Capítulo 9 #2
—Es porque en el fondo es un crío más, por eso pasa —dijo Shane, aunque por dentro se le hinchó el corazón—. ¿Crees que yo sería un buen padre?
—Claro. Tú serías el responsable que se asegura de que, yo qué sé, comen verdura y se lavan los dientes y esas cosas. Ilya sería el divertido que les compra motos acuáticas cuando cumplen diez años.
—Ay, dios. Sí qué haría eso.
—Y tú las devolverías y les comprarías zapatos prácticos u otra cosa —bromeó Hayden.
—Vete a la mierda. Sería un padre guay y relajado.
Hayden puso la mano en el antebrazo de Shane.
—Shane. Colega. No te has tomado nada de forma relajada en tu vida. Y ser padre es la cosa más estresante que se puede hacer. Serás un desastre.
—Gracias.
—Aunque de todos modos deberías probarlo. Las criaturas son lo mejor.
—Vale.
—¡Oye, igual para entonces Ruby y Jade son lo bastante mayores para hacer de canguro con vuestros hijos! Qué locura pensarlo, tío.
Sí que era una locura pensarlo. Todos los aspectos relacionados con eso eran una locura.
—Sí.
—¿Tienes planes para mañana? —preguntó Hayden.
—He quedado con Rose.
—¡Qué guay! ¿Puedo ir?
—No. La última vez te pasaste el rato babeando como un fan obsesionado.
—¡Sí, porque es una gran estrella del cine!
—También es una de mis mejores amigas. Y una persona totalmente normal y de carne y hueso.
—¡Me portaré bien, te lo prometo!
Shane negó con la cabeza.
—Va a llevarme de compras. No necesito testigos. Ya me resulta bastante raro ir a comprar ropa sin tenerte por ahí en medio.
—Vale. —Hayden dirigió la atención de nuevo a la pantalla. Al cabo de un minuto de verla, chasqueó la lengua—. El tatuaje que lleva ese tío en la espalda… Joder.
Shane entrecerró los ojos para intentar distinguir al tipo blanco descamisado a quien gritaba otro tipo blanco descamisado.
—¿Qué pone?
—«Sin preocupaciones».
Shane resopló.
—Ojalá.
Había dos chiquillos —Willa y Andrew— que vivían en la misma calle que Ilya.
Casi todas las veces que jugaban partido en casa, los críos se plantaban en el camino de entrada y saludaban a Ilya cuando salía en coche para ir al estadio.
A veces llevaban los jerséis que les había regalado.
Otras veces sostenían pancartas caseras.
Ilya frenó al acercarse a la casa de los niños y bajó la ventanilla. Willa llevaba el jersey del equipo y Andrew sostenía una porra de espuma con el logo de los Ottawa Centaurs.
—¿Cuántos goles debería marcar esta noche? —preguntó Ilya.
—¡Tres! —dijo Willa.
—¡Ocho! —exclamó Andrew.
Ilya chasqueó la lengua.
—Sin problemas. ¿Vais a verlo?
Andrew, el menor, empezó a dar saltos emocionado.
—¡Sí! ¡Y voy a comer palomitas!
—Uy, qué suerte —dijo Ilya—. A mí nunca me dan palomitas en los partidos.
—Porque si comieras palomitas mientras juegas al hockey te daría un calambre —dijo Willa con cara de experta.
—Es cierto —coincidió Ilya. Se fijó en que la madre de los hermanos estaba sentada en los peldaños de la entrada—. Hola, Kate.
Kate lo saludó con la mano.
—Buena suerte esta noche, Ilya.
Ilya asintió y se despidió también con la mano, luego se alejó sonriendo.
Había muchas cosas que le resultaban difíciles de vivir y jugar en Ottawa, pero le encantaba de todo corazón aquel ritual previo a los partidos con sus vecinos.
Le encantaba tener vecinos. Su ático en Boston era atractivo y privado, pero estar a nivel de calle en una casa rodeada de otras casas era agradable.
En realidad, tenía una casa muy enorme. Con verja y árboles y un inmenso camino de entrada semicircular. Todavía necesitaba algo de privacidad.
El trayecto desde casa de Ilya hasta el estadio duraba apenas un cuarto de hora y pasaba por delante de un Starbucks drive-thru de camino, así que era la ruta perfecta.
Como hacía sol, Ilya había decidido sacar el Porsche 718 Cayman de color naranja, que era el más elegante de los coches que le quedaban.
Últimamente casi siempre llevaba el Mercedes todoterreno.
A veces, los días que hacía bueno cogía la Ducati, pero tanto Shane como Yuna se habían opuesto de forma rotunda a su decisión de comprarse una moto, así que Ilya la usaba poco.
Shane estaba convencido de que Ilya iba a morir en un accidente de tráfico. Qué pesado.
Ilya tamborileó con los dedos en el volante al ritmo de la canción de Bad Bunny que había añadido hacía poco a la lista de reproducción que escuchaba antes de los partidos.
Necesitaba tomar su ración de buena música, porque ese día le tocaba a Evan Dykstra ser el encargado de la música del vestuario y eso significaba que pondría country.
Ilya intentaba ser abierto con la música, y tal vez no todo el country fuera malo, pero las canciones concretas que le gustaban a Dykstra sí eran malas, no cabía duda.
Se paró en el Starbucks drive-thru , pidió un café con leche y azúcar para él y un café solo para Luca Haas porque había descubierto que le gustaba ver cómo se ponía nervioso Luca cuando Ilya le prestaba algo de atención.
Ilya siempre había estado en contra de las novatadas o de hacer sentir incómodos a los rookies , pero le divertía ser especialmente amable con los recién llegados que se sentían deslumbrados por las estrellas.
La primera persona que Ilya distinguió en el aparcamiento del estadio fue Wyatt Hayes, quien justo salía del Jeep Wrangler color verde militar. Tenía un logo del cómic Green Lantern en el tapacubos trasero porque Hazy era un puto friki.
—Hola, Roz —dijo Wyatt mientras lo saludaba con la mano con poco entusiasmo.