43
Vincent
—¡Cógela, Bo! Vamos, tráela, puto gremlin .
Suspiré y observé cómo Haribo recogía la pelota de tenis que le había lanzado, corriendo en círculos mientras intentaba mantenerla alejada de Jojo.
El concepto de «traer» nunca le había quedado claro.
Atravesando el jardín, recogí la pelota mojada cuando la dejó caer y la lancé de vuelta hacia la casa.
—Estás haciendo más ejercicio tú que él —se burló Manson, riéndose mientras me observaba desde el garaje.
Jason estaba trabajando con ellos hoy, ayudándoles a recalibrar el software del coche que estaban arreglando.
Bo cogió la pelota, pero en lugar de traerla de vuelta, corrió hacia Jason.
—Te has equivocado de persona, Bo —dijo mientras el perrito se sentaba resoplando y jadeando a sus pies—. No hay mucho en esa cabecita tuya, ¿verdad?
Lucas tenía puestos los cascos, inclinado con una soldadora en las manos, mientras Cherry estaba encaramada en su hombro.
Esa gatita se había adaptado rápido. La mayor parte de su agresividad se había desvanecido, al menos con Lucas.
Apenas se alejaba de él y maullaba lastimosamente si él se alejaba demasiado de su vista.
Estábamos intentando matar el tiempo antes de reunirnos con nuestro agente inmobiliario.
Por fin íbamos a poner la casa en venta y la tasación había salido mejor de lo esperado.
Manson seguía mostrándose cautelosamente optimista, pero yo quería celebrarlo antes incluso de que esta casa del demonio saliera al mercado.
—¿Esa es Jess? —soltó Manson de repente, mirando hacia la puerta.
Un viejo descapotable rojo se había detenido en la entrada tras levantar una nube de polvo al pasar a toda velocidad por nuestra calle.
—Hoy ha salido de excursión con Julia —dijo Jason, saliendo del asiento del conductor para poder ver mejor.
—Es el coche de Julia —dije. Antes incluso de que se abrieran las puertas, una extraña sensación de inquietud me heló la sangre. Algo no iba bien, pero no sabía qué era hasta que Julia abrió la puerta del copiloto y tuvo que ayudar a Jess a levantarse del asiento—. ¿Qué cojones…?
Corrí por el jardín y llegué el primero a la verja. Los perros pensaron que se trataba de un nuevo juego emocionante y tuve que ahuyentarlos para poder abrir. Jess tenía el brazo alrededor de los hombros de Julia mientras cojeaba hacia el patio, con el rostro contraído por el dolor.
—¿Qué coño ha pasado? —pregunté mientras cogía a Jess en brazos de inmediato, para que no apoyara el peso sobre la pierna.
Manson, Jason y Lucas se habían acercado y todos hablaban a la vez, casi ahogando la voz de Julia cuando intentaba explicar lo sucedido.
—Estábamos haciendo senderismo —dijo, intentando aparentar calma—. Nate y Alex…
—¿Qué mierdas le han hecho? —La voz de Lucas temblaba por el esfuerzo de controlar el volumen.
Tenía a Cherry agarrada con una mano y con la otra buscó a Jess, le cogió la mano y le dio un fuerte apretón.
—¡Callad la puta boca todos menos Jess y Julia! —solté y, al instante, se hizo el silencio.
Era raro que yo levantase la voz, pero no podía pensar con todos hablando unos por encima de otros, presas del pánico. Jess había apretado los ojos con fuerza. Estaba sufriendo y eso me enfureció tanto que vi todo rojo.
—Cuéntanos qué ha pasado, Jess.
—Nate y Alex nos siguieron —dijo, apretando los dientes mientras tomaba otra bocanada de aire—. Nos detuvieron en el camino. Ellos… Joder… —Siseó de dolor, y su siguiente respiración entrecortada sonó peligrosamente cercana a un sollozo.
—Voy a matarlos —gruñó Lucas—. Voy a matarlos, me cago en todo.
—Matarlos sería un acto de misericordia —dijo Jason—. Tienen que sufrir.
—Llévala dentro —pidió Manson—. Tenemos que llamar a un médico.
—No está roto —insistió Jess mientras la llevaba por el jardín y la metía en la casa. Apoyó la frente contra mi pecho y, a pesar del fresco, estaba sudando—. Está torcido, ya me ha pasado antes. Necesito… Solo necesito…
—Hielo y ponerlo en alto —dije, mirando a Jason con insistencia mientras llevaba a Jess al salón y la tumbaba en el sofá.
Él entendió lo que quería decir y, en menos de un minuto, volvió con una bolsita de hielo envuelta en un paño de cocina. Julia apiló almohadas debajo del tobillo de Jess y yo le subí con cuidado las mallas para poder mirarlo mejor.
Manson soltó una palabrota cuando vio los moratones y la hinchazón.
Jason le puso el hielo e hizo una mueca cuando ella gimió de dolor.
—Lo siento, Jess. Joder…
—Alex me agarró —dijo Jess por fin, obligándose a contar el resto de la historia.
Parecía demasiado tranquila teniendo en cuenta lo que había pasado, pero al menos uno de nosotros lo estaba—.
Les rocié con spray pimienta, pero me empujó.
Así es como me torcí el tobillo. Dijo que, como habíamos roto algo suyo, él iba a romper algo vuestro.
El impacto que esas palabras tuvieron en mí fue mucho más profundo que la ira. Con solo mirar a los demás, pude ver la misma emoción en sus rostros.
Rabia. Rabia pura y ciega.
—Entonces está claro —dijo Manson—. Tenemos que encontrarlos. Esta noche. Ahora mismo.
—Manson, no quiero que ninguno de vosotros salga herido —dijo Jess—. Alex quiere una reacción. Quiere que vayáis a por él.
Negué con la cabeza.
—No. Alex quiere una reacción, pero no cree que vayamos a ir a por él. Es demasiado orgulloso como para pensar que es vulnerable. Si pensara que fuéramos a ir a por él, nunca se habría atrevido a hacer esto.
—Le demostraremos que se equivoca —dijo Jason con fiereza—. Nadie toca a nuestra chica.
—No tenéis que hacer nada —dijo Jess, desesperada—. Esto podría arruinar todo por lo que habéis trabajado. ¿Y si os metéis en problemas? ¿Y si os arrestan? ¿Y si…?
—¿Y quedarme aquí quieto sin hacer nada?
—soltó Lucas. Había dado un paso atrás y se apoyaba contra la pared con las manos entrelazadas a la espalda.
Era una postura de autocontrol, luchaba por contenerse, pero desprendía ira.
Eran las primeras gotas de una inundación antes de que se rompiera la presa—.
¿Y dejar que ese cabrón haga daño a alguien que me importa y no hacer una mierda al respecto?
—Apretó los dientes y negó con vehemencia—.
No va a salirse con la suya. Ni hablar. Al parecer, la última vez no le pegué lo suficientemente fuerte, pero esta vez será distinto.
No importaban las consecuencias. No estaba acostumbrado a sentirme así; por lo general, era un tío tranquilo. La mayoría de las cosas me resbalaban, la gran mayoría de las circunstancias no merecían que me pusiera violento.
Pero no había reglas cuando alguien a quien quería resultaba herido; no había límites, no había precaución. No se trataba solo de venganza, no era una revancha mezquina, era un castigo. Era necesario para garantizar que Jess nunca más volviera a correr peligro.
Pensar en lo que podría haber pasado si hubiera estado sola, si no hubiera tenido el spray pimienta, si no hubiera conseguido escapar…
Joder, ni siquiera podía soportar pensar en ello.
Lucas caminaba de un lado a otro del salón, demasiado alterado como para quedarse quieto.
—¿A dónde fue? Necesito saber dónde está, joder.
—No se quedarán en el sendero —dijo Manson. Estaba sentado en el sofá justo detrás de Jason, sin apartar la mirada de Jess ni un segundo—. Llama al bar de Billy. Todavía conoces a uno de los camareros, ¿no? Llámalo y pregúntale si están allí.
Lucas salió de la habitación y, al cabo de unos segundos, le oí hablar con alguien por teléfono.
—Puedo llevarte a urgencias —le sugerí, apartándole el pelo de la cara con suavidad, pero ella negó con la cabeza.
—No pasa nada. Estoy bien. El hielo me está ayudando. —Me apretó la mano mientras yo la sostenía y me dedicó una sonrisita—. Estoy bien, Vince. De verdad.
—Pero no lo estás, joder —le dije.
Dios, sentía como si fuera a romperme en mil pedazos. Estaba enfermo de ira, de preocupación. Debería haber estado con ella. Debería haber estado allí.
Todos sabíamos de lo que eran capaces Alex y Nate, sabíamos que había peligro. ¿Cómo pude ser tan tonto como para pensar que estaría a salvo?
—¿Quieres que me quede, tía? —preguntó Julia, retorciéndose las manos mientras estaba de pie cerca de nosotros—. Llamaré al trabajo esta noche. Les diré que ha habido una emergencia.
—No hace falta. —Jess sonrió con dificultad, con la respiración entrecortada por el dolor—. Te enviaré un mensaje más tarde, no te preocupes por mí. Aquí estoy a salvo.
Cuando Julia se marchó, Lucas regresó.
—No están en el bar de Billy. Al menos, todavía no. Pero me llamará si aparecen —dijo.
—Tenemos que encontrarlos —dijo Manson—. No me importa lo que cueste, joder.
—Por favor, no os vayáis —dijo Jess, abriendo mucho los ojos mientras intentaba incorporarse, pero la volví a tumbar.
—Tranquila, cariño, tranquila. Déjame darte algo para el dolor, ¿vale? —Prácticamente tenía una farmacia arriba, pero no quería alejarme de ella. Volví a mirar a Jason, suplicante—. ¿Puedes traerme el botiquín del ático? Está debajo de la cama.
Manson se hizo cargo de la bolsa de hielo cuando Jason se levantó. No dijo ni una palabra, pero su expresión lo decía todo. La furia se reflejaba en su rostro, se le notaba en los hombros y en la mandíbula tensa.
Provocar peleas y destrozar los coches… podía perdonarles eso. Pero cuando fueron a por Manson y Lucas en el espectáculo, supe que teníamos que vengarnos. Ahora que habían ido a por Jess…
Iban a desear estar muertos.
—Lo siento, Jess —se disculpó Manson. Le estaba poniendo hielo en el tobillo y cada vez que movía las manos, temblaban—. Lo siento mucho.
—No es culpa tuya —dijo ella. Recuperé la respiración al ver a Jason con mi botiquín y, mientras rebuscaba, Jess añadió—: Dame mierda de la buena, por favor.
—Uno de nosotros debería haber estado contigo —dijo Lucas—. Yo debería haber… —El móvil le vibró con una llamada entrante y, tras echar un rápido vistazo a la pantalla, lo descolgó y preguntó—: ¿Están ahí?
Apenas podía oír al hombre que hablaba con él, pero percibí una súplica desesperada.
—No empieces con tonterías, ¿eh? Esta es mi última advertencia. Si apareces aquí porque tienes un problema con esos chicos, entonces…
Lucas colgó.
—Nate y Alex acaban de llegar al bar de Billy. ¿Quién viene conmigo?
—Yo —respondió Jason de inmediato, y luego me miró—. ¿Te quedarás con ella?
—No la voy a dejar sola —dije—. Más vale que tengáis cuidado.
—Lo tendremos. —Manson se puso en pie, dejando el hielo sobre el tobillo hinchado de Jess. Era difícil adivinar qué pasaba por su cabeza, ya que controlaba cuidadosamente su expresión. Me miró, su voz era sombría cuando preguntó en voz baja—: ¿Dónde está?
Por mucho que odiara llevar esa puñetera cosa, me había hecho con un arma por una razón. Necesitábamos defendernos, y no estaba dispuesto a dejar que los tres salieran de allí sin más protección que sus puños.
—En la caja fuerte —respondí—. Ya sabes el código.
Asintió con la cabeza y salió de la habitación. Sus pasos resonaron en las escaleras mientras Jess nos miraba a ambos con creciente angustia.
—No os vayáis. Por favor, no vayáis tras ellos. —Lucas se sentó a su lado y le acarició la cara con las manos. Ella se inclinó hacia él y lo rodeó con los brazos—. No vayas. No quiero que te hagan daño.
—Estaré bien —la tranquilizó—. Jason y Manson estarán bien. No les tenemos miedo.
—No se saldrán con la suya —dijo Jason.
Estaba de pie en la puerta, con las manos metidas en los bolsillos. Ansioso por irse pero odiando tener que hacerlo, sobre todo cuando Jess le dirigió una mirada suplicante.
—Prefiero que estéis a salvo —dijo ella, y todo el esfuerzo que había hecho por parecer tranquila se esfumó de repente—. No hace falta que vayáis tras ellos.
—Sí, hace falta, ángel —respondió Manson, poniéndose la chaqueta de cuero. Alcancé a ver la pistola que llevaba metida en los vaqueros justo antes de que la volviera a ocultar—. No pueden tocarte. Estás fuera de sus límites y no han sabido respetarlo. Lo pagarán.
Lucas se despidió de Jess con un beso, se alejó de su abrazo y salió de la casa con Jason siguiéndole los pasos. Verlo salir por la puerta me hizo desear poder partirme en dos. No podía protegerlo a él y a Jess, y me aterrorizaba dejarlo ir.
Manson me estrechó la mano antes de irse.
—No te atrevas a volver herido, joder. No… —Bajé la voz, porque Jess ya estaba asustada y no quería empeorar las cosas—. No dejes que le hagan daño, Manson.
—Sabes que no lo haré —respondió—. Cuida de nuestra chica. Volveremos pronto.