Capítulo 11 #3
Los dos gritaron una palabrota y entonces Ilya miró a los ojos a Shane, para asegurarse de que estaba bien.
Shane asintió con la cabeza e Ilya hizo lo mismo.
Entonces, Ilya empezó a embestirlo con un ritmo constante y fuerte que logró que Shane se pusiera a jadear y se agarrara con ansia a la sábana en cuestión de segundos.
—Mi zorra impaciente —gruñó Ilya mientras lo follaba—. Ni siquiera ha podido esperarme.
—Limítate —jadeó Shane— a ser eficiente.
—Qué bien —dijo Ilya, y fue puntuando las palabras con embestidas—. Organizas. El tiempo.
—Quería tu polla.
—Ya la tienes. ¿Te gusta?
—Joder, sí. Me encanta. Más fuerte.
Había un banquito de piel acolchada a los pies de la cama de Shane que Ilya estaba noventa por ciento seguro de que podía soportar su peso. Se desplazó hasta allí arrastrando a Shane con él y plantó un pie en el banco.
—¿Quieres que vaya más a saco? —preguntó Ilya.
Shane asintió con la cabeza, tenía los ojos vidriosos y como idos.
Ilya levantó a Shane hasta que solo dejó apoyados en el colchón la parte superior de la espalda, los hombros y la cabeza.
Luego empezó a darle con un ritmo constante y despiadado, penetrando tan fuerte a Shane que los dos perdieron la cabeza.
—¿Cuántos días? —masculló Ilya—. ¿Cuánto hace?
—Tres, creo. ¿O cuatro? ¿Cuándo fue la última vez que tuvimos sexo por teléfono?
—Hace cuatro días —respondió rápido Ilya.
No necesitaba hacer el cálculo. Lo sabía. La diferencia estaba en que él se había pajeado por lo menos una vez al día desde entonces. Muchos días dos veces.
—¿Puedes correrte así? —preguntó Ilya, porque estaba seguro de que él sí iba a puto correrse.
—Joder, igual sí. Me la metes hasta el fondo. Dios.
Ilya colocó la mano por detrás de la rodilla izquierda de Shane y dobló la pierna hacia delante, para ajustar el ángulo de la polla dentro de él. Dio unas cuantas embestidas fuertes y Shane hizo un ruido que casi sonó a sollozo.
—Justo ahí. Sí. Hostia puta. Solo deja que… —Se llevó la mano a la polla y empezó a meneársela—. Sigue así. No pares. No…
Ilya no quería parar nunca. Embistió a Shane para metérsela hasta el fondo y Shane lo miró con los ojos muy abiertos y los labios separados mientras movía la mano a toda velocidad sobre su polla.
—¿Me lo reservabas todo para mí? —preguntó Ilya con voz temblorosa y jadeante.
Shane asintió y se mordió el labio inferior.
—Déjame verlo —exigió Ilya.
Shane dirigió la mirada hacia la punta de su polla.
—Joder. ¡Joder! Voy a…, uf, mierda.
Lo más probable era que Shane se percatara a la vez que Ilya de que su cara estaba justo en la línea de fuego. Ya no había tiempo de apartarse. Su polla soltó chorro tras chorro de semen sobre sus mejillas, su barbilla y sus labios. Unas gotas le aterrizaron justo en la ceja.
Era demasiado para Ilya. Tomó una decisión de último momento, sacó la polla y bajó a Shane con cuidado hacia el colchón justo a tiempo de soltar su carga por todo el pecho de Shane.
Durante un buen rato, ninguno de los dos dijo nada. Jadeaban a la vez, con Ilya encima de Shane, de rodillas. Shane estaba bañado por completo en semen, algo que Ilya sabía que iba a sacarlo de quicio en menos de medio segundo.
—Puaj —dijo Shane, medio segundo más tarde—. Estoy pringadísimo.
—Lo siento.
—¿Bromeas? Me he puesto supercachondo. Hostia puta.
Ilya observó el pecho reluciente de Shane, que subía y bajaba, mientras esperaba a que su propia respiración también se calmara.
—¿Estás bien?
Shane extendió los brazos formando una cruz sobre el colchón.
—De puta madre.
Ilya acarició con los dedos el agujero de Shane y de golpe este levantó la cadera del colchón.
—¿No te duele? —preguntó Ilya.
Shane soltó el aire despacio.
—No me duele. En realidad, es agradable. Que me toques así después de follar.
—¿Sí?
—Mmm. Pero necesito una ducha. O por lo menos una toalla.
Tras unos cuantos minutos más de remolonear, Ilya fue al cuarto de baño y volvió con varias toallitas para la cara húmedas y calientes.
Con cuidado, le limpió primero la cara a Shane, luego le besó la nariz, las dos cejas y, por último, la boca.
Shane entrelazó los dedos en el pelo de Ilya mientras se besaban y este suspiró en su boca.
Era una putada que tuvieran que soportar tantos días sin eso.
Se besaron un rato y después Ilya continuó limpiando a su novio.
Utilizó una toalla para el pecho y la garganta y luego otra para la polla, los muslos y el culo.
Se tomó su tiempo con el culo de Shane, pues parecía que le calmaba el que prestara atención a su piel sensible.
Ilya le pasó la toalla caliente sobre el ano ligeramente hinchado más veces de las que era necesario, mientras observaba cómo su novio sonreía y se estremecía feliz.
—Qué lindo eres —dijo Ilya.
—Tú tampoco estás mal.
—Podemos ducharnos por la mañana, ¿sí?
—Sí. Ven aquí.
Ilya se tendió junto a Shane y luego le dio la vuelta para poder ponerse detrás haciendo la cucharita. Shane se acurrucó junto a él enseguida —de forma automática— y sujetó la mano de Ilya, que estaba apoyada delante del estómago de Shane.
—Holi —dijo Shane medio dormido.
—Holi.