El partido más largo (Game Changers 6) Capítulo 3
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Capítulo 3

Shane le pidió a Ryan que lo ayudara a sacar algo de material del almacén de la pista a la mañana siguiente. Ryan, como era de esperar, parecía incómodo con la idea.

—No se lo he dicho a nadie —soltó Ryan en cuanto se quedaron solos en la sala de material.

—Lo sé. Eso no me preocupa —le aseguró Shane.

—Ah. —Los enormes hombros de Ryan se relajaron y dejaron de estar pegados a las orejas—. ¿Qué material necesitamos?

—Las miniporterías y algunas de esas, eeeh, cosas para, ya sabes, practicar el manejo del stick . Ya me entiendes. Esas… ¿cositas?

—Cositas —repitió Ryan despacio, mirando a su alrededor como si esperara que las cosas aparecieran por sí solas.

—Oye, eeeh —dijo Shane.

La atención de Ryan volvió de golpe hacia Shane.

—Tu novio está en la ciudad contigo, ¿verdad? ¿Fabian?

—Sí —respondió Ryan con recelo.

—Genial. Estábamos pensando… O sea, Ilya y yo, quiero decir…, que quizá os apeteciera salir esta noche. Ir a cenar, ¿quizá? ¿Con nosotros?

Ryan frunció el ceño.

—¿Tipo cita doble?

—Sí, supongo. Más o menos. O sea, sí. —Shane exhaló e intentó recomponerse—. Nunca hemos salido con otra pareja. Tipo, una pareja gay. Yendo como pareja.

—Eeeh…

Shane sintió como si se hubiera roto una presa en su interior y descargó un torrente de palabras con mucha carga sobre el pobre Ryan.

—Nadie sabe lo nuestro, bueno, casi nadie, así que estaría bien, o sea, no tener que escondernos.

Bueno, seguiríamos teniendo que hacerlo si fuéramos a un restaurante o algo así.

No iríamos, o sea, haciéndolo evidente… En fin, estaría bien pasar una noche con gente que no nos juzgue.

A menos que tú nos estés juzgando. Quizá pienses que lo que estamos haciendo es una locura, porque supongo que en cierto modo lo es, pero…

—¿Hay más gente que lo sabe? —interrumpió Ryan.

—¿Qué?

—No soy el único que lo sabe. ¿Lo sabe más gente?

—Sí. Claro. Algunas personas. Mis padres. Hayden y su mujer. Mis compañeros de equipo saben que soy gay, pero no saben lo de Ilya. Excepto Hayden. Pero acabo de decirlo, así que…

Ryan cerró los ojos y exhaló con fuerza.

—Menos mal. Pensaba que era el único que lo sabía o algo así.

—No eres solo tú. Perdona si te hemos dado a entender eso.

—No pasa nada. Me lo debería haber imaginado. —Suspiró—. Fabian me ha hablado de una pizzería a la que quería ir esta noche. Supongo que vosotros también podríais venir.

La dieta que seguía Shane en ese momento hacía que prácticamente no pudiera comer nada en una pizzería, pero asintió con entusiasmo.

—Suena genial. ¡Claro!

—Vale.

Ryan se volvió para mirar uno de los montones de material que había junto a la pared.

—Bueno…, ¿podemos coger lo que necesitamos y largarnos de aquí ya?

Shane se dio cuenta de que, básicamente, había acorralado a Ryan en un espacio reducido y le había soltado un montón de cosas raras, algo que probablemente no era la situación ideal para alguien con ansiedad.

—Sí. Lo siento. Joder, Ryan. Estoy siendo un puto rarito. Es solo que…

—¿Estás nervioso? —adivinó Ryan.

—Sí. Pero también emocionado. —Shane se rio con voz temblorosa—. En cierto modo, me alegro de que nos pillaras el año pasado.

La expresión de Ryan le indicó que él no se alegraba de haberlos pillado.

—Y tengo muchas ganas de conocer a tu novio —dijo Shane—. El año pasado no tuve la oportunidad.

Ryan, después de oír eso, sonrió.

—No se parece en nada a mí. Nadie se acaba de creer que estemos juntos.

—Sé qué se siente…

La pizzería resultó ser más bien un bar que servía pizza. Un bar gay que servía pizza.

Shane dudó un momento al acercarse a la entrada. E Ilya se dio cuenta.

—¿Tienes algún problema…? —preguntó Ilya.

Shane intentó adoptar una expresión de alguien tranquilo y dispuesto a todo.

—No —respondió. Cruzó la puerta con paso firme.

Tenía una cita. Con su novio. En Montreal. No era nada del otro mundo.

Su novio que, por cierto, estaba buenísimo.

Ilya llevaba una camiseta de tirantes de color verde azulado con un estampado floral descolorido que resaltaba sus musculosos brazos, así como el tatuaje de un colimbo cerca del hombro izquierdo que Shane aún no se podía creer que se hubiera hecho.

Le había sorprendido con él hacía un par de meses y había echado la culpa al aburrimiento mientras Shane estaba en los play-offs , pero Shane sabía que no era algo que Ilya se había hecho porque se aburría.

El tatuaje significaba algo para los dos.

Representaba el tiempo que pasaban juntos en verano, en su casa del lago.

Ilya también llevaba unos pantalones cortos grises holgados y unas zapatillas negras sin cordones, y tenía un aspecto tan relajado y veraniego que Shane sintió la tentación de llevarlos a los dos directamente a la cabaña y hacer el amor con él en la orilla cubierta de hierba.

—Por ahí —dijo Ilya mientras le fastidiaba la fantasía a Shane.

Señalaba una mesa pegada a la pared donde Ryan Price estaba sentado junto a un chico mucho más bajito.

Cuando llegaron a la mesa, Ilya tomó de inmediato la iniciativa.

—Me gusta esa camiseta, Price. El morado te queda bien.

—Oh. Eeeh… Gracias.

—Y tú eres Fabian, ¿verdad?

—El único e inigualable.

Shane no se había esforzado mucho en visualizar al novio de Ryan, pero nunca se lo habría imaginado con ese aspecto.

Fabian Salah era guapo. Tenía una piel cálida y dorada, y un pelo oscuro y sedoso, corto por los lados, pero lo suficientemente largo por arriba como para caer sobre sus ojos oscuros, que estaban maquillados.

Llevaba una camiseta de tirantes de encaje negro que se ceñía a su esbelto torso, y en el elegante cuello lucía un colgante de diamantes con forma de corazón.

Era, digamos, descaradamente «no hetero», de una forma a la que Shane no estaba acostumbrado.

El tipo de chico al que, cuando Shane era más joven y aún se estaba descubriendo a sí mismo, miraba y pensaba: «No soy gay porque no soy como él».

No era una buena forma de pensar, pero incluso como hombre gay enamorado de otro hombre con el que mantenía relaciones homosexuales, Shane no podía evitar sentir una reacción instintiva de incomodidad en presencia de Fabian.

Lo cual solo demostraba que Shane necesitaba pasar más tiempo con otras personas queer . En concreto, con personas queer que no jugaran al hockey.

—Soy Ilya. Él es mi… Shane.

Shane intentó ignorar lo mono que le parecía aquello porque, de lo contrario, la primera impresión que Fabian se llevaría de él incluiría una gran sonrisa tonta.

—Hola, Fabian —dijo Shane estrechándole la mano mientras se sentaba en la silla frente a él. Fabian llevaba las uñas pintadas de azul violáceo—. Encantado de conocerte.

—Igualmente.

Esa única palabra provocó una extraña sensación en el estómago a Shane. Fabian irradiaba una sensualidad natural que, como mínimo, resultaba desconcertante.

—Me gusta tu pelo —intentó decir Shane, porque era verdad.

El pelo de Fabian era guay.

Los labios de Fabian esbozaron una sonrisa cálida y burlona a la vez, muy parecida a la que solía poner Ilya.

—Gracias. A mí me gustan tus gafas.

—Ay, gracias.

—Cree que son un disfraz —bromeó Ilya—. Como las de Superman.

—¡Oye! —protestó Shane—. No hacen daño a nadie. Además, sin ellas no puedo leer la carta. Así que cállate.

Ilya le dio un ligero golpecito con la zapatilla en el tobillo por debajo de la mesa, lo que hizo que este se diera cuenta de que había estado moviendo la pierna de forma compulsiva. Se quedó quieto, pero Ilya mantuvo el pie apoyado en el de Shane.

—Ryan me lo ha contado todo sobre vuestros campamentos y vuestra organización benéfica —dijo Fabian—. Es genial… Toco en eventos benéficos para centros de acogida de jóvenes e iniciativas de salud mental en Toronto siempre que puedo.

—Eres músico, ¿verdad? —preguntó Shane—. Lo siento, no sé casi nada de música.

—Es una pasada —dijo Ryan con toda sinceridad—. Deberías verlo actuar. Da un concierto el viernes por la noche aquí en la ciudad, si estáis…, eeeh. O sea.

—Puedo poneros en la lista de invitados —dijo Fabian con total naturalidad—. No pasa nada si luego preferís no ir.

—Ya he comprado entradas —dijo Ilya—. Para los dos.

«¿Qué cojones?».

—¿En serio? No me lo habías dicho.

—Sorpresa.

Shane no sabía muy bien qué pensar de todo aquello. Ilya y él nunca iban a ningún sitio juntos, y esta salida en concreto parecía salirse bastante de la zona de confort de Shane.

—¿En qué tipo de local es el concierto? —preguntó Shane con la mayor naturalidad posible—. ¿En un club o…?

—Quiere saber si es un club gay —intervino Ilya, siendo servicial.

Shane le pisó el pie.

—No.

—Es solo un local. Un club. Lo que sea… —dijo Fabian con un gesto de su elegante mano. Luego se inclinó hacia él y, con una sonrisa pícara, añadió—: Pero para cuando haya terminado de tocar ya se habrá convertido en gay.

Ilya se rio a carcajadas al oírlo, mientras que Ryan resopló y negó con la cabeza, sonriendo a su novio con una mirada repleta de amor.

—Suena divertido —dijo Shane, y lo decía más o menos en serio. Nunca le había gustado mucho la música en directo, pero sentía curiosidad por ver a Fabian en acción. Además, le había sorprendido para bien que Ilya hubiera planeado una especie de cita sorpresa para los dos.

Charlaron un rato sobre Montreal hasta que el camarero se acercó a tomarles nota de las bebidas. El joven se presentó como Leo y, acto seguido, abrió mucho los ojos, como si acabara de reconocer quiénes estaban en la mesa. Shane se preparó para que le pidieran un selfi, pero Leo lo sorprendió.

—¿Eres Fabian Salah? —preguntó en voz baja.

Fabian solo respondió con una sonrisa pícara.

—Hostia puta —dijo Leo—. Soy un gran admirador tuyo. —Se tapó la boca un poco con una mano y luego se la quitó con la misma rapidez—. Lo siento. Voy a ir a tu concierto el viernes. Me pedí la noche libre hace semanas.

—Qué tierno —dijo Fabian—. Gracias. Intentaré que merezca la pena.

—Todo lo que haces es increíble. Te vi tocar una vez en Toronto y estoy tan… sin palabras. Lo siento. Vale, ya estoy bien. ¿Qué os apetece tomar?