Capítulo 4 #2
—Son rivales —dijo Ilya, sonriendo—. Jordan ha entrado en el equipo A. Ben no.
Shane frunció la nariz.
—Entonces Ben tiene que aprender a aceptar mejor las derrotas.
—Ah, pero espera. Es que el padre de Jordan es el entrenador. Así que quizá la habilidad no fue lo único que ayudó a Jordan.
Shane se encogió de hombros.
—Da igual… Tenemos que volver ahí fuera.
—¿Todos habéis visto la pelea?
—Pues seguramente. Pero vamos a hacer que se centren en lo importante. Esto no es el «campamento de Ben y Jordan».
—Todavía no —dijo Ilya dando un codazo a Shane—. Pero quizá algún día sean los nuevos «nosotros».
—Entonces será mejor que le advierta a Jordan que no se enamore de Ben.
—Ah, ¿tú eres Jordan?
—Obvio. Ha entrado en el equipo A.
Se sonrieron el uno al otro, e Ilya se inclinó un poco hacia él. No pudo evitarlo. No habían follado en toda la semana porque Shane no quería que su madre los oyera, e Ilya estaba que se subía por las paredes.
Shane lo esquivó.
—Ni de broma. No vamos a cometer ese error otra vez.
—Me gusta cometer errores contigo.
—Puedes cometer errores en la pista. Como sueles hacer.
—Jo, ha sido una semana muy divertida —le dijo Max a Shane el viernes por la tarde—. Gracias de nuevo por invitarnos.
El campamento en Montreal había terminado, los niños se habían ido y, según tenía bastante claro Shane, había sido todo un éxito.
—Pues claro. Gracias por entrenar. ¿Estás listo para volver a hacerlo la semana que viene en Ottawa?
—Obvio. Me lo he pasado genial. Esa aparición sorpresa de la Copa Stanley ha sido genial.
—Todo ha sido idea de J. J., por si acaso no lo hubiera dejado muy claro.
Shane bromeaba, pero le había conmovido que J. J. hubiese dedicado su día con la copa a compartirlo con los niños del campamento. Shane iba a dedicar su propio día de la semana siguiente en el campamento de Ottawa, y estaba agradecido de que los niños de Montreal no se hubieran quedado fuera.
Max se rio.
—Algo ha mencionado. También nos ha invitado a una fiesta esta noche.
—¿Vais a ir?
—Claro. ¿Cuántas veces en la vida te invitan a una fiesta haitiana callejera con la Copa Stanley?
—Cada vez que J. J. gana una.
—¿Tú irás?
—Eeeh… —Shane miró a su izquierda y vio que Ilya se acercaba—. Puede. Tengo otros planes, pero voy a intentar hacer las dos cosas —mintió.
—¿Te refieres a la fiesta de J. J.? —preguntó Ilya.
—Sí. ¿Quieres ir? —Shane esperaba que no.
—¿Y celebrar la victoria de la copa de Montreal? Puaj. No.
Shane hizo un gesto exagerado de poner los ojos en blanco, cosa que hizo reír a Max.
—Sois un par muy adorable —dijo Max.
Ilya le hizo un guiño a Shane.
—Adorables.
A Shane se le pusieron rojas las mejillas. ¿Habían sido demasiado adorables? Quizá deberían moderarse un poco.
Dio lo que esperaba que fuera un paso sutil para alejarse de Ilya y dijo:
—Que pases una buena noche, Max. Os vemos a ti y a Leah en Ottawa.
Como si hubiese sido por decir su nombre, Leah apareció al final del pasillo con Ryan. Cuando llegó junto a su marido, le besó en la mejilla y le preguntó:
—¿Listo para irnos, amor?
—Sí. Echemos una siesta para poder pasarlo bien y aguantar toda la noche, ¿vale?
Leah apoyó la frente en el hombro de Max.
—Soy demasiado mayor para aguantar toda la noche.
—Pues hasta medianoche.
—Venga, vale.
Se sonrieron con cariño y Shane sintió una oleada de celos, seguida del impulso de besar a Ilya delante de todo el mundo. ¿Acaso a alguien de los allí presentes le importaría? Ryan ya lo sabía…
—Tu madre te está buscando —dijo Ryan—. Está en el despacho.
—Vale —dijo Shane, sacándose de encima las ideas absurdas que le habían nublado momentáneamente la mente. Se dio la vuelta y caminó rápido hacia el despacho. Se sorprendió cuando Ilya lo alcanzó unos segundos después.
—¿Todo bien? —preguntó Ilya.
—Sip —respondió Shane con voz tensa.
Ilya tarareó en voz baja y, en cuanto doblaron la esquina, lo agarró de la muñeca y lo empujó hacia una puerta abierta. Era uno de los vestuarios, lúgubre y un poco asqueroso, muy parecido a aquel en el que se habían mirado por primera vez, hacía más de una década, cuando rodaron juntos un anuncio.
Ilya cerró la puerta con llave y empujó a Shane contra ella.
—Ay —dijo Shane, y entonces Ilya empezó a besarlo, con fuerza y determinación, como si se tratara de una forma de fisioterapia.
—¿Mejor? —preguntó Ilya cuando por fin se separaron. Ambos respiraban entrecortado. Los dedos de Shane se clavaban en la cadera y el hombro de Ilya, y este tenía una mano enredada entre el pelo de Shane.
—Sí —susurró Shane—. Joder, me muero de ganas de estar contigo.
—Ha sido una semana muy larga —asintió Ilya.
—Mi madre se vuelve a Ottawa. Tendremos la casa para nosotros solos.
Ilya lo besó de nuevo, esta vez de esa forma tan lasciva que hacía que a Shane se le retorcieran los dedos de los pies.
Dios mío, ¿qué estaban haciendo? Paró el beso y dijo:
—Luego. Ahora no.
—Vale.
Ilya dio un paso atrás y empezó a alisar el polo del campamento de Shane.
—¿Este vestuario te recuerda a algo? —preguntó Shane mientras recorría con un dedo el antebrazo de Ilya.
Los labios de Ilya esbozaron una sonrisa.
—Cuando fuiste tan poco profesional, rodando ese anuncio juntos.
—¿Yo? Pero si fuiste tú quien me hizo insinuaciones.
—Después de que me apuntaras empalmado.
Shane se quedó boquiabierto. Cerró la boca. Luego la volvió a abrir.
—Estabas chuleando.
—¿Chuleando?
—Sí. Con tus músculos al descubierto y tu culo… Exhibiéndote.
Ilya se rio.
—¿Qué?
—Sabías perfectamente qué hacías.
Ilya le besó la frente.
—Puede ser.
Shane apoyó la cabeza en el hombro de Ilya, inhalando su aroma e intentando no preguntarse cómo habrían sido las cosas si Shane no hubiera sido incapaz de controlar su polla aquel día en las duchas.
¿Estaría Ilya abrazándolo ahora, más de una década después, con un tatuaje de un colimbo en el brazo?
—Me alegro de que seas tan chulo —dijo Shane.
Ilya le dio una palmadita en la espalda.
—Me alegro de que te pongas cachondo tan rápido.
—Cállate —dijo Shane, pero sonrió contra el cuello de Ilya, aliviado de que ambos estuvieran pensando lo mismo.