Capítulo 8 #2
Shane miró hacia el techo, frustrado.
—¿Por qué eres así?
—Porque es divertido.
—¿Sabes qué? A la mierda. Sácate la polla y póntela dura mientras te miro.
Ilya se quedó un momento callado, parpadeando hacia la pantalla. Luego dijo en voz baja:
—Sí. Vale.
En cuestión de segundos, Ilya estaba desnudo y Shane lo veía desde los muslos hasta la coronilla. A Shane le encantaba ver que ya tenía la polla medio dura y que la punta empezaba a asomar del prepucio. Shane se relamió.
—Ojalá estuvieras conmigo ahora mismo —dijo Shane.
—Sería raro. Con tus compañeros de equipo por ahí.
—Entonces ojalá estuviera contigo en tu casa ahora mismo. Deja de sacar punta a todo.
Ilya sonrió con pereza mientras se acariciaba.
—Quiero tocarte. Te echo de menos.
—Yo siempre te echo de menos. —Shane notaba un nudo en la garganta, lo cual era una sensación ridícula para experimentarla mientras contemplaba a su novio haciéndose una paja. Tragó saliva y dijo—: Estás muy atractivo.
—Seguro que sí.
Shane curvó los labios, sonriente, y añadió:
—Sobre todo, para ser alguien a quien acaban de robarle un movimiento.
Eso hizo reír a Ilya y luego esbozó una sonrisa tan ancha que se le arrugaron los ojos. Shane también se rio e intentó no asustarse por todo lo que sentía por ese hombre.
La risa de Ilya se transformó en un suspiro de placer mientras continuaba acariciándose la polla.
—¿Esto es lo que quieres?
—Sí —dijo Shane, apenas en un susurro—. Solo quiero mirarte.
Era cierto y no era cierto. Shane quería meterse en el móvil y sentarse en el regazo de Ilya. Aunque ver cómo se acariciaba Ilya era un premio de consolación aceptable, la verdad.
—Quiero que estés aquí —dijo Ilya.
—Yo también. Quiero tocarte. Quiero… Joder, quiero ver cómo te corres.
Ilya extendió más las piernas y se reclinó aún más en los almohadones que tenía detrás.
—Entonces, ponte las gafas.
—¿Para que te vea mejor o porque te excitan mis gafas?
—Las dos cosas.
Shane cogió la funda de las gafas de la mesilla de noche. La abrió con mucho aspaviento, sacó las gafas, las desplegó y se las puso. Como un empollón haciendo lo contrario de un estriptis.
Ilya sonrió y su manaza se movió con un ritmo relajado y seguro sobre su polla tiesa.
Shane aprovechó que veía mejor y paseó la mirada por toda la estampa, desde los hombros anchos de Ilya hasta sus pectorales marcados, de ahí hasta sus pelotas hinchadas y a cómo se movían sus musculosos antebrazos mientras se acariciaba.
—Eres precioso, joder —dijo Shane.
Ilya le dedicó una sonrisa torcida que llevaba volviendo loco a Shane desde hacía más de diez años.
—Dímelo.
—Como si no supieras ya lo atractivo que eres.
—Dímelo de todas formas.
Shane sonrió y negó con la cabeza, pero dijo:
—Eres puto enorme. O sea, por todo. Los brazos, el pecho, tus putos muslos. Me encanta que seas tan alto. Me da igual que te rías de mi altura, porque te juro que me encanta que te me tragues cuando estamos juntos.
Ilya gruñó y movió más rápido la mano.
Shane se rio.
—Supongo que eso significa que ya tienes suficiente.
—Tócate —dijo Ilya con voz ahogada, lo que hizo que pareciera más una súplica que una orden.
Shane obedeció, murmurando feliz mientras por fin prestaba atención a su polla dura.
—¿Esperabas a que yo te dijera qué tienes que hacer? —preguntó Ilya divertido.
—No —se apresuró a contestar Shane—. Solo quería ver cuánto rato podía aguantar.
Ilya resopló.
—Conque jugando tú solo por ahí, ¿sí?
Shane encogió un hombro.
—Tenía que hacer algo para no dormirme. No es que tú estés haciendo nada interesante, la verdad.
—Bocazas.
Ilya se soltó la polla y dejó que se sacudiera hacia atrás, golpeando como un látigo contra su estómago firme.
—Guau —dijo Shane con sarcasmo—. Veo que tienes tus trucos.
Ambos se echaron a reír. Ilya lo mandó a la mierda con la mano izquierda mientras con la derecha se acariciaba.
—Esto te parecerá interesante, ¿eh? —dijo Ilya cuando paró de reírse—. Hace tres días que no me corro.
Shane enarcó mucho las cejas.
—Dios mío. ¿Estás bien?
Para Shane era normal que pasara ese tiempo entre un orgasmo y otro sin que se le encendiera la alarma, pero sabía que Ilya necesitaba por lo menos uno al día.
Ilya chasqueó la lengua en voz baja.
—Sí. Ocupado, supongo. O quizá me reservaba para esto. Para ti.
—Lo admito —dijo Shane—. Ahora tienes toda mi atención.
—Bien. Por favor, menéatela para que podamos corrernos a la vez.
—Ya lo hago. Hostia puta, espérame, que quiero ponerme a la par.
—Como si te hiciera falta.
—«Como si te hiciera falta» —imitó Shane con su mejor intento de poner acento ruso.
—¿Así sueno cuando hablo? No me extraña que estés loco por mí. Sexy.
Shane se rio.
—Cállate. Y deja que me concentre.
Durante el siguiente par de minutos, ambos se quedaron en silencio salvo por los leves gemidos y la respiración fuerte.
Pajearse juntos de esa manera siempre había parecido una especie de competición, aun cuando no lo era.
En esa ocasión, Ilya había explicitado que quería que se corrieran a la vez, pero incluso eso sonaba a reto para Shane.
Por suerte, los retos lo ponían supercachondo.
—¿Ya casi estás? —preguntó Shane tembloroso.
Ilya sonrió.
—Has ido rápido, Hollander.
—No he dicho que yo esté a punto.
—Pero es así.
—Bah, no…, ah, joder…, no tienes ni idea.
—¿Cuánto hace desde la última corrida?
Shane se estremeció.
—No me acuerdo.
Ilya movió la cabeza sobre la almohada.
—Hostia, me voy a correr a lo bestia.
Shane soltó el aire, aliviado de que hubieran dejado de fingir.
—Joder, yo también.
—Me muero de ganas de follarte otra vez.
—Yo también. Mierda, yo también. Ilya, ¿estás…?
—Sí. Vamos.
El orgasmo de Shane fue tan intenso que soltó un gimoteo extraño cuando el primer chorro aterrizó en su estómago.
Le costó horrores mantener los ojos abiertos a través de las intensas rachas de placer que le recorrían el cuerpo entero, pero mereció la pena a cambio de ver a Ilya corriéndose de forma espectacular sobre todo el cuerpo.
—Hostia puta —dijo Shane cuando por fin pudo hablar de nuevo.
Ilya tenía los ojos cerrados y respiraba con dificultad por la nariz. Todavía se sujetaba la polla.
—¿Estás bien? —preguntó Shane.
—Creo que hay más.
Ilya empezó a acariciarse de nuevo, rápido y fuerte. Shane observó con asombro cuando, al cabo de unos segundos, el cuerpo entero de Ilya se tensó y se arqueó mientras un chorrito de esperma fue a unirse al pringue que tenía en el estómago.
—Eso es nuevo —dijo Shane.
Ilya todavía tenía el pecho agitado.
—Como has dicho antes, tengo mis trucos.
Se rieron juntos.
—Ha sido muy excitante —dijo Shane.
—Sí. Mucho.
—Ahora tengo que ducharme sin falta. Otra vez.
—Mmm.
—Te quiero.
La expresión de Ilya se volvió seria y por un momento Shane notó un nudo en el estómago, como si esperase que Ilya le diese una noticia atroz.
Pero lo único que dijo fue:
—Te quiero muchísimo, Shane.
Shane lo sabía, pero oírselo decir a Ilya de un modo tan crudo y desprotegido le llegaba al alma. El dolor de no estar en la misma habitación que Ilya era físico.
—Diez días —dijo.
Por dios, ¡diez! ¿Cómo se suponía que iba a soportar diez días más sin Ilya? Y luego solo lo tendría un día, o quizá uno y medio, antes de que volvieran a separarse.
—Diez días.
El número sonó igual de enorme cuando lo dijo Ilya.
Se despidieron, colgaron y entonces Shane volvió a quedarse solo, deseando con todas sus fuerzas que pudiera haber una solución para el problema que tenían.