Capítulo 13 #3
—Tú tampoco la has pronunciado bien —se burla Noah—. Es wuss-ter-sher .
—Has dicho solo tres sílabas.
—Es que se pronuncian solo tres sílabas.
—Pero es una palabra de cuatro sílabas.
—Pero se pronuncian tres.
—Entonces ¿por qué tiene cuatro? —se empecina Ashton.
—Por la misma razón por la que tú tienes decenas de millones de neuronas y solo usas una: por ahorro energético.
—Esa ha sido buena —le celebra Vinny, y procede a chocar los nudillos con Noah—. No te vayas a picar, ¿eh, Ash? Hoy la hemos tomado contigo, pero mañana le vamos a dar al quarterback para el pelo. O a DiMarco, que para eso anda informándose sobre problemas uterinos.
—Sobre eso de los problemas uterinos, las semillas de chía van muy bien para las mujeres cuando están en esos días del mes.
Regulan el ciclo hormonal —sigue aportando Ashton.
Debería haber recurrido a él para este propósito.
Basta con que le pidan ayuda para que se vuelque en el tema hasta volverse insoportable—.
A lo mejor puedes invitarla a un porridge .
—¿Y qué le va a decir? —se mete Noah—. ¿«Avísame cuando tengas la regla y quedamos ese día para regularte el ciclo hormonal con un porridge »?
—Si quedáis cuando tiene la regla, no podrías acostarte con ella —apostilla Vinny.
—¿Y eso quién lo dice? —replicamos Noah, Ashton y yo a la vez.
Los tres nos quedamos mirando a Vinny con fijeza a la espera de su siguiente movimiento.
Él se resigna levantando las dos manos.
—Yo opino lo mismo, amigos, pero no quería retratarme como un jodido berserker . Veo que a vosotros os importa una mierda.
—Si me importara una mierda concretamente, más bien tomaría el camino de barro...
—Ashton, joder, que hay una dama presente —rezonga Vinny.
—¿Y qué pasa? ¿Las damas no prueban el anal?
—¿No lo prueban? —finge extrañarse Noah—. Entonces ¿con quién lo he probado yo?
—Sois asquerosos —rezonga Savannah, y se dirige a su hermano con una mirada afilada—. ¿Cuál sería el problema si tuviera la regla, de todos modos? ¡No quisiera Dios que no se llevara a la cama a la chica en la primera cita!
—No es mi prioridad —reconozco. Siento que se están adueñando de mi conversación, de mi diatriba y, por tanto, de Mi Cita.
No me gusta que metan las narices en Mi Cita.
Es un asunto privado entre Lara Cosima y yo.
Por si acaso, aun así, añado—: Aunque si pasara, no me quejaría. Pero ella no es de esas.
—De esas ¿cuáles? —me invita a continuar Savannah.
—De las que se acuestan con un hombre en la primera cita —explica Noah por mí—. No creo que lo haya dicho con ninguna connotación peyorativa, Savannah. Puedes relajarte y disfrutar de la compañía sin buscarle los tres pies al gato, ¿sabes, graduada en Teoría de género?
—Yo no le busco nada a nadie, graduado en Fútbol Americano. Solo intento asegurarme de que todos hablamos de lo mismo y de que somos conscientes de qué estamos diciendo y cómo lo decimos. A lo mejor tienes un problema con ello porque eres el primero que suele meter la pata.
Noah apoya los codos en la mesa y levanta la barbilla hacia ella con una sonrisa.
—Luego me disculpo y no pasa nada. Tengo la suerte de que a mí se me perdona todo.
—No te confíes tanto. El favoritismo no te va a durar para siempre —le advierte Savannah, y de inmediato vuelve a mirarme a mí—. ¿Qué va a ser? ¿ Açai , poke o porridge ?
—Supongo que ninguna. No puedo invitarla a salir por la mañana o al mediodía. Los dos tenemos cosas que hacer. Además; una cita no es una cita en serio si no la llevo a cenar, ¿no? Lo he leído en los blogs.
—Si lo has leído en los blogs, no hay más que hablar —zanja Noah con sorna.
A Vinny le surge una duda de repente.
—Oye, ¿y cómo es que te estás tomando tantas molestias con ella? ¿Puede ser que por fin alguien haya tocado hueso contigo? ¿Crees que has encontrado a la definitiva?
—No. O sí. La verdad es que no lo sé. Ella es...
—Por favor, no me vayas a salir con que «es diferente de las demás chicas». —Savannah pone los ojos en blanco.
—No creo que sea diferente de las demás chicas, solo me hace sentir diferente de las demás chicas. Para mí es especial.
Espero pacientemente a la reacción habitual cuando a un miembro del equipo se le ocurre soltar una cursilería histórica.
El procedimiento es exclamar al unísono un «oh» teatral, venir a palmearme la espalda de uno en uno y decirme que ha sido un placer haberme conocido, porque «sabe Dios que van a dejar de verme el pelo».
Pero nada de eso sucede.
Noah y Vinny ya habían dejado las cartas boca abajo sobre la mesa para intervenir en condiciones en la conversación. Ashton, que es quien faltaba, las suelta con solemnidad y asiente convencido.
—Te puedo conseguir una reserva en un restaurante mediterráneo que han abierto en Back Bay —sugiere Noah—, que es una zona pintoresca y.
.. ¿cómo lo habíais llamado? ¿Fotogénica?
Las reservas van por diciembre, pero conozco al dueño y me colaría en la lista.
Aparte, se supone que la comida española, italiana y griega son algunas de las mejores del mundo, además de saludables.
Y tiene un ambiente íntimo y agradable. Le podría gustar.
—Yo siempre compro las flores en Centerpiece Flower Shop, por si te interesa —añade Vinny—.
Allí te asesorarán los profesionales, pero si te sirve mi opinión, en esta época del año los girasoles están radiantes y son muy originales.
En el caso de que sea una mujer más convencional, las dalias y los lirios están en flor durante el verano.
—Y no la vayas a llevar luego a tu piso compartido —me advierte Ashton—. Si todo va sobre ruedas y la fiesta sigue después de la cena, ve a mi penthouse en Seaport District. Ahora mismo estoy viviendo en las afueras, pero te encontrarás la nevera bien surtida.
Savannah me pone las manos sobre los hombros y se asoma por un lado para guiñarme un ojo.
—Ve a recogerla en coche. Da muy buena impresión. Pensará que te importa su seguridad y que eres un caballero de los que ya no quedan.
—¿Y pago yo la cuenta? —pregunto con ansiedad.
Las diversas versiones de las usuarias de internet siguen atormentándome.
—Por supuesto —responden todos a la vez.
En realidad, eso lo dice Savannah. Uno contesta que sí, otro que por descontado y el tercero que cómo se me ocurre siquiera dudarlo.
Menos mal que hay unanimidad. Me habría vuelto aún más loco.
—Bueno, ¿y quién es la afortunada? —indaga Savannah, que por fin rodea la mesa para tomar asiento. Coge la baraja de cartas, reúne los naipes que los chicos habían abandonado en sus respectivos espacios y las mezcla con maestría—. A ver si adivino: una modelo.
—Pues no.
—¿Puedes comprobar si el amigo aquí presente tiene fiebre? —le pide Noah a Vinny, que está sentado a mi derecha. El tight end hace ademán de acercarme el brazo, pero se lo aparto con un manotazo que le hace reír entre dientes.
—Me alegra que hayas superado la fase de tener que demostrar que eres el más hombre entre los hombres aprovechando tu privilegio para salir con mujeres inalcanzables —comenta Savannah. Mira de reojo a Noah—. Claro que para algunos no es una fase, sino ley de vida.
—A mí me gustan más las cantantes, qué queréis que os diga —suspira Vinny, batiendo las pestañas con aire risueño.
—Yo, por más que intenten encasillarme —aporta Noah, mirando a Savannah con desafío—, no le hago ascos a nada mientras tenga sentido del humor y no se dedique a reprenderme.
Lara Cosima no tiene sentido del humor y se dedica a reprenderme. Me alegra saber que Noah nunca podrá robármela.
Me alegra saber, también, que Savannah no puede leerme la mente. Me habría echado la bronca por referirme a una persona como algo que se puede quitar.
—Pues yo siento debilidad por las madres solteras —suelta Ashton.
Se rasca la nuca con una mezcla de timidez y regocijo—.
Son muy dulces, tienen su propia vida y si te eligen es porque les gustas en serio.
Y lo único que quieren al principio es follar.
Follar hasta reventar. Me dejan hecho un trapo, qué barbaridad. —Sacude la cabeza.
—Eres un romántico de los que ya no quedan —ironiza Savannah—. ¿Entonces? ¿Quién es ella, Myles?
Me imagino la cara de Lara Cosima descubriendo que le he contado a los miembros más importantes del equipo que la he llevado a cenar. No es una cara que quiero que ponga. Sobre todo porque la podría acompañar de un bofetón de revés.
Puede que la pitusa sienta la imperiosa necesidad de informar a media Norteamérica y parte de Europa de que todas las mañanas consume un chupito de jengibre, esto según su Instagram, pero me extrañaría que quisiera que la recibieran como «la señora de DiMarco» entre silbidos y sonidos de besitos la próxima vez que viniera a la cancha de fútbol.
Además; si la cita sale mal, una posibilidad que he de contemplar —soy la subraza, el fuck boy , estoy fichado por la Interpol de los Hombres Malos, en búsqueda y captura a lo largo y ancho del planeta—, de poco habrá servido revelar su identidad.
Así que por lo pronto se tendrán que conformar con lo básico.
—Simplemente una chica que me gusta.