El pago (Losers 2) 23
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Vincent

Había pasado mucho tiempo desde la última vez que había tenido algo parecido a un «horario» normal.

Hasta en el instituto había sido un búho que solía quedarse dormido en las clases.

Pero ser el último en levantarse era en realidad una forma estupenda de empezar el día.

Cuando me despertaba, el café ya estaba hecho, las sobras del desayuno me esperaban en la nevera y todos estaban tan ocupados con su trabajo que normalmente tenía tiempo sin interrupciones para trabajar un rato en mis propios proyectos.

Pero algunos días, lo primero que quería al despertarme no era café ni las sobras del desayuno calentadas en el microondas. Hoy solo quería compañía.

Así que me levanté de la cama, bajé con dificultad las escaleras del ático y me topé directamente con la habitación de Jason.

Llevaba puestos los cascos, así que no me oyó entrar. Esperaba encontrarlo trabajando, con la pantalla cubierta de largas líneas de código multicolor. Me gustaba verlo trabajar, aunque apenas entendía nada. El rápido clic de sus dedos sobre las teclas era relajante.

Pero no estaba trabajando. Estaba mirando anuncios inmobiliarios.

Me acerqué y entrecerré los ojos para ver la pantalla. Todos esos sitios estaban en Nueva York. Iba de un sitio a otro, moviendo la cabeza al ritmo de la música que estaba escuchando mientras abría fotos de una mansión enorme y carísima.

Mierda, no teníamos tanto dinero.

Dio un respingo cuando deslicé mis brazos alrededor de su silla y lo agarré por los hombros. Se quitó los cascos.

—¡Joder, me has asustado! —exclamó—. Son con cancelación de ruido, ¿recuerdas?

Aparté la silla hacia atrás y le agarré la cara mientras me inclinaba hacia él.

—Mm, estás muy bueno cuando te asustas —le dije—. Con los ojos muy abiertos.

—Oye. —Empujó su mano contra mí, pero su protesta se disolvió en el momento en que lo besé.

—¿Qué estás mirando? ¿Vagueando en el trabajo?

Me metí en su silla, básicamente obligándolo a sentarse en mi regazo, lo que hacía que sus pies colgaran del suelo; a mí me hacía una gracia tremenda, pero a él lo enfurecía.

—Solo estaba tomándome un descanso, cinco minutos.

—Claro, claro, solo cinco minutos para buscar casas.

Miré los anuncios, haciendo una mueca ante algunos de los precios, todo era muy caro.

—He estado dándole vueltas —dijo de repente, con voz reservada—. Sé que Manson y Lucas lo están posponiendo, pero el coche de Jess pronto estará arreglado…

Sentía que se le acababa el tiempo. Últimamente yo tenía el mismo temor, aunque había intentado ignorarlo. Estaba decidido a dejarme llevar, pasara lo que pasase, a dejar que el destino siguiera su curso.

Pero Jess era una persona demasiado importante como para dejarla en manos del destino. Ese día, en casa de mis padres, estuve a punto de decírselo.

Manson ya se lo había confesado, nos lo había dicho.

Pensé que estaba siendo demasiado cauteloso al pedirle que no le diera una respuesta todavía, pero tal vez yo fuera demasiado impaciente.

Cuando me enamoraba de alguien, lo hacía rápida y profundamente.

No decírselo a Jess me tenía a punto de explotar.

¿Por qué tanto secreto? ¿Por qué tanta vacilación?

Porque era un territorio desconocido y ella era nueva en todo este escenario.

Tenía planes y ninguno de nosotros quería interferir en ellos.

Su vida ya estaba en medio del caos y el cambio, al igual que la nuestra.

Todos temíamos que cosas como el amor y el compromiso la complicaran aún más.

—No creo que vaya a largarse en cuanto recupere el coche —dije, frunciendo el ceño—. ¿No crees que ya hemos superado esa parte?

—Puede ser —dijo—. Pero no es solo eso. La van a contratar a jornada completa en esa empresa de diseño. Sé que lo conseguirá. El otro día lo comentaba en el gimnasio. Se acerca su evaluación.

Jess llevaba toda la semana emocionada con esa evaluación.

Estaba muy orgulloso de ella, pero eso no había impedido que me invadiera la aprensión.

Si conseguía el trabajo, su marcha no sería opcional.

Claro que habría que hablar sobre la distancia, pero tampoco pensábamos quedarnos en Wickeston.

La idea de que los cinco nos separáramos me parecía… un error. Un error enorme.

—También vi a Manson buscando —comentó—. En Nueva York. No puede dejarla ir. —Suspiró profundamente—. Yo… Yo tampoco creo que pueda, Vince.

Apoyé la barbilla en su hombro mientras miraba la pantalla.

—Sí. Yo siento lo mismo. ¿Se lo has dicho?

—No. Bueno, no exactamente. No todo lo que quería decirle.

Podía ser un payaso en muchas cosas, pero cuando se trataba del amor y las relaciones, había tenido que aprender por mí mismo a tomarme las cosas con calma.

Obviamente, con Jason como mi pareja principal, ser demasiado frívolo con quien «traía» no sería justo.

Después de todo, el hecho de que no fuéramos monógamos no significaba que fuera un «todo vale».

Así que había cosas que no le había dicho a Jess. Sentimientos que no había admitido. El destino me había dado esta segunda oportunidad y, en cierto modo, me preguntaba si la estaba desperdiciando. ¿Estaba siendo demasiado cauteloso? ¿Dudando demasiado?

Mientras lo abrazaba con fuerza, él giró la cabeza para apoyar su frente contra la mía. Nuestras respiraciones se mezclaron y cerré los ojos.

—¿Todavía piensas venir conmigo a quedarte en casa de Dante este fin de semana? —le pregunté.

No tenía sentido conducir cada noche de ida y vuelta al trabajo cuando había aceptado turnos dobles. Por suerte, no me importaban las jornadas largas. Disfrutaba de mis noches en el club. Pero odiaba volver a una cama vacía.

—Claro —respondió, estirándose con un gemido antes de frotarse los ojos.

Sus ojeras estaban volviendo a aparecer, lo que indicaba que había estado durmiendo poco. Pero yo sabía por qué. Siempre dormía peor en esta época del año.

—¿Estás bien? —le pregunté, y él intentó, sin éxito, fingir que mi pregunta le sorprendía.

—Sí, sí, perfectamente. Solo estoy distraído. El trabajo y… ya sabes… —Hizo un gesto vago con la mano—. Todo.

—¿Todo o algo más específico?

Suspiró.

—Joder, Vince. Sabes que odio hablar de ello.

—Lo sé. Es que no soporto verte sufrir y no decir nada. ¿Has pensado en llamar a tu hermano este año? ¿A ver si habla contigo?

Él negó con la cabeza.

—Tiene casi catorce años. Ya ni siquiera sé su número. Mis padres se volverían locos si intentara contactar con él por Facebook o algo así. Quién sabe lo que le habrán contado. Probablemente ni siquiera quiera saber nada de mí.

El cumpleaños de su hermano siempre le afectaba mucho.

No había visto al chico desde que sus padres lo echaron de casa, y eso fue hace cinco años.

Antes estaban muy unidos. La idea de estar lejos de mis hermanas me ponía enfermo, y me cabreaba muchísimo que sus padres insistieran en mantenerlos separados.

—Bueno, encontraré la manera de mantenerte distraído este fin de semana —le dije—. Quizá te lleve al trabajo conmigo y te tenga atado debajo de la barra.

—Seguro que a tu jefa le encantaría —dijo.

—No le importaría. Probablemente atraería a más clientela. —Me dio un empujón y yo me reí, levantándome de su silla—. Seguramente Dante venga pronto a recoger su coche. También me dará las llaves de su casa. ¿Vas a bajar a saludar?

—Sí. Dame un minuto para ponerme ropa de verdad.

Tenía muchas cosas en la cabeza mientras me dirigía al garaje. Dante estaba arriba, en el altillo del garaje, charlando con Manson. Lucas y Jess aún no habían regresado, pero había enviado un mensaje al grupo para decir que estaban de camino.

—Hola, ¿qué tal, colega? —Dante se levantó de su asiento para saludarme, me cogió de la mano y me abrazó con un solo brazo—. Buenas noticias. Jason y tú tendréis la casa para vosotros solos este fin de semana.

—Oh, sí, claro. —Cogí las llaves que me ofrecía y las guardé en el bolsillo—. ¿Dónde vas a estar?

—En el espectáculo con este tío de aquí —dijo riéndose mientras le daba una palmada en el hombro a Manson y volvía a sentarse—. Tenemos que presumir del T-bird, colega. Esos nuevos colectores son la hostia.

Dante era un tipo alto, aunque no tanto como yo.

Tenía el pelo largo y oscuro, decolorado en las puntas, y la cara perforada con múltiples aros de oro en el labio, la nariz y la ceja.

Había sido el primer cliente de verdad del taller.

Había confiado su coche a Manson y Lucas dándoles permiso para volverse locos, hacer lo que fuera necesario para convertir el coche en un campeón.

Dante era rico; sus padres, expertos en negocios, habían criado a un hijo igual que ellos, además de tener un fondo fiduciario considerable. Tenía mucho dinero para gastar y estaba dispuesto a hacerlo aquí.

—Te garantizo que serás el rival a batir —dijo Manson—. Joder, yo no correría contra ti, no ahora. Creo que tu coche es el mejor que hemos construido nunca.

—Por supuesto. —Dante se giró en su asiento al oír el rugido del motor de El Camino al detenerse frente al garaje.

Jess salió del asiento del copiloto y, cuando se volvió, se quedó con la boca abierta—.

Tenéis que estar de coña. ¿Esa es la chica que os gusta a todos?

—Silbó largo y bajo—. Joder, ¿cómo cojones habéis conseguido a una chica tan guapa?

—Fue gracias a nuestras increíbles personalidades—gritó Lucas, levantando el dedo corazón a Dante, que le devolvió el gesto.

—¡Sí, eres un auténtico partido, Bent! —exclamó.

Lucas y Jess se unieron a nosotros arriba y, por supuesto, Dante tuvo que sacar todo su encanto al estrecharle la mano a Jess.

—Es un placer conocerte por fin —dijo.

—Igualmente.

Jess sonrió con naturalidad mientras le estrechaba la mano, luego se acercó a Manson para saludarlo con un beso, antes de venir hacia mí.

La levanté en volandas para besarla, sonriendo, porque podía oler el sudor y el sexo en ella. Me pregunté qué habrían estado haciendo Lucas y ella.

Antes de que ella pudiera acomodarse en el sofá, Dante se inclinó hacia delante en su asiento y nos miró a ambos con aire conspirador.

—Escuchad un momento. Hace tiempo que quiero hablaros de algo. Hay… Eh…

Sus ojos se posaron en Jess un momento, indecisos. Ella no se dio cuenta.

—Cariño, ¿podrías subir a la casa y ver por qué tarda tanto Jason? —le pedí—. Lleva todo el puñetero día encerrado en su habitación.

—¡Claro! Voy a sacarlo de ahí.

Se frotó las manos con una sonrisa pícara antes de desaparecer por las escaleras y salir del garaje.

Lucas se sentó junto a Dante y entonces me di cuenta por primera vez de que había algo diferente en él.

—¿Qué coño te ha pasado en las muñecas? —le pregunté mientras se frotaba las marcas rojas de la piel.

Manson se puso en alerta al instante y se incorporó bruscamente en su asiento para mirar.

—Nada —dijo Lucas a toda prisa, pero Manson lo miró y se estremeció—. Hubo un incidente en el outlet . Nos encontramos con esas antiguas amigas de Jess y me metieron algo en el bolso. Casi me arrestan. —Luego, en voz baja, añadió—: Casi me electrocutan…

—¿Que qué? —Manson se levantó de un salto y se acercó a Lucas en un instante, agarrándole de la muñeca para poder verlo mejor.

La cara de Lucas no podía estar más roja.

—Joder, calma, papi —lo tranquilizó Dante—. Tu chico sigue vivo, está bien.

—Gracias a Jess —dijo Lucas, sacudiendo la cabeza. Parecía cansado y se frotó la cabeza con la mano—. Te lo contaré más tarde.

Manson seguía sin parecer contento. Se quedó donde estaba, pegado al costado de Lucas mientras, por fin, le dábamos a Dante la oportunidad de hablar.

—Mirad, no quiero asustaros y tampoco quería asustar a vuestra chica —dijo—. Pero hay algunos rumores raros circulando por ahí. Al parecer, hay algunas personas que os tienen manía de verdad a los cuatro.

—No jodas —murmuró Lucas.

—Bueno, la cosa está poniéndose seria, porque hasta yo he oído algo —dijo Dante—.

La gente dice que alguien quiere haceros alguna, y no me refiero solo a pincharos las ruedas o echaros azúcar en el depósito de gasolina.

—Bajó la voz y echó un rápido vistazo al garaje, como si temiera que alguien más pudiera oírlo—. Alguien os quiere muertos.

Manson asintió lentamente y Lucas apretó los dientes hasta que le crujió la mandíbula.

—Entiendo que esto no es una sorpresa para vosotros —comentó Dante cuando vio nuestras expresiones sombrías.

—Por desgracia, no —le confirmé—. Ha habido algunos problemas.

—Eso es quedarse corto —añadió Manson—. ¿Crees que va a pasar algo en el espectáculo de este fin de semana?

Dante se encogió de hombros.

—Es una posibilidad. Por eso quería avisaros. Yo os cubro las espaldas, y mi gente también. Solo tenéis que pedirlo.

Nunca había preguntado quiénes eran exactamente «la gente» de Dante. Tenía contactos tanto en las clases bajas como en las altas, y eso era lo único lo que me necesitaba saber.

—Te lo agradecemos —dijo Manson—. Estaremos atentos. Quizá… —Volvió a mirar a Lucas, a las marcas en sus muñecas—. Quizá no deberíamos llevar a Jess con nosotros. Al espectáculo de coches.

—No le hagas eso —dije—. Tiene muchas ganas de ir.

—Estaremos pendientes de vosotros —dijo Dante con firmeza—. No lo dudes. Solo mantened a vuestra chica cerca. No sé quiénes son esos tipos ni cuál es su problema, pero están dispuestos a jugar sucio.

—La mantendremos a salvo —aseguró Lucas y fuera lo que fuera lo que había pasado hoy, parecía haber encendido una nueva llama en él—. No va a pasarle nada.

No me gustaba la idea de que los tres vayan a ese espectáculo ilegal sin nosotros ahora que Dante había expresado sus preocupaciones. No es que pudiera hacer gran cosa al respecto, pero juntos éramos más fuertes. Separarnos solo nos hacía más vulnerables.

Pero mantener un perfil bajo no nos había ayudado.

Intentar ignorar el problema no lo había hecho desaparecer.

Pasara lo que pasase ahora, íbamos a tener que empezar a contraatacar con rapidez y dureza.

Sin piedad. Esos cabrones se estaban volviendo demasiado atrevidos.

Y daba igual si Reagan estaba detrás de todo o si solo se trataba de la misma mierda de siempre.

Teníamos que protegernos los unos a los otros, costara lo que costase.

Y eso significaba que habría gente que podría salir herida.