48 #2
Abrió y cerró la boca varias veces antes de lograr articular algo.
—Sí, seguro que les gustaría. —Con las manos en los bolsillos, miró fijamente a lo lejos durante un momento, con una sonrisa nerviosa en el rostro—. Les gustaría mucho.
Quizá me había precipitado, pero ya me había acostumbrado a no ocultar lo que quería.
Tuvimos el tiempo justo para prepararnos para la cena después de visitar la casa.
Los chicos habían reservado mesa y se negaron a decirme dónde, ya que querían que fuera una sorpresa.
Lo único que me dijeron fue que me arreglara, así que no pude resistirme a comprarme un vestido nuevo para la ocasión.
Cuando salí del baño, ya estaban listos. Todos llevaban pantalones ajustados y camisa, hasta Lucas, que odiaba los botones con toda su alma. Verlos a todos tan elegantes me provocó un cosquilleo en el vientre.
—Joder, estáis todos guapísimos —admiré, con los tacones dándome la altura suficiente para besar a Vincent sin que él tuviera que agacharse.
—Aun así, nos dejas a todos en evidencia. Mírate. —Lucas me rodeó, asintiendo con la cabeza en señal de admiración.
El vestido que llevaba puesto era de satén amarillo y apenas me llegaba a la mitad del muslo, me hacía un culo increíble. Manson me dio un beso en el cuello y pasó el dedo por el pendiente de diamantes que colgaba de mi oreja.
—Estás espectacular —me elogió.
Jason me tomó de la mano y me hizo girar mientras Vincent silbaba.
—¿Cómo esperas que salgamos de casa contigo así? —soltó Jason—. Creo que prefiero quedarme aquí y quitarte todo eso.
—Te prometo que follar con Jess será aún más placentero después de una cena en un restaurante con estrella Michelin —dijo Vincent, rodeándome los hombros con el brazo mientras me guiaba hacia la puerta—.
Hace semanas que tenemos esta reserva, lo siento, pero podría morirme si no pruebo el pato asado.
—Más vale que sea un pato muy bueno —gruñó Lucas. Me dio un apretón en el culo y me susurró al oído con voz ronca—: Sabía que llevarías tanga debajo de ese vestidito ceñido.
—¿Tanga? —Lo miré, inocente—. ¿Crees que llevo ropa interior?
Lucas se detuvo en seco.
—Vince, el pato no vale la pena.
Vincent tuvo que sacarme de la casa sobre su hombro, como si fuera una zanahoria colgando para que los demás la siguieran.
Jason conducía, Vincent iba en el asiento del copiloto y yo me senté detrás, entre Manson y Lucas.
Cada uno de ellos puso una mano sobre mis muslos desnudos y esas manos no dejaron de moverse mientras íbamos en el coche.
Pronto, me habían provocado tanto que ni siquiera la música podía ocultar mis gemidos.
—No le estropeéis el maquillaje antes de llegar —dijo Jason, sonriéndonos por el espejo retrovisor.
—Contraargumento: estropeadle el maquillaje y dejad que se retuerza delante de los camareros —dijo Vincent, asomándose por encima de su asiento con una sonrisa maliciosa.
Me habían dicho que el restaurante era «bonito», pero era mucho más que eso.
Nos sentamos cerca de los ventanales, desde donde teníamos una hermosa vista de la puesta de sol sobre los árboles.
Un pianista, que estaba sentado ante un enorme piano de cola bajo una elaborada lámpara de araña, tocaba Chopin mientras nos traían dos botellas de champán a la mesa.
—Creo que nunca volveré a ver una botella de champán de la misma forma —dije, ganándome cuatro miradas ardientes.
Levantamos las copas para brindar, haciendo que tintinearan mientras la luz titilante de las velas hacía que las burbujas brillaran como si fueran pequeños fuegos artificiales.
La comida estaba deliciosa y pensé que estaba demasiado llena para comer ni un bocado más hasta que vi la carta de postres.
No me costó mucho convencer a Vincent para que compartiera conmigo una porción de tiramisú.
En cuanto el camarero se dio la vuelta tras servir la porción, los chicos intercambiaron una mirada.
—¿Qué os parece? —preguntó Manson—. ¿Le estropeamos el maquillaje ahora?
—Sigo pensando que deberíamos haberlo hecho antes —contestó Vincent—. Intentar ser paciente es una tortura.
—Está lista —dijo Lucas, guiñándome un ojo, lo que me provocó un cosquilleo por todo el cuerpo.
—Hagámoslo —decidió Jason.
—¿Qué coño hacéis? —susurré, intentando mantener la voz baja—. ¡No podemos hacer tonterías aquí!
—¿Quién ha hablado de hacer tonterías? —preguntó Manson.
Se metió la mano en la chaqueta y sacó una cajita negra con una cinta plateada. La puso delante de mí, para luego entrelazar las manos con fuerza.
—No son tonterías, Jess. Esto es algo serio.
—¿Qué pasa? —pregunté, mirándolos a todos mientras desataba la cinta. Vincent parecía a punto de saltar de su asiento. Jason hacía rebotar la pierna bajo la mesa y juraría que Lucas estaba conteniendo la respiración. Me eché a reír—. ¿Es alguna broma? ¿Va a saltar una serpiente en cuanto abra…?
La cinta cayó al suelo cuando abrí la caja.
Dentro había una llave… y un anillo.
La llave brillaba, estaba claro que era nueva.
El anillo tenía cinco gemas engastadas en una banda de platino, con dos diamantes a cada lado de un zafiro rosa tallado en forma de lágrima.
Era impresionante. Reflejaba la luz de maravilla, proyectando destellos mientras la caja se agitaba en mis manos.
Cuando levanté la cabeza, vi que todos me miraban nerviosos.
Manson carraspeó.
—Hemos conseguido la casa, Jess. —Se me llenaron los ojos de lágrimas mientras jadeaba—.
Fue una lucha tremenda hacer una oferta lo suficientemente alta, pero ayer cerramos el trato.
Le dijimos a la agente inmobiliaria que nos la guardara.
Esa es tu llave. —Se aclaró la garganta otra vez—.
Hay una nota dentro. Pensé que, eh… Bueno…
Pensé que nos quedaríamos un poco sin palabras, así que…
Me temblaban tanto las manos que apenas pude desplegar la nota con cuidado, estaba colocada encima del anillo.
Jessica:
Nos hemos estado provocando los unos a los otros desde que éramos apenas unos críos. Nos has visto en nuestros peores momentos y has estado ahí para ver cómo nos convert íamos en la mejor versión de nosotros mismos.
Esta llave abre tu refugio: un lugar donde puedes ser quien eres, donde puedes crecer, cambiar y vivir como quieras, sin miedo. Queremos compartir este lugar contigo, queremos que nuestro hogar sea tu hogar. Incluso una sola noche más sin ti sería demasiado.
Puede que nuestra familia no sea normal ni fácil de entender, pero queremos que formes parte de ella.
Sabemos que el matrimonio no es exactamente una opción para nosotros, al menos no en el sentido legal.
Pero eso no cambia lo que este anillo significa: queremos estar contigo, quererte y apoyarte.
Nuestras vidas están entrelazadas, como las piedras de este anillo.
Pueden brillar por sí solas, pero cada una sostiene a la otra.
Si faltara alguna, el equilibrio se rompería.
Tú te arriesgaste por algo que creías que no debías tener, y nosotros hicimos lo mismo. Esa oportunidad valió la pena en todos los sentidos, así que decidimos arriesgarnos otra vez.
Te queremos, Jessica, mucho más de lo que las palabras pueden expresar. Hemos pasado toda nuestra vida buscando la luz, y tú nos has iluminado, como el fuego. Somos los hombres más afortunados del mundo por tenerte en nuestras vidas, y nos harías aún más felices si aceptaras esto.
La llave es una promesa de hogar, seguridad, comodidad y apoyo. El anillo es una promesa de amor y devoción, un vínculo que nunca se romperá.
¿ Nos dirás que sí?
Todos habían firmado con sus nombres. La hoja temblaba en mis manos, hundiéndose en mi regazo.
Era como si el anillo me estrujara el corazón, impidiéndome respirar, con un dolor y una pesadez que me parecían algo demasiado hermoso, algo que me hacía demasiado feliz como para expresarlo con palabras.
—Jess… —Había un nerviosismo inconfundible en el tono de Lucas—. Si es demasiado de golpe, puedes decírnoslo. Esperaremos. O buscaremos cualquier solución que te venga bien…
Levanté la cabeza. Mi maquillaje estaba hecho un desastre; no lloraba de una forma bonita y perfecta.
—Por supuesto que sí —respondí con la voz entrecortada, y las sonrisas con las que me respondieron me hicieron sollozar—.
Por supuesto que me mudaré con vosotros, yo…
No quiero volver a vivir sin vosotros. Nunca más.
Los años que estuvimos separados, yo… No estaba viviendo.
No como quería, no como necesitaba. Necesitaba…
—Volví a sollozar y Vincent me rodeó con el brazo hasta que pude recomponerme—.
Os necesitaba —dije cuando por fin recuperé la voz lo suficiente como para poder hablar—. Os quiero… Os quiero mucho, a todos.
Debió de ser todo un espectáculo, todos ellos reunidos alrededor de mi silla mientras yo intentaba dejar de llorar, abrazándome y besándome. Pero, sinceramente, no me importaba cómo nos veían. No me importaba si todo el mundo nos miraba, porque con ellos estaba en mi mundo.
Nuestro mundo era lo que necesitábamos que fuera. Nadie más podía decidir, ningún juicio podía determinar cómo nos sentíamos. Habíamos encontrado nuestra propia manera de rodearnos de amor. Habíamos encontrado seguridad y consuelo, incluso cuando algunos estaban decididos a quitárnoslo.
Lucas me cogió de la mano mientras Manson me ponía el anillo. Jason me dio un beso en la frente mientras Vincent me acariciaba el pelo y me secaba las lágrimas. Lo único que distraía más que esas gemas brillantes eran los hombres a los que representaban.
Habíamos luchado por nuestro amor. Habíamos luchado contra nosotros mismos, entre nosotros y contra aquellos que no querían que nuestro amor existiera. Pero esta era nuestra victoria.
Este era nuestro para siempre.