Capítulo 2 #4
—No pasa nada —dijo Ilya con naturalidad—. Lo sabe desde hace un año y no se lo ha contado a nadie. ¿Dónde está el queso de cabra?
—Lo sé, pero da vergüenza. Y no es profesional. Y le hemos cargado al pobre chico con un secreto bastante gordo —dijo Shane—. A mí no me pongas queso, ¿vale?
—Ya lo sé.
—Me cae bien Ryan —dijo Yuna—. Es un encanto.
—Sí —asintió Ilya—. Quizá le propongamos quedar los cuatro juntos con él y su novio.
Yuna puso las manos sobre los hombros de Ilya y los apretó una vez.
—Me encanta esa idea…
Ilya se mordió el labio para contener la sonrisa. La familia de Shane le caía muy bien.
—¿No crees que podríais contarle al resto del personal lo de vuestra relación? —preguntó Yuna, mientras volvía a estar pendiente del pollo. Era una pregunta que Ilya se había hecho muchas veces. Se concentró en sacar el queso de cabra de la nevera y dejó que Shane respondiera.
—Todavía no —dijo Shane—. Creo que con Leah y Max no habría problema, pero no los conocemos tan bien, así que no le veo mucho sentido contárselo, ¿sabes?
—Quizá podríamos contárselo a Wyatt —dijo Ilya.
—¿Tú crees? —preguntó Shane. Luego negó con la cabeza—. No quiero que tu portero lo sepa. Sería demasiado raro.
—Hayden lo sabe —señaló Yuna—. ¿Por qué no puede saberlo el compañero de equipo de Ilya?
—Hayden es mi mejor amigo y el único de mis compañeros de equipo que lo sabe. Y ni de broma se lo voy a contar a J. J.
—¿Puedo hacerlo yo? —preguntó Ilya.
—Ni se te ocurra bromear con eso —suspiró Shane—. Quiero mucho a J. J., y me ha apoyado muchísimo con lo de ser gay, pero no está preparado para enterarse de lo nuestro. Créeme.
—Bueno, yo tampoco lo estaba —dijo Yuna—. Pero lo superé.
—J. J. no es mi madre.
—No —dijo Yuna—. Tu madre es la que prepara la cena al final de un largo día mientras tú te quedas sentado sin hacer nada y con cara de pocos amigos. Haz el favor de venir a echar una mano.
—Yo estoy echando una mano —no pudo resistirse a decir Ilya.
—Lo sé. —Yuna le dio una palmadita en la mejilla—. Por eso eres mi hijo favorito.
Ilya sonrió a Shane, quien intentó parecer molesto, pero no lo consiguió del todo porque su mirada se había suavizado.
Más tarde, se sentaron todos juntos alrededor de la mesa y brindaron con vasos de agua por su exitoso primer día de campamento.
Comieron su cena saludable, aprobada por Shane, y hablaron de hockey, de la organización benéfica, de ideas de decoración para la casa de Shane y de planes para el resto del verano.
A Ilya le pareció, como siempre, maravilloso y surrealista al mismo tiempo.
Nunca había esperado tener esta comodidad doméstica en su vida.
No con otra persona. Nunca había imaginado que formaría parte de una familia y que volvería a tener padres.
Haría absolutamente todo lo posible por proteger eso, y le aterrorizaba constantemente la idea de que, llegado el momento, no fuera capaz de hacerlo. Porque ese día llegaría.
Shane se ofreció a recoger después de cenar para compensar por haber holgazaneado durante la preparación. Yuna insistió en ayudar, lo que probablemente significaba que quería hablar con Shane, así que Ilya salió a la terraza trasera.
Se apoyó en la barandilla y contempló el cielo, donde las estrellas apenas se vislumbraban entre todas las luces de la ciudad. Nada que ver con la cabaña de Shane.
—Creo que te gustaría lo que hemos hecho hoy. —Ilya habló en voz baja, en ruso, dirigiéndose al cielo—. Espero que estés orgullosa.
Normalmente solo hablaba con su madre, aunque ahora ninguno de sus padres estuviera vivo.
La muerte de su madre había sido repentina y devastadora.
Su padre se había ido apagando poco a poco a causa del alzhéimer, e Ilya aún no había aclarado sus sentimientos respecto a la pérdida del hombre que nunca había tenido una palabra amable para él. Ni para la maravillosa madre de Ilya.
Harris, el amigo de Ilya, que estaba en Ottawa, juraba que había un fantasma viviendo en la casa de sus padres. Un tío abuelo o algo así. Ilya no era dado a creer en fantasmas, pero se aferraba a la idea de que el espíritu de su madre estaba con él, de algún modo. Necesitaba que fuera así.
—Oye —dijo Shane en voz baja a sus espaldas—. Mamá se ha ido a la cama.
Ilya se volvió para mirarlo. Cuando habían llegado a casa, se había puesto unos pantalones cortos de chándal y una camiseta de los Voyageurs.
Iba descalzo y tenía el pelo revuelto. Ilya abrió enseguida los brazos y Shane prácticamente se dejó caer en ellos, apoyando la frente en el hombro de Ilya y exhalando con fuerza.
—Estoy agotado —dijo Shane—. Vamos a la cama, ¿vale?
—Claro.
Pero Shane no se movió. Rodeó la cintura de Ilya con sus fuertes brazos y lo abrazó, mientras respiraba despacio contra su cuello.
Ilya los meció un poco, con suavidad, de un lado a otro, y disfrutó de la tranquilidad.
Cerró los ojos y se concentró en lo bien que se sentía al estar con Shane, a solas en la oscuridad, e intentó no desear que fuera igual a la luz del día.