Capítulo 4 #3
—¿Y yo qué tengo que hacer?
—¿En esos seis meses? Procurar no romper ninguna de las reglas que establece el contrato.
Te las vuelvo a recitar, ya que estabas en los mundos de Yupi —masculla, ofendida, y resume a toda prisa dos o tres cláusulas—.
La representante de Velvet Room se reserva el derecho a anular el contrato vigente si considerara que el cliente ha sido inapropiado, se ha opuesto en rotundo a más de dos de las propuestas y, en general, no demostrara la disposición y el compromiso que requiere sacar adelante un proyecto de estas características.
—Define «ser inapropiado». Si no puedo coquetear contigo, no sé si me interesa pasar por todo esto.
Lara Cosima baja la carpeta y me mira largamente como una jefa de estudios.
—Tú nunca has coqueteado conmigo. Has sido impertinente, que es distinto. Y más te vale que te interese, porque ahora que ya no represento a Alexia voy a poner todas mis energías en convertirte en una persona de provecho. Eres mi único cliente.
—Ya. —Me rasco la mejilla. Odio la sensación de máscara de plástico que el sudor deja en la cara—. Tuvo que ser una mierda, ¿no?
Ella parece desorientarse por un momento.
—¿El qué?
—Lo de que tu mejor amiga te despidiera.
O sea, no creo que fuera la mejor de las ideas meterte a currar con alguien a quien quieres.
El dicho dice que no se mete la polla donde se tiene la olla.
Pero si te metes, y créeme que de eso sé un poco porque mis compañeros son también mis colegas, pues tiene que doler que te larguen de buenas a primeras.
Aunque juraría que me he explicado bien, ella no solo mantiene la expresión desorientada, sino que se le intensifica hacia el pasmo.
A lo mejor me equivoco y he vuelto a soltar una de mis proverbiales parrafadas sin sentido. No soy conocido por mi elocuencia que digamos.
—En fin —retomo, viendo que se ha quedado sin palabras. Voy a meterme las manos en los bolsillos, aún de pie, pero llevo los pantalones de deporte ajustados. Dejo caer los brazos a cada costado—. ¿Qué quieres que haga, pitusa?
Ella se recupera de, como mínimo, una regresión, y vuelve en sí misma pestañeando varias veces.
Con un carraspeo invoca la profesionalidad de la que tanto se enorgullece y toma asiento de nuevo para sacar del bolso otro taco de papeles, estos garabateados a mano con bolígrafos de colores.
Me fijo en los tachones, círculos, subrayados y en un puñado de dibujos en la esquina superior derecha: un ojo femenino bastante realista, un entramado de flores, una especie de mandala.
.. La clase de tonterías que uno se entretiene dibujando cuando le asalta el aburrimiento o se distrae.
Eso bien lo sé yo, que pierdo el hilo a menudo.
—Para empezar, no me llames «pitusa».
—Es más corto que tu nombre raro y pretencioso.
—¡Por raro o pretencioso que sea, sigue siendo mi nombre! ¿Te gustaría a ti que yo te llamara Di, o Marco?
—Mientras me llames, me da igual cómo.
Lara Cosima me apunta con el dedo con esa sonrisa demente que ponen los que acaban de confirmar que tienen razón tras una rápida búsqueda en Google.
—¡A eso me refiero con ser inapropiado!
—Pero si no he dicho nada.
Igual que abre la boca para seguir despotricando sobre mi humilde petición —no creo que sea descabellado llamarla por uno solo de sus nombres, pero bueno—, la cierra de golpe y apela a la calma con una profunda inspiración.
—Mira, por ahora, y considerando las perlitas por las que eres conocido, me conformaría con que algún programa de entrevistas aceptara acogerte, a poder ser acompañado de Vinny o de algún otro compañero tuyo con algo más de carisma.
O saber estar —murmura para sí—. Tengo contactos que podrían conseguirme un hueco en los shows de Jimmy Fallon, James Corden o Farah Fou, por ejemplo.
Me citaría con ellos unos días antes para cuadrar las preguntas que pueden y no pueden hacer y te prepararía un guion al que ceñirte para no meter la pata.
La estrategia de hacerse la que la Virgen le habla funciona a veces, pero no creo que sea tu caso.
Hay que salir a desmentir o justificar algunas actitudes.
—¿Qué tipo de preguntas me harían? No me gusta que se metan en mi vida.
—¡Pues no la airees a lo loco! —Cierra los ojos, torturada por sus propios prontos histéricos, y vuelve a respirar—.
Cómo te sientes respecto al fútbol, por ejemplo.
Qué tal fue ganar la NFL el pasado febrero.
Intentaré que se inventen una dinámica dentro del plató para que exhibas tu fuerza o alguna otra de tus virtudes.
.. sean cuales sean esas —masculla por lo bajini—.
En los programas que te he dicho priorizan bastante el humor.
—A mí no me hacen ni puta gracia.
—Lo que quiere decir —continúa sin hacerme caso— que no se te presentaría la opción de hablar de política o de tus relaciones amorosas, que entiendo que es terreno minado.
—¿Por qué es terreno minado?
Lara Cosima me dirige una mirada incrédula.
—Porque hasta hace poco —empieza muy despacio, como si hablara con alguien cortito de entendederas— te has estado dedicando a insultar al presidente de Estados Unidos y a todo su gabinete, además de la mayoría de lobistas de Silicon Valley, en tu cuenta de odio privada de la red social X .
Elon Musk en persona te la suspendió, ¿recuerdas?
En cuanto a las relaciones amorosas, los norteamericanos tienen una opinión bastante emocional sobre el hecho de que salgas con una modelo una semana antes de saltar a la siguiente.
—Una opinión bastante emocional —repito, y opto por no entrar a mencionar lo que me sugiere esa gilipollez porque Lara Cosima parece al borde del colapso—. ¿Y? ¿Qué tiene de malo lo que hago?
—¿A qué te refieres? —inquiere sin mirarme, fingiendo recoger los papeles que había esparcido por la mesa—. ¿A lo de las críticas feroces al partido dominante del Mundo Libre o al hecho de que sexualizas a las mujeres?
—Creo que sexualizar al género que te atrae es lo normal, porque si alguien te gusta, te lo quieres follar.
—Ella se tensa al oír la palabra—. Y me parece incluso más normal cagarte en la estampa de Donald Trump.
Su administración intentó deportar a un amigo de mi padre que lleva doce años trabajando en el puerto de Jacksonville, y. ..
Lara Cosima levanta una mano.
—No he venido a discutir sobre política.
Su respuesta tibia me hace fruncir el ceño.
—¿Es que estás a favor de lo que anda haciendo el ICE o qué?
—No, claro que no estoy a favor —se desespera—.
Pero como tu representante que soy, te recomiendo que, en lo sucesivo, te guardes para ti tus opiniones.
.. a no ser que entren en un terreno neutral y sepas verbalizarlas con ambigüedad.
Por ejemplo —carraspea y se yergue sujetando como un micrófono un bolígrafo con un pompón—: «Señor DiMarco, ¿qué le parece la política de inmigración que está llevando a cabo el presidente?
». Primero repetirías la pregunta para que parezca que le has dado un pensado y ganar tiempo: «Mm, qué me parece la política de inmigración.
..» —Se da unos toquecitos en la barbilla puntiaguda con el pompón—.
Luego regalarías una sonrisa que pudiera distraer al entrevistador o entrevistadora.
—Lo ejemplifica enseñándome los dientes—.
Después dirías con humildad: «No sé si soy la persona adecuada para hablar de un tema tan complejo y delicado».
Finalmente, inspirarías hondo con tu mejor expresión abatida y concluirías, para que pareciera que te has mojado: «Pero no me gustaría que nadie sufriera».
—Es que eso es mentira. Quiero que Trump sufra y vaya a la cárcel.
—No, DiMarco —me reprende igual que si fuera un niño que ha preguntado cuatro veces lo mismo—. Tienes prohibido hablar mal de nadie, ¿de acuerdo? Del gobierno el que más.
—¿Tampoco me puedo meter con los Buffalo Bills?
—Si es de manera amistosa y lo expresas de modo que se sobreentienda una mínima camaradería, podríamos plantearlo.
—No son mis amigos ni mis camaradas. Y tampoco los Miami Dolphins.
—¡Pues a los Miami Dolphins los respetas igual!
—me amenaza, y acompaña la sentencia señalándome con el pompón—.
Y a los Patriots y a los Baltimore Ravens, ¿estamos?
—Viendo que abro la boca, añade—: ¡Y nada de exclamar Who They en lugar de Who Dat para burlarte de los Cincinnati Bengals!
¡Ni de llamar rednecks a los Roughnecks!
Entre el arrebato enérgico y la concentración de información, me quedo perplejo.
—¿Cómo es que conoces a los equipos de la NFL y la XFL ?
—Como podrás imaginarte, me he tirado unos cuantos días muy ocupada informándome de la industria en la que me voy a mover los próximos meses.
También, como te digo, he leído todos tus tweets , al menos a los que les hicieron captura de pantalla para distribuir en Reddit, entre otros blogs.
He estudiado el nombre de la mayoría de tus parejas, principales competidores y enemigos ancestrales.
.. una lista asombrosamente larga, por cierto.
Aun así —añade tras recuperar el aliento.
Coge uno de los papeles grapados y me lo extiende: es un cuestionario—, me gustaría que rellenaras esto para conocerte un poco mejor.
Te acompañaré a cuantos eventos seas invitado y quiero hacerme una idea de con quién estoy tratando.
Echo un vistazo desganado. Hay tantos signos de interrogación que me mareo.
—¿Por qué tengo que decirte cómo se llaman mis padres? No, no voy a ningún psicólogo deportivo, y tampoco me interesa. Mi serie favorita es Brooklyn Nine-Nine , pero no sé cómo eso... ¿A quién cojones le importa cuál es mi bebida favorita?
—Es importante que yo lo sepa para exigirle al ayudante de producción de un programa que la tenga lista en tu camerino, por ejemplo.
—Eso es una pijada.