15 Zoe
ZOE
Viena (Austria)
Z oe se sintió decepcionada cuando el relato de Henri Martin concluyó al sonar las puertas del ascensor, justo antes de que Liam entrase acompañado de un puñado de personas.
Todos venían cargados con un montón de cosas que requerían la atención de Henri.
Lo más urgente era el discurso de apertura, que comenzaría en unos minutos.
El anciano se levantó.
—¿Seguimos mañana?
Zoe se levantó de inmediato, deseando tener más tiempo para hacerle preguntas.
—Me encantaría, señor. ¿Cuándo le parece?
—Desayunemos juntos. Nos vemos a las ocho y media en el comedor de abajo. —La acompañó hasta los ascensores—. Y, por favor, llámame Henri.
—Sí, señor… Quiero decir, Henri.
Le sostuvo las puertas abiertas.
—Te he reservado un asiento en primera fila para el discurso.
—Gracias —respondió, sorprendida por su amabilidad—. Se lo agradezco.
Muchas preguntas se agolpaban en su mente, pero había una más apremiante que todas las demás: ¿Quién es realmente Henri Martin y por qué sabe todo esto?
Abrió la boca para formularla, pero las puertas del ascensor se cerraron y Henri desapareció.
Zoe siguió la corriente de asistentes a la conferencia que se dirigían al gran salón de baile para escuchar el discurso de apertura.
Se metió las manos sudorosas en los bolsillos.
Le inquietaba oír lo que su familia había soportado durante y después de la guerra.
El hambre de Chana. El peligro que acechaba en cada esquina.
El flagrante antisemitismo. Aunque lo último no le sorprendía.
Incluso en Carolina del Norte, cuando Zoe estaba en octavo, un niño de la clase de gimnasia la llamó «judía asquerosa» después de que le hubiera robado el balón en un partido de fútbol. Le llegó un mensaje al móvil. Era Wes.
¿Cómo va todo?
Dudó, sin saber muy bien cómo responder, teniendo en cuenta el acuerdo de confidencialidad. Echó un vistazo a la multitud que la rodeaba.
ZOE : Todo bien. Acabo de reunirme con Henri.
WES : Estupendo. Lo habrás grabado, ¿no?
ZOE : No me ha dejado.
WES : Mierda. Llámame.
ZOE : No puedo. Va a empezar la conferencia.
WES : Saca una foto en cuanto puedas y envíame doscientas palabras sobre el discurso. Lo subiré a la web enseguida.
ZOE : Ok.
Le pesaba el cuerpo mientras entraba en el salón.
El cavernoso espacio tenía un escenario en la parte delantera y filas de sillas plegables blancas flanqueaban ambos lados de la sala, la mayoría ya ocupadas.
Cruzó el pasillo central, temiendo haber echado a perder el encargo más importante de su carrera.
Henri no le había dejado más opción que firmar el acuerdo.
Consideró la petición de Wes de sacar una foto y razonó que el discurso de Henri, una foto o cualquier otra cosa que ocurriera en aquella estancia no podía considerarse extraoficial.
Se trataba de un acto público. Sin embargo, tenía la desagradable sensación de que el anciano se sentiría traicionado.
Se detuvo ante un cartel en la primera fila que decía: Reservado: invitados de la Martin Baking. Había una silla con su nombre. Se sentó y guardó el bolso debajo.
Liam y Henri charlaban junto a las escaleras, al otro extremo del escenario. La gente se arremolinaba a su alrededor, pero nadie les prestaba atención. Ni Henri ni Liam llevaban etiquetas con sus nombres.
Zoe se enderezó. ¡La gente no sabía que tenía a Henri Martin justo delante de las narices!
Era el momento perfecto para hacer una foto.
Tenía un buen ángulo. Si le enviaba la foto a Wes, la tapadera de Henri se descubriría unos minutos más tarde como mucho, porque, en cuanto subiera al escenario, todo el mundo en el salón publicaría su cara por todo internet.
Una sensación familiar le recorrió el pecho; podía adelantarse al resto.
Era una oportunidad demasiado buena como para dejarla pasar.
Sacó una foto sin que Henri se diera cuenta.
ZOE : Este es Henri Martin.
Adjuntó la foto y se la envió a Wes.
WES : ¡Genial! La publico ahora mismo. ¡Buen trabajo!
Un hombre mayor se sentó en el asiento a su izquierda y Zoe apagó el teléfono.
El nombre que figuraba en el asiento era Jacques Simon.
Su cabello plateado y bien recortado contrastaba con su rostro bronceado y unos ojos de color caramelo.
Llevaba un traje gris con una camisa blanca impecable.
La única joya a destacar era una alianza de oro desgastada.
Le tendió la mano.
—Soy Jacques Simon, ¿y usted?
—Zoe Rosenzweig.
Le estrechó la mano.
—Ah —dijo el hombre con una sonrisa de interés.
—¿Trabaja para la Martin Baking? —preguntó ella.
—No. Soy amigo de la familia. ¿Usted? —Hablaba inglés con acento alemán.
—También, creo.
—No está mal serlo —susurró el hombre, como si se conocieran desde hacía mucho tiempo, y la dejó perpleja.
Zoe pensó que aquel hombre podría tener información sobre Henri o Eveline, pero antes de que le diera tiempo a preguntarle nada, la presidenta de la Fundación Boucher, una mujer de mediana edad con pinta de duendecillo y el pelo rojo y de punta, subió al escenario.
Dio la bienvenida a todos y explicó la logística de la conferencia, y después procedió rápidamente a dar paso al discurso de apertura.
—En este momento, me gustaría invitar a Jacques Simon, propietario de Wonne Bäckerei, a subir aquí para presentar a nuestro orador inaugural de este año y cogalardonado de nuestro Premio a la Trayectoria Profesional.
El hombre sentado junto a Zoe se levantó para subir al escenario. Las cámaras de los móviles se prepararon y la expectación en la sala era palpable; todos esperaban para ver a Henri Martin.
Jacques se inclinó hacia el micrófono.
—Es un honor para mí hablar de mis amigos, Henri y Eveline Martin.
Nos conocemos desde hace mucho tiempo. —Hizo una pausa—.
Una cosa que la mayoría no sabe sobre Eveline es que, cuando se concentraba en perfeccionar una receta, trabajaba día y noche.
Apenas dormía durante días, incluso semanas.
—Esbozó una leve sonrisa—. Henri me contó una vez que sabía que una receta estaba lista cuando encontraba a Eveline sentada frente a la encimera profundamente dormida, con las mejillas y el pelo cubiertos de harina.
—Jacques calló unos segundos mientras el público reía—.
Ese era el nivel de compromiso de Eveline Martin.
Juntos, Henri y Eveline elaboraron algunas de las mejores galletas del mundo…
—Se inclinó hacia el micrófono—. Incluso yo he viajado con un paquete de Fudgies en la maleta.
—Las risas resonaron y la sonrisa de dientes blancos de Jacques le iluminó el rostro.
Liam compartió una sonrisa cómplice con Henri.
La sonrisa de Jacques se desvaneció.
—Lamentablemente, perdimos a la mitad de este tándem culinario cuando Eveline falleció en febrero. Era extraordinaria. —El afecto pesaba en sus palabras. Miró al público—. Ahora, sin más preámbulos, demos la bienvenida a Henri Martin.
Henri subió al escenario y los murmullos de la concurrencia crecieron. Frente al atril, los dos hombres se abrazaron y luego Jacques regresó a su asiento.
Liam se sentó al otro lado de Zoe y le entregó una tarjeta de visita.
—Mi información de contacto, por si la necesita.
Ella miró la tarjeta mientras Henri hablaba al micrófono.
—Es un placer estar aquí. Soy Henri Martin.
Los fotógrafos invadieron el escenario. Esperaba que Wes ya hubiera publicado su foto y que Savouries se hubiera adelantado a todos. Por favor, que Henri lo entienda y no corte la relación . La sala se calentó como una sauna. Zoe se quitó la chaqueta y la colgó en la silla.
Henri esperó a que se calmara el alboroto y continuó:
—En primer lugar, quiero dar las gracias a mi viejo amigo Herr Simon por sus cálidas palabras. Si no conocéis la Wonne Bäckerei en Zúrich, en fin, deberíais.
Zoe miró atrás. La gente sostenía los teléfonos en alto para grabarlo todo. Le picaban las manos por las ganas de hacer lo mismo, pero con Liam a su lado, decidió que sería mejor no hacerlo.
Henri esbozó una sonrisa forzada.
—Como todos sabéis, prefiero el anonimato. Pero diría que ese barco ya ha zarpado.
Se oyeron algunas risas.
Se inclinó hacia el micrófono.
—No estoy acostumbrado a hablar en público sobre mí mismo y sobre mi empresa. Espero que tengan paciencia mientras me acostumbro a la atención.
Cruzó una mirada con Zoe y supo que esa petición iba dirigida a ella.
Siguió hablando, con la multitud pendiente de cada palabra, mientras la inquietud la invadía. La sala aplaudió algo que Henri había dicho. Zoe se removía nerviosa, cruzando y descruzando las piernas. El peso de las expectativas de Wes, sumado a la advertencia de Henri, le impedían quedarse quieta.
Tras el discurso, Liam y varios más se llevaron a Henri fuera del escenario. Incluso Jacques Simon desapareció antes de que pudiera hablar con él.
Zoe salió del salón y se dejó caer en un sillón en un rincón tranquilo del vestíbulo. Abrió el portátil y escribió las doscientas palabras para Wes, siendo breve y centrándose en los acontecimientos de la conferencia.
Los mil cuatrocientos asistentes internacionales a la Conferencia de la Fundación Boucher celebrada este año en Viena, Austria, disfrutaron de una agradable sorpresa cuando Henri Martin, el reservado director ejecutivo de la Martin Baking Company, pronunció el discurso de apertura.
Añadió algunos detalles sobre el discurso y se lo envió a Wes. Él respondió:
¿Nada de tu conversación con él?
¡Cuéntale lo del acuerdo de confidencialidad! Su cabeza le gritaba, pero solo de imaginarlo se ponía de los nervios. Mejor esperar hasta que hubiera resuelto la situación.
ZOE : Lo dejaré para más adelante. Hablamos por la mañana.
WES : Vale. Mantenme informado. Por cierto, Henri Martin está por todo Twitter. ¡Tu foto ha ganado a todas las demás!
Zoe cerró el portátil, sabiendo que su jefe estaba satisfecho por el momento.
Sin embargo, si no le entregaba el artículo sobre Henri, todo lo que Wes le había prometido, la bonificación y el ascenso, se esfumaría.
¡Puf! Al mismo tiempo, estaba la advertencia de Henri: No me decepcione .
Podría desaparecer o demandarla. La pierna le temblaba por la angustia.
Revisó el folleto de la conferencia y se metió en el panel sobre crecimiento sostenible para restaurantes, ansiosa por distraerse de la situación delicada en la que se había convertido aquel viaje.