El pago (Losers 2) 11
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Jessica

A la mañana siguiente, fui la primera en despertarme. El sol empezaba a asomar entre los árboles cuando me levanté de la cama, deslizándome entre los chicos. Todos seguían roncando, con las sábanas y mantas un poco apartadas, brazos y piernas enredados por todas partes.

Cuando vivía en la hermandad, solía cocinar mucho para mis compañeras y para mí.

Había perdido el hábito cuando volví a mudarme a casa, pero me gustaba mucho cocinar.

Por suerte, la cabaña estaba equipada con utensilios de cocina y los chicos habían traído mucha comida para el fin de semana.

Preparé unas tortitas, beicon y huevos, y la cocina no tardó en llenarse de aromas deliciosos.

Escuché unos pasos detrás de mí y Lucas me rodeó la cintura con los brazos. La barba incipiente de su rostro me rozó la piel mientras me daba un beso en la mejilla.

—Te has levantado pronto.

—Quería tener tiempo suficiente para preparar el desayuno —respondí.

Me mordisqueó la oreja, chupando y mordiendo, mientras una espiral de calor se apretaba en mi abdomen.

A pesar de seguir dolorida por lo de ayer, estaba ansiosa por más.

Insaciable . Así es como me sentía. Desesperada, necesitada, dolorida.

—¿Eso que huelo es beicon? —La voz de Jason sonaba ronca por el sueño mientras se dirigía a la cocina.

Lucas me atrajo hacia su pecho mientras se apoyaba en la encimera, descansando la barbilla en mi hombro.

Jason solo llevaba puestos unos calzoncillos cuando se detuvo frente a mí.

Me agarró por las caderas y se inclinó para darme un beso que me recorrió todo el cuerpo como una descarga eléctrica hasta llegar a los dedos de los pies.

—¿Por qué te has levantado tan pronto? —le preguntó Lucas a Jason mientras los dos me aplastaban entre ellos.

—Porque Jess me ha estado entrenando —respondió Jason—. Además, es difícil dormir con esta comida que huele tan bien.

En ese momento no tenía nada en los fogones, lo cual era perfecto. La polla empalmada de Lucas me rozó el culo y levantó el brazo de mi cintura para poder rodearme el cuello con los dedos. El brazo le tembló ligeramente, como si le costara mucho esfuerzo ser delicado.

—Estoy aquí para serviros, señores —dije y agarré el bulto de Jason y lo acaricié con la mano, al tiempo que restregaba el culo contra Lucas—. Usadme.

—Esta mañana estás siendo una chica muy buena —dijo Jason, acariciándome la mandíbula con los dedos.

—Creo que deberíamos darle lo que quiere, J —dijo Lucas—. Usemos esa bonita boca.

Antes de que pudieran ordenármelo, me arrodillé. Jason se pasó la lengua por el labio inferior mientras me observaba, y Lucas se acercó para colocarse a su lado. Ninguno de los dos llevaba más que ropa interior, pero se la quitaron para quedarse desnudos ante mí.

Eran tan distintos y, sin embargo, tan parecidos. Jason era rubio mientras que Lucas era moreno; luz y sombra uno al lado del otro.

Agarré una polla con cada mano y las acaricié a la vez. Ellos estaban al mando, pero su placer estaba bajo mi control. Sabía exactamente cómo jugar con sus debilidades.

—Ahh… Joder… —exhaló Jason lentamente mientras cerraba los labios a su alrededor.

Moví la cabeza, dándole largas y lentas caricias con la lengua mientras usaba la mano con Lucas. Luego cambié, metiéndome a Lucas en la boca y acariciando a Jason con la mano.

—Dios, esa lengua —murmuró Lucas—. Se te da demasiado bien.

Los dedos de Lucas se enredaron en mi cabello cuando volví a Jason, metiéndomelo bien adentro en la garganta. Usé el pulgar para presionar ligeramente el piercing de Lucas, moviendo la barra como sabía que le encantaba.

—Joder —gruñó Lucas, tirándome del pelo.

Arrastré las uñas por el muslo de Jason mientras separaba mis labios de él y volvía a cerrar mi boca sobre Lucas. Él me agarró del pelo con ambas manos, moviendo los pies como si no pudiera soportar quedarse quieto.

—¿Ya vas a correrte? —bromeó Jason, sonriendo mientras lo decía, con los ojos entrecerrados por el placer.

La cara de Lucas se crispó cuando lo apreté con la garganta.

—Puedo aguantar más que tú —dijo Lucas, pero su voz estaba cargada de un peligroso placer.

Lucas me permitió levantar la cabeza y me detuve un momento para sacar la lengua y pasar la punta por su piercing .

—No vas a aguantar —dijo Jason con sencillez, con esa sonrisa dichosa y arrogante, y se le escapó un suspiro de los labios cuando volví a él—. Odias el edging ; yo lo hago todo el tiempo. Así que, buena suerte.

Estaban compitiendo entre ellos, pero yo también. Estaba decidida a sabotear a ambos a la vez; quería ver lo rápido que podía hacer que se corrieran.

Separé mis labios de Jason un momento y lo miré dulcemente mientras frotaba su polla sobre mi labio inferior.

—¿Lo estoy haciendo bien, señor? —pregunté.

—Joder, nena, muy bien —dijo, guiando mi cabeza hacia abajo.

Lucas parecía estar haciendo cálculos matemáticos en su cabeza, con el ceño fruncido por la concentración, pero sus muslos temblaban cada vez que mis dedos lo acariciaban.

Hubo movimiento en la puerta detrás de ellos. Manson se acercó en silencio y se apoyó en el marco mientras observaba. La sonrisita somnolienta que me dedicó me inspiró a esforzarme aún más. Me encantaba montar un espectáculo, y ahora que tenía público, estaba en mi salsa.

Acerqué a Jason y Lucas para poder meterme a los dos en la boca a la vez, o al menos intentarlo. Tuve que abrir bien la boca mientras deslizaba mi lengua entre ellos.

—Quiero vuestro semen, por favor —murmuré—. Por favor…

—Oh, Dios mío… Joder… —Lucas parecía furioso, pero yo era más lista.

Estaba a punto de correrse en mi cara. Pero Jason aguantaba, y Lucas odiaba perder, probablemente tanto como yo.

Pero, a veces, ser un perdedor podía ser muy, muy bueno.

—Sabía que te correrías tú primero —comentó Jason con tono tan burlón que casi me eché a reír, pero eso era imposible con las pollas de ambos necesitando mi atención.

—Cierra la puta boca, pedazo de mierda —gruñó Lucas, con la voz tan entrecortada que apenas podía articular las palabras.

Mantuve la mirada clavada en su rostro mientras me lo introducía más en la garganta, con la mano cerrada siguiendo mis labios mientras lo acariciaba—.

Juro por Dios que te pondré de rodillas si sigues hablando, joder, mierda, me cago en todo, Jess…

Se corrió con fuerza en mi garganta, y los chorros de semen estuvieron a punto de ahogarme.

Jason respiró lenta y profundamente, controlándose mientras los músculos de su abdomen se tensaban y flexionaban.

Me tragué el semen de Lucas, sonriendo mientras apartaba la boca de él y pasaba a Jason.

Él gimió cuando mis labios lo tocaron, tan cerca de darme lo que quería.

Lucas dio un paso atrás, respirando lentamente como para recuperarse.

—¿Ya te rindes? Qué débil —comentó Jason.

Las burlas, las provocaciones, los juegos incesantes que jugaban conmigo y entre ellos… me volvían loca.

Lucas tenía una mirada asesina en su rostro.

—¿Quieres volver a preguntármelo? —dijo, con un tono bajo y amenazante, y la polla de Jason palpitó en mi lengua—. De repente te has vuelto muy valiente con esa boca insolente, J.

Jason se estremeció, mordiéndose el labio y arrastrándolo entre los dientes. Me agarró por la nuca y me mantuvo allí mientras me follaba la garganta. No dijo nada, pero no necesitaba palabras para responder.

Maldijo en voz baja mientras se corría, mirando a Lucas con una mezcla de incertidumbre y deseo. Detrás de ellos, Manson se acariciaba la mandíbula con el pulgar mientras observaba, con una expresión de intensa concentración en el rostro.

Me tragué el semen de Jason, hasta la última gota.

—Al parecer, hoy era el día de levantarse temprano —dijo Vincent, que se había unido a Manson en la puerta mientras yo estaba distraída.

—Eso parece —dijo Manson—. Al parecer alguien se ha levantado esta mañana sintiéndose muy buena chica —Me ayudó a levantarme del suelo, acariciándome la cara mientras me besaba—. Mm, me encanta ese sabor, ángel. ¿Has hecho tú todo esto?

Señaló la comida y yo asentí. Las tortitas, el beicon y los huevos se habían mantenido calientes gracias al papel de aluminio con el que había cubierto los platos. Ahora tenía más hambre que nunca.

—Tenía ganas de hacer algo bonito por vosotros —dije—. Ya sabéis, como agradecimiento. Por los orgasmos.

—Razón de más para que sigas sintiéndote agradecida —dijo Vincent, saludándome también con un beso de buenos días—. Esto tiene una pinta increíble, cariño. Gracias.

—¡Bueno, pues vamos! —exclamé—. Pongamos la comida en la mesa. ¿Quién quiere café?