El partido más largo (Game Changers 6) Capítulo 9 #3
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Capítulo 9 #3

Ilya lo saludó con la cabeza porque llevaba dos vasos de café en las manos.

—Hazy.

Wyatt alcanzó el paso de Ilya mientras recorrían el aparcamiento. Medía casi lo mismo que Ilya —como mucho, un par de centímetros menos— y tenía el pelo rubio rizado y una boca ancha que casi nunca se torcía.

—¿Qué clase de público crees que vendrá esta noche?

—Hace una tarde estupenda, así que básicamente no vendrá nadie.

Wyatt se echó a reír.

—Sí. Seguro que aumentamos aforo cuando llegue el frío.

—Un poco.

—Podrían ofrecer a los fans una taza de chocolate gratis o algo así. Sería un aliciente.

—Claro —dijo Ilya cortante—. O un mes de alquiler.

Wyatt volvió a reírse.

—Tal vez así habría quien se sentara en las gradas. Quizá.

Por mucho que los compañeros de equipo hicieran bromas recurrentes sobre la poca gente que iba a ver los partidos, la verdad era que a Ilya el tema le tocaba los cojones.

En Boston, el estadio se llenaba de fans que animaban a su equipo en todos los encuentros.

En Montreal, las entradas se agotaban con mucha antelación durante prácticamente toda la temporada.

Shane no sabía lo que era jugar para un estadio medio vacío porque incluso cuando venía a jugar a Ottawa las gradas estaban bastante llenas.

De fans de Montreal. Con jerséis de Shane Hollander.

Pero esa noche jugaban contra Columbus, así que no iba a haber ni un alma.

—¿Y si jugamos sin camiseta? —bromeó Wyatt—. A lo mejor así atraemos a otro tipo de público.

—Haría frío —respondió Ilya.

—Sí. Y lo más seguro es que yo muriera.

—Buf, hacer de portero sin camiseta. Mala idea —le dio la razón Ilya.

—Supongo que podríamos ganar de una vez —comentó Wyatt—. Quizá eso funcionaría.

—Lo propondré en nuestra siguiente reunión.

—¿Para quién es el otro café?

—Para Haas.

Wyatt resopló.

—Bua, lo va a enmarcar.

—¡Qué puta pasada! —chilló Bood mientras se estampaba contra Ilya en el rincón y lo arropaba en un abrazo.

Ilya había marcado rápido en el primer tiempo y había puesto el marcador a 1-0 para Ottawa.

La sirena del gol atronó, la afición que se había dignado ir se puso a aplaudir y empezó a sonar la canción del gol del equipo («All I Do Is Win», de DJ Khaled, una elección que a Ilya le pareció un tanto irónica).

—Ahora te toca a ti, colega —dijo Ilya en un intento de igualar la energía de Bood.

Chocó los guantes con el otro jugador del ala, Tanner Dillon, quien a decir verdad no era lo bastante bueno para estar en la misma línea que cualquiera de ellos.

Ilya soñaba con el día en que su compañero de línea derecho fuera tan potente como el izquierdo.

Quizá algún día Hass ocupase esa posición. Tenía potencial.

Pero Ilya estaba cansado de esperar. Cansado de perder. Quería un jugador estrella en el ala derecha ya mismo.

Quería un montón de cosas ya mismo.

—Un comienzo genial, chicos —dijo contento el entrenador Wiebe cuando llegaron al banquillo—. Seguid así.

No siguieron así… Al final del segundo tiempo iban 3-1 para Columbus.

—La semana pasada jugamos contra Boston —dijo Jake Pierce, el centro estrella de Columbus, mientras Ilya y él esperaban para el saque de inicio—. Jugaron de puta madre.

—Perfecto.

Pierce resopló y negó con la cabeza.

—No tengo ni puta idea de por qué te fuiste a este equipo.

—A lo mejor quería estar tranquilo.

—¿Sabes que algunos de nuestros rookies tienen pósteres de ti en su habitación?

—Estupendo. Buen gusto.

—A lo que me refiero es a que no tendrías por qué estar aquí.

Ilya curvó los labios hacia arriba.

—La próxima vez que firme con un equipo de mierda en una ciudad aburrida, elegiré Columbus.

Se dio cuenta de que Pierce intentaba no sonreír.

—Joder, Rozanov, qué raro eres.

El partido acabó 4-2 para Columbus. La mayor parte de la gente se había marchado en mitad del tercer tiempo.

—Esta noche ha sido dura —le dijo Harris a Ilya en el vestuario cuando por fin se fue la prensa.

—Todas las noches son duras —suspiró Ilya.

Recordó cuando el hockey era divertido.

—Por si te hace sentir mejor, he retuiteado esta foto de una calabaza en la que un fan ha tallado tu cara. Es bastante impresionante.

Sacó el teléfono para que Ilya lo viera.

—Guau.

Si se trataba de retratos en calabazas, había que reconocer que era impresionante. A Ilya le encantaba lo raro que era Halloween en Norteamérica.

Entonces tuvo una idea. Dedicó unos segundos a sopesar pros y contras, luego se levantó y anunció:

—Este año la fiesta de Halloween será en mi casa, ¿vale?

Todos se pusieron a aplaudir y vitorear, lo cual hizo sonreír a Ilya. Él nunca daba fiestas y casi nunca iba cuando lo invitaban. Porque era un capitán y un compañero de equipo nefasto.

Daría la fiesta y hablarían de ella durante años.

La mejor fiesta de la historia. Épica. En Boston, era el típico que siempre montaba fiestas con cualquier excusa.

Había sido el tío a quien llamaban sus compañeros de equipo cuando querían salir a emborracharse, a bailar y ligar.

Podía volver a ser ese tío. O podía intentarlo.