El partido más largo (Game Changers 6) Capítulo 3 #2
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Capítulo 3 #2

Shane oyó a Ilya soltar una risita junto a él. Al otro lado de la mesa, Ryan rebosaba orgullo.

—A mí me encantaría uno de tus mojitos —dijo Fabian—. Veo que en otras mesas los están tomando y me da envidia.

—Por supuesto —dijo Leo sonriendo como un tonto, como si Fabian lo tuviera hipnotizado.

—Yo tomaré esto —dijo Ilya, señalando una tarjeta sobre la mesa que anunciaba los productos de una cervecería artesanal—. La pilsner .

—¡Claro! Sí —dijo Leo volviendo a prestar atención—. Buena elección.

—Yo tomaré lo mismo —dijo Ryan en voz baja.

—¿Tenéis té helado sin azúcar? —preguntó Shane. Enseguida vio cómo el pánico se apoderaba de la cara de Leo—. No te preocupes. Tomaré un agua con gas y lima. O limón. Lo que sea.

Leo le dedicó a Fabian una última sonrisa nerviosa y emocionada, y luego salió corriendo a por sus bebidas. Ilya le dio un codazo a Ryan en el antebrazo, que tenía apoyado sobre la mesa.

—Leo está enamorado de tu novio.

Ryan sonrió.

—Ya estoy acostumbrado a que pasen cosas así. Aunque sigue siendo guay.

—Ryan también recibe mucha atención —dijo Fabian—. Pero rara vez nos reconocen las mismas personas.

—Son grupos de fans muy distintos —asintió Ryan.

—Excepto los aficionados al hockey queer , que piensan que es, tipo, lo mejor del mundo que seamos pareja.

—¿Ah, sí? —preguntó Shane, de repente muy interesado en la conversación—. ¿Qué dicen?

—Se alegran por mí —dijo Ryan en voz baja.

—Y tienen celos de mí, estoy seguro —añadió Fabian.

—Sí, hombre —resopló Ryan.

—¿Alguna vez te encuentras con la otra cara de la moneda? —preguntó Shane—. ¿Por parte de aficionados al hockey?

—Quizá —respondió Ryan—. No uso redes sociales y ya no juego al hockey, así que supongo que no me entero si hay comentarios al respecto.

Bueno. Shane sí que jugaba al hockey y, aunque no era muy activo en internet, había estado más presente en su cuenta de Instagram desde que él e Ilya habían puesto en marcha la organización benéfica.

Y, además, o sea, tenía una relación de pareja con su archirrival.

Eso era un poco distinto de la situación de Ryan.

Leo volvió con sus bebidas. Le dio primero a Fabian su mojito, que estaba repleto de hojas de menta y tenía un aspecto muy refrescante.

—Me has salvado la vida, corazón —le dijo Fabian—. Esto es justo lo que necesito.

Leo esbozó una amplia sonrisa mientras repartía el resto de las bebidas. Colocó un vaso alto de agua con gas delante de Shane, con rodajas de lima y limón decorando el borde.

—¿Sabéis ya qué queréis para comer?

Shane ni siquiera había echado un vistazo a la carta. Fabian pidió una pizza con un nombre muy sofisticado para compartir con Ryan; Ilya pidió una pizza más sencilla para comérsela él solo, y Shane leía frenéticamente la selección de ensaladas de la carta.

—Eeeh…

—Mira —dijo Ilya, mientras señalaba algo que había más abajo. En cuanto Shane leyó a toda prisa la descripción del salmón a la plancha con verduras salteadas y patatas asadas, estuvo a punto de plantarle un beso.

—Tomaré el salmón sin salsa, ¿y podrían servirme las verduras sin mantequilla? Si no puede ser, ¿quizá una ensalada verde como acompañamiento en lugar de las verduras?

—Claro, eeeh… No debería ser un problema. —Leo parecía inseguro mientras lo anotaba todo—. Si es una ensalada, ¿qué aderezo querrías?

—Solo un poco de aceite de oliva y vinagre, si no es mucha molestia. O un gajo de limón.

—Es muy divertido ir a restaurantes con él —bromeó Ilya.

Todos se rieron, excepto Shane, que, irritado, le dio un golpecito con la rodilla a Ilya.

—Sigo una dieta estricta para rendir al máximo —explicó a la defensiva después de que Leo se fuera—. Es normal para los deportistas profesionales y está recomendado. —Dirigió esa última frase a Ilya, que comía como un chico de trece años la mayor parte del tiempo.

—Shane cree que se está haciendo mayor —dijo Ilya—. Le da miedo la muerte.

—¡No es eso en absoluto! Me da miedo no estar a la altura de las expectativas de la organización de los Montreal Voyageurs y de nuestros fans.

—Sería más fácil engañar a la muerte que cumplir con las expectativas del hockey de Montreal —dijo Ilya.

No se equivocaba.

—¿Jugáis los dos en Montreal? —preguntó Fabian.

—No. Solo yo. Ilya juega en Ottawa.

—Entonces no es una relación a muy larga distancia —observó Fabian.

Shane se sintió incómodo, porque era la primera vez que alguien de la mesa reconocía directamente que Ilya y Shane eran pareja.

—Es…, eeeh… No es una distancia enorme, pero…

—Se siente como si estuviéramos más lejos —dijo Ilya—. Estamos muy ocupados durante la temporada. No pasamos mucho tiempo juntos.

—Debe de ser duro. Y esto… —Fabian hizo un gesto con las manos entre ellos— es un secreto, ¿verdad?

—Uno muy grande —dijo Ryan.

—Eso lo hace aún más difícil —dijo Fabian con tono comprensivo. Se inclinó hacia él para poder bajar la voz.

—¿Por qué es un secreto? No seríais los únicos jugadores de hockey gais. O queer . Lo siento, no debería dar por supuesto nada.

—Yo soy bisexual —dijo Ilya asintiendo con la cabeza—. Shane es muy gay.

—Yo soy gay a secas —replicó Shane—. Y no, no somos los únicos jugadores queer de la NHL . Pero nuestra situación es complicada.

—¿Porque estáis en equipos diferentes?

—En gran parte, sí. Aunque es algo más que eso.

—La liga ha alimentado esta enorme rivalidad entre ellos —explicó Ryan—. Es así desde sus temporadas de rookies .

—Incluso desde antes —dijo Shane.

—Anda, qué interesante —dijo Fabian—. Pero todo el mundo sabe que sois amigos, está claro. Porque además tenéis esa organización benéfica juntos. ¿Qué más da si os besáis?

Shane abrió la boca para explicar la diferencia, pero no acabó de encontrar las palabras. La forma en que Fabian lo había dicho hacía que la distinción pareciera tan poco importante… En realidad, no debería suponer ninguna diferencia. Pero sí la suponía.

—Nos complicaría mucho las cosas —dijo Ilya—. Sería una distracción.

—Sería un puto desastre —asintió Shane—. Creo que por ahora los dos preferimos centrarnos en el hockey.

Fabian murmuró un poco y luego dijo:

—Por ahora. ¿Cuánto tiempo lleváis juntos?

Shane e Ilya se miraron, lo que hizo que Shane se sonrojara por alguna razón.

—No es una pregunta fácil —dijo Ilya.

—Más de diez años, eso sí —aclaró Shane—, dependiendo de cómo definas «juntos».

—Es mucho tiempo para mantener un secreto —dijo Fabian pensativo—. ¿No es eso también una distracción? ¿Tipo, tener que ocultarlo?

Shane no sabía muy bien cómo responder a eso y, a juzgar por la expresión de Ilya, él tampoco lo tenía claro.

—Lo siento —dijo Fabian enseguida—. Soy muy entrometido. No es asunto mío.

—No, no pasa nada —dijo Shane—. Es solo que, ya sabes, son muchas cosas en las que pensar…

—Sí —asintió Ilya en voz baja.

Les trajeron la comida y la conversación derivó hacia la mejor pizza de varias ciudades.

Shane se moría por probar un trozo de la cena grasienta y cubierta de salchichas de Ilya, pero se comió de forma obediente su salmón y su ensalada.

Había empezado esa dieta en febrero y no le importaba lo que dijera Ilya: Shane se sentía mejor.

Y acababa de ganar la Copa Stanley y el Trofeo Conn Smythe. Así que ahí lo tenía.