44 #2
Por la forma en que abrió los ojos, debía de parecer desquiciado. Se retorció y la hoja le hizo un corte, un hilo de sangre le corrió por el cuello.
—Vamos, Reed —se quejó, con un tono de voz tan molesto que puse los ojos en blanco—. No fue… tan grave…
—¿Y eso se supone que me tiene que hacer sentir mejor?
—siseé—. Le hiciste daño a nuestra chica, McAllister.
Le has puesto las manos encima. —Le limpié la sangre que le había corrido por el cuello con la yema del pulgar y se la unté por la boca mientras él balbuceaba horrorizado—.
Si te metes con uno de nosotros, te metes con todos.
Así que aquí estamos el resto. Ahora ya no eres tan valiente, ¿eh?
—Cobarde de mierda —dijo Jason con un suspiro, como si le decepcionara.
—No me gusta hacer daño a la gente, Alex —dije.
Aparté el cuchillo, lo alejé de la pared y lo empujé al suelo. Tropezó, cayó de rodillas y se apoyó en las manos. Se apresuró a ponerse frente a mí, pero no dejaba de mirar a los demás, sin saber de dónde vendría el primer golpe.
Mientras abría y cerraba la navaja, el sutil sonido del metal le hizo estremecerse.
—No me gusta hacer daño a la gente —repetí—. Pero a él sí.
Asentí con la cabeza hacia Lucas, que sonreía mientras se crujía los nudillos. No hacía falta que dijera nada.
—Mierda, mira, no volveré a meterme con ella —balbuceó Alex, levantando las manos como si eso fuera a apaciguarnos.
Nate se puso en pie en ese momento, aunque con dificultad y, por un instante, Alex se atrevió a albergar esperanzas.
Pero su amigo pasó tambaleándose junto a él, junto a Jason y Lucas.
Tenía la cara manchada de sangre y se balanceaba mientras murmuraba para sí mismo.
Ninguno de nosotros se molestó en detenerlo, aunque Lucas se volvió para ver cómo se alejaba.
Por fin, Alex pareció darse cuenta de que estaba jodido, y su voz adquirió un tono más agudo y aterrado.
—No volveré a meterme con ninguno de vosotros —dijo. Seguía de rodillas cuando nos acercamos a él—. Es que… Vamos, tío. Solo estábamos de broma…
Jason le golpeó con la culata de la pistola, tirándolo al suelo con tanta fuerza que su cráneo rebotó al golpear el pavimento.
Se acurrucó en posición fetal mientras Jason le daba patadas, gritando cuando una fuerte patada le dio en las costillas.
Se abrazó la cabeza con los brazos, pero Lucas le agarró las muñecas y lo estiró a la fuerza en el suelo.
—No debería haber llegado a esto, Alex —le dije. Sus gruñidos de dolor y sus respiraciones desesperadas y entrecortadas eran música para mis oídos—. Pero no podías dejarnos en paz. Eso es lo único que queríamos: que nos dejaran en paz, joder.
—¿Con qué mano la agarraste? —gruñó Jason, inclinándose sobre él mientras Lucas lo sujetaba, pero Alex se limitó a negar con la cabeza, jadeando.
—Es diestro —dijo Lucas sin más.
Le inmovilizó el brazo derecho contra el cemento y Alex gritó.
—¡Joder, sois unos putos psicópatas! —chilló. Su tono se volvió aún más frenético cuando Jason levantó el pie—. ¡Para! Joder, para, mierda, no…
Sus dedos crujieron cuando le pisó con fuerza. Gritó, pataleando, y me subí encima de él para ayudar a Lucas a mantenerlo quieto.
Cuando Jason dio un paso atrás, Lucas tuvo su oportunidad.
Primero me miró, solo una mirada. Apenas tuve que asentir con la cabeza para que se lanzara.
Sus puños impactaron con golpes dolorosamente fuertes y él se reía entre dientes con cada uno.
Había esperado demasiado tiempo este momento.
Años de ira y contención se desataron, y siguió golpeando con determinación.
—Ya basta —dije y le puse la mano en el hombro.
Su brazo se detuvo en el aire, con los nudillos ensangrentados. Alex parecía a punto de desmayarse.
—¿Ya deseas estar muerto? —le pregunté, dándole unas bofetadas para que me mirara.
Puso los ojos en blanco mientras le sangraba la nariz.
—Que… que te jodan. —jadeó de dolor, pero no tenía mucho sentido—. Debería habérmela… follado cuando tuve la oportunidad…
Fruncí el ceño.
—¿Te importaría repetir eso?
—¡Debería haberme follado a esa putita cuando tuve la oportunidad! —gritó.
Mis dedos se tensaron.
—Dadle la vuelta.
Hicimos falta los tres para ponerlo boca abajo.
Le corté la camiseta, la aparté y mantuve la mano firme.
Gritó cuando la navaja se clavó en su piel.
Quería que le quedara cicatriz y no me importaba lo profundo que tuviera que cortar para conseguirlo.
Lucas mantuvo la rodilla presionada contra el hombro de Alex, agarrándole con fuerza del pelo.
—¿Te duele? —preguntó, burlándose maliciosamente mientras Alex forcejeaba. Su sangre me manchaba las manos y las volvía resbaladizas, pero seguí cortando sin importarme lo sangriento que se estaba volviendo el asunto—. ¿Por qué no gritas más fuerte? Quizá así dejemos de hacerlo.
La satisfacción que sentí cuando mi navaja atravesó la carne de Alex fue casi orgásmica. Una sonrisa se dibujó en mi boca. Me reí cuando gritó.
—¡Me estás matando, joder, para! Para… Joder… ¡Por favor! —exclamó.
—Esto no va a matarte —le dije con calma—.
De todos modos, no me molestaría en matarte, aunque seas un puto inútil.
La muerte está lejos de ser lo peor que le puede pasar a una persona, Alex.
Por ejemplo, te podrían cortar la polla y metértela por la garganta.
No te mataría, pero seguro que desearías estar muerto.
—Me gusta la idea —comentó Lucas.
Alex se lamentó con voz entrecortada, luchando inútilmente contra nuestro agarre.
—Basta, basta, basta… Prometo que nunca más… ¡Mierda!
—Esta navaja está algo desafilada —dije con tono burlón mientras la hoja se atascaba en su piel y cortaba en un ángulo extraño—. Qué pena. Apretaré un poco más fuerte.
Teníamos poco tiempo y, la verdad, me sorprendía que la policía aún no hubiera aparecido.
Así que me apresuré a hacer los últimos cortes, provocando más gritos y súplicas desesperadas.
Pero el resultado final fue una advertencia clara, lo suficientemente profunda como para dejar cicatriz y lo suficientemente fea como para ser evidente.
La palabra « abusador » estaba grabada en su espalda. Presioné mi mano ensangrentada contra su cara, aplastándolo contra el asfalto.
—Este es el único aviso que vamos a darte, ¿entendido? —le dije—. Si vuelvo a verte por aquí, te despellejaré, joder. No me importa dónde sea, Alex. No dejes que vuelva a verte la puta cara.
Lo dejamos tirado en el suelo, encogido como un insecto.