Capítulo 5 #2
Estaba enamorado de él, aunque se negara siquiera a planteárselo en aquella época.
En ese momento, notó el roce de una yema en el codo y se tensó cuando el dedo le resiguió el brazo hasta la muñeca. Uf, Ilya no debería estar tocándolo así.
—¿Qué? —preguntó Shane, porque tenía que haber una razón por la que Ilya había roto su regla más importante.
Por un instante fugaz, Ilya miró con tristeza, incluso con algo de miedo. Luego parpadeó y modificó la expresión para que fuera más neutra.
—Nada —dijo Ilya mientras se apartaba—. Nada.
Ilya volvió a mirar hacia el escenario, pero Shane continuó mirándolo a él. Tenía los hombros bajos y la mandíbula tensa. Parecía… derrotado.
Shane observó a su alrededor. La sala estaba en penumbra. Estaba abarrotada, pero todo el mundo tenía la atención volcada en Fabian. Y, además, Ilya y él estaban al fondo del todo. Shane se mordió el labio y tomó una decisión rápida antes de ponerse a darle demasiadas vueltas al tema.
Dio un paso hacia un lado para rozar la cadera de Ilya con la suya y entonces le apoyó una mano en la parte baja de la espalda. No era mucho, pero todo el cuerpo de Ilya se relajó mientras se apoyaba en ese contacto. Bajó la mirada hacia Shane y le sonrió con timidez, agradecido.
Shane también sonrió y dibujó un corazoncito en la espalda de Ilya con el dedo. Ilya levantó una mano hacia Shane y la dejó suspendida en el aire un momento antes de apartarla para apoyarla en su propio corazón. Asintió mirando a Shane y luego volvió a fijar la mirada en el escenario.
Shane mantuvo la mano en la espalda de Ilya durante el resto del espectáculo, y solo la apartaba un momento para aplaudir después de cada canción.
Se sentía como si fuera supertransgresor, con la palma apoyada sobre la caliente espalda empapada en sudor de Ilya.
Shane notaba cada una de las respiraciones silenciosas de Ilya con gran nitidez en los dedos.
La canción que interpretaba Fabian en ese momento era muy sensual, cantaba casi murmurando y con repentinos e inesperados momentos a capella en los que parecía que suspiraba la letra, lo cual producía verdaderos escalofríos que recorrían el cuerpo entero de Shane.
Todo se percibía, sonaba y olía a promesa sexual, y Shane empezaba a volverse loco.
¿Cómo era posible que Ryan no corriera al escenario?
Si hasta Shane tenía ganas de hacerlo… Aunque todavía tenía más ganas de agarrar a Ilya por la camiseta sudada y tirar de él hacia su cuerpo.
Shane no era de esos tíos capaces de follar con alguien en un lugar público, pero nunca había pensado tanto en eso como en aquel momento.
Quizá acabar una semana de celibato con un concierto del novio de Ryan, que claramente era un hechicero del sexo, no había sido la mejor idea del mundo.
Shane confiaba en que nadie se hubiese percatado cuando se recolocó la erección con cuidado para que no fuera tan evidente contra la tela tensa de los pantalones.
Por supuesto, Ilya sí se dio cuenta. Su sonrisa provocó otro escalofrío en Shane, que se mordió el labio inferior, mirando a los ojos a Ilya.
—Luego —dijo con los labios.
Shane estaba demasiado distraído para conducir en ese momento. Estaba tan cachondo que se sentía borracho.
Había insistido en llevar el coche él esa noche, porque ya estaba cansado de poner su vida en manos de Ilya, pero ahora dudaba de su decisión.
Le latía todo el cuerpo con la necesidad de apretar su piel contra la de Ilya.
Saborearlo y destrozarlo y mostrarle todas las cosas en las que había pensado mientras Ilya había estado tan cerca de él con esa camiseta increíblemente ajustada, la piel caliente y brillante por el sudor.
Además, Ilya le iba masajeando la polla a través de los pantalones mientras conducía.
—N… No —dijo Shane en voz baja—. No lo hagas…, joder… Es peligroso.
Ilya chasqueó la lengua y apartó la mano. Shane reprimió un gemido al notar la pérdida. Respiró despacio, recuperó la compostura y se concentró en la carretera.
—La tienes durísima —comentó Ilya.
—Y también tengo que conducir.
—Pero yo no.
Shane lo miró de reojo y vio que Ilya se había cogido la polla por debajo de los pantalones.
—No hagas eso tampoco —dijo Shane, obligándose a apartar la mirada.
Un gemido surgió del asiento del copiloto. Ilya tenía los ojos cerrados, la cabeza hacia atrás y los labios separados.
Mierda. Shane había vuelto a despistarse de la carretera.
—Vale ya —dijo Shane—. En serio. Enseguida llegamos a casa.
—Mmm. Tal como conduces tú, no.
Shane tensó la mandíbula.
—No pienso convertir esto en una competición. —Hizo lo que pudo por no pensar en lo sexy que era la idea de intentar llegar a casa antes de que Ilya se corriera—. Voy a hacer que lleguemos sanos y salvos a casa y luego podrás tocar todas las pollas que quieras.
Ilya se rio y levantó las dos manos para que Shane viera que le había obedecido.
—Vale.
Shane respiró hondo.
—Casi estamos —dijo, en gran parte para sí mismo.
—¿Cuántas pollas habrá? ¿Has invitado a alguien?
—Ya te gustaría.
—Creo que a ti sí te gustaría —respondió Ilya—. Lo de tener público.
Shane se removió en el asiento de cuero. En realidad, no le gustaría que lo observaran, pero en un escenario puramente imaginario el comentario le excitó un huevo.
—¿Presumirías de mí? —preguntó en voz baja Shane.
Notó el ardor de la mirada de Ilya incluso sin mirarlo.
—No pararía de presumir de ti —dijo Ilya—. Si pudiera.
—Hostia puta —murmuró Shane.
Al final llegaron a casa e incluso consiguieron entrar por la puerta antes de abalanzarse el uno sobre el otro.
Se besaban y magreaban, intentando apretarse cada vez más a la par que se quitaban la ropa mutuamente a toda prisa.
Ilya ganó la carrera, desnudó a Shane y lo aplastó contra una pared, sujetándole las manos por encima de la cabeza.
Ilya lo besó con fuerza mientras Shane se arqueaba hacia él, ávido de más.
—Quiero… —murmuró Shane abstraído mientras Ilya le besaba el cuello.
—Lo tendrás —dijo Ilya en un murmullo grave y delicioso. Todavía iba con los pantalones cortos, aunque los llevaba desabrochados y medio sueltos sobre las caderas—. Casi me muero en ese club, joder.
—Yo también.
—Llevo toda la semana muriéndome de ganas.
El cuerpo de Shane se estremeció contra el de Ilya.
—Demuéstramelo.
Ilya mordisqueó la mandíbula de Shane.
—Dime qué tengo que hacer.
Ese era un gesto de poder por parte de Ilya, porque sabía lo raro que se sentía Shane cuando tenía que pedir cosas en la cama. Era absolutamente consciente de la batalla que se libraba en esos momentos dentro de Shane, mientras este trataba de desoír la vergüenza para empezar a mandar a Ilya.
—Chúpamela —probó Shane.
—¿Así?
Ilya le chupó el punto en el que se notaba el pulso en la mandíbula de Shane, quien se estremeció.
—No seas —jadeó Shane— capullo.
Ilya se rio, le soltó las muñecas a Shane y dio un paso atrás. No tardó en quitarse los pantalones cortos y la ropa interior, y luego se puso de rodillas. Pasó las manos por la cintura, las caderas y los muslos de Shane mientras lo miraba con esa expresión claramente admirada que derretía a Shane.
—Eres precioso —dijo Ilya.
Se inclinó hacia delante y besó la punta de la polla de Shane antes de separar los labios para chuparle el glande.
Shane soltó un gemido grave y prolongado, y se golpeó con la cabeza en la pared que tenía detrás.
—Joder, Ilya.
Ilya se tomó su tiempo, lo resiguió y jugueteó con él con la lengua, mientras Shane se ponía a mil. Shane bajó una mano a la nuca de Ilya y hundió los dedos en los rizos húmedos.
—Joder, eres un experto —dijo Shane sin aliento.
Movió las caderas un poquito, con la esperanza de que Ilya pillara la indirecta.
Ilya gimió y pasó las manos por la parte posterior de los muslos de Shane, hasta llegar al culo, donde hundió los dedos en los músculos y acercó más a Shane a su cuerpo, para meterse más la polla en la boca.
Los músculos de su garganta se flexionaron alrededor de la punta de la polla de Shane, cuyos dedos se tensaron entre el pelo de Ilya y tiraron un poco.
—Hostia puta —jadeó Shane.
Cerró fuerte los ojos y se obligó a respirar mientras Ilya se lo tragaba.
Ilya permaneció así unos segundos más, luego se apartó despacio y pasó la lengua por toda la longitud de la polla de Shane, hasta llegar al final y dejar que Shane se le cayera de la boca.
—Podría hacer que te corrieras ahora mismo —dijo Ilya.
—No lo hagas —dijo Shane, bastante en serio.
—¿Al dormitorio?
Dios, qué lejos estaba. Shane miró las escaleras con pesar, pero luego asintió.
—Sí. Date prisa.
Subieron a la carrera, desnudos, riéndose y dándose la mano. Seguro que estaban ridículos, pero a Shane le daba igual. Aplastó a Ilya contra la pared al llegar al descansillo y lo besó.
—Te puto amo —murmuró Shane contra sus labios—. Quiero tenerte dentro.
Ilya gruñó y le dio una palmada fuerte en el culo a Shane, una sola, y el golpe seco reverberó en el pasillo vacío.
—Pues vamos a la cama.
Shane siguió a Ilya hasta la habitación, mientras le daba besos y casi se subía encima de él. Ilya se sentó en el extremo de la cama en cuanto pudo y tiró de Shane para subírselo al regazo y lo besó con pasión hasta que los dos se cayeron sobre el colchón en una maraña de extremidades frenéticas.
Ilya se rio pegado a la boca de Shane y sin dejar de besarlo. Shane se preguntó si Ilya estaba tan borracho de felicidad como él. A veces le costaba creer que estuvieran juntos. Que Shane pudiera tener algo así.
Shane se montó sobre Ilya. Extendió las piernas y se sentó a horcajadas sobre sus caderas, entre besos. Las manos fuertes de Ilya subieron por la espalda de Shane hasta sus hombros y luego volvieron a bajar al culo.
Lubricante. Necesitaban el lubricante ya.
Shane se recostó de lado en la cama y abrió el cajón de la mesilla. Tanteó hasta encontrar uno de los botes de lubricante que guardaban entre la colección de juguetes sexuales cada vez más numerosa y lo sacó.