El partido más largo (Game Changers 6) Capítulo 12
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Capítulo 12

Shane se sorprendió mucho cuando abrió los ojos y descubrió que ya era por la mañana. No recordaba haberse quedado dormido, pero debía de estar agotado después del partido y del sexo apoteósico.

Dios, y tantas veces de quedarse a punto. Había sido una puta pasada, se había puesto a mil.

Oía a Ilya roncando suave a su lado, con un brazo fuerte colocado de forma relajada alrededor de la cintura de Shane.

Este sonrió y se abrazó a él, suspirando de satisfacción.

Iba empalmado y notó que Ilya también, pero de momento podía pasar eso por alto.

El sexo era genial, pero los instantes como ese, donde podían acurrucarse y acariciarse y existir sin más los dos juntos a solas en una habitación tranquila, eran la cosa favorita de Shane.

Por norma general, era madrugador y seguía una rutina estricta todas las mañanas. Pero, en lugar de saltar de la cama y ponerse la ropa de salir a correr, esa mañana se rindió ante la comodidad de sentirse arropado por el hombre a quien amaba y se quedó dormido de nuevo.

Se despertó un rato después cuando Ilya empezó a darle besos por el hombro.

—Buenos días —murmuró Shane.

—Desde luego —coincidió Ilya.

Shane se puso bocarriba y miró hacia Ilya, despeinado, adormilado y fabuloso con la luz matutina.

—Tenemos todo el día juntos por delante.

Ilya sonrió.

—Y toda la noche.

—¿Qué quieres hacer?

—Quiero que te cepilles los dientes, porque no vas a dejar que te bese hasta que lo hagas.

—También te los tienes que lavar tú —se apresuró a añadir Shane.

—Sí, sí.

Ilya levantó la mano de Shane hasta su boca y le besó los nudillos.

—Y tenemos que ducharnos.

—Ya lo sé. Pero después quiero prepararte un impresionante desayuno muy sano. —Le besó la palma a Shane—. Y quiero pasarme todo el día tocándote.

—Vale.

Se cepillaron los dientes, luego se metieron en la ducha juntos. Ambos estaban de buen humor, sonreían y se reían de cualquier cosa. Ilya preparó huevos poché con fruta cortada en rodajas mientras Shane hacía unos smoothies con proteínas y café.

—El documental aquel de la ESPN se emite la semana que viene —dijo Shane.

—Sí.

—¿Tú crees que será raro verlo?

Ilya se encogió de hombros.

—Puede.

—Creo que las entrevistas me salieron fatal. Me sentía muy incómodo.

—Normal.

—Respondiendo a tantas preguntas sobre ti y nuestra, ya sabes, relación profesional. Mientras ocultaba nuestra auténtica relación. Fue duro.

—Mmm.

Shane sacó una taza de café, que cogió Ilya. Entonces, con la mayor naturalidad que pudo, Shane preguntó:

—¿Qué dijiste de mí?

Ilya chasqueó la lengua y fue a la nevera a buscar la leche entera para el café que Shane había comprado solo para él.

—Mira el documental y te enterarás.

Shane soltó un suspiro largo e irritado.

—Dime una cosa por lo menos.

—No.

Shane lo fulminó con la mirada y luego dio un puñetazo enfadado sobre la mesa de la cocina.

—Genial.

Ilya apartó la leche y fue a buscar el azucarero.

—Dije que te corres muy deprisa cuando te chupo los huevos.

Shane le tiró una fresa.

—Eres imbécil. Y no lo hago tan deprisa.

—Vale.

Se sentaron juntos a la mesa e Ilya olfateó su smoothie con una expresión de asco en la cara.

—Te aseguro que está repleto de proteínas y nutrientes —le prometió Shane.

Ilya no parecía pensar que fuera suficiente buena razón para tomarlo. Lo dejó a un lado y atacó los huevos.

—Yo dije cosas bonitas sobre ti —comentó Shane mientras observaba cómo devoraba los huevos Ilya.

—¿Ah, sí?

Sonaba falto de interés, pero Shane sabía que era fachada.

—Sip.

Shane dio un sorbo al smoothie y esperó.

—¿Qué dijiste? —dijo Ilya.

Shane sonrió.

—Tendrás que ver el documental para saberlo.

Ilya resopló.

—Genial.

El sabor de la victoria no duró mucho. Shane pinchó los huevos y dijo en tono casi patético:

—Ojalá me contaras al menos una de las cosas que dijiste.

—¿Por qué? —soltó Ilya, en voz tan alta y seca que Shane se sobresaltó—.

Era aburrido. No podía decir ninguna de las cosas que quería decir.

Dije que eras un gran jugador de hockey.

Un buen tipo. Muy competitivo. Toda esa mierda que podría haber dicho cualquiera de tus compañeros de equipo.

—Ilya suspiró fuerte y luego continuó hablando en un tono más bajo—: Cuando veas el documental, eso es lo que encontrarás.

A mí sin decir nada. Me habría gustado decir que lo eres todo para mí, joder. Todo. ¿Vale?

Shane tragó saliva con dificultad.

—Ah.

Después de tantos años juntos, no entendía cómo todavía le sorprendía tanto lo profundo que era lo que Ilya sentía por él.

La forma directa y sin tapujos con la que Ilya revelaba de vez en cuando lo que guardaba en su corazón.

Quizá, como el inglés era una segunda lengua para Ilya, le costaba más maquillar sus sentimientos con palabras bonitas, pero esa cruda sinceridad impactaba a Shane como un rayo cada vez que la percibía.

Ilya soltó un suspiro tembloroso.

—Pero aun así no pienso beberme ese smoothie .

Shane se rio, contento de quitarse parte de la tensión que se le había acumulado dentro. Luego dijo en voz baja:

—Tú también lo eres todo para mí.

Ilya le aguantó la mirada un momento largo y a Shane le pareció que tenía los ojos tristes.

—Por supuesto —respondió entonces Ilya.

Una hora más tarde, estaban entrelazados en el sofá de Shane.

Este no recordaba qué supuesta actividad los había llevado hasta allí —¿ver una peli?

, ¿jugar a un videojuego?—, porque la habían desechado al instante para dedicarse a besarse.

Shane se había subido a horcajadas al regazo de Ilya, de cara a él, y lo besaba mientras le sujetaba la cara entre las manos.

—Joder, te he echado de menos una barbaridad —murmuró Shane pegado a los labios de Ilya.

Él le apretó el culo y lo besó con ansia.

Ambos iban vestidos y estaban empalmadísimos, pero ninguno tenía prisa por pasar a la siguiente fase.

Quizá continuasen besándose y acariciándose hasta que ninguno de los dos pudiera aguantarlo más.

Entonces Ilya lo tumbaría en el sofá y empezaría a tocarle el ano y a meterle los dedos hasta que Shane le suplicara que lo follara.

Shane gimió al pensarlo, cosa que hizo reír a Ilya.

—¿Qué pasa? —preguntó Ilya.

—Nada. —Entonces se armó de valor y dijo—: Pensaba en que me follaras.

Ilya le lamió la nuez a Shane.

—Yo pensaba en lo mismo.

El móvil de Shane sonó en la mesita de centro que tenían detrás.

—No contestes —dijo Ilya.

Shane se volvió y agarró el teléfono.

—Es Hayden.

—Entonces con mayor motivo: no lo cojas.

Shane vio que también tenía un puñado de mensajes de Hayden por leer. Cogió la llamada mientras Ilya hundía la frente en su pecho.

—¿Qué pasa, Hayden?

—Gracias a dios —respondió Hayden—. Mira, Jackie se ha roto el tobillo.

—¡No es verdad! —oyó Shane que chillaba Jackie de fondo.

—Bueno, pues se lo ha torcido o algo. Ha pisado un juguete y tengo que llevarla al hospital.

—Mierda —dijo Shane—. Lo siento mucho. Espero que no sea nada.

—Yo también. Pero, oye, ¿podrías cuidar de los críos hasta que volvamos?

Shane miró a los ojos a Ilya. Supo de inmediato que Ilya había oído toda la conversación. Normalmente a Shane le encantaba pasar tiempo con los cuatro hijos de Hayden, pero se suponía que ese día iba a ser solo para Ilya y para él.

Sin embargo, Ilya sonrió emocionado y asintió con la cabeza.

—Claro, sin problema. Pero, eh…, estoy con Ilya.

—Vaya —dijo Hayden—. Lo siento. Supongo que, o sea, estáis recuperando el tiempo perdido, ¿no?

Menudo tacto.

—No pasa nada, de verdad. Podemos hacerlo. Solo me refería a que Ilya viene conmigo.

Hayden soltó el aire de forma audible en el teléfono.

—¿Cuánto tardáis en llegar?

Ilya solo había estado en casa de los Pike una vez, para fumar la pipa de la paz mediante una barbacoa. En todo momento había sospechado que la idea había sido más de Jackie que de Hayden.

Jackie, que en ese momento estaba tumbada en el inmenso sofá modular de los Pike con el pie derecho apoyado en un montón de cojines. Tenía una bolsa de hielo atada sobre el tobillo.

—Hola, Ilya —dijo.

—¿Has pisado un juguete?

Puso los ojos en blanco.

—He pisado el puñetero mando del coche teledirigido de Hayden.

Ilya se rio, encantado con esa información nueva e importante.

—¿Así que era un juguete de Hayden?

—Lo sacó uno de los críos —insistió Hayden desde la otra punta de la habitación—. ¡No fui yo!

Ilya intercambió una mirada cómplice con Jackie.

—Vamos. —Ilya le ofreció la mano—. Te ayudo a entrar en el coche.

Jackie trató de mover el tobillo hinchado y luego hizo una mueca.

—¿Seguro que no lo tienes roto? —preguntó Ilya.

—No está roto. Solo me duele.

Alargó el brazo para agarrarse del hombro de Ilya, pero el jugador decidió facilitarle las cosas. Se inclinó y acercó una mano a sus rodillas flexionadas.

—¿Puedo?

—Adelante.

Ilya la levantó en brazos. No era una mujer alta, pero era fuerte y estaba en forma. Aun así, no le costó nada levantarla.

—¡Oye, que puedo hacerlo yo! —insistió Hayden mientras cruzaba la sala a grandes zancadas.

—Por el amor de dios, Hayden —dijo Jackie—. Anda, abre la puerta.

Ilya llevó a Jackie al todoterreno de los Pike y la ayudó a ponerse cómoda en la parte de atrás, con la pierna levantada sobre el asiento. Shane salió de la casa con los cuatro críos pululando detrás de él.

—¿Vas bien? —le preguntó Hayden mientras se acomodaba en el asiento del conductor.

—¿Llevas su tarjeta sanitaria? —preguntó Ilya.

—Mierda.

—La tengo en la cartera —dijo Jackie—. En la encimera de la cocina.

—Voy yo —dijo Shane, y entró rápido en la casa.

Los niños se arremolinaron alrededor del coche y preguntaron mil cosas a la vez.

—Estoy bien —les aseguró Jackie—. Es solo que mami necesita que el médico le mire el tobillo. ¡Me arreglará y volveré a estar como nueva!

—Pero nos ibas a pintar las uñas —dijo una de las gemelas (Ilya estaba bastante seguro de que era Ruby) haciendo pucheros.

—Ya lo haré más tarde —le prometió Jackie.

—Puedo hacerlo yo —dijo Ilya. Miró a Ruby y se dio unos golpecitos en los labios con la yema del dedo—. Espera. ¿De qué color?