40 #2
—Te gusta que la gente te mire, ¿verdad? —se rio Vincent—. Sucia puta. Tenemos que conseguirte público, ¿no, nena? ¿Qué te parecería que unas cuantas docenas de personas te dijeran lo sexy que estás cuando te corres?
Sus obscenas palabras me llevaron al clímax. Abrí los labios, sin aliento, luchando por no hacer demasiado ruido mientras temblaba de placer, perdiéndome en el momento.
Me costaba mucho más caminar con los tacones después del orgasmo.
Jason y Vincent tuvieron que sostener mis piernas temblorosas mientras me llevaban de vuelta a la mesa.
Lucas seguía sentado en el suelo, bebiendo una cerveza fresca con el brazo apoyado en las piernas de Manson.
Manson tenía una sutil sonrisa en el rostro, recostado en su asiento como si fuera el dueño del lugar.
Aplaudió lentamente cuando entramos.
—Bravo. Menudo espectáculo. ¿Te has divertido, ángel?
Me acerqué a él y pasé por encima de Lucas para sentarme a horcajadas en el regazo de Manson. Gimió de placer cuando lo besé y me froté contra él. Cuando levanté el culo, unas manos me acariciaron los muslos.
—Dios, estás chorreando —dijo Lucas con la voz ronca por el deseo—. Creo que vamos a necesitar un poco de intimidad.
Jason cerró la cortina negra, encerrándonos en el reservado.
La botella de champán hizo un ruido seco cuando Vincent la abrió, y un torrente de burbujas se derramó por la parte superior y le bajó por los dedos.
Mientras nos servía, Manson me agarró la mandíbula e hizo que volviera a prestarle atención.
—Desnúdate para nosotros —pidió—. Quítatelo todo.
Con una sonrisa burlona, me bajé de su regazo y me puse delante de él.
Lucas permaneció en el suelo y Jason se sentó junto a Manson, con los ojos sobrenaturalmente brillantes bajo la tenue iluminación.
Desenganché las cadenas que me sujetaban el top y dejé que la sedosa tela cayera al suelo.
No llevaba nada debajo, ni siquiera pezoneras.
Lucas me miraba con los ojos muy abiertos y Manson me observaba con la uña del pulgar entre los dientes.
Se la mordió con ganas cuando me di la vuelta y me bajé la falda despacio.
Vincent todavía tenía la botella de champán en las manos. Cuando me quité la falda de una patada y me quedé allí de pie, solo con los tacones y un diminuto tanga, me volvió a dar la vuelta para que quedara de cara a los demás y me acercó la botella a los labios.
Era ácido y ligeramente dulce, frío y espumoso. El efecto del alcohol era justo lo que necesitaba para hacerme entrar en calor y relajarme, pero aún con ganas de más.
Manson se levantó y se acercó para recorrer mi cuerpo con los dedos, siguiendo cada curva. Vincent bajó ligeramente la botella y volvió a inclinarla. El champán frío resbaló por mis pechos y Manson lo lamió, pasando la lengua por uno de mis pezones antes de cerrar la boca.
Temblando, gemí ante la cálida succión. Giró la lengua alrededor de mi pezón, jugueteando con la barra que lo atravesaba antes de levantar la cabeza.
—De rodillas —dijo Vincent, y yo accedí encantada.
Jason y Lucas se acercaron mientras yo me arrodillaba entre los cuatro.
Me acordé de aquella noche de Halloween, que ahora parecía tan lejana, cuando, por primera vez, todos nos atrevimos a cruzar la línea.
Pero conocerlos como los conocía ahora, amarlos como los amaba, hacía que esto fuera aún más intenso.
Lucas tomó un sorbo de champán, pero no se lo tragó. Se inclinó sobre mí y Jason me echó la cabeza hacia atrás.
—Ábrele la boca, princesa —dijo con dulzura.
Sentí un calor intenso cuando Lucas escupió el champán en mi boca abierta. Me cosquilleó la lengua y me goteó por los labios, bajándome por la barbilla. Jason lamió lo que se había derramado y me besó sin ningún cuidado mientras Lucas vertía un poco más del champán de su copa sobre mis tetas.
—Joder, qué sexy —murmuró Manson, devorándome con la mirada.
Quería romper su autocontrol casi perfecto. Quería que estallara bajo la presión y me tomara con fuerza, sin piedad. Era solo cuestión de tiempo.
—Por favor… —gemí cuando Lucas se unió a Jason para consumirme.
El tacto de sus bocas codiciosas era exquisito y sus dientes dejaban marcas agudas de dolor por todo mi cuerpo.
Lucas me empujó hacia adelante, poniéndome a cuatro patas, agarrándome el culo antes de darme una fuerte palmada.
Jason me besó profundamente, sujetándome la cara mientras Lucas me penetraba con los dedos.
—¿Tienes un condón? —preguntó Lucas, y Vincent respondió afirmativamente—. Ponlo aquí.
Era imposible ver lo que estaban haciendo, distraída por los besos de Jason.
Manson caminaba a nuestro alrededor mientras observaba, con pasos lentos, haciendo tintinear el hielo de su vaso al remover el líquido.
Después de dar una vuelta completa a nuestro alrededor, volvió a sentarse en el sofá: con las piernas abiertas y un brazo apoyado casualmente en el respaldo.
—Arrástrate hasta allí, cariño —dijo Vincent, mientras Jason se ponía de pie y Lucas retiraba los dedos.
Temblaba de excitación mientras me arrastraba, trepando para volver a sentarme a horcajadas sobre el regazo de Manson. Él me rodeó la nuca con la mano, atrayéndome hacia él.
—Eres perfecta —susurró Manson—. Mi pequeño y hermoso bicho raro, ¿verdad?
—Sí, amo.
Sabía a whisky cuando lo besé, con un sutil toque picante y cálido en los labios.
El sofá se hundió cuando Lucas se sentó con pesadez junto a Manson.
Ya no sostenía la botella de champán, sino que agarraba el pelo de Jason con ambas manos, embistiendo contra su boca.
Jason se atragantó cuando Lucas le golpeó en la parte posterior de la garganta, pero mantuvo la cabeza gacha, con los ojos en alto para mirar su rostro.
Lucas respiraba profundamente y se inclinó para acariciar mi espalda y la curva de mi culo con la mano.
—Haz que la monte, Vince —dijo.
Manson sonrió.
—¿Te vas a portar bien? —preguntó, manteniendo la mano firmemente apoyada en mi cuello.
No podía mirar atrás para ver lo que estaba haciendo Vincent, pero algo rozó mi coño. La suave sensación del condón era reconocible, pero el objeto que cubría no lo era. Sin embargo, asentí con la cabeza, porque quería todas las experiencias obscenas que pudieran darme. Quería más .
—Te voy a meter la botella, cariño —dijo Vincent.
El objeto con el que me estaba frotando, la botella de champán, se introdujo en mi interior. Estaba bien protegida por el condón, pero su forma inusual y su dureza me hicieron estremecer.
Mientras Vincent la empujaba hacia dentro, despacio, Lucas acercó su dedo a mis labios.
—Chupa —me ordenó.
Después de humedecer el dedo en mi boca, lo introdujo en mi culo. Me estremecí ante la intrusión, pero enseguida me relajé. Manson dejó a un lado su bebida y me agarró los brazos, moviéndolos detrás de mi espalda y sujetándome las muñecas.
—Móntala —dijo—. Quiero ver cómo te corres con esa botella.