Capítulo 11 #2
La hostia… Ilya se lo imaginaba con gran viveza: Shane intentando por todos los medios hacerlo bien y ser productivo, preparándose para que Ilya pudiera meterse en él cuando por fin estuvieran juntos.
Abriéndose el culo con los dedos, pero intentando no tocarse la polla.
Seguro que se había dado algunos meneos de todas formas, hasta que de pronto se había encontrado al límite del orgasmo.
Ilya se imaginaba su expresión aterrada, la desesperación con la que habría apretujado la base de la polla, con los dientes apretados, respirando con dificultad por la nariz.
Ilya: Pero ¿no te has corrido?
Shane: No.
Ilya: Muy bien. Así se hace.
A Shane no siempre le gustaba que le dijera eso, e Ilya había admitido que normalmente se lo decía para tomarle el pelo. Pero esta noche no. Esta noche, Ilya estaba orgulloso de él de verdad.
Ilya: ¿Puedes hacerlo otra vez? ¿Para mí?
Nada durante unos segundos y luego:
Shane: Sí.
Ilya puso la palma de la mano sobre la rodilla derecha y apretó con los dedos en el hematoma que acababa de hacerse, mientras trataba de calmar a su polla. Ni siquiera estaba seguro de cómo iba a funcionar esa cosa rara que le había pedido.
Se apretó el moretón y esperó.
Le encantaba jugar a esos juegos con Shane.
Aunque llevaban más de tres años como pareja con una relación cerrada y antes habían sido amantes secretos durante varios años, su vida sexual todavía era muy activa.
Todos los tipos de sexo que practicaban eran excitantes: el sexo frenético, ardiente y casi agresivo que tenían a veces después de un partido o una discusión; el sexo tranquilo y dilatado con el que se deleitaban cuando tenían mucho tiempo por delante e intimidad; el sexo juguetón y competitivo con el que disfrutaban cuando uno de ellos retaba al otro.
Y esto. Las veces en las que Shane quería demostrarle algo a Ilya…, en las que quería ser «bueno» para él. Y deseaba que le recompensara luego. Joder, a Ilya le encantaba esa clase de sexo.
Se preguntó qué estaría haciendo Shane en aquel momento, mientras el taxi por fin se abrió paso y dejó atrás el accidente que había junto a la entrada del puente.
¿Aún estaría metiéndose los dedos o se estaría haciendo una paja mientras jugaba con sus pelotas?
¿Habría cogido alguno de los juguetes del cajón que había pasado de albergar un dildo solitario a contar con un despliegue impresionante de juguetes sexuales a lo largo del último par de años?
Ilya disfrutaba comprándole regalos a Shane.
Pasaron tres minutos entre el último mensaje de Shane y el siguiente.
Shane: Mierda.
Ilya: ¿Lo has hecho?
Shane: Sí. Joder. Menuda tortura.
Ilya miró por la ventanilla y escribió:
Ilya: En cinco minutos estoy en tu casa. Una vez más antes de que llegue, ¿vale?
Por supuesto, Shane podía negarse. Decirle a Ilya que se fuera a la mierda. O mentir. Ilya sabía que no haría ninguna de esas cosas.
Shane: Ok. Tienes la llave, ¿verdad?
Ilya: Sí.
Sonrió al pensar en obligar a Shane a abrirle la puerta así.
Al cabo de cinco minutos y medio, Ilya le lanzó un puñado de dinero al conductor y le dio las gracias a toda prisa antes de salir del coche.
Se puso la mochila al hombro y fue corriendo hasta la puerta principal de Shane, tras cruzar los setos que ocultaban la casa de la calle.
Había dejado de intentar no ir empalmado después de que Shane le confirmara por última vez que casi llegaba al orgasmo.
Ahora la tenía dura como una piedra y estaba desesperado por meterle mano a su novio.
—¿Ilya? —lo llamó Shane desde la planta de arriba cuando Ilya abrió la puerta.
—Sí.
—Hostia puta. Sube ya.
Ilya subió las escaleras prácticamente volando y encontró a Shane despatarrado en la cama, desnudo, sofocado y precioso.
— Chert voz’mi —murmuró Ilya.
Soltó la mochila en el suelo y se arrancó la ropa sin pensarlo.
—En el último me ha ido por los pelos —dijo Shane—. No me he tocado desde entonces.
Estaba tumbado bocarriba con las piernas abiertas y una mano apoyada en la almohada sobre la cabeza; se acariciaba el estómago con la otra. Había un bote de lubricante encima de la cama, que Ilya cogió antes de desnudarse del todo.
—¿Tienes mejor la rodilla?
—Lo suficiente —dijo Ilya con impaciencia mientras se echaba lubricante—. ¿Cómo te apetece?
—Ya mismo —dijo Shane.
Ilya gruñó.
—¿Condón?
Ya casi nunca los utilizaban, pero a veces Shane prefería usarlos porque así era más fácil limpiarlo todo.
—No, joder. Ven.
Ilya se arrodilló en la cama entre los muslos de Shane e hizo una mueca por el dolor que lo recorrió cuando la rodilla magullada presionó contra el colchón.
Se obligó a pasarlo por alto y se inclinó para besar a Shane con pasión.
Joder, llevaba muchos días con ganas de eso.
Posiblemente lo que más echaba de menos era besar a Shane.
Shane le buscó la boca cuando Ilya se apartó, pero este se limitó a sonreír. Entonces agarró a Shane por la parte inferior de los muslos y le levantó las caderas de la cama. Shane apoyó los tobillos en los hombros de Ilya mientras este se colocaba bien y se la metía de una sola embestida suave.