El pago (Losers 2) 12 #3
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—Concéntrate en tu amo —le dije mientras le acariciaba la entrada del culo con un dedo lubricado.

Ella gimió cuando presioné hacia dentro, empujando más allá de ese estrecho anillo de músculos. Solo podía imaginar lo dolorida que estaría a esas alturas. Era el tercer día y apenas habíamos dejado de follar desde que llegamos.

—¿Te gusta? —preguntó Manson, y Jess gimió mientras asentía con la cabeza.

Después de darle unos segundos para que se acostumbrara a mi dedo, inserté las bolas. Empezaron pequeñas, apenas costaba esfuerzo introducirlas. Pero cada bola era más grande que la anterior.

Jadeó cuando presioné la última bola hacia dentro. Su mejilla descansaba contra el muslo de Manson mientras acariciaba su polla con la mano.

—Mm, así está mejor. Los juguetes sexuales siempre deben tener los agujeros bien llenos, ¿no? —dije en voz baja.

—Sí, señor.

Jadeó de placer y yo le rodeé el pelo con la mano, controlando la movilidad de su cabeza.

—Ahora vas a servir a Manson con la boca. Vas a hacer todo lo posible para concentrarte en su placer. ¿Entendido?

La respiración de Manson se había acelerado, su polla goteaba líquido preseminal que Jess lamía con avidez.

—Eso es, cielo —le dije, bajándole la cabeza sobre su polla—. No le quites los ojos de encima, lo estás haciendo muy bien.

Tuvo una ligera arcada cuando él le tocó la garganta, pero se adaptó enseguida. Los músculos de su cuello se tensaron mientras se movía arriba y abajo sobre él, con las mejillas hundidas mientras chupaba.

—Joder, mírate —dije.

Le solté el pelo, permitiéndole marcar el ritmo. Las piernas de Manson no tardaron en empezar a temblar y su respiración se volvió lenta y profunda. No tenía ninguna duda de que podía controlarse para que esto durara, pero disfrutaba viéndole luchar.

—Buena chica, Jess —dijo, mientras se tensaba contra las cuerdas como si instintivamente intentara alcanzarla, luego apretó los dientes y echó la cabeza hacia atrás contra la columna—. Tu boca es como un puto pecado. Me haces sentir tan bien…

Jess estaba tan excitada que había mojado el suelo. Cogí el vibrador otra vez y rodeé su pecho con el brazo para mantenerlo contra su clítoris. Al mismo tiempo, le metí dos dedos en el coño.

Ella gimió y se frotó contra mis dedos. La penetré mientras ella me apretaba con sus paredes palpitando.

—Primero complace a tu amo, Jess —le dije—. Después podrás correrte, cariño.

Levantó la cabeza y siguió masturbándolo con la mano.

—Sí, señor. Lo único que quiero es el semen de mi amo.

Lo miró con una expresión dulce y suplicante; con una cara así, podía tener todo lo que quisiera.

Hundió la boca en la base de su pene, pasando la lengua por sus testículos. Todo el cuerpo de Manson se tensó contra las cuerdas; los músculos se le contrajeron, la respiración se le aceleró y las extremidades le temblaron.

—Joder, Jess… —Apretó los dientes, pero un gemido ahogado de éxtasis se le escapó de todos modos—. Eso va a hacer que me corra, ángel.

—Por favor —suplicó ella—. Córrete en mi cara.

Manson se corrió con un grito gutural, y los chorros de semen le salpicaron la cara. Ella sonrió ampliamente, con la boca abierta y la lengua extendida. Tragó cada gota que cayó sobre su lengua y se relamió los labios. Cuando él se tranquilizó, ella le dio un beso en la punta del pene.

—Gracias, amo —susurró.

Era jodidamente imposible resistirse a ella durante mucho tiempo.

Con brusquedad, la empujé hacia atrás. Todavía intentaba recuperar el aliento, con las piernas temblorosas y el clítoris hinchado. Tenía la cara manchada de semen, las mejillas sonrosadas y la piel ardiente.

Era perfecta. Hermosa hasta decir basta.

—No te muevas —le dije.

Me quedé de pie junto a ella, que yacía temblando mientras yo me quitaba la ropa. Manson parecía aturdido, como si aún no hubiera vuelto del todo a la realidad después de ese orgasmo. Le agarré la cara y se la sacudí lo suficiente como para que recuperara la lucidez en la mirada.

—Eh, eh, no te pierdas en tus pensamientos. Vas a querer ver esto.

Me incliné sobre Jess y la inmovilicé en el suelo con una mano alrededor del cuello. Sus dedos se curvaron cuando introduje mi polla en ella. Las bolas seguían en su interior, y estaba deseando sentir cómo se derretía sobre mi polla cuando se corriera.

Completamente dentro de ella, volví a coger el vibrador y lo encendí. En el momento en que presioné el juguete contra ella y la penetré, sus ojos muy abiertos se pusieron en blanco.

—Oh, Dios mío… —dijo, gruñendo como un animal.

Me agarró del brazo, clavándome las uñas, con el cuerpo dividido entre el dolor y el placer mientras me la follaba con fuerza.

—Estás preciosa, Jess —le dije, inclinándome sobre ella y empujando su pierna hacia arriba para penetrarla más profundamente—. Mojada, necesitada y cubierta de semen. Justo como me gustas. Cosita sucia.

Su coño convulsionó alrededor de mi polla y gritó mi nombre mientras se corría. El sonido de su dulce voz rompiéndose me llevó al límite. Me corrí dentro de ella, mi visión se nubló durante unos segundos perfectos mientras mi cuerpo se veía envuelto por el éxtasis.