Capítulo 13
Welcome To The Jungle (Dating Version)
DiMarco
—No puedes sacar el móvil en plena partida de póquer, Johnson’s Baby —me regaña Noah desde la otra punta de la mesa.
¿Cómo lo sabe? Ni siquiera ha levantado la vista de su mano de cartas.
Será que la luz de la pantalla blanca me ha iluminado la jeta, o que sus ojos, aparte de ser azules, ven más allá de lo cognoscible.
—¿Por qué no, Astronauta? No estamos jugando al Trivial. No puedo hacer trampas.
—No es por las trampas. Es por simple y llana educación.
—Eso —corrobora Vinny—. O estás en esto o estás en eso, DiMarco. Elige.
—Tú también sacas la maquinita cada dos por tres para responder los wasaps de tu novia, Bardo —le recrimina Noah—. O todos moros o todos cristianos.
—No es lo mismo —replica Ash mientras reagrupa los naipes con gesto concentrado—. Tiene que tenerla al tanto de sus movimientos para que no se preocupe.
—¿Por qué le iba a preocupar la partida de póquer quincenal?
—Porque lo vamos a sangrar —resuelve Ash con naturalidad.
—Ya te gustaría —se mofa Vinny, que solo entonces depone el iPhone, se frota las palmas de las manos y recoge sus cartas con gesto remilgado para echarles un vistazo—. Hoy tengo una buena sensación, amigos míos.
—Eso dijiste la semana pasada —señala Noah con expresión sarcástica.
—Y la anterior —apostilla Ash.
—Bueno, ya sabéis lo que se comenta. —Vinny se abanica con su abanico de naipes sonriendo risueño—. «Buena suerte en las cartas, mala suerte en el amor». Y viceversa.
—Desde que tienes novia no hablas de otra cosa —rezonga el quarterback —. Antes eras más divertido.
—Pero no era tan feliz. Alegraos por mí o pensaré que estáis celosos.
—¿Celosos? ¿Nosotros? ¿De sufrir el deterioro cognitivo que viene con el enamoramiento? —Ash pone los ojos como platos—. No, gracias.
—Tú ya venías deteriorado de fábrica, Forrest Gump —contraataca Vinny—. Podrás correr muy rápido, pero eres bien lentito de entendimiento.
—¿Vas a dejar que este sujeto tiranizado por la parienta nos insulte, DiMarco? —Ashton señala a Vinny con el pulgar—. Si alguien mete baza siempre en estos temas, ese eres tú. Vamos, aséstale el golpe de gracia. Te lo he dejado aislado y vulnerable.
Podría. Tengo un cargamento de insultos originales para los pagafantas que se echan pareja y de buenas a primeras parecen o bien lobotomizados o bien fruto del experimento de alguna clase de condicionamiento psicológico: ven un cartón de leche de soja y lo único que se les ocurre es mencionar que su novia es más de «bebida de avena» o conocen a un tipo que ha estudiado en la UCLA y su brillante aportación es comentar que su novia hizo un año allí antes de cambiarse a Magisterio en la ciudad de Phoenix.
Empiezan a emplear el plural mayestático para brindar opiniones que a lo mejor solo comparte uno de los dos miembros de la pareja: «No nos ha gustado lo último de Christopher Nolan» —normal—; «Es que no comemos carne» — eso ya no es tan normal—; «Estamos probando el acroyoga» —eso es directamente demencial—.
No sé si eso es pasar a ser tiranizado por la parienta, un síntoma de deterioro cognitivo o vivir acosado por el fantasma de un vivo que se cernirá sobre ti o se desvanecerá para siempre si no lo mencionas cada cuatro frases.
Pero sea lo que sea, me parecería hipócrita burlarme de Vinny cuando estoy utilizando el móvil para informarme sobre las acepciones y significados de la palabra que Lara Cosima mencionó hace dos días.
«Cita».
He buceado en tres blogs femeninos, uno de ellos centrado en la menstruación aparte del asunto que me tiene absorto.
No había ninguna clase de advertencia de contenido sangriento y violento en este que menciono, así que ha sido como ponerte una adaptación de Orgullo y prejuicio y toparte con que son todos zombis y se comen los cerebros.
Que, por cierto, existe. Se llama Orgullo y prejuicio y zombis .
Pero bueno, todos los días se aprende algo, y a veces ese «algo» son las distintas etapas del ciclo menstrual.
Lo que quería decir antes de mencionar a los zombis es que tras mi experimento he sacado dos verdades universales en conclusión.
La primera es que he cometido todos los errores que un hombre puede cometer con una mujer —no solo con Lara Cosima—, y cuando digo todos me refiero a los que abarcan de la A a la Z , incluyendo la Ñ que no usamos en inglés.
La segunda es que los hombres venimos cagándola por sistema porque nos da la gana o porque no sabemos utilizar internet, esa magnífica herramienta a disposición del pueblo, esa fuente de sabiduría inagotable, pues puedo asegurar que ahí viene todo explicado con peras y con manzanas. ..
... lo que no quiere decir que sus exigencias sean escasas o comprensibles, por lo que supongo que está justificado caer en el error. Pero después de haber leído sobre la regla me siento muy poco inclinado a darle la razón a mi género, la verdad.
Aun así, pongo un ejemplo de la complejidad de la idiosincrasia femenina: hay mujeres que no te perdonarán que no pagues la cuenta, hay mujeres que se ofenderán si pagas la cuenta y hay mujeres a las que no les importa si pagas o no la cuenta.
Pero he aquí el quid de la cuestión, y esto es incontestable: todas esperan que te ofrezcas a pagar la cuenta.
Cabe señalar que hace tiempo que hacerse cargo del gasto del restaurante es una cuestión cultural, no un símbolo de caballerosidad, dato a tener en consideración porque no se triunfa del mismo modo en Madrid que en Abu Dabi.
.. claro que todas las generalizaciones las carga el demonio.
Pero disclaimers aparte, vamos a adentrarnos en las especificaciones que a mí me están dando dolor de cabeza.
Una mujer quiere que pagues la cuenta si le has gustado.
Significa que te ve digno y competente para hacerte cargo de ella.
No quiere que la pagues si no le interesas en lo más remoto, porque no piensa acostarse contigo y no le gustaría sentirse en deuda contigo.
Sugerir pagarla a medias es un insulto con todas las de la ley, porque, perdona que te diga, ella ya ha invertido un dineral en depilación láser, manicura, pedicura, lociones, perfumes, peluquería, maquillaje y hasta un nuevo modelito si la monada es coqueta, como coqueta es la monada que me gusta a mí —así que a medias: descartado—.
¡Ah!, pero es que al mismo tiempo puede que a una mujer le hayas gustado tanto que ella insista en pagar la cuenta, y puede que le hayas gustado tan poco que espera que la pagues tú porque ¡solo faltaría hacerse cargo del gasto después de escucharte hablar dos horas y media sobre el último partido de fútbol y para colmo mencionar tres veces a tu ex!
Pero, oye, si volvemos a la generalización: cada mujer es un mundo y nada está escrito.
Apáñatelas como puedas y buena suerte, compañero.
Creo que se entiende de lo que hablo cuando digo que es imposible acertar. Solo llevo media hora consultando el oráculo femenino y ya estoy derrotado.
Esa es la pose en la que me encuentra Savannah cuando llega, siempre a la hora que ella estima oportuno —en todos los blogs se coincide en que una mujer puede aparecer hasta quince minutos tarde.
Es su venganza porque no hayan ido a recogerla—: codos apoyados en la mesa, cabeza derrumbada sobre las manos y móvil Android iluminándome la mueca de desesperación.
—¿Y esa cara? —se ríe nada más verme. Deposita la bandolera sobre el asiento que su hermano Vinny le ha reservado a su lado, y con la naturalidad de la costumbre le roba un beso rápido en la coronilla.
Él la saluda diciendo «hola, Toots» con una vocecita adorable.
A continuación, Savie choca los nudillos con Ash, le dirige un cabeceo lejano a Noah y acude a mi encuentro para abrazarme por la espalda—.
¿Qué estás...? —El pasmo la silencia de repente.
Se yergue, ceñuda—. ¿Por qué estás consultando una web sobre salud vaginal?
—¡Hostias, DiMarco! —exclama Ashton—. Cada vez tienes fetiches más raros.
—No es eso. Estaba buscando inspiración.
Cualquier soldado en mi tesitura vacilaría al explicarse.
Si he recurrido a internet y no a mis buenos amigos es porque me consta que mis buenos amigos van a estar burlándose de mí y de mi romántica iniciativa hasta el día en que me muera.
Pero supongo que es mucho peor que crean que me pone cascármela leyendo los espantosos testimonios de las víctimas de la endometriosis, que por lo que he leído es bastante peor que una patada en los cojones —esta es, como todo el mundo sabe sin necesidad de consultar blogs escritos por hombres, la unidad de medida universal de dolor masculino—, así que me explico:
—Una chica me ha dicho que si tanto me interesa tendré que invitarla a salir.
—¿Y te interesa tanto? —inquiere Noah, sorprendido—. Como para traicionar tus principios, me refiero.
—Que no haya invitado a mujeres a salir con regularidad no significa que vaya contra mis principios. Simplemente no ha encartado.
—Pero has salido con muchas mujeres —replica Ashton—. Cuarenta y pico, o eso leí en una página de internet.
—¿Por qué lees páginas de internet que teorizan sobre las novias de DiMarco? —se mofa Vinny.
—Porque no tengo novia.
—Me he acostado con cuarenta y pico, pero eso no significa que haya salido con cuarenta y pico. Una cosa es que te guste follar con una mujer y otra muy distinta es que te guste estar con ella.
—Eso te ha quedado precioso, Myles —aplaude Savannah con ironía.
—No pretendía que sonara misógino —me defiendo, cansado—. Me gusta tu compañía, por ejemplo. Y me gusta también la de esta chica que te digo. Por eso quiero invitarla a salir.
—Sí, porque a mi hermana no la vas a invitar, eso ya te lo adelanto.
—¿Y para pedir una cita tienes que informarte sobre el vaginismo?