15 #2
—Nuestros padres son personas muy abiertas —se explicó, tratando de contener una sonrisa mientras pinchaba a la niña, que se reía—. No seas entrometida, Kristy. ¿Dónde está ese insecto que has cogido?
—¡En mi habitación! —Apoyó las manos a los lados de la cabeza de Lucas, girando su cara hacia la casa—. ¡Vamos, vamos! ¡Vamos a decirle a mamá que estás aquí!
—Agárrate fuerte —dijo Lucas.
Ella chilló de emoción mientras él corría hacia la casa, con Jojo saltando detrás de él. Haribo ya estaba pegado al lado de Jason y lo seguía mientras entrábamos.
Otra chica había aparecido en el porche, sonriéndonos mientras nos acercábamos. Parecía tener unos catorce años, era alta y delgada como su hermano, con un largo cabello castaño.
—Esta es la mayor de mis hermanas, Mary —dijo Vincent.
Mary me estrechó la mano con cortesía y me saludó con una voz tan suave que apenas se oía.
—Voy al instituto con tu hermana —dijo—. Stephanie, ¿verdad?
—¡Sí! ¿Sois amigas?
La verdad es que no sabía quiénes eran las amigas de mi hermana, pero se parecía tanto a mí que solo podía suponer que también era muy sociable.
Mary frunció el ceño un momento antes de volver a sonreír.
—Oh, eh… No… —dijo—. Pero la he visto por ahí.
—Venga, vamos, que entra el frío —instó Lucas mientras mantenía abierta la puerta principal.
Kristy le daba golpecitos en la cabeza con las palmas de las manos como si fuera un tambor, pero a él no parecía importarle.
El interior de la casa era una mezcla de decoración ecléctica.
Había muebles de madera pulida junto a lujosas sillas de terciopelo y un sofá en el que estaba sentado un hombre mayor con el pelo largo y canoso.
Las paredes estaban cubiertas de cuadros, algunos claramente pintados por los niños, pero enmarcados de todos modos.
Las ventanas no combinaban, algunas eran de vidrio tintado, otras redondas y otras cuadradas.
La casa olía a especias con un ligero toque de rosa, y el fuego crepitaba en una estufa de leña que había en la esquina.
El hombre se levantó del sofá y dejó a un lado el gastado libro de ciencia ficción que estaba leyendo.
—Bienvenidos a casa, chicos —saludó, abrazando a cada uno de ellos antes de llegar a mí.
Su parecido con Vincent era innegable, sobre todo en la sonrisa que me dedicó al tomar mi mano para saludarme—.
Tú debes de ser Jessica Martin. Es un placer conocerte, jovencita.
Soy Stephan Volkov. Cualquier pareja de nuestros chicos es parte de la familia, así que siéntete como en casa.
—Encantada de conocerle, señor Volkov.
—Por favor, llámame Stephan —pidió, y yo le sonreí agradecida, justo cuando una mujer salía de la cocina.
Tenía una sonrisa radiante en el rostro mientras se limpiaba las manos en el delantal. Abrazó a Vincent, dejando un poco de harina en su camisa.
—Oh, mi niño —murmuró, con una voz tan cálida como su largo cabello grisáceo recogido en un moño—. Qué alegría tenerte en casa.
Cuando lo soltó de su abrazo, abrazó a Jason inmediatamente después, agarrando la mano de Manson como si no pudiera esperar para saludarlo a él también.
—No tenías por qué tomarte tantas molestias para cocinar, mamá —dijo Vincent.
—Siempre voy a alimentar a mis hijos —dijo ella, haciendo un gesto con la mano como para disipar sus preocupaciones—. No es ninguna molestia.
—¿En qué puedo ayudarte, mamá? —preguntó Lucas mientras la abrazaba—. Quítate ese delantal y dámelo. Seguro que ya has estado de pie bastante tiempo.
—No tienes que hacer nada, Lucas —dijo, acariciándole la mejilla con cariño—.
Solo necesito un momento para conocer a la señorita Jessica.
—Se volvió hacia mí con una sonrisa que transmitía toda la calidez y el consuelo de volver a casa después de un largo día—.
Dios mío. Bueno, Vincent me dijo que eras guapa, pero eres un rayo de sol, ¿eh?
—Me abrazó, envolviéndome con aromas de canela, nuez moscada y pachulí—.
Soy Vera. Es maravilloso conocerte por fin, Jessica.
—Me alegro mucho de conocerte —dije, por fin se me habían calmado los nervios, gracias a lo acogedores que eran todos—. Estaré encantada de ayudar en lo que necesitéis.
—No hace falta, cielo, no hace falta —dijo Vera—. Ya está casi todo listo.
—No te canses los brazos machacando esas patatas. Ese es mi trabajo —dijo Lucas, asomando la cabeza desde la cocina.
Se había colado allí mientras estábamos distraídos y ahora llevaba un delantal hecho a mano con un estampado de coches clásicos.
Las gemelas arrastraron a Jason por la puerta trasera, insistiendo en que jugara con ellas, y Manson ya se había visto envuelto en una conversación sobre alcohol ilegal con Stephan.
Mientras Vera volvía a terminar de preparar la comida, Vincent me tomó de la mano.
—Te enseñaré la casa. —Me llevó a través de la sala de estar, señalando las diversas pinturas y proyectos de manualidades que había por todas partes y diciéndome qué hermana había hecho cada uno—.
Le dije a mi madre que no tenía que guardar todas mis viejas porquerías, pero es un poco sentimental —añadió al abrir la puertecita del trastero que había debajo de las escaleras y me quedé boquiabierta al ver las pilas de lienzos pintados que había dentro.
—¿Son todos tuyos? —exclamé.
—Y de Mary —respondió—. Pinta mucho mejor que yo.
—No es verdad —negó Mary, aunque se sonrojó ante el cumplido.
—Es demasiado modesta —comentó Vincent, cerrando de nuevo el trastero—. ¿Te importa si le enseño a Jess la antigua habitación, Mary? Prometo que no tardaremos mucho.
Ella asintió y Vincent me condujo por la estrecha escalera. Algunos peldaños estaban un poco torcidos y la barandilla era una larga rama de árbol que aún conservaba la corteza. Había pequeñas figuras y diseños tallados en la madera, y Vince me los fue señalando a medida que avanzábamos.
—Mi padre hizo los tallados —dijo—. Fue carpintero cuando era más joven, antes de que su artritis empeorara. Él mismo hizo todos los muebles de la planta baja.
En lo alto de las escaleras, al final de un estrecho pasillo, una escalera de mano conducía al ático. Los peldaños estaban envueltos en luces brillantes y decorados con flores artificiales.
—Mary ha decorado todo muy bien desde que yo vivía aquí —dijo Vincent—. La habitación no estaba tan bonita cuando era mía.
Fue el primero en llegar a lo alto de la escalera y luego me tendió la mano.
El ático era más pequeño que el que ocupaba Vincent ahora, pero resultaba acogedor en lugar de agobiante.
Las paredes estaban cubiertas de tapices de color verde pálido y morado, con más luces centelleantes a lo largo del techo y alrededor de la ventana alta y estrecha.
La cama estaba cubierta con una mezcla de mantas y almohadas de diferentes colores y diseños.
A pesar de ser la habitación de su hermana pequeña, el espacio me resultaba familiar.
—Mary tiene que parecerse mucho a ti —comenté, al ver las estanterías con pinturas, pinceles y lienzos apilados.
Había cajones con abalorios, cajas de plástico llenas de dijes y materiales para manualidades almacenados en todas las estanterías disponibles. Era un tesoro lleno de cosas interesantes por descubrir.
—El impulso creativo es algo muy fuerte en la familia Volkov —dijo.
Me llevó hasta el asiento de la ventana, que era demasiado pequeño para los dos, pero se sentó y luego me colocó en su regazo. Podíamos ver el patio trasero, donde Jason y las gemelas jugaban a la pelota con Bo y Jojo.