—No es saludable —dijo en francés.
Cuando J. J. pasaba al francés al hablar con Shane solía significar que la conversación iba en serio. O que estaba borracho.
—¿Qué más haces aparte de venir a entrenar… —Señaló con la mano el vestuario, como para indicar la actividad que acababan de terminar—, jugar partidos, hacer ejercicio y dormir?
—Mogollón de cosas —se justificó Shane confiando en que no le preguntara ejemplos concretos.
—¿Como qué?
—Quedo… con amigos.
—Amigos —dijo J. J. con apatía. Y con escepticismo—. ¿Tipo quién? ¿Tus padres?
—No —respondió a toda prisa Shane, y buscó algún ejemplo en la memoria—. ¿Hayden?
J. J. lo miró con el ceño fruncido e insistió:
—Sal hoy.
—¿Por qué?
—Porque…
Ay, dios.
—¿Porque qué?
—Quiero que conozcas a alguien.
Shane se inclinó y se sacó el patín de un tirón.
—Nop. Ni hablar.
—Es supermajo y, ya sabes, guapo. Es entrenador personal así que he pensado que igual te gustaría.
—Y deja que lo adivine: es gay y está soltero.
—Bueno, sí.
Shane quería soltarle que solo porque un hombre fuese gay y estuviese soltero y fuera guapo y entrenador personal no significaba que a Shane…
, bueno, vale, en otras circunstancias lo más probable era que a Shane sí le hubiese apetecido conocerlo, pero esa no era la cuestión.
La cuestión era que Shane tenía un novio secreto estupendísimo, así que, claro, era una falta de educación por parte de J.
J. intentar emparejarlo con otros hombres.
Aunque J. J. no supiera que Shane salía con alguien, y seguro que daba por hecho que Shane no había follado en años. O nunca.
En realidad, era casi tierno que el compañero de la NHL de Shane tratase de buscarle una cita.
Tras soltar el aire despacio, Shane dijo:
—Te lo agradezco y seguro que es muy simpático.
—Y guapo —le recordó J. J.—. Hasta yo me he fijado.
—Seguro. Pero, de verdad, ahora mismo no busco rollo con nadie.
Ala. Más claro imposible. Y sincero.
J. J. lo miró con una gran preocupación, cosa que hizo que Shane dudara de si iba a dejar de una vez el tema.
—¿Por qué no quieres quedar con nadie? No tiene por qué ser serio. Podríais follar y ya está, ¿eh?
Nervioso, Shane recorrió la sala con la mirada, pero no parecía que los demás les prestaran atención.
—Estoy bien así —dijo serio.
J. J. se rio.
—Si estar tan tenso que parece que vayas a estallar en cualquier momento es estar bien, estupendo.
—¡No estoy tenso! —dijo Shane con el tono de alguien que estaba a punto de perder los papeles—. ¿Es lo que piensan los otros jugadores? ¿Parezco distraído o algo? ¿Afecta a cómo juego? ¿De eso se trata?
J. J. cambió al inglés.
—¡No! Qué va, colega. Soy yo, que te hablo como amigo. Eres un tío genial y quiero que seas feliz. Nada más. Te lo prometo.
Shane se apoyó en la taquilla y dejó caer la cabeza hacia atrás, hasta golpearse con la pared.
—Vale.
—Entonces ¿quieres conocer a David o…?
—¿David? —Shane decidió jugar esa carta para cortar de una vez la conversación—. Mi padre se llama David. ¡No puedo salir con un David!
J. J. se tomó en serio la objeción.
—Mierda. Lo siento. No se me había ocurrido. Tienes razón.
Se levantó con aire abatido.
—Oye —dijo Shane—. Te lo agradezco. De verdad.
A J. J. se le iluminó la cara al oírlo.
—Así que si conozco a algún otro chico gay soltero y simpático que no se llame David…
—Pues preséntaselo a David —respondió Shane—. En serio. Si alguna vez busco pareja, te lo haré saber, ¿vale?
Algo que confiaba en que no ocurriera nunca.
J. J. asintió.
—Que no me meta donde no me llaman. Entendido.
Se marchó justo cuando Hayden salía de la ducha, con una toalla algo suelta alrededor de la cintura. Al ver que J. J. se iba, Hayden se dirigió a Shane:
—¿Ha intentado emparejarte con ese tío?
—¿Te lo había contado? —A Shane no le gustaba que su vida privada fuera algo que se comentara en el equipo.
—Sí, me lo contó.
—¿Y por qué no, eh, le quitaste la idea de la cabeza?
—Porque el tipo sonaba perfecto para ti. —Hayden extendió los brazos cuando Shane se quedó boquiabierto—. ¿Qué? ¡Creo que puedes aspirar a más!
—Me cago en la puta. Gracias, Hayden.
Hayden se sentó a su lado y le dio un codazo en el brazo.
—Hablo en broma. Más o menos. Además —sé inclinó hacia él—, sé que ahora Ilya y tú estáis casados, así que…
Shane cerró los ojos.
—Ay, dios mío.
—Jade me contó que había sido una ceremonia preciosa. Aunque me dolió un poco que no me invitaras, ¿sabes? Pero me alegro por vosotros.
—Cállate.
Hayden se echó a reír y al final Shane se unió a las risas.
—¿Sabes una cosa? —añadió Hayden en serio—. Aunque me meta contigo por eso, confío de todo corazón en que me invites. Si alguna vez te casas de verdad.
Shane se lo quedó mirando, conmovido por el apoyo de Hayden y a la vez alucinado de que pudiera dudar de si Shane iba a invitarlo a su hipotética boda.
—Claro que te invitaría. No digas chorradas, tío.
Hayden sonrió.
—Muy bien. Solo quería asegurarme.
—Dudo que lleguemos a tener, tipo, una boda tradicional con toda la mandanga, pero, si en algún momento hacemos algo, estás en la lista, ¿vale?
—Guay. ¿Rozanov también está en la lista o…?
—Vete a la mierda —dijo entre risas Shane—. Acabo de sacarte de la lista.
—Ni hablar.
—Sí. Borrado del todo.
—No, no. Soy tu padrino. Y el maestro de ceremonias.
—Desde luego que no.
—Mierda, me…, ¿cómo se dice? Pediré la anulación o la autorización, o lo que sea. Os casaré yo en persona.
—¿Autorización para casarnos? ¿Y qué quieres anular, eh?
—Yo qué sé…
—Si pides la anulación es que dejas de estar casado, tonto. ¿Quieres acabar con tu matrimonio para hacerte cura y casarnos? ¿O es que quieres casarte con nosotros dos? Porque ya no sé a qué te refieres.
—¡Qué va, joder! Para empezar, la que manda es Jackie y, para continuar, jamás me casaría con Rozanov.
—Entonces ¿conmigo sí te casarías?
Hayden se sonrojó un poco.
—¡No! No pienso ca… ¡No!
Shane decidió dejar de tomarle el pelo, porque la cosa se estaba poniendo un poco rara.
—Serás mi padrino de boda, Hayden. Prometido.
—¡Trato hecho! —Hayden alargó el puño y Shane se lo chocó—. Tengo que ir a grabar un FanMail.
—¿De qué coño hablas ahora?
—¡FanMail! Es una web en la que los fans pagan para que sus famosos favoritos les manden vídeos cortos de felicitación. O para que manden vídeos a otras personas, como sus padres y tal.
—¿De verdad? ¿Haces eso?
—Eh… Sí. Me dan cien dólares por grabarme felicitando el cumpleaños a gente random . Claro que lo hago.
—¿Y cuesta más si solo llevas una toalla puesta?
Hayden sonrió.
—¡Iba a vestirme antes! Joder, tío.
—Pues a lo mejor deberías apuntarte a esa otra web, ¿no? La porno.
—¿La porno? Tipo, ¿la única y genuina web porno? ¿Ahí es donde crees que debería salir?
—Cállate. Ya sabes a cuál me refiero.
—Claro. ¿Se llama sitio porno punto com?
—¡OnlyFans! ¡Me refería a esa! ¿No es ahí donde la gente, rollo, hace cosas sexuales por dinero?
Hayden se rio con tanto escándalo que Shane temía que se le cayera la toalla.
—Qué inocente eres. Me encanta.
—No lo soy.
¿Por qué todo el mundo pensaba que era un mojigato total? Incluso Ilya —el hombre con quien se acostaba con frecuencia— le tomaba el pelo con eso.
—Perdón —dijo Hayden, sin dejar de reírse—. Seguro que eres una fiera en la cama.
—¿No crees que lo sea?
Hayden extendió las manos.
—No me lo cuentes, por favor.
Puto Hayden. Shane sí podía ser una fiera en la cama. No siempre estaba cohibido.
—¿Seguro? Porque la otra noche…
—¡Que no! —Hayden se apartó—. Un «no» rotundo. No, no y no.
Shane negó con la cabeza.
—Vístete, capullo.
Hayden empezó a rebuscar en la bolsa a ver si encontraba ropa limpia.
—No pasa nada si se acaba la magia. Ocurre después de casarte. A veces. A mí no, obviamente.
—Qué idiota eres —dijo Shane, aunque estaba conteniendo la sonrisa.
Ya había empezado a hacer una lluvia de ideas de cómo mostrarle su lado salvaje a Ilya en cuanto tuviera oportunidad.
Ilya estaba rodeado de mujeres guapas. Todas estaban casadas con sus compañeros de equipo, pero aun así. Eran guapas.
Sus compañeros también eran guapos. Todos y todo eran una preciosidad.
Se vio de refilón en el espejo gigante que había en una pared de su espaciosa sala de estar.
Las coloridas luces de discoteca giraban y se reflejaban en la coraza metálica y en las muñequeras de cuero mientras bailaba. Irresistible.
Puede que estuviera un poco borracho. Y un poco colocado. Una voz distante y molesta en un rincón de su mente —una voz que se parecía mucho a la de Shane Hollander— le comentó que en esos momentos tal vez no fuera el mejor ejemplo de buen capitán para los jugadores más jóvenes.
Pero una voz todavía más fuerte le decía que eso era una fiesta en casa del propio Ilya, y que se estaba divirtiendo, igual que todos los demás. Porque Ilya era experto en dar fiestas.
La canción que atronaba en el equipo de sonido era buena. Ilya no sabía cuál era ni quién se estaba encargando de la música.