El pago (Losers 2) 12 #2
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—No. Está bien. Jess me pone la piel de gallina con sus uñas y estoy muy empalmado, así que… Tengo que recolocarme un poco.

Me reí entre dientes.

—Vas a tener que hacer algo al respecto pronto. —Miré a Jess por encima de su hombro—. ¿Por qué no rebuscas en mi bolsa? A ver si encuentras algo que te guste.

Le dio a Manson un beso lento y ridículamente sexy antes de levantarse de un salto y correr hacia el bolso.

—¡Joder, has traído un montón de juguetes! —exclamó cuando vio todas las cosas que había metido en la maleta—. ¿Cómo es que no tenía ni idea de que habías traído todo esto?

—Suelo venir bien preparado—dije—. Puede que al final no use el noventa porciento de las cosas que he metido en la maleta, pero quiero tenerlas por si acaso.

Lo peor es cuando te vas de vacaciones y a mitad de camino te das cuenta de que te has olvidado tu paleta favorita o que no has metido suficientes tapones anales.

—O aquella vez que Jason y tú os fuisteis de acampada y te olvidaste del popper —añadió Manson, que tenía los ojos cerrados, pero sonrió mientras me lo recordaba.

—Exacto —dije—. Que nunca te pillen desprevenida. Llévate siempre popper .

Mientras Jess seguía buscando juguetes, hice el último nudo. No era tan restrictivo ni tan extenso como las ataduras que solía hacer, pero el objetivo no era crear una elaborada situación de esclavitud. Lo agarré por la nuca y él se inclinó hacia mí, estirando la espalda y moviendo los hombros.

—¿Qué tal? —le pregunté.

—Bien —respondió en voz baja—. Me hace sentir bien. Está apretado. —Respiró hondo otra vez y yo le froté los hombros con las manos, estimulando la circulación en su espalda y brazos—. Gracias.

—No hay por qué darme las gracias —le dije—. Yo también disfruto con esto, ¿sabes? Es como meditar.

Atar a alguien no tenía por qué ser una experiencia puramente sexual, ni siquiera excitante.

A veces, era simplemente íntimo. Era otra forma de conectar con las personas cercanas a mí, una forma que no requería palabras.

El proceso de creación, de hacer algo a partir de la nada, era un acto muy vulnerable.

Rara vez el destinatario de esa creación, el observador, tenía la oportunidad de ser vulnerable también.

Pero con la cuerda, todos los participantes tenían esa oportunidad, tanto los que ataban como los que eran atados o los que observaban.

Levanté a Manson y lo llevé hasta una de las dos columnas cuadradas de madera que sostenían el techo abovedado. Lo empujé contra ella.

—Quédate ahí y no te muevas. Mantén la cabeza alta.

Su mirada era tan dura como el acero cuando se encontró con la mía. Desafiante, como si quisiera asegurarse de que yo supiera que solo lo hacía porque quería, no porque yo se lo hubiera ordenado. Lo cual me parecía bien; esto no era en absoluto un juego de poder.

—¿Has encontrado algo que te guste? —pregunté, mirando a Jess mientras utilizaba otro trozo de cuerda para atar a Manson a la columna.

Le até los tobillos con fuerza, ligeramente separados, lo suficiente para mantener esa sensación de vulnerabilidad en su posición.

—Sí, señor —respondió, y me detuve para ver lo que había elegido.

Llevaba un vibrador y una cadena de bolas anales. Las bolas se balanceaban en su mano mientras se acercaba.

Ahora que Manson estaba completamente inmovilizado, me levanté y atraje a Jess hacia mí, examinando los juguetes que había seleccionado. Manson nos observaba con una erección bastante evidente y cómica.

—No es una situación muy mala para un voyeur —dije, incapaz de resistirme a esbozar una sonrisa sarcástica—. Voy a hacer que nuestro juguetito sexual te adore, como debe ser. Por supuesto, tú no podrás tocarla.

Empujé a Jess de modo que quedara delante de mí y lo suficientemente cerca de él como para tocar su pecho. Como era una pequeña provocadora, se inclinó hacia él y le acarició con los dedos las cuerdas que lo mantenían inmovilizado.

—Vaya, vaya, cómo han cambiado las cosas —comentó, riéndose.

Le rodeé el cuello con la mano y le eché la cabeza hacia atrás suavemente.

—Cuidado —le advertí—. Manson me ha dejado al mando mientras está inmovilizado. No cometas el error de pensar que voy a ser indulgente. —Le di un beso en la mejilla con suavidad antes de darle una palmada en el culo—. Quítate la ropa. Haz que desee poder tocarte.

Le salía natural montar un espectáculo. Se desnudó mientras yo daba un paso atrás para observarla. Cada centímetro de piel que revelaba era impresionante. La verdad era que no importaba cuántas veces la viera desnuda o cuánto folláramos, me dejaba sin aliento cada vez que lo hacía.

Una vez desnuda, se arrodilló e inclinó la cabeza para besarle los pies.

—Quédate así, Jess —le dije.

Cogí el vibrador, lo encendí y me arrodillé detrás de ella, acariciándola con el juguete entre las piernas. Se estremeció cuando lo pasé por su clítoris.

—Ya estás muy mojada, cariño. ¿Qué parte te ha excitado? ¿Ha sido chupársela a Lucas y a Jason esta mañana o ver cómo ataban a tu amo?

—Ambas cosas —dijo, y su risita se convirtió en un gemido cuando volví a acercarle el vibrador.

Levantó la cabeza lo justo para mirar a Manson, que la observaba fijamente.

Deslizó los dedos por sus piernas, sus caderas y su abdomen.

Él se estremeció por la sensación y abrió mucho los ojos cuando ella acercó la boca a su pene.

Le besó la punta a través de la tela de los calzoncillos, con una mirada interrogativa.

—¿Puedo chupártela? ¿Por favor?

—Joder… Claro que puedes, ángel.

Manson contuvo el aliento cuando ella le bajó los calzoncillos y le acarició la punta con la lengua. Dejé el vibrador a un lado un momento y cogí las bolas anales y el bote de lubricante.