39 #3
—Nosotros sentimos lo mismo cuando vinimos aquí por primera vez —dijo Mark.
—Cuando has pasado mucho tiempo tratando de ocultar quién eres, el primer lugar en el que encuentras la libertad siempre será especial —dijo Rachel—. No se puede subestimar el poder de una comunidad que te apoya. Por eso nos ofrecemos como mentores.
—Apoyar a la próxima generación de fetichistas mantiene a la comunidad en la dirección correcta —dijo Mark riéndose mientras le daba una palmada en la espalda a Manson—. ¡Creo recordar que este tío llegó aquí mintiendo no solo sobre su edad, sino también sobre su experiencia!
Manson hizo una mueca al recordar aquello, con una rara expresión de vergüenza en el rostro.
—Pasé bastante tiempo «educándome» en blogs de fantasías BDSM —le explicó a Jess—. Puede que una vez le contara a Mark una mentira muy elaborada sobre ser un experto con el látigo.
—Descubrimos su mentira en cuanto le puse uno en las manos —añadió Rachel.
Jessica abrió mucho los ojos y se echó a reír.
Jessica, Rachel y Manson siguieron charlando.
Lucas se había adentrado más en el reservado, alejándose de la gente que pasaba.
Tenía las manos metidas en los bolsillos y, quizá para la mayoría de la gente, parecía un poco aburrido.
Pero lo conocía demasiado bien como para dejarme engañar por eso.
Estaba nervioso por estar en público. La multitud, los ruidos, la claustrofobia de estar atrapado en un lugar con salidas limitadas.
—¿Hace tiempo que no sales? —le preguntó Mark a Lucas, sacándolo de su expresión distante.
—Sí, supongo que sí —respondió. Observó a un grupo de personas que pasaba, entrecerrando los ojos ante sus risas—. Últimamente, cada vez que salgo de casa ha acabado pasando algún desastre. Es difícil emocionarse por salir cuando tienes que preguntarte si acabarás luchando por tu vida.
Mark asintió con la cabeza, con la mirada baja en señal de comprensión.
—Muchos de nosotros hemos tenido que pasar nuestras vidas viviendo con miedo.
Pero eso es exactamente lo que ellos quieren.
Las personas que dicen odiarnos, las que están dispuestas a hacernos daño, prefieren que todos permanezcamos ocultos.
Cuando juzgarnos y avergonzarnos no funciona, recurren a la violencia.
Luego ofrecen sus pensamientos y oraciones cuando la gente acaba muerta a causa de su odio.
Alguien se rio demasiado fuerte detrás de él y Lucas volvió a estremecerse. Pero esta vez Jason agarró el brazo de Lucas, despacio, y se acercó a él, colocando su cuerpo entre Lucas y la pasarela. No dijo nada; no era necesario.
Protegíamos a los nuestros. Teníamos que hacerlo.
—El mundo no es un lugar muy agradable —dijo Lucas, pero su voz se suavizó y parte de la tensión desapareció.
Se irguió un poco más bajo el tacto de Jason, como si de repente hubiera recordado quién era—.
Pero no es tan malo cuando tienes cerca a las personas adecuadas.
A veces me dejo llevar por mis pensamientos.
No era tan sencillo, todos lo sabíamos. Encontrar el equilibrio entre vivir con precaución y vivir con miedo a veces parecía casi imposible. Lucas tenía mucho que temer. Todos lo teníamos.
Charlamos unos minutos más antes de dejar a Rachel y Mark para que disfrutaran de su noche. Al salir de su reservado, rodeé con el brazo los hombros de Lucas y le di un beso en la mejilla que le hizo gemir de afecto.
—Estás siendo muy valiente, ¿sabes?
Se estremeció y me miró como si le doliera.
—No empieces a decirme cosas bonitas, tío. Vamos, yo… No… —Suspiró—. Gracias.
Manson nos oyó, porque miró por encima del hombro.
—Oye, pórtate bien con él. Obligarle a escuchar cosas bonitas sobre sí mismo es un límite flexible.
—Vamos a tener que ampliar un poco ese límite —dijo Jess, poniéndose a mi lado.
Estaba deseando que Jess viera nuestra mesa VIP, así que le cogí de la mano y la llevé hasta allí.
Nuestro reservado estaba al final del pasillo, justo encima del DJ.
Un gran sofá negro modular ocupaba la mayor parte del espacio, con una mesa baja de cristal en el centro.
Había una botella de champán en una cubitera sobre la mesa, junto a varias copas.
La pared trasera y el techo eran espejos, y las luces que colgaban del techo tenían forma de largas tiras, como rayos de lluvia brillantes.
Manson se sentó, estirando las piernas cómodamente. Lucas se movió para sentarse a su lado, pero Manson lo detuvo con una mano en su pecho.
—De rodillas —dijo, señalando el suelo entre sus piernas—. Donde deben estar los cachorros.
La cortina que rodeaba nuestro reservado seguía abierta, y cualquiera que pasara por allí podía ver fácilmente el interior.
Me dejé caer cómodamente en el sofá, estirando los brazos mientras Jason se sentaba a mi lado.
Jess dudó un momento, indecisa entre sentarse a mi lado o unirse a Manson y Lucas.
Manson le facilitó la decisión.
—Tú también, ángel. Ven aquí.
Contento de observar el espectáculo, le di un trago a mi bebida y me puse cómodo.