El partido de vuelta (Corazones en la Toscana 5) 29 #2
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Su último mensaje sigue ahí.

Podría llamarla. Podría preguntarle qué ha dicho, por qué ha nombrado al club, por qué no me avisó de que iba a hablar de nuestro matrimonio delante de una periodista.

Las puertas se abren.

Tengo partido mañana. Nina está bien. Lorenzo está bien. Elena está bien.

Lo demás puede esperar unas horas.

◆◆◆

Empatamos a uno.

Durante noventa minutos no pienso en Nina, ni en los mensajes del club, ni en las caras extrañas del desayuno.

Llevo toda la vida sabiendo cerrar puertas cuando empieza un partido y esta noche, por suerte, todavía puedo hacerlo.

El rival aprieta arriba durante los primeros veinte minutos, Leicester nos pide paciencia desde la banda y Mateo recibe una amarilla absurda antes del descanso que provoca una discusión con el árbitro y otra de cinco minutos conmigo en el túnel.

En la segunda parte encontramos espacio.

Marcamos el gol en una transición rápida y el segundo en fuera de juego, lo anulan.

Cuando el árbitro señala el final estamos clasificados para la siguiente ronda europea y durante unos minutos solo existe eso: compañeros abrazándose, aficionados cantando desde una esquina del estadio y el cansancio que llega después de hacer bien el trabajo.

Saludo a los árbitros, al capitán del otro equipo y recorro el césped hasta nuestra grada.

Hace un frío de mierda. Los aficionados han viajado cientos de kilómetros en diciembre y siguen cantando, aunque llevemos varios minutos fuera del partido, así que nos acercamos todos.

Aplaudo con los brazos por encima de la cabeza, Mateo tira su camiseta hacia la primera fila.

Me río mientras regresamos al túnel. Por primera vez desde esta mañana noto la cabeza completamente limpia.

Me dura poco. El de prensa me está esperando en la entrada del vestuario.

—Zona mixta primero —dice—. Solo fútbol.

—Eso pensaba hacer.

—Si preguntan por Nina, no respondes.

Me detengo.

—¿Ha empeorado?

Se marcha sin contestar y entro al vestuario.

Hay música, gritos y ese caos organizado que aparece después de una victoria importante.

Alguien ha abierto una caja de bebidas isotónicas y las reparte como si fueran champán; Leicester habla con dos miembros del cuerpo técnico en un rincón, tranquilo, sin participar demasiado.

Yo me siento en mi sitio y empiezo a quitarme las botas.

Mateo se deja caer a mi lado.

—Igual es mejor que hables con Nina.

La frase me hace levantar la cabeza.

—¿Lo has visto?

—Todo el mundo lo ha visto ya.

Ahí termina la conversación porque un empleado de comunicación aparece en la puerta y señala a los cuatro que tenemos que pasar por zona mixta.

Durante los siguientes veinte minutos vuelvo a trabajar.

No es muy diferente al partido.

Preguntas previsibles: clasificación, estado físico, cómo ha cambiado el equipo desde que llegó Leicester.

Hasta que una periodista italiana, acreditada por una televisión nacional, cambia ligeramente el gesto antes de preguntar:

—Capitán, ayer su exmujer hizo unas declaraciones bastante duras sobre la estructura familiar dentro del fútbol profesional. ¿Quiere decir algo al respecto?

Leicester, a mi lado, se mantiene rígido. Lo noto sin mirarlo.

—Esta noche hemos venido a hablar del partido.

—Pero eres el capitán del club y fuiste su marido durante años. Algunas de sus declaraciones hablan directamente de aquella época.

—No he visto la entrevista.

La periodista insiste.

—¿Es cierto que los clubes utilizan la imagen familiar de sus jugadores mientras permiten comportamientos privados que contradicen esa imagen?

Eso consigue que se me tense la mandíbula.

Leicester interviene.

—Esta noche acabamos de clasificarnos en Europa. Estamos satisfechos con el trabajo.

Termino la zona mixta, saludo a un par de personas y vuelvo al vestuario sin detenerme.

La celebración ha bajado de volumen. Algunos ya están duchándose, otros hablan por teléfono o revisan mensajes.

Leicester nos recuerda que mañana el desayuno es a las nueve y que el vuelo sale a media mañana; después añade que quien quiera bajar al bar privado del hotel puede hacerlo hasta la una, siempre que recuerde que el domingo tenemos liga.

Nadie necesita que explique el resto.

Entro en la ducha, dejo que el agua caliente me quite el frío del cuerpo y no pienso en nada durante cinco minutos.

Luego me visto y cojo el móvil. Hay ciento cuarenta y tres notificaciones.

Joder.

Primero abro WhatsApp. Mi representante me ha escrito siete veces. Don César una sola.

“Mañana hablamos. Buen partido.”

Hay también mensajes en el grupo.

Ezio: Espero que estés sin móvil.

Paolo: Llámame mañana si necesitas algo. Y no contestes a nadie esta noche.

Abro Instagram. Gran error.

La pantalla se llena de vídeos, titulares y fragmentos de la entrevista. Nina está sentada en un plató elegante, con un traje color crema y el pelo suelto. Reconozco el programa: uno de esos espacios donde llevan actores, escritores, músicos y cualquier persona que tenga algo que promocionar.

Pulso el primer vídeo. La periodista le pregunta por su regreso a Italia.

Nina habla de la serie, de Lorenzo, de recuperar su idioma, de estar cerca de casa. Está relajada, se ríe, la conozco lo suficiente para saber que está cómoda.

El corte termina.

El siguiente empieza en mitad de una pregunta.

«... abandonaste tu carrera por apoyar la de tu marido. »

Aprieto el teléfono.

« Cuando un futbolista juega en un club de élite, toda la familia entra en el calendario aunque solo uno haya firmado el contrato. »

La presentadora pregunta algo que el vídeo ha cortado.

Nina continúa.

«El club organiza absolutamente todo alrededor del jugador. Viajes, entrenamientos, descanso, concentraciones, actos públicos. Incluso las vacaciones. Hay muchísimo dinero y muchísima responsabilidad detrás. Simplemente ocurre. »

No me molesta. Paso al siguiente.

Otro medio ha titulado:

NINA LEONE DESTROZA EL MODELO FAMILIAR DEL FIORALTO

Abro el vídeo.

« Los clubes venden la imagen de familia: la mujer en la grada, los niños con la camiseta, las fotografías después de ganar algo. Es bonito y vende bien .»

La presentadora se ríe.

« ¿Dices que es falso? »

Nina hace una pausa.

« Digo que una imagen no siempre cuenta lo que ocurre cuando se apagan las cámaras.»

Se me queda el dedo quieto sobre la pantalla.

Eso ya no me gusta.

El vídeo continúa.

« Hay jugadores que apenas ven a sus hijos durante meses. No porque sean malos padres. Porque no están. Hay concentraciones, partidos, viajes, compromisos comerciales .»

Hasta ahí tampoco puedo decir que mienta.

Pero el siguiente corte lleva más de dos millones de reproducciones.

La presentadora pregunta:

« ¿Y la imagen de las parejas? Porque también existe el estereotipo del futbolista con una modelo o una actriz. »

Nina sonríe un poco antes de contestar.

« Los futbolistas son marcas, aunque a muchos no les guste admitirlo. Una pareja atractiva, conocida, que sabe estar delante de una cámara, funciona bien dentro de esa narrativa. »

La periodista insiste:

« ¿Los clubes intervienen? »

Nina ladea la cabeza.

« No tengo conocimiento de que el club le haya elegido novia a nadie, si preguntas eso. »

Hay risas. La entrevista continúa.

« Se dice que los clubes saben perfectamente qué hacen sus jugadores fuera del campo y mientras no afecte al rendimiento ni provoque un escándalo, muchas cosas se toleran. »

Dejo de respirar un segundo.

« Hay una diferencia enorme entre la imagen pública y la vida real. El jugador que aparece el domingo abrazando a su mujer puede haber pasado tres noches fuera y no haber cenado con sus hijos desde hace semanas. El fútbol profesional protege al deportista, es su negocio. »

El vestuario continúa a mi alrededor.

Escucho una ducha. Una carcajada al fondo. Alguien arrastra una maleta.

« ...los clubes saben perfectamente qué hacen sus jugadores fuera del campo. »

« ...mientras no afecte al rendimiento ni provoque un escándalo, muchas cosas se toleran .»

Joder, Nina.

Sigo bajando.

Los titulares ya no tienen ningún límite.

LA EXMUJER DE LEONE: “LOS CLUBES TAPAN LAS JUERGAS DE SUS FUTBOLISTAS”

Ella no lo ha dicho, pero se lo ha puesto fácil.

NINA LEONE DENUNCIA LA HIPOCRESÍA DEL FÚTBOL ITALIANO

“LAS FAMILIAS SON DECORADO”: LA DURÍSIMA ENTREVISTA DE NINA LEONE

Tampoco ha dicho eso, pero no importa ya.

Hay periodistas debatiendo si el club tiene una doble moral. Antiguos jugadores explicando que las concentraciones no son cárceles. Mujeres de futbolistas defendiendo a sus parejas. Otras diciendo que Nina tiene razón. Cuentas de aficionados insultándola. Otras aplaudiéndola.

Y mi cara.

Mi puta cara en todas partes.

Fotografías de cuando nos casamos. Nina con veintiún años en la grada. Lorenzo de bebé con una camiseta del club. Yo levantando una copa mientras ella está detrás.

Una foto de Iria y un texto:

¿AMOR O MARKETING? LAS MUJERES DE SAMUEL LEONE.

Cierro Instagram.

Miro alrededor.

Dani está sentado a unos metros hablando por vídeollamada con su hija. Tiene dos años y lleva toda la semana enseñándonos cada vez que tiene oportunidad que ya sabe decir “papá”.

Berti se casó con su novia del instituto.

Lester lleva meses intentando que su mujer y sus hijos se adapten a Italia después de cambiar de país por su fichaje.

Mateo ha rechazado ofertas porque no quiere mover a Valeria.

No somos santos.

Tampoco somos una campaña publicitaria.

Y el club...

Joder.

El club pagó vuelos para que mi madre pudiera estar conmigo cuando me lesioné.

Encontró colegio para Lorenzo sin preguntarme cuánto costaba.

Don César conoce el nombre de todos los hijos de la plantilla y le manda flores a las mujeres cuando dan a luz y en los cumpleaños, es un hombre de la vieja escuela.

Tenemos psicólogos, asistentes familiares, gente que organiza mudanzas, médicos para los niños, ayuda para encontrar trabajo a las parejas que llegan de otro país.

No es perfecto.

Ningún club lo es.

Marco el número de Nina.

Me contesta al cuarto tono.