El partido más largo (Game Changers 6) Capítulo 12 #2
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Capítulo 12 #2

—Morado. Con purpurina. Y rosa. Y azul.

Ilya sonrió.

—Estupendo.

Shane volvió con la cartera y se la entregó a Jackie.

—Gracias por echarnos una mano —dijo Jackie—. Sé que os hemos estropeado el día.

—No lo habéis estropeado —dijo Ilya con sinceridad—. Ahora será más interesante.

Amber, la más pequeña de la familia Pike, se echó a llorar cuando Ilya intentó cerrar la puerta del coche.

—Ay, cariño —dijo Jackie—. No pasa nada. Mami volverá a casa enseguida y os lo pasaréis genial con el tío Ilya.

—¿El tío Ilya? —refunfuñó Hayden.

Ilya cogió en brazos a Amber y le sonrió.

—Shane me ha dicho que eres una gran cocinera.

La niña de tres años lo miró con los ojos llorosos y muy abiertos, y luego asintió con la cabeza.

—Si te gusta la comida de plástico —comentó Hayden—, estás de suerte.

—Mejor que lo que come Shane —dijo Ilya guiñándole un ojo a su novio.

Hayden se rio de corazón al oírlo.

—¿Purpurina en todas? —preguntó Ilya.

Ruby asintió sin dudarlo e Ilya se puso manos a la obra. Ya le había pintado las uñas en una atrevida combinación de morado oscuro, rosa neón y azul claro, pero, por supuesto, era necesario añadir purpurina.

—¿Cómo vas? —preguntó Shane cuando entró en la cocina.

—De fábula. Mira lo bien que me está quedando esto.

Shane se inclinó sobre la mesa e inspeccionó la manicura de Ruby.

—Guau. Qué envidia.

—La siguiente soy yo —dijo Jade, la hermana gemela de Ruby, para reclamar su puesto antes de que Shane intentara saltarse la cola.

—¿Ya se ha dormido Amber? —preguntó Ilya.

—Sí. Cayó redonda después de una hora entera preparándonos comida.

Ilya sonrió y recordó con qué empeño había presentado Amber cada uno de los platos con alimentos de plástico.

—Me sorprendió que te comieras la hamburguesa. Es carne roja, ya sabes.

Shane le dio un puñetazo flojo en el hombro.

—Idiota.

—Eso no se dice —le advirtió Jade.

—Tienes razón —coincidió Ilya—. Eso no se dice, Shane.

—Perdón.

Se sentó a la mesa entre Jade y el niño mediano, Arthur. El único hijo de los Pike era un niño bastante reservado, que parecía satisfecho con observar lo que fuera que ocurriese a su alrededor. Se le notaba fascinado por las uñas de su hermana.

—¿Quieres que te las pinte a ti, Arthur? —preguntó Ilya.

El niño de cinco años parpadeó varias veces mientras lo miraba y luego asintió con la cabeza.

—¡No puede! —insistió Ruby—. Es un niño.

—Los chicos pueden pintarse las uñas —dijo Ilya—. Mira. —Se puso con cuidado una capa de esmalte de color azul pálido en la uña del pulgar—. ¿Lo ves?

—Papá dice que es solo para las chicas —dijo Jade.

—Bueno, pues papá es un…

—Vuestro papá no conoce a muchos chicos que se pinten las uñas —intervino Shane justo a tiempo—. Pero hay un montón que lo hacen.

Ilya se pintó el resto de las uñas de la mano izquierda y admiró su obra.

—Qué bonito ha quedado. Quizá debería ponerme también la purpurina.

—Ven —dijo Shane. Le tomó la mano a Ilya y agarró el frasquito de esmalte de purpurina—. Es más fácil si lo hace otra persona. Supongo.

Todos observaron a Shane mientras se inclinaba sobre la mano de Ilya y se concentraba muchísimo para ponerle una capa de esmalte en cada uña. A Ilya le dio un vuelco el corazón ante un gesto tan tierno.

—¿Es tu marido? —preguntó Ruby.

Ilya se estremeció y casi hizo que Shane se saliera de la uña.

—No.

—¿Y tú eres su marido?

—Las cosas no van a… —dijo Shane, y entonces se detuvo—. No estamos casados.

—¿Y vais a casaros?

Shane miró a los ojos a Ilya y este vio que le suplicaba en silencio que lo ayudara.

—¿Crees que tendríamos que hacerlo? —preguntó Ilya.

—¿Os queréis mucho?

—Somos amigos —dijo Shane incómodo a la par que Ilya decía:

—Sí.

Jade cogió a su hermana por el brazo.

—¡Podríamos hacer una boda hoy!

Rudy saltó y aplaudió, con lo que seguro que se iba a estropear las uñas.

—¡Sí! ¿Podemos?

Ilya sonrió a Shane.

—¿Qué opinas tú, mi amor?

Veinte minutos después, Shane se hallaba en medio de la sala de estar de los Pike con una capa de mago, una chistera y un anillo de plástico rosa con forma de corazón en la mano.

Ilya estaba de pie a su lado con una pajarita de lentejuelas rojas y una diadema forrada de flores. Llevaba un anillo idéntico pero morado.

Enfrente tenían a dos niñas de siete años con vestidos de princesa, y detrás de ellas había un numeroso público de peluches y Arthur (con un disfraz de bombero y las uñas recién pintadas).

Arthur apretó un botón de un muñeco en el que sonaban quince segundos de una canción de Vaiana , y después de eso estuvieron listos para empezar.

—Esta es la boda de Shane Hollander e Ilya… —Jade entrecerró los ojos mirando a Ilya.

—Rozanov —le apuntó.

La niña asintió.

—Rosa-nof.

Shane soltó una risita e Ilya le dio un codazo.

—Shane, por favor. Mantén la compostura. Es el día de nuestra boda.

—Shane, ¿prometes amar a Ilya y ser su marido para toda la vida? —preguntó Ruby.

Shane miró a su novio, de aspecto bastante ridículo, quien le sonrió. Una de las flores de la diadema estaba sujeta solo con un hilo y colgaba delante de la ceja izquierda levantada de Ilya. De repente, y de forma absurda, a Shane se le hizo un nudo en la garganta.

—Sí, lo prometo —dijo en voz baja, y con tanto sentimiento que casi le daba vergüenza.

—Ilya —dijo Jade—, ¿prometes amar a Shane y ser su marido para toda la vida?

—Sí, lo prometo —dijo Ilya—. Para toda la vida.

Hubo un ligero temblor en la voz de Ilya, lo cual sorprendió y alivió a Shane. Por lo menos, él no era el único que se estaba poniendo emotivo.

—Muy bien —dijo Jade—. Ahora lo de los anillos.

Ilya tomó la mano de Shane y le deslizó el anillo infantil de color morado en el dedo meñique, hasta por debajo de la segunda falange. Shane disimuló una risa temblorosa.

Shane tomó la mano de Ilya y sonrió al verle las uñas pintadas. Intentó ponerle el anillo en el meñique, pero no pasó de la yema. Alzó la mirada y se fijó en que Ilya parpadeaba muy rápido.

—Yo os declaro marido y marido —dijo Ruby.

Jane le dio un codazo.

—¡Oye, que eso lo tenía que decir yo!

—¡No es verdad! Tú dices lo del beso.

—Ah, sí. Podéis besaros.

Shane levantó las cejas mirando a Ilya y le preguntó en silencio: «¿Quieres?».

Ilya se inclinó hacia él y le dio un beso rápido en la boca mientras los niños vitoreaban y les tiraban puñados de papel que habían cortado para hacer confeti. Arthur volvió a poner la canción de Vaiana .

Después del beso, Ilya apoyó la frente en la de Shane y se quedaron así, congelados en el momento.

—¿Significa eso que esta noche es nuestra luna de miel? —preguntó Shane en voz baja.

—Vamos a fingir que sí.

A Shane le estaba costando un montón meter la llave en la cerradura, porque Ilya no paraba de besarle el cuello.

—Para un momento, ¿quieres? —dijo Shane inclinando la cabeza para intentar evitar los ataques de Ilya.

Ilya no se rindió. Cambió al otro lado y le mordisqueó la oreja a Shane. Este soltó una risita casi infantil y fingió intentar apartarse cuando Ilya le abrazó el pecho por detrás.

—Dame —dijo Ilya, y le quitó la llave de las manos a Shane.

Con pericia, metió la llave en la cerradura y la giró mientras seguía comiéndose el cuello de Shane.

—Chulo —se quejó Shane.

—Siempre.

Entonces Ilya cogió a Shane en brazos de lado, como si fueran una pareja de recién casados. Igual que había llevado a Jackie al coche horas antes.

—Pero ¿qué coño…? —dijo Shane, aunque sonaba más encantado que indignado—. ¡Bájame!

Ilya le sonrió y abrió la puerta empujando con el pie.

—Es nuestra luna de miel.

—No puede ser bueno para tu rodilla.

—Mi rodilla está bien —se mofó Ilya—. Y no pesas nada.

—¡Peso noventa kilos!

—Sí, ya.

—¡Que sí!

—Ni que midieras uno ochenta.

—¡Es que mido uno ochenta!

Ilya negó con la cabeza y cruzó el umbral.

Los Pike se habían pasado horas en el hospital, pero por suerte Jackie, como le había repetido mil veces a su marido, solo tenía un esguince en el tobillo.

Entró por la puerta caminando como pudo con muletas casi a la hora de cenar, mientras Hayden la seguía con aire protector y cara de cansancio y preocupación.

Ilya, Shane y los chiquillos estaban apretujados en el sofá viendo Frozen 2 .

Ilya había pasado el brazo con comodidad por los hombros de Shane, un gesto que les resultó agradable en presencia de otras personas.

No pareció que a Hayden le importara mucho, pero tal vez fuera porque se distrajo mirando la diadema de flores que todavía llevaba puesta Ilya.

En conjunto había sido un día muy divertido.

Ilya llevó a Shane a la sala de estar, luego se detuvo y observó alrededor.

—¿Ahora qué?

—¡Ahora bájame!

—¿Así va la cosa? Pensaba que tendría que tumbarte en la cama, ¿no? ¿Con unos pétalos de rosa?

—Vete a la mierda, anda.

Shane se retorció hasta que Ilya no tuvo más remedio que soltarlo.

Shane cayó de pie, pero se tambaleó hacia delante y estuvo a punto de chocarse con la mesita de centro.

Cuando se dio la vuelta para fulminar a Ilya con la mirada, se lo encontró sonriendo con la misma expresión dulce que Shane había visto en su rostro mientras intercambiaban los votos matrimoniales de mentira.

—¿Qué pasa? —preguntó Shane.

—Nada. —Ilya se rascó la nuca. Apartó la mirada. Volvió a mirar a Shane—. Hoy ha sido chulo.

—Sí… —Shane lo cogió de la mano y tiró de él para acercarlo—. O sea, no la parte en la que Jackie se ha hecho daño en el tobillo, pero sí lo demás.

—Tiene suerte de no habérselo roto.

—Hayden sí que tiene suerte —dijo Shane.

Hayden era su mejor amigo y un padre maravilloso, pero Jackie se ocupaba del noventa y nueve por ciento de todo lo que ocurría en esa familia.

—Me gustan esos críos —dijo Ilya—. No puedo creer que los haya hecho Hayden.

—Se te dan genial los niños.

Shane rozó la nariz de Ilya con la suya y luego le dio un beso en la boca. Sabía a la limonada que Shane había rechazado en casa de los Pike, pero de la que Ilya se había bebido dos vasos encantado. Con sentimiento de culpa, Shane disfrutó del sabor, dulce y algo ácido.

Cuando dejaron de besarse, Ilya dijo:

—Serás un buen padre.