17 #3
—No necesitamos un motor para tenerte cautiva —dijo Manson—. Pero tendrás que ser paciente un poco más. También tenemos que atender a otros clientes. Necesitamos esa belleza de allí lista para un espectáculo dentro de un par de semanas.
Apuntó con la cabeza al Ford Thunderbird rojo brillante que estaba en un elevador en la parte trasera del taller. El Inferno de Dante estaba escrito en letras caligráficas en espiral en el lateral.
—Mm, a mí me parece que estás intentando ganar tiempo —dije.
Se me cortó la respiración cuando Manson se acercó a mí. Lucas todavía me rodeaba con sus brazos y Manson me apartó un mechón de pelo con delicadeza.
—Quizá sí. Quizá estoy siendo un cabrón muy egoísta porque tenerte como mi juguete es demasiado divertido.
—Yo… Eh…
Normalmente era rápida con las respuestas descaradas, pero con Manson mirándome así y los labios de Lucas en mi cuello, mientras Jason y Vincent se reían, me quedé sin palabras.
—Entonces serás paciente, ¿verdad? —dijo Manson—. ¿Serás una chica buena y paciente para nosotros?
—Sí, señor —respondí, y cuando él arqueó una ceja, rápidamente corregí—: Amo. Sí, amo.
Me cosquilleaba todo cada vez que esas palabras escapaban de mi lengua.
Nunca había imaginado que llamaría a alguien de esa forma.
No solo de vez en cuando, sino frecuentemente.
Era una palabra con mucho peso, que transmitía una seriedad que los simples apodos no tenían.
Pero también escondía una promesa: orientación, protección, autoridad. Era una forma de asegurar su cuidado.
—Eso es —dijo Manson, dándome un rápido beso en la frente antes de dirigirse al banco de herramientas y empezar a guardar las cosas.
—¿Tu madre va a salirse con la suya? —preguntó Lucas—. ¿Vas a ir a cenar con ese tío?
—Voy a hacerme la enferma —dije con determinación—. A mi madre le dan mucho asco los vómitos, así que, si finjo tener náuseas, podré librarme sin someterla a la vergüenza eterna de haberme echado atrás.
—Vamos, Jess —dijo Jason, sacudiendo la cabeza—. No deberías tener que fingir.
—No puedes dejar que ella traspase tus límites —dijo Lucas, con el tono más razonable que le había oído nunca—. Tienes que ser firme.
—Lucas sabe muy bien lo que es ser firme con los padres —dijo Vincent con una sonrisa burlona—. Era muy firme con su viejo.
—Tienes razón —dijo Lucas—. Le di un puñetazo en toda la cara y dejamos de tener problemas. En su mayor parte. Y no interpretes eso como si te estuviera diciendo que le des un puñetazo a tu madre. No lo hagas.
Agradecida por la frivolidad, me reí.
—No, no voy a pegarle a mi madre. Solo me gustaría que me escuchara. Siempre está hablando de las cosas que ha hecho para hacerme feliz, pero esas cosas la hacían feliz a ella, no a mí.
Manson se quitó los guantes sucios y los tiró a la basura.
—¿Qué sabes de ese tal Greg? ¿Fue al instituto con nosotros?
—Fuimos juntos al colegio. Se mudó antes de empezar el instituto. No sé nada más sobre él. Pero conociendo a mi madre, estoy segura de que es guapo, rico y probablemente muy aburrido. Ese es el tipo de hombre que le gusta.
—¿Un tío rico? —preguntó Vincent, moviendo las cejas de forma sugerente—. Joder, si tú no vas, lo intento yo. Dejaré que un viejo aburrido pague mis gastos.
—No es viejo —dije—. Pero si quieres ocupar mi lugar en la cena, eres más que bienvenido. Tíñete el pelo y nadie lo notará.
—Muy bien, ¿cuál es el plan, chicos? —preguntó Lucas—. ¿Vamos a matar a este tío o solo a asustarlo?
—Podríamos deshacernos del cadáver dándoselo de comer a Bo —dijo Jason—. Ese capullín se come cualquier cosa.
—Eh, tranquilos todos —dijo Manson lentamente, con tono misterioso, como si hubiera caído en algo que a los demás se les escapaba—. Quizá Jess debería complacer a su madre una última vez e ir a cenar.
Me quedé boquiabierta por la sorpresa.
—Espera, ¿qué? ¿Quieres que vaya?
Miré a los demás, pero ellos también parecían sorprendidos.
—Sí —dijo Manson—. Podrás arreglarte y pasar una velada agradable. Incluso iré contigo.
Ahora estaba confundida de verdad.
—No creo que Greg sea así, Manson…
—No me refiero a sentarme en la mesa contigo. Me refiero a que estaré allí, en el restaurante, asegurándome de que estás a salvo. Asegurándome de que lo pases bien.
Sonrió, seguro de sí mismo y ridículamente sexy . Eso hizo que brotaran chispas en mi pecho, crepitando en mi corazón, que latía rápidamente.
Lucas pareció darse cuenta de lo que Manson pretendía.
—Así que cuando dices que te vas a asegurar de que se lo pasa bien, lo que quieres decir es que te la vas a follar en las narices de su cita.
Manson extendió los brazos con inocencia.
—Me gusta lo que me gusta. Y me encantaría ver a nuestro precioso juguetito vestida elegante y sentada educadamente en su cita mientras yo le hago la vida imposible.
Oh, eso era obsceno. Las chispas en mi pecho ahora eran más bien fuegos artificiales, explotando en pequeñas oleadas de adrenalina, excitación e incertidumbre. Pero había una cosa de la que estaba muy segura.
—Creo que a mí también me gusta la idea —dije, devolviéndole la sonrisa ansiosa a Manson.