El pago (Losers 2) 47
93%

47

Manson

Jessica tenía los ojos cerrados. Era imposible oír, pensar o ver nada más que a ella, inerte entre los brazos de Vincent mientras él intentaba que se mantuviera despierta.

—Se ha desmayado —dijo Jason. Tenía el brazo extendido hacia mí y ya no sujetaba las piernas de mi padre, lo cual era una tontería. Pero quizá no le había oído bien, porque yo pensaba que se refería a Jess, pero él seguía hablando—: ¡Se ha desmayado, Manson! Está inconsciente. Lo vas a matar.

Tuvo que arrancar mi brazo del cuello de mi padre. Por mucho que mis pensamientos fueran acelerados, era como si mi cerebro funcionara mucho más lento.

Mi padre cayó inerte a mi lado cuando aflojé el agarre. Cuando se desplomó en el suelo, parecía un saco de huesos.

Muerto… O desmayado… No importaba.

Nada más importaba.

Fui a donde yacía Jess, corriendo. Vincent la había llevado al salón y la había tumbado en la alfombra mientras le tomaba el pulso con un dedo en el cuello. Sus ojos parpadearon un momento cuando le agarré la mano, arrodillándome a su lado.

—Alex… —apenas susurró el nombre—. Afuera… Jojo…

Así que eso eran todos esos putos gritos de fuera. Jojo estaba justo a mi lado, mirando a Jess con las orejas tiesas. Me importaba una mierda si Alex estaba vivo o muerto ahí afuera, los paramédicos podrían ocuparse de él cuando llegaran.

—Creo que está en estado de shock —dijo Vincent. Su voz era tranquila, tan tranquila que me daban ganas de gritar—. Demasiado poco oxígeno, demasiada adrenalina. Tú solo sigue respirando, cariño.

Jason apareció de repente con un paño húmedo y le limpió la cara, quitándole la gasolina de los ojos y la boca, con los ojos entrecerrados por la concentración.

—¿Está despierta? —preguntó Lucas, que seguía al teléfono mientras se arrodillaba a mi lado. Informó del estado de Jess por teléfono, pasándose la mano por la cabeza cada dos por tres antes de espetar—: Señora, no estoy hiperventilando. Estoy de puta madre.

En la distancia, se escucharon las sirenas. Vincent tenía una mano en el pecho de Jess y la otra en mi hombro. Era mi ancla a la realidad. Jess giró la cabeza, con los ojos vidriosos y entrecerrados, y extendió la mano hacia mi cara.

—Estoy aquí. —Le agarré la mano y la sostuve contra mi mejilla. Quizá yo también estaba en estado de shock , porque no estaba seguro de poder levantarme, y mucho menos de alejarme de su lado—. Estás bien. Te pondrás bien.

Pronto, nuestro patio se llenó de luces intermitentes y sirenas.

Lucas encerró a los perros cuando la casa se llenó de policías. Alex había escapado de Jojo trepando a los cubos de basura que había cerca del garaje, pero no se había librado de su ira. Por lo poco que pude ver cuando se lo llevaron, estaba claro que le había roto el brazo.

Apenas parecía real. No dejaba de esperar despertarme de otra pesadilla caótica, jadeando.

Lucas y yo nos quedamos con Jess mientras los paramédicos la atendían, sentados en la parte de atrás de una ambulancia.

Vincent y Jason estaban dando declaración a la policía.

Sacaron a mi padre de la casa, en un estado delirante y violento al recuperar la conciencia.

Lo esposaron a una camilla mientras lo subían a la ambulancia y me miró directamente antes de que cerraran la puerta.

No había nada que valiera la pena leer en su expresión. Lo que fuera que le hacía odiarme, que le había convertido en ese monstruo, no iba a desaparecer. Pero se iba. Por fin, después de tantos años.

Lucas se estremeció de miedo cuando le pusieron una vía intravenosa en el brazo a Jess.

—Joder. Uf…

Lo agarré del brazo y le di un apretón para tranquilizarlo. Seguía temblando a pesar de la manta que le habían dado los paramédicos.

—Cierra los ojos —le pedí, pero él seguía mirando cómo le clavaban la aguja en el brazo con cara de asco.

Jess tenía una mascarilla de oxígeno sobre la cara y unos moratones oscuros con forma de dedos alrededor de la garganta.

Cuando bajé las escaleras a trompicones y encontré a mi padre encima de ella…

Dios, fue como si me desmayara. No podía recordar lo que había pasado desde que los vi hasta que mi padre cayó inconsciente mientras lo estrangulaba.

Incluso ahora, esa imagen del rostro de Jess estaba congelada en mi mente.

Lo condenadamente frágil que parecía mientras le arañaba.

Pero ella no era frágil. Parecía mucho más fuerte de lo que yo me sentía en ese momento, apoyando la cabeza en el hombro de Lucas mientras Jason y Vincent por fin regresaban.

—¿Estás bien? —preguntó Jason, colocando el cabello húmedo de Jess detrás de su oreja.

Ella asintió y Jason exhaló con nerviosismo—.

Joder, Jess. Cuando te desmayaste, yo… —No pudo terminar la frase.

Se sentó en el parachoques de la ambulancia, a sus pies, y le acarició la pierna cubierta por el pijama con los dedos—. Siento que te hayan hecho daño.

—No lo sientas —dijo ella, bajando la mano para posarla sobre su cabeza—. Estoy bien, te lo prometo. —De repente, soltó una risita—. Deberías haber visto lo rápido que corrió Alex cuando vio a Jojo. Se merece todas las golosinas del mundo.

Me reí con total incredulidad. Jojo nunca había gruñido a nadie, y mucho menos había mordido a una persona. Cuando la adopté del refugio, después de mudarme de la casa de los Peters, era una cachorra muy tonta. Había crecido y se había convertido en una perra aún más tonta.

Pero daba igual lo amable o bueno que uno pudiera ser. Cuando se trataba de proteger a nuestros seres queridos, supongo que Jojo y yo éramos iguales.

—Debería haber matado a Alex —dijo Lucas con fiereza—. Debería haberlo matado, joder… —Pero Jess le dio un codazo con el hombro.

—No dejes que la policía te oiga decir eso —dijo en voz baja—. Me alegro de que no lo mataras, Lucas. Te necesito conmigo. Os necesito a todos conmigo.

—No vamos a ir a ninguna parte —prometió Vincent mientras me acariciaba la espalda con una mano, yo extendí mi mano libre hacia la suya.

Yo también los necesitaba a todos conmigo. Estábamos mejor juntos, éramos más fuertes juntos. Y estaríamos juntos. Costara lo que costase.

—¡Jessica! ¡Dios mío, mi niña! ¡Mi pobre niña!

Los padres de Jessica habían llegado. Su madre corrió hacia nosotros y abrazó a Jess.

Los paramédicos estaban cabreados porque hubiera tanta gente en su espacio de trabajo, pero la señora Martin estaba histérica y no se movía.

Lloraba desconsolada, con los brazos temblorosos mientras abrazaba a su hija.

—Mamá, estoy bien —la tranquilizó Jess—. Estoy bien, te lo prometo.

—¿Manson Reed?

Su padre se acercó y yo me levanté a toda prisa. Me tendió la mano y me la estrechó primero a mí, y luego a Vincent, a Jason y a Lucas. Solo llevaba un abrigo sobre el pijama azul y las zapatillas.

—La policía me ha dicho que habéis salvado a mi hija.

Es una pena que no hayamos podido conocernos en mejores circunstancias, pero espero que podamos conocernos después de todo este embrollo.

—Miró a Jess y sacudió la cabeza, con los ojos llorosos—.

No sé qué haríamos sin ella. Yo… Gracias.

Gracias por cuidar de ella. Por protegerla.

—Siempre hemos intentado mantenerla a salvo, señor Martin —dije, poniendo todo el énfasis que pude en la palabra «siempre».

—La queremos —dijo Vincent.

El señor Martin pareció sorprendido al oírlo decir aquello sin rodeos, pero creo que todos habíamos superado ya esa parte. Había muchas cosas que decir después de tanto tiempo.

La señora Martin lloraba sobre el hombro de Lucas, lo cual era un espectáculo digno de ver.

—Vamos, mujer, no te alteres por todo esto —le decía mientras le acariciaba la espalda con torpeza.

—Todos la queremos, señor —dijo Jason—. Quizá no sea lo que usted quisiera oír, pero…

El señor Martin levantó una mano para interrumpirlo.

—Lo único que quiero oír es que mi hija está a salvo, es feliz y es querida. No me corresponde a mí decirle cómo debe vivir su vida.

A pesar de todo lo que había pasado, escuchar esas palabras me produjo un gran alivio. Estaba tan cansado… Cansado de luchar, de esforzarme. Quería paz. Quería vivir la vida por la que había luchado.

De repente, la señora Martin se acercó a mí y me rodeó con sus temblorosos brazos. Seguía llorando y temblando de frío. Ni siquiera se había puesto una chaqueta.

—Habéis salvado a mi bebé —sollozó.

Me abrazó durante tanto tiempo que no tuve más remedio que devolverle el abrazo. No dejaba de darme las gracias, llorando y disculpándose. No sabía qué hacer ni qué decir, salvo consolarla.

Los paramédicos se preparaban para irse, pidiéndole a Jess un traslado al hospital para que le echaran un vistazo a la cabeza. Volvía a estar lúcida, o casi. Los restos de pánico que aún me atenazaban se disiparon cuando volví a abrazarla, acompañándola en la parte trasera de la ambulancia.

—Pareces muy cansada —le dije—. ¿Te encuentras bien? ¿Cómo llevas la cabeza?

—Estoy bien —respondió, con la voz entrecortada. A pesar del brillo que había en sus ojos, todavía parecía aturdida—. Tengo mucho sueño. Pero dicen que puede ser por… —Bostezó—. Por una conmoción cerebral. No me siento como si tuviera una conmoción cerebral.

—No vamos a correr ningún riesgo —dijo Lucas con firmeza, cabreado porque solo uno de nosotros pudiera ir en la ambulancia con ella.

Vincent estaba luchando con él para meterlo en el WRX y así poder seguirnos al hospital—.

Quiero que te examinen, que te hagan todas las pruebas que hagan falta.

¿Y si tienes una hemorragia interna o algo así?

—No te alteres —dijo Jason, poniendo ambas manos sobre los hombros de Lucas mientras lo conducía hacia el garaje—. Voy a hacer que esas putas enfermeras te den un sedante cuando lleguemos allí. Te va a dar un infarto.

Uno de los paramédicos me dijo que tenía que ir en el asiento del copiloto, pero me hice el sueco. Recosté la cabeza contra el pecho de Jess y cerré los ojos. Quería oír los latidos de su corazón, fuertes y constantes. Quería sentir su calor, su piel suave, su hermosa voz.

—Te quiero —dijo. Mientras la ambulancia salía dando tumbos de nuestro jardín, parecía que el sueño podía con ella—. No quiero… No quiero estar sin ti, nunca. Por favor… Prométemelo…

Estaba medio dormida. Quizá no era consciente de lo que estaba pidiendo, o quizá estaba más lúcida que yo. Qué más daba.

—Te lo prometo, ángel —dije—. Te prometo que nunca volverás a estar sin nosotros. Nunca estarás sola. No lo dudes nunca. —Le di un beso en los dedos, contemplando su hermoso rostro cuando cerró los ojos—. Te quiero, Jess. Entonces, ahora y siempre.