Capítulo 11
Ilya se inclinó sobre el círculo para el saque de inicio en el estadio de Montreal y sonrió al hombre que tenía enfrente.
—Holi.
Shane esbozó una sonrisa.
—Holi.
Habían hecho aquel baile un millón de veces, pero en esa ocasión fue cuando más duro se les hizo. Hacía tres semanas que Ilya no veía a su novio y ahora lo tenía a un palmo, tan guapo que cortaba la respiración y completamente prohibido.
—¿Tienes planes para después del partido? —preguntó Ilya como si nada.
La sonrisa de Shane se ensanchó.
—Estoy abierto a todo.
Ilya confiaba en que sus ojos reflejaran la promesa que intentaba transmitirle en silencio: «Lo estarás». Por cómo se lamió el labio inferior Shane, le dio la impresión de que había recibido el mensaje.
Tiraron el puck , Ilya ganó el saque y empezó el partido.
Durante la cuarta jugada juntos, Ilya luchaba contra Shane por el puck cerca de las barreras protectoras. Shane intentaba contrarrestar el peso de Ilya mientras entrechocaban las hojas de los sticks .
—¿Tienes más trucos por enseñarme? —preguntó Shane.
Si pretendía distraer a Ilya, lo consiguió. Shane no solía ser el que intentaba poner nervioso a Ilya con mensajes picantes en la pista. La sorpresa hizo que Ilya soltase el cuerpo el tiempo suficiente para que Shane se marchara patinando con el puck . Ilya sonrió por dentro y lo persiguió.
La siguiente vez que se enfrentó con él, ya avanzado el primer tiempo, Ilya le respondió a Shane:
—Creo que no necesito trucos.
Por una fracción de segundo, se miraron a los ojos. Los de Shane eran oscuros y estaban llenos de sorpresa, pero luego dijo:
—Ya veremos.
Y se libró de Ilya.
A decir verdad, Ilya no esperaba que ocurriera nada muy sofisticado esa noche. Después de tres semanas sin tocarse, Ilya se sorprendería si lograban pasar del salón, o si se molestaban en quitarse la ropa, antes de acabar agotados y medio dormidos.
Pero tenían el día siguiente. Y la noche siguiente.
No habían podido verse antes del partido.
Los Centaurs habían volado a Montreal por la tarde, después de entrenar en Ottawa, y tanto Shane como él habían estado muy ocupados preparándose para el partido.
El equipo de Ilya iba a volar de vuelta a Ottawa justo después del partido, pero él no regresaría con los demás.
Se había puesto nervioso cuando le había contado al entrenador Wiebe la excusa de que tenía que quedar con Shane al día siguiente para hablar de la organización benéfica.
Era la primera vez que se saltaba un vuelo del equipo y, tras todos los años que llevaban viéndose a escondidas, le preocupaba que ahora pareciera raro. Y evidente.
Pero Wiebe no había parpadeado siquiera.
—De todos modos, mañana tenemos el día libre —había dicho sin inmutarse—. Disfruta en Montreal.
A Ilya le encantaba su nuevo entrenador.
—¿Hollander te toca los huevos? —Incluso Dykstra, el mejor defensa de Ottawa, le preguntó cuando Ilya volvió al banquillo.
Ilya sonrió.
—Siempre.
En el segundo tiempo, el marcador iba 2-1 para Montreal, lo cual no estaba mal, dadas las circunstancias. Wyatt había hecho unos parones increíbles para que Ottawa mantuviera las posibilidades de ganar.
Tras otro parón asombroso con el guante y digno de salir en una recopilación de mejores jugadas, Ilya patinó hasta Wyatt para darle unos golpecitos en las protecciones de los hombros.
—¿Se supone que mañana va a llover? —preguntó Wyatt, como si no estuvieran en mitad de un partido de hockey y no acabara de hacer algo alucinante—. Pensaba en coger la bici e irme de excursión.
Ilya solo pudo sonreír y negar con la cabeza.
—No lo sé.
—Luego lo miro. Oye, marca un gol, anda.
—Sin problema.
Tres minutos más tarde, Ilya marcó un gol y empataron. Saludó a la afición de Montreal mientras lo abucheaban.
—Deja de ser un capullo —gruñó Shane mientras patinaba hacia él.
Ilya le mandó un beso con la mano.
—Corta ese rollo —dijo una voz ronca cerca de Ilya. Al darse la vuelta se encontró con uno de los árbitros, que lo miraba frunciendo el ceño—. Si sigues así, te voy a poner falta antideportiva.
Ilya puso los ojos en blanco y patinó hasta el banquillo. Si el árbitro supiera cuántas ganas tenía de besar a Shane…
Mientras se sentaba en el banquillo, disfrutó de una breve fantasía en la que aplastaba a Shane contra la valla de cristal después de marcar un gol y lo besaba hasta quedarse sin aliento. Eso sí callaría la boca a esa puta afición.
—Tío —dijo Bood mientras patinaba hasta el banquillo—, esta ciudad te odia.
—Qué va. Les gustaría que jugara para ellos.
Bood se rio.
—Hollander no lo soportaría.
—¿Te refieres a mi buen amigo Shane Hollander?
—Es imposible que le caigas tan bien.
—Me ama —dijo Ilya sin inmutarse. Con sinceridad.
Por supuesto, Bood pensó que bromeaba.
—Ahora sí que estás soñando.
Ilya mordió el protector bucal para evitar sonreír.
Unos segundos después, Luca Haas cogió un pase largo y se vio solo con el puck . Casi todo el banquillo de Ottawa se levantó, Ilya incluido.
—¡Cógela, Haasy! —chilló Bood.
Todos observaron cómo el puck pasaba por encima del brazo del guardameta de Montreal y entraba en la portería. Su segundo gol en la NHL . Dio un salto después de marcar, con los brazos levantados y una sonrisa inmensa que llenó toda su cara juvenil. Luego sus compañeros de línea fueron a arroparlo.
—Ese puto crío tiene madera —dijo Bood.
—Mejor. Porque nos hace falta.
Ilya extendió la mano para chocar los cinco con Haas cuando este se acercó al banquillo. Haas chocó el guante de Ilya y luego recibió un extraño abrazo de Bood que casi lo tiró por encima de la valla hacia el banquillo.
—¡Qué puta preciosidad, chaval! —le gritó Bood al oído—. Legendario.
Menos de dos minutos más tarde, Shane marcó, así que las celebraciones de Ottawa duraron poco.
—Qué poco considerado —dijo Ilya cuando se enfrentó a Shane en un saque.
—¿El qué? ¿Intentar ganar?
—¿Es que no podías dejar que el pobre Haas disfrutara un par de minutos más?
—Si quieres, luego te explico cómo funciona el hockey —dijo Shane, cortante.
—Si eso es lo que quieres hacer —dijo Ilya— «luego»…
Ilya ganó el saque.
Veinte segundos después, Shane tenía el puck porque el compañero de posición de Ilya, Tanner Dillon, la había cagado en un pase. En serio, Ilya necesitaba a alguien que jugara mejor en el ala derecha de su línea.
Shane atacó y se metió en la zona de Ottawa, pero no pudo lanzar un tiro limpio, así que se puso detrás de la portería con el puck .
Ilya lo persiguió, aunque no logró alcanzarlo antes de que Shane se lo pasara a J.
J. en la línea azul. Ilya se desplazó hasta quedar delante de la portería y sin querer se encontró en plena línea de fuego cuando J.
J. soltó un tiro como un cohete hacia la red.
El puck golpeó a Ilya en el lateral de la rodilla y se agachó, entre altos juramentos.
Wyatt debió de parar el puck , porque el juego se detuvo un segundo después. El mismo árbitro que se había encarado con Ilya un rato antes patinó hasta él para asegurarse de que estaba bien.
—¿Necesitas que te vea el médico? —preguntó con voz grave.
Ilya lo fulminó con la mirada.
—No. Dame un segundo.
Poco a poco se incorporó y levantó una rodilla, plantó la pierna buena en el hielo. La otra la tenía doblada delante del cuerpo y la notaba como una furiosa bola de dolor.
—Ese es mi trabajo, ¿sabes? —dijo Wyatt—. Por eso tengo estas pedazo de protecciones en las piernas. —Se dio un golpecito en una con el stick —. Para que el puck no me dé directo en la rótula.
—No es la rótula —dijo Ilya apretando los dientes—. Es en el lateral. No pasa nada.
—Ah. Tipo, ¿donde no tienes protección de ningún tipo?
Ilya se incorporó un poco más con esfuerzo. La multitud le aplaudió, aunque notó que lo hacía sin ganas. Lo más probable era que los fans de Montreal hubieran preferido que el puck le atravesara el torso.
Shane se aproximó a él mientras Ilya se dirigía al banquillo.
—¿Estás bien?
—Genial.
Flexionó la rodilla unas cuantas veces para demostrarlo y vio las estrellas.
—Seguro que Wyatt habría podido pararlo sin tu ayuda.
—Sí. Gracias.
Shane frunció el ceño con una clara preocupación en la mirada.
—¿Seguro que estás bien?
Ilya esbozó una sonrisa rápida que probablemente pareció más una mueca de dolor.
—Tal vez no pueda ponerme de rodillas en los próximos días.
Shane se chocó con él.
—Pues tendré que cambiar de planes.
Se alejó patinando a toda prisa y dejó a Ilya sonriendo y negando con la cabeza mientras se dirigía despacio al banquillo.
Shane: ¿Dónde coño estás?
Ilya resopló mirando el móvil en el asiento trasero de un taxi que lo llevaba —a paso de tortuga— a casa de Shane.
Ilya: En un atasco.
Shane: Mierda. ¿Dónde?
Ilya: ¿En Montreal? Yo qué coño sé.
Shane: Date prisa.
Ilya: Ok. Le preguntaré al conductor si el coche puede volar.
Shane tardó un minuto de reloj en contestar. Entonces escribió:
Shane: ¿Habéis cruzado ya el puente por lo menos?
Ilya chasqueó la lengua y escribió:
Ilya: Estás cachondo, ¿eh?
Shane: Me puto muero.
Que Shane lo admitiera de forma tan rotunda generó un cosquilleo en la polla de Ilya. Escribió:
Ilya: Pues prepárate para cuando llegue.
Shane: ¿Y qué crees que llevo haciendo estos últimos veinte minutos?
Ah. Joder.
Ilya: Más te vale no correrte sin mí.
Shane: Pues más te vale darte prisa.
Ilya se estaba empalmando más de la cuenta en aquel taxi parado. Debería meterse el móvil en el bolsillo, hacer unas respiraciones para tranquilizarse y pensar en otra cosa. Pero, en lugar de eso, preguntó:
Ilya: ¿Dónde estás?
Shane: En la cama.
Ilya: ¿Te has metido los dedos?
Shane: Sí.
Ilya: ¿Cuántos?
Shane: 3.
Ilya contuvo un suspiro y luego escribió:
Ilya: Necesitas algo más grande.
Shane: ¡Ya lo sé! Por eso te digo que te des presa.
Shane: Que te des prisa, joder. Puto mensaje dictado.
Ilya: Sigue hasta que estés cerca. A punto, a punto… Pero no te corras.
Shane: Ya he estado a punto una vez sin querer.