Capítulo 25
Girl, You’ll Be My Woman Now
DiMarco
—¿Se puede saber qué has hecho? ¿Te has vuelto loco?
Entre el tono de Generalísimo que puso y que apenas concluyó mi cita con Oprah ya me estaba vibrando el móvil en el bolsillo, me quedó claro que no le había gustado mi gesto improvisado para animarle el día.
—¿Te refieres a lo de la entrevista? ¿No he estado bien?
Yo creía que lo había hecho bien.
—¡Me refiero a lo de darme a conocer delante de toda Norteamérica!
—Tus padres son millonarios. Ya se te conoce en Norteamérica.
—¡No es lo mismo! ¡Y no te hagas el graciosito ahora!
Reconozco que en un principio me fastidió, me preocupó y hasta me decepcionó que su reacción al anuncio hubiera sido la misma que cuando escupí un diente ensangrentado a sus pies.
Estaba satisfecho con el modo en que me había desenvuelto en la entrevista y estaba también ilusionado porque acababa de sacarme la espinita del secretismo.
Que ella no sintiera lo mismo al respeto me arruinó la noche. Lo creí una premonición de que no sentía lo mismo por mí a secas.
—Antes querías mantener en secreto que salíamos porque a mi imagen le convenía el celibato y porque eras mi mánager, pero ¿cuál es la excusa ahora? Te enfadas por todo.
—¿Que me enfado por todo? ¡Para empezar, una cosa es contárselo a nuestros amigos de manera individual, lujo y privilegio que me has arrebatado con tu momento Roberto Benigni en el Festival de Venecia, y otra muy distinta es pregonarlo en un programa de audiencia mundial! ¡Y para seguir, Myles, no soy tu novia!
Eso terminó de descolocarme por completo.
—¿Cómo que no?
—¡Como que no!
—Salimos juntos y follamos. Si eso no es ser novios, ¿qué es? Primos desde luego que no.
«Aunque hay primos que follan, ahora que lo pienso».
—¿Acaso me lo has pedido en algún momento?
—Te he invitado a salir. Varias veces. Y, en tus palabras, «te he desflorado».
—¡Hay una diferencia abismal entre estar saliendo y ser pareja!
—Pues me acabo de enterar. ¿Cuál es?
—Lo primero es informal y lo segundo es un compromiso.
—¿Y no crees que tengamos un compromiso? Porque, entre otras cosas, si yo veo esto tan serio es sobre todo porque dejaste de representarme para poder estar conmigo. Y porque has conocido a mi tío. ¿Los novios no se presentan a sus familiares?
—Sí, pero...
—¿Y no se quedan a dormir en casa del otro?
—Claro que sí, pero...
—¿Y no se escriben todo el tiempo?
—¡No nos escribimos todo el tiempo! ¡Casi siempre vas a tu bola!
—¿Y no se supone que los novios priorizan el bienestar de su pareja al suyo propio?
¿No es eso lo que he hecho al seguir trabajando con Velvet Room y la imbécil de tu jefa para evitar que te despidan?
, ¿al aceptar esta... supuesta oportunidad que representa una entrevista para hablar del TDAH , que es mi tema menos favorito después de los Miami Dolphins?
—No es una supuesta oportunidad. Es una oportunidad real. ¡Estás hablando de Oprah!
—¿Oprah es una hincha del fútbol? ¿Sus espectadores suelen ser hombres entre los quince y los sesenta años? Porque si no, no sé en qué me ha beneficiado esto. Aparte de para que me eches la bronca una vez más —añadí de mal humor.
—¡Te lo tienes merecido! ¡No puedes anunciar que soy tu pareja en televisión sin antes consultármelo!
—Bueno, ¿y qué quieres que haga? ¿Le concedo mañana una entrevista a la competencia y les comento que hemos roto?, ¿o que he alucinado y en realidad nunca fuimos nada? ¿Me disparo en la sien en directo?
—Se me ocurre que podrías dejar de estar a la defensiva y aceptar tu parte de culpa —repuso con retintín—. Luego ya veríamos.
—¿Cómo quieres que deje de estar a la defensiva con el pollo que me has montado? ¿Es que te avergüenzas de mí o qué?
—¡Por supuesto que no! ¿Cómo puedes pensar eso?
—La pregunta es cómo esperas que piense lo contrario. Mira la que me estás liando, macho. Y yo que pretendía ser romántico.
—Me molesta que hayas actuado por libre. Me preocupa cómo vaya a reaccionar Roberta, porque se sobreentiende que puede e incluso debe manejar lo que la prensa sabe de tu vida privada. Y, sobre todo, ¡me ofende que no me lo hayas pedido primero!
—¿Lo de ser novios se tiene que pedir?
—¡Evidentemente! Compras unas flores y unos bombones, u organizas una cena bonita, o vienes al pie de mi balcón a cantarme una serenata... ¡y te preparas un discurso!
—No le hagas caso. Ha visto muchas películas —oí la voz de Alexia—. Pero estoy con ella en que hablarlo, lo que es hablarlo , pues sí hay que hacerlo.
—¿Todo bien? —me preguntó Oprah, que había estado educadamente callada a un par de metros de distancia. Procuraba no moverse mientras los técnicos le quitaban el micrófono.
—Sí. Es que se ha picado con algunas cosas que he dicho. —Señalé hacia el móvil.
Oprah me sonrió.
—Envíale unas flores y se le pasará.
Terminé por superar mi indignación inicial y por empatizar con la suya. Salvando las distancias, a mí tampoco me gustó enterarme por la prensa de que tengo TDAH y mi tío es gay, y eso que yo ya sabía ambas cosas.
Estaría enfadado conmigo mismo por no haber previsto la reacción de Elsie —es una chica tradicional, ¿de qué me sorprendo?
— si no fuera porque en el fondo, muy en el fondo, ahí donde puedo ser un genio maligno de la manipulación estratégica, lo que pretendía era ponerla contra las cuerdas y obligarla a ser mi novia solo porque Oprah, que es el equivalente humano de Dios, lo sabe.
Esto no es nada feminista y no recomiendo que lo hagan en sus casas. Yo me voy a salir con la mía, pero a cualquier otro lo habrían desollado vivo con mucha razón.
He tenido una semana entera para pensar en el asunto y hacer una lluvia de ideas con tres de esos millones de habitantes que fueron informados de mi estado civil. O del que yo pensaba que era mi estado civil. O del que yo quería que fuera mi estado civil.
Los Boston Beasts me recibieron en el vestuario a la mañana siguiente distribuidos en dos columnas en el pasillo.
Se pusieron de acuerdo para prorrumpir en aplausos en cuanto aparecí.
Algunos se atrevieron a estrecharme el hombro, otros se besaron las puntas de los dedos unidos en un gesto de chef italiano.
Noah Armstrong era el único que ya había empezado a colocarse las protecciones en el interior del vestuario y sacudía la cabeza con exasperación.
—Por fin otra persona normal —agradecí al cruzar el umbral.
—¿Otra? —repitió abriendo mucho los ojos.
Terminó de anudarse los cordones de las zapatillas y plantó el pie en el suelo con una ceja arqueada—.
¿Dónde está la primera? No te estarás refiriendo a ti mismo, ¿verdad?
Nos hemos enterado gracias a Vinny de cómo se vivió el anuncio de tu compromiso en Villa Lara Cosima.
—¡Venga ya! —intervino el aludido—. No le hagas ni caso al amargado este. Solo faltaría prestar atención al enfermo crónico de soltería. Fue un gesto de puta madre.
—Dijo el hombre que tal baila —ironizó Noah—, que besó a una mujer en el directo de la Super Bowl sin antes preguntarle.
—No sabía que tenías problemas de estreñimiento, quarterback —fingió lamentarse Vinny, agarrándome todavía por el hombro—. Te va a venir bien entrenar para destaponar las posaderas, que falta te hace.
—Luego se mete con Savannah por woke —intervino Ashton. Se situó a mi izquierda y se cruzó de brazos—. Tú sí que eres woke , colega. No se puede ser más papista que el Papa.
— Woke o no, es verdad lo que dice. —Me encogí de hombros—. A Elsie no le hizo gracia. Quiere que le pida compromiso serio en condiciones.
—Hablando como la gente normal, ¿no? —completó Noah, y tuve que asentir en señal de connivencia.
Como es el protocolo habitual, no me importó que siguiera pinchándome. Es raro que no hable con la voz de la razón.
—Me dijo algo de unas flores, bombones, cita romántica, discurso amoroso y serenata.
—¿Y qué va a ser? —Vinny levantó las cejas hasta tres veces.
—¡Yo voto por las flores y los bombones! —apoyó Ash alzando la mano—. Un clásico infalible.
—¿Un clásico infalible? ¿A quién le has regalado tú flores y bombones? —se extrañó Vinny.
—A mi madre —resolvió Ash, y se quedó tan pancho.
Comprensiblemente, nadie se metió con él. Vinny también adora a su madre, y Noah y yo no tenemos.
—Unas flores y unos bombones siguen sin darle a su opinión el lugar que debe tener —repuso el quarterback con el hastío de estar tratando con un hatajo de animales salvajes—. Lo lógico sería llevarla a cenar, decirle lo que sientes y esperar su respuesta.
—Pues yo estaba pensando en la serenata —confesé.
—Estoy bastante seguro de que añadió esa sugerencia en broma —advirtió Vinny.
—A lo mejor. Pero me parece más original que otra puta cena. Va a pensar que la estoy engordando para luego comérmela a la brasa.
Me la imaginé desnuda y embadurnada de salsa barbacoa y me gustó la idea, por cierto.
—¿Sabes tocar algún instrumento? —inquirió Noah.
—La guitarra acústica. Y no se me da mal cantar.
—¿Has pensado en la canción? —preguntó Vinny, que pese a la reticencia inicial había aceptado de inmediato mi decisión. Él es así.
—Sí. Necesitaré una guitarra eléctrica con amplificador... a no ser que vaya a hacer playback , pero no sería lo apropiado. ¿No?
Los tres se quedaron parados. Intercambiaron sendas miradas entre ellos, debatiéndose entre la extrañeza, la carcajada, la pregunta que flotaba en el aire: «¿Se te ha ido el puto pistón?».
Al final fue Noah quien se levantó con aire solemne.
—¿Lo dices en serio? ¿Le vas a dedicar un concierto a los pies de su balcón?
—Si lo dudas por la logística, es plausible. No vive en un rascacielos en plena calle principal, sino en un segundo piso en Nolita.
—Entonces has ido a su apartamento —se regocijó Vinny. Enseguida miró al quarterback —. Nos debes cincuenta y veinticinco pavos a mí y a Ash respectivamente, chaval. Nuestro número 69 triunfó en esa cita.
—¿Y tú qué sabes si triunfó la noche de la apuesta o la siguiente? Dudo que se la llevara a Manhattan para la copa posterior a la cena si habían quedado en Boston.
—¿Estás subestimando el superpoder de un avión privado?
—Yo no tengo un avión privado. —Arrugué la nariz—. Ni me interesa.
—Pero Alexia lo tiene. A lo mejor se lo prestó.
—Claro, porque un avión privado es como un bolso —se mofó Noah.
—Alexia lo usa como tal. —Vinny se encogió de hombros.
—Y tan orgulloso que estarás de ella por eso.
—Que haga lo que le dé la gana.
—Triunfé —resumí con tal de frenar la discusión. No le iba a gustar a ninguno que me metiera a opinar sobre el avión privado, a Vinny el que menos—, pero nos fuimos a mi casa, no a la suya. De todos modos, he visto la suya. Es mejor que la mía.
—Porque tú quieres —me recordó Ash—. Podrías vivir donde te saliera de los cojones.
—Ya vivo donde me sale de los cojones.
—Pues «donde te sale de los cojones» es un lugar bastante inhóspito, tío. A lo mejor deberías vivir donde me sale a mí de los míos. Es un buen barrio.
—¿Por qué no me dejas tranquilo?
—Porque luego me invitas a tu casa a tomar unas cervezas y hay dos tíos follándose en el sofá en el que estoy sentado.
—¿Tienes algún problema con los gays?
—Tengo un problema con que la gente del género que sea se folle en el sofá en el que estoy sentado.
—¿Y no te inviten, quieres decir? —se rio Vinny.
—¡Si alguien se tiene que follar en el sofá en el que estoy sentado, qué mínimo que seamos una tía y yo! ¡Y punto! ¡No me gusta mirar!
—¿Entonces va a haber serenata o no? —suspiró Noah—. Me ofrezco a colaborar tocando la guitarra. Tengo una eléctrica por ahí.
—Me uno a la banda musical. Podría hacerte los coros. Alexia me enseñó a entonar un día.
Noah le palmeó la espalda a Vinny.
—Seguro que aprendiste muchísimo en veinticuatro horas.
—Es una maestra excelente.
—Yo te puedo acompañar con la pandereta —se postuló Ash.
—No hay pandereta en la canción que he elegido.
—Pues chasqueo los dedos así. —E hizo una demostración de talento mediocre moviéndose al son de un temita silencioso haciendo castañetas con una sonrisa bobalicona.
Hubo que reírle la gracia. No es más tonto porque no se entrena—.
Es que no me quiero perder el concierto.
Aunque sea déjame mirar desde el coche. Prometo aplaudir después.
—Pensaba que no te gustaba mirar —se burló Vinny.
—Venga, sí. Cuantos más instrumentos tenga, más profesional parecerá. Y si algo le gusta a mi novia es la profesionalidad.
—Todavía no es tu novia.
—Cállate, Astronauta. Me lo vas a gafar.