El partido más largo (Game Changers 6) Capítulo 5 #3
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Capítulo 5 #3

Ilya cogió el bote y se puso manos a la obra. Shane gimió de alivio cuando notó el primer roce del dedo resbaladizo de Ilya contra su ano.

—Date prisa —dijo Shane.

—Qué impaciente.

—Sí. Estoy impaciente, joder. ¡Hace una semana…!

Sabía que cuando terminase el verano tendría que pasar mucho más tiempo sin sexo.

Pero esas semanas no estarían llenas de momentos en los que tenía tan cerca a Ilya que podía olerlo.

No estarían llenas de la risa espontánea de Ilya cuando jugaba con los niños o de ver cómo se derretían los ojos de Ilya a veces cuando miraba a Shane.

Cuando Ilya pensaba que nadie se daba cuenta. Cuando no podía evitarlo.

Esas semanas no compartiría la cama con Ilya, ni lo oiría respirar en la oscuridad, ni lo oiría gimotear de vez en cuando. No sería capaz de apretarse contra Ilya y besarle la nuca y susurrarle que lo amaba. Cuando pensaba que Ilya no se daba cuenta. Cuando no podía evitarlo.

Esas semanas serían distintas. Ahora mismo, Shane necesitaba sacarle el mayor jugo a Ilya.

Ilya se tomó su tiempo, lo fue abriendo con dedos cuidadosos mientras observaba la cara de Shane. Alargó la mano libre y le acarició la mejilla.

—Amor mío —murmuró Ilya, en ruso—. Tan precioso.

Shane cerró los ojos un instante para que Ilya supiera que lo había entendido.

Ilya ya no podía esconderse detrás de su lengua materna cuando quería ser dulce y cariñoso.

Shane se había esforzado por aprenderla; mientras sus compañeros de equipo jugaban al póquer o a otros juegos en el teléfono durante los vuelos, Shane estudiaba ruso.

—Ya vale —dijo Shane, también en ruso—. Estoy a punto.

Ilya murmuró y siguió penetrándolo despacio con dos dedos.

—Esto me gusta —dijo Ilya pasando al inglés—. Deja que te mire un ratito más.

Shane resopló y se retorció alrededor de los dedos de Ilya. No era suficiente. Frustrado, se cogió la polla tiesa y se la acarició.

—Aún mejor —dijo Ilya con una sonrisa—. Toma.

Acercó el bote a la polla de Shane y le echó un poco de lubricante. Porque Ilya siempre tenía un montón de buenas ideas.

—Mierda —jadeó Shane. Ilya empezó a acariciar la próstata de Shane a la par que Shane se pasaba la mano por la polla. Shane notó el calor en el vientre, estaba agotando sus últimas reservas de autocontrol—. Ilya, por favor.

Este quitó los dedos. Un momento después, Shane notó la punta de la polla de Ilya dando golpecitos contra su agujero.

—¿Así? —preguntó Ilya.

Shane no respondió. Se limitó a cambiar el peso y se hundió en la resbaladiza polla de Ilya. Fue despacio porque no lo hacían así muy a menudo, y porque quería prolongar el delicioso gemido de Ilya.

—Joder, Hollander —jadeó Ilya.

Dios, a Shane le encantaba cuando Ilya lo llamaba por el apellido, como hacía años atrás. En la época en la que follaban, pero antes de ser… esto.

Shane se levantó un poco y volvió a hundirse, con lo que le arrancó otro gemido a Ilya. Sonrió al hombre a quien amaba y dijo:

—Sujétate a algo, Rozanov.

Ilya agarró las caderas de Shane y hundió fuerte los dedos mientras Shane lo montaba. Era excitante ver a Ilya así, tendido debajo de su cuerpo, con el pecho acelerado mientras se esforzaba por mantener los ojos abiertos.

—Me encanta tu polla —jadeó Shane. Tenía una mano plantada encima del pecho de Ilya y con la otra le agarraba por detrás el muslo izquierdo—. Me encanta cogerte así.

—Lo que te gusta es —masculló Ilya— el ejercicio.

Shane soltó una risa temblorosa, rectificó el ángulo y lo montó con más furia.

Ilya se rompía debajo de él y murmuraba en un ruso tan enrevesado que Shane no era capaz de traducirlo. No le hacía falta.

—¿Vas a correrte para mí?

Ilya tomó aire.

—Dentro de nada. Joder.

Shane dejó de rebotar con tanta fuerza y cambió a unos movimientos lentos.

—Ah —gimió Ilya—. Hostia… ¡Joooder!

Shane sonrió, encantado de tener ese poder. Encantado de lograr que Ilya sintiera tanto. Encantado de lograr reducirlo de semejante manera.

—¿Demasiado lento? —preguntó Shane, con una voz sorprendentemente controlada teniendo en cuenta que él también estaba al límite.

—Sí —dijo Ilya—. No. Joder, eres perfecto.

—¿Sí? —Shane movió las caderas con cautela y mucho control—. ¿No necesitas nada más?

Ilya resopló y cogió la polla de Shane. La rodeó con los dedos sin apretar y se quedó así un momento, con la mirada fija en los ojos de Shane.

—¿Así te basta? —preguntó Ilya mientras pasaba la mano por encima de la polla de Shane, despacio y sin rozarla apenas.

Joder, casi le bastaba con eso. Shane se arqueó y se retorció sin querer con la polla de Ilya dentro mientras intentaba sacudirse en la mano de Ilya.

Ilya se rio y apartó la mano. Shane se quejó con un gemido.

Ilya apoyó la mano en la nuca de Shane y tiró de él hasta que pudo poner los labios junto a su oreja.

—Creo —dijo en ruso— que necesitas que te follen en condiciones.

Shane jadeó y asintió, y segundos más tarde estaba tumbado bocabajo con la cara aplastada contra una almohada. Ilya lo agarró de los muslos y levantó el culo, para luego embestirlo.

—¿Lo que necesitas es esto? —preguntó Ilya en voz ronca y baja.

—Sí —dijo Shane sin aliento—. Muchísimo.

—Menéatela.

Con eso no iban a durar mucho. No si Shane seguía pajeándose a lo bruto mientras Ilya se la metía hasta el fondo y hacía que el cabecero diera golpes contra la pared con cada sacudida.

—Ahora —jadeó Shane—. Mierda, voy a correrme.

Su cuerpo entero se estremeció y empezó a manchar de semen la mano y las sábanas.

Junto a él, Ilya se limitó a decir «Hollander» antes de quedarse quieto y vaciarse dentro de él.

No se apartó de inmediato. Fue bajando el cuerpo poco a poco hasta apoyar el peso casi por completo en la espalda de Shane. Respiraba fuerte junto al cuello de su novio. Durante unos largos momentos, respiraron a la vez sin más.

Al final, Ilya empezó a salpicar los hombros de Shane con besos tiernos y su polla blanda se deslizó fuera del cuerpo de Shane. Fue besando a Shane por la columna con tanta adoración que Shane suspiró feliz.

—Te quiero —murmuró Shane pegado a la almohada.

Extendió una mano hacia atrás y palpó con torpeza, hasta que Ilya la cogió.

—Ahora vuelvo —dijo Ilya.

Apretó la mano de Shane, la soltó y se escabulló fuera de la cama. Shane oyó pasos y luego la puerta del baño al cerrarse.

Era levemente consciente de que necesitaba levantarse y limpiarse. También había que cambiar las sábanas. Pero Shane estaba tan relajado y somnoliento que se preguntó si de verdad era importante hacerlo.

Ilya pareció tardar más que de costumbre en el baño. Al cabo de un rato, entró al dormitorio y le dio un suave golpecito en el hombro a Shane.

—Te toca.

—Mmm.

Ilya se rio en voz baja y le alborotó el pelo a Shane.

—Vamos. No te gusta nada ir sucio.

Shane no podía discutírselo. Se arrastró hasta el cuarto de baño.

Cuando regresó se dio cuenta de que Ilya ya había cambiado las sábanas y estaba sentado en un lateral de la cama, mirando la pared.

—¿Estás bien? —preguntó Shane.

—Sí —respondió Ilya.

Sonaba distraído.

Shane se metió en la cama y disfrutó de cómo crujían las lisas sábanas recién puestas contra la piel.

—Estoy muerto.

Ilya murmuró para indicar que él también y se metió dentro de las sábanas a su lado. Se acurrucó junto a Shane, le pasó un brazo por el cuerpo y lo estrechó fuerte. Shane se quedó dormido en cuestión de minutos.

Se despertó un rato después y parpadeó en medio de la oscuridad al notar que Ilya volvía a colarse en la cama junto a él. No tenía la menor idea de qué hora era o cuánto tiempo había estado ausente Ilya, pero notó el fuerte olor del humo de tabaco.

—Has ido a fumar —se quejó adormilado.

—No.

—Lo huelo.

Ilya le besó el hombro.

—Quizá se haya incendiado tu casa.

Shane resopló y volvió a dormirse.