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Jessica

Las cortinas estaban completamente abiertas para que todos pudieran ver cómo me arrodillaba a los pies de Manson, igual que Lucas, aunque él no podía quedarse quieto.

No dejaba de moverse como si estuviera incómodo, carraspeando y mirando a cualquiera que se acercara a nuestra mesa.

Manson nos hizo esperar casi un minuto, simplemente observándonos en silencio mientras bebía de su copa.

—Pareces nervioso, cachorro —dijo al final. Jason se rio entre dientes y Lucas giró la cabeza bruscamente para responderle con algo. Manson le agarró la cara y se la echó hacia atrás—. Te he hablado a ti. No a él. Mantén la mirada donde debe estar.

Manson parecía demasiado satisfecho, con una sonrisa inquietantemente amplia.

Si yo estuviera en la posición de Lucas, estaría temblando.

Estaba ansiosa por comportarme. Algo me decía que Manson podría ponerme sobre sus rodillas en este club y nadie pestañearía.

Era una idea que me aterrorizaba tanto como me atraía.

—Ángel, tráele a Lucas su bebida —dijo Manson.

Sin levantarme, a gatas, me giré, cogí la cerveza de Lucas de la mesa y se la llevé rápidamente a Manson, que hizo un gesto con la cabeza para señalar a Lucas.

—Dale de beber —ordenó.

Cuando Lucas me miró, su mirada ardía con intensidad.

Le acerqué la cerveza a los labios para que pudiera beber, y parte del líquido goteó por la comisura de su boca.

Lamí las gotas, recorriendo con la lengua su garganta y su barbilla.

Su cuerpo retumbó con un gruñido, y yo misma tomé un sorbo de cerveza antes de besarlo.

El líquido pasó entre nuestros labios, desordenado y goteando mientras nuestras lenguas se entrelazaban.

Manson me quitó el vaso de cerveza de la mano y yo rodeé con mis brazos los hombros de Lucas, arañándole la espalda con las uñas.

Gimió, agarrándome por la cintura mientras empujaba sus caderas contra mí.

El duro bulto en sus pantalones me hizo querer arrancarle toda la ropa.

Con los ojos cerrados, sentí que alguien se unía a nosotros. Jason se arrodilló detrás de Lucas y le besó el cuello mientras yo seguía besándolo. La respiración de Lucas se hizo más profunda y la mano de Jason se deslizó entre nosotros, acariciando la polla de Lucas a través de sus pantalones.

Manson extendió la mano y enredó sus dedos en mi pelo, agarrándome con fuerza por los largos mechones para separarme de Lucas.

—Qué buena mascota eres —dijo. Vincent y él intercambiaron una mirada maliciosa, y luego Manson ordenó—: Besa las botas de tu amo, ángel.

Se me aceleró el corazón. Me incliné, las besé y le susurré mi agradecimiento. Ni siquiera estaba segura de si él podía oírme, pero no importaba. Lo único que importaba era adorar la parte de mi amo que se me había permitido tocar, el lugar que él había considerado adecuado para mí.

Cuando me daban órdenes, era como si mi mente alcanzara otro plano existencial, una realidad diferente en la que la obediencia inquebrantable era el placer supremo. Anhelaba complacerlos; ansiaba escuchar más elogios de los labios de Manson.

—Esa es mi chica buena —me elogió Manson—. Siéntate.

Lo hice, a tiempo para ver a Manson verter la cerveza de Lucas en su mano.

Se la ofreció y Lucas bebió de su palma mientras Manson le acercaba la mano a los labios, incluso le chupó los dedos cuando acabó.

Los ojos de Lucas se oscurecieron, casi embriagados, aunque no había bebido lo suficiente para eso.

Empujó contra la mano de Jason, echándose hacia atrás y tirando de la cabeza del otro hombre hacia su cuello en una demanda obvia.

Jason obedeció, acariciando con la boca la garganta de Lucas, mordiendo con suficiente fuerza como para dejar marcas rojas en su piel.

—Es tu turno, cachorro —dijo Manson, acariciando con afecto la cabeza de Lucas—. Besa las botas de tu amo.

—¿Con la puta cortina abierta? —Lucas pareció arrepentirse de sus palabras en cuanto las pronunció, cerrando la boca tan rápido que sus dientes chocaron entre sí.

—Oh, ahora te vas a enterar. Te va a aplastar por eso —susurró Jason, riéndose por lo bajo.

Manson estaba en su salsa. No retiró la mano de la cabeza de Lucas, pero dirigió su atención a Jason, inclinándose para mirarlo directamente a los ojos.

—Si no tienes cuidado, tú acabarás igual, es cuestión de principios —le dijo.

Vincent se levantó de su asiento y tiró de la cabeza de Jason hacia atrás, agarrándole del pelo con tanta fuerza que le hizo estremecerse.

—¿Ya estás causando problemas? —dijo y su tono era engañosamente alegre, como si hubiera pillado a Jason en una travesura infantil—. ¿Cómo cojones esperas sobrevivir la noche si ya estás buscando que te castiguen?

Le dio una palmada en la mejilla, lo suficiente fuerte como para que le doliera. Jason le sonrió con pereza, inclinándose hacia su mano.

—Entonces, quizá deberías distraerme —le dijo.

Vincent asintió con la cabeza y se inclinó para darle un beso en la frente a Jason antes de darle otra palmada en la mejilla.

—Pórtate bien —le dijo.

Pero la expresión de Jason distaba mucho de ser obediente. Se puso de pie cuando Vince lo soltó e inmediatamente me tendió la mano.

—¿Quieres bailar con nosotros? —me preguntó, y yo asentí emocionada, aceptando su mano mientras me ayudaba a levantarme.

Vincent se bebió rápidamente lo que le quedaba en el vaso antes de rodearme por la cintura y darme un beso en el cuello.

—Entonces vamos a bailar, cariño.

Jason me agarró fuerte de la mano y cogió a Vincent de la otra mientras nos sacaba del reservado.

Nos dirigimos a la barandilla que daba al DJ, debajo, y a la pista de baile, una masa ondulante de cuerpos que se movían y se rozaban.

La música resonaba en mi pecho mientras me movía al ritmo.

Vincent estaba justo detrás de mí, y yo apretaba el culo contra él mientras movía las caderas.

Jason se apoyó en la barandilla, pero no miraba a la multitud que había abajo; nos estaba mirando a nosotros, bebiendo de su copa con una sonrisa en los labios.

Levanté los brazos y los estiré hacia atrás, pasando los dedos por el cuello de Vincent mientras me balanceaba.

—Joder, sí que sabes moverte —comenté.

Él se rio en mi oído, provocándome un escalofrío en la espalda mientras sus manos se movían sobre mí.

—Me paso todos los fines de semana en una discoteca. Por supuesto que sé bailar.

Su polla se empalmaba a medida que yo bailaba pegada a él.

Busqué a Jason, acercándolo a mí, acariciándole el pecho con las uñas.

Me besó cuando bajó el ritmo y la multitud se volvió loca con el sonido de los bajos que salían de los altavoces.

Sabía dulce, a bebida energética y a licor, y me hacía cosquillas en la lengua.

Los dedos de Vincent se deslizaron peligrosamente hacia abajo y se introdujeron bajo mi falda. Se me cortó la respiración cuando me acarició las bragas, estimulando mi excitación mientras me masajeaba el clítoris hinchado.

—¿Qué tal, princesa? —preguntó Jason, sonriendo mientras miraba hacia abajo—. Joder, me encantaría ver cómo te corres en sus dedos.

Mi cuerpo ansiaba lo mismo. Cuando moví el culo contra Vince, también presioné su mano, frotándome contra él. Él me apartó las bragas y yo gemí cuando introdujo dos dedos en mi interior.

—¿Ya estás empapada para nosotros? —murmuró, moviendo los dedos dentro de mí—. ¿Te pone estar en público?

Sí. Cada vez que cruzaba la mirada con alguien que pasaba a nuestro lado, me excitaba más.

La gente de este club no se escandalizaría ni se ofendería por las actividades sexuales; estaba segura de haber visto a una pareja en la esquina de la pista de baile que, de hecho, estaba follando.

Al mirar hacia nuestra mesa, apreté los dedos de Vincent cuando vi a Lucas con la cabeza apoyada en el regazo de Manson, los dos mirándonos juntos.

Manson acariciaba la cabeza de Lucas despacio, con suavidad y ternura. Todo en su postura denotaba control, y Lucas tenía los ojos entrecerrados, el cuerpo finalmente relajado mientras me veía bailar.

Presumir siempre me había salido de forma natural, me encantaba que nos estuvieran mirando, me encantaba montar un espectáculo para excitarlos.

Vincent sacó la mano de debajo de mi falda, con los dedos resbaladizos por mi humedad, y los llevó a los labios de Jason.

Me invadió una oleada de calor cuando Jason se metió los dedos de Vincent en la boca y los chupó despacio.

Pasó la lengua entre ellos y abrió la boca como para mostrar lo que era capaz de hacer.

Vincent hinchó el pecho mientras respiraba hondo y enganchó los dedos alrededor de la mandíbula de Jason para acercarlo más a él.

Se besaron por encima de mi hombro mientras la mano de Vincent volvía a deslizarse bajo mi falda.

—Oh… Joder…

Incliné la cabeza hacia atrás mientras Vince me acariciaba con los dedos.

Me sentía envuelta en el calor que emanaban ambos, mi respiración era profunda y pesada, casi abrumada por mi creciente placer.

Había tantas sensaciones: las luces intermitentes, la música atronadora que retumbaba en mi pecho, la piel de gallina que me provocaban al tocarme.

Jason acercó su bebida a mi boca y la inclinó hacia atrás, el condensado del vaso frío goteando sobre mi pecho.

—Creo que va a correrse para nosotros —dijo Vincent, mientras yo volvía a apretar sus dedos.

Jason me pellizcó los piercings de los pezones a través de la camiseta hasta que gemí, mi respiración agitada mientras sus caricias me llevaban más alto.

—Será el primer orgasmo de muchos —dijo Jason, acercando su boca a mi oído—. Quiero verte temblar, princesa.

Joder, iba a perder el control.

Una mujer pasó por delante y me llamó la atención; su mirada se desvió hacia abajo y volvió a subir con una sonrisa. Sabía lo que estaba pasando.