El pago (Losers 2) 40 #3
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40 #3

Moviendo mis caderas arriba y abajo, me embestí con la botella de champán mientras Vincent la mantenía en su sitio.

Manson estaba muy cachondo, pero no se tocaba mientras me sujetaba y me observaba con atención.

De vez en cuando, movía las caderas en busca de estimulación, delatando sus deseos.

Lucas me metió el dedo en el culo y soltó un fuerte gemido cuando la lengua de Jason rodeó la punta de su polla.

—Joder, chúpamela —dijo Lucas, mientras empujaba la cabeza de Jason hacia abajo, follándole la boca sin piedad.

Jason se agarró a sus muslos, arrastrando sus uñas pintadas de negro sobre la piel de Lucas.

Sus ojos se humedecieron un poco por el esfuerzo, los músculos de sus brazos se tensaron.

Lucas le levantó la cabeza de repente y Jason jadeó en busca de aire—.

Empieza a acariciarme. Haz que me corra en tu cara.

—Joder, cariño —dijo Vincent, riéndose por lo bajo cuando aceleré el ritmo.

El cuello de botella no era demasiado grueso, pero me parecía deliciosamente obsceno obtener placer así. Lucas me metió los dedos en el culo mientras Jason lo acariciaba, jugando con la lengua alrededor de la cabeza de Lucas y jugando con su piercing .

Cuando Lucas se corrió, gruñendo con fuerza mientras su semen salpicaba la cara de Jason, yo también me corrí. Todo se desvaneció, salvo el éxtasis que se derretía por mi cuerpo.

—Eso es —me animó Manson, soltándome los brazos para que pudiera apoyarme contra su pecho—. Córrete para nosotros, queremos oírte…

Me levantó la cabeza, obligándome a mirarlo mientras las oleadas de placer me invadían.

—Gracias, amo —gemí, con los ojos casi en blanco—. Gracias… por dejar que me corra…

Manson se sacó la polla y me guio hacia ella mientras Vincent dejaba a un lado la botella de champán.

Nos llevó a la esquina del sofá, dejando espacio suficiente para que Vincent se subiera al sofá detrás de mí.

Vince me echó el pelo hacia atrás mientras me hundía en Manson, apartándolo de mi cara y dejándome besos ligeros como plumas detrás de la oreja.

Con la cara aún cubierta por el semen de Lucas, Jason se arrastró hasta mi lado. Lucas lo acariciaba, y él se estremeció visiblemente cuando lo acerqué a mí, lamiendo una gota nacarada de su mejilla.

—Dios, estás hecha un asco —dijo.

—Tú también —le respondí sin aliento, con una risita.

Pero esa risa se disolvió en un grito de impotencia cuando la polla de Vincent presionó contra mi coño, junto a la de Manson.

—Recuerda tu palabra de seguridad, ángel —dijo Manson, con un estremecimiento de placer recorriendo su rostro mientras Vincent se deslizaba aún más dentro de mí.

Me sentí increíblemente estrecha. Tenía los músculos relajados por los dos orgasmos consecutivos que había experimentado, pero seguía sin ser fácil de soportar.

—La recuerdo —dije en voz baja.

Respirando lenta y profundamente, me concentré en mantener los músculos relajados. A modo de prueba, me moví hacia adelante y hacia atrás, dejando que Vincent entrara cada vez un poco más. Él dejó que me moviera a mi ritmo.

Jason gimió mientras Lucas lo abrazaba con fuerza y lo masturbaba con caricias rápidas. Los observé, embelesada, mientras Lucas acercaba su boca al oído de Jason y le gruñía.

—Mira cómo la follan. No puedes correrte hasta que ellos lo hagan.

—No… No puedo… Joder…

Jason no podía articular ni una sola frase.

Me miró y, fuera lo que fuera lo que vio en mi expresión, pareció sacudirlo hasta lo más profundo del alma.

Vincent empujó aún más hondo y se acomodó completamente en mi interior, Manson y él me llenaron hasta el límite.

Cuando grité, Jason apretó los ojos con fuerza en un último intento por controlarse.

—Quién es el que no puede puto aguantar ahora, ¿eh? —se burló Lucas, y Jason se encogió contra él mientras se corría, con el semen chorreando sobre la mano de Lucas.

No vi qué castigo decidió imponer Lucas a Jason por desobedecer. Manson y Vincent se movieron juntos, penetrándome a la vez. Lo estrecha que estaba, lo que me estiraban y la puta felicidad que sentía me provocaron un cortocircuito en el cerebro.

—¿Qué tal, cariño? —dijo Vincent, acompañando sus palabras con otra embestida.

Mi respuesta fue otro grito, entrecortado y tembloroso.

—Más fuerte —fue lo que por fin logré articular—. Sin piedad…

—¿Sin piedad? —Manson acercó mi cara a la suya, cubriéndome la boca con la palma de la mano mientras me agarraba—.

¿Quieres que te duela? —Sonrió ante mi asentimiento y sentí la diferencia casi de inmediato: cómo cambiaba su ritmo, cómo me penetraban con más fuerza—.

¿Quieres que te utilicen como la sucia putita que eres?

—Sí, sí, sí, ¡por favor! —Mis palabras quedaron amortiguadas contra su mano, mi interior palpitaba y se apretaba alrededor de su enorme grosor.

—Shh, no hagas ruido —pidió Manson con suavidad, ajustando su mano para taparme la boca con más fuerza.

Vincent cogió aire con brusquedad, apoyándose contra mi espalda mientras me penetraba con fuerza.

—Vamos a llenarte —dijo—. Y nuestro semen te va a chorrear todo el camino de vuelta al hotel.

Su promesa me destrozó de la forma más exquisita. Mi cuerpo estaba fuera de mi control, dominado. Me habían llenado tanto que cuando sus pollas se movieron al correrse, pude sentir cada vibración. La sensación de estar tan llena y poseída de una forma tan brusca era incluso mejor que mis fantasías.