4 #2
Pero ahora frotarme contra su bota significaba también hacerlo contra el dedo que Lucas tenía metido en mi culo. Añadió un segundo dedo, abriéndome, y me estremecí por lo bien que me hacía sentir.
—Dios mío… —Seguí moviéndome, frotándome hacia adelante y hacia atrás, arqueando la espalda para que entrara aún más adentro—. Más, por favor… Por favor…
—¿Sí? —gruñó Lucas, rozándome el cuello con los dientes—. ¿La putita quiere más?
Me metió un tercer dedo. Ya había practicado sexo anal antes, lo suficiente como para saber que me gustaba. Me gustaba el lento estiramiento, el dolor sutil… Joder, incluso me gustaba el dolor agudo de intentar abrirme de más demasiado rápido.
Lucas me metió los dedos aún más adentro y la mano de Manson acarició mi cabello con cariño.
—¿Quieres follarle el culo? —preguntó Manson.
Esta vez, el gruñido de Lucas fue voraz. Me hincó los dientes en el cuello y movió los dedos en mi interior, soltándome solo cuando gemí de dolor.
—Sí, señor —respondió Lucas con voz ronca mientras hablaba en mi oído—. Quiero follarme este culo estrecho y hacerla suplicar piedad.
Temblé de pies a cabeza.
Se oyó un sonido repetitivo y húmedo cerca, seguido de un gemido de Jason. Deseé ver lo que estaban haciendo con todas mis fuerzas.
—Tienes mi permiso, cachorro. Fóllatela.
Lucas se movió detrás de mí, sacando los dedos despacio y agarrándome las caderas.
Me levantó más sobre mis rodillas para tener un mejor ángulo.
Su polla entró despacio, con el metal de sus piercings aún perceptible a través del fino látex del condón.
Me rodeó con los brazos y me sentí pequeña, muy pequeña.
Un juguete para su placer.
—Hazla gritar.
Lucas me penetró hasta el fondo, mordiéndome el hombro al hacerlo. Grité, de placer, de dolor, de excitación, de sumisión. Me penetró con fuerza y yo me agarré con firmeza a la pierna de Manson, aferrándome a él mientras el placer me invadía.
—Por favor, no pares… Oh, Dios… —jadeé.
Manson me echó la cabeza hacia atrás, obligándome a levantarla.
—Mírame cuando te dirijas a mí. No me importa si tienes los ojos vendados. ¿Lo entiendes?
Dios… Sí, me lo había dicho antes… Dios y amo.
Me incliné hacia su mano.
—Sí, amo, lo entiendo. —Me temblaba la voz y sonaba muy débil, joder, pero no importaba.
Podía ser débil. Podía cederles el control, dejar que me tomaran y me utilizaran, porque yo quería que lo hicieran.
Podía dar rienda suelta a mis fantasías tal y como necesitaba, sin importar lo desagradables, ofensivas, impactantes o repulsivas que fueran.
Aquí no había juicios ni miedo. La vergüenza era solo otro juguete con el que podíamos jugar, no un arma.
Cada embestida de Lucas me hacía jadear. Estábamos de rodillas, a los pies de Manson, follando como animales mientras él observaba, y mi placer crecía tan rápido que no podía contenerme.
—¿Puedo correrme? —pregunté, al límite—. Por favor, amo, ¿puedo correrme?
Lucas gimió con fuerza contra mi espalda, su miembro palpitó dentro de mí.
—Por favor, por favor, por favor… —seguí suplicando porque no creía que pudiera contenerme, pero necesitaba permiso con desesperación.
—Puedes correrte, ángel.
Sollocé de alivio. El orgasmo me golpeó con tanta fuerza que no podía respirar ni moverme. Lucas me folló sin piedad durante todo el orgasmo, y cada embestida prolongaba el éxtasis.
Se corrió con un gruñido gutural, clavándome las uñas en la piel. Las borlas de cuero me rozaron el costado, una suave provocación antes de desaparecer. Luego se oyó un silbido, un chasquido. Lucas se tensó, su polla se retorció dentro de mí. Hubo otro silbido, otro chasquido, y él gimió.
—Gracias, señor.
El susurro me provocó un escalofrío. Se retiró y se alejó. Las colas de cuero de un látigo me acariciaron los hombros cuando Manson puso su mano sobre mi cabeza. Hubo un movimiento a mi lado, como si alguien se arrodillara cerca de su otro pie.
—Tráeme una silla.
Quienquiera que se hubiera arrodillado a mi lado —Lucas, supuse— desapareció. Sus pasos regresaron, luego se oyó el sonido pesado pero contenido de algo que se dejaba caer y Manson se movió. Se sentó y yo quedé entre sus piernas, temblando, mientras intentaba recuperar el aliento.
Incliné la cabeza cuando el látigo me recorrió la espalda.
—¿Quieres sufrir por mí, ángel?
Asentí rápidamente, sin dudar.
—Sí, amo.
Esta vez, cuando llegó el silbido y el chasquido, el dolor cayó sobre mí. El látigo que utilizó pesaba y me escoció como un millón de agujas.
—Más, por favor. —Incliné la cabeza aún más, casi hasta tocar el suelo—. Por favor, hazme daño, amo.
Se escuchó otro chasquido y el dolor se extendió. Tomé aire, pero lo que salió fue un grito. Una y otra vez, me azotó con el látigo hasta que toda la piel me ardía, encendida por el calor, y los músculos se me contraían.
—¿Qué dice una buena putita?
Tragué saliva y respiré.
—Gracias, amo.
Manson me levantó del suelo con facilidad. Me sentó en su regazo, con la espalda pegada a su pecho, y me penetró.
—Oh, joder… —No pude articular palabra sin gemir.
Tenía las piernas abiertas sobre su regazo y lo sentía muy grande dentro de mí.
Me dio una palmada en el muslo.
—Empieza a cabalgar, zorra. Ponte a trabajar.
Mis dedos apenas tocaban el suelo y tenía las piernas débiles, pero, aunque apenas podía moverme, quería obedecer.
Apoyé las manos en los brazos de la silla en la que él estaba sentado, era de una tela suave, como terciopelo, y me deslicé arriba y abajo sobre su miembro, disfrutando de cada centímetro.
Alguien se acercó y unas manos me acariciaron el pecho, apretándome las tetas y pellizcándome los piercings de los pezones.
—Jason…
Emitió un murmullo de satisfacción antes de besarme, y el frío tacto de los anillos de sus dedos me hizo estremecer.
Me dio un beso profundo y lento; su lengua hábil se apoderó de la mía y me dejó sin aliento.
Se separó de mí y hubo una pausa, luego Manson me empujó hacia adelante y la suave y cálida punta del pene de Jason rozó mis labios.
Pasé la lengua por él, salivando mientras movía la cabeza. Me costó mucho meterme toda su longitud en la garganta, chupándosela al mismo ritmo que cabalgaba a Manson.
—Buena chica —me felicitó Manson—. Estás chupándole la polla muy bien.
Los elogios de Manson me animaron. Jason me agarró del pelo y me guio hacia su miembro.
Me obligó a bajar la cabeza y me la metió todo lo que pude aguantar, manteniéndome allí hasta que tosí.
Estaba jadeando, agotada, cuando me dejó volver a levantar la cabeza.
Pero, aunque yo estuviera exhausta, Manson no.
—No creo que las putas necesiten respirar, ¿tú qué crees, J? —preguntó.
Gemí con desesperación mientras Jason se reía.
—No, no creo que lo necesiten. —Me presionó la cabeza hacia abajo otra vez hasta llenarme la garganta, pasando un dedo por mi mejilla—. Quédate con nosotros, preciosa. Recuerda dar un golpecito si necesitas que te suelte.
Asentí antes de que me tapase la nariz, haciendo una pinza con los dedos.
Mi suministro de aire se cortó por completo y los dedos de Manson se clavaron en mi piel.
Sus caderas se movieron brutalmente contra mí, follándome con fuerza.
Me temblaba la garganta, la desesperada necesidad de aire superaba mi determinación de no luchar.
Pero no di ningún golpecito. Conocía los límites de mi resistencia.
—Retuércete todo lo que quieras. —La voz de Vincent nos rodeaba—. Lo único que respirarás es polla.
Me dolían los pulmones, me ardían por la falta de aire. Pero me invadió una sensación de rendición total. Estaba bajo su control, su protección, su dominio. Estaba a salvo, aunque fuera muy, muy duro.
Por fin, Jason me soltó la nariz al salir de mi boca y se masturbó hasta correrse en mi cara. Me lamí las gotas de los labios y le di las gracias mientras jadeaba para recuperar el aliento.
Entonces, Manson me rodeó con los brazos y me atrajo hacia su pecho.
—Dime qué quieres —dijo.
—Tu semen, por favor —jadeé, mientras sus movimientos se volvían más bruscos—. Por favor, córrete dentro de mí, señor, por favor, lléname, por favor.
Él gimió con fuerza mientras se corría. Yo quedé exhausta y aturdida por el éxtasis, demasiado lejos del mundo como para hacer nada. Me quedé allí, tumbada, en silencio sobre su regazo, bien follada y sucia.
No se me ocurría una mejor forma de empezar el fin de semana.