Capítulo 29
Elvira
NO HAY FURIA COMO la de un exnovio despechado.
Después de que Wyatt saliera furioso del despacho de Thompson, supe que aquello no había terminado.
Solo estaba empezando. Y esta mañana, mientras charlaba con Jess en mi despacho, quedó demostrado que tenía razón.
Un joven delgado con el pelo rapado y una bandolera colgada del hombro llamó al marco de la puerta abierta y dijo:
—¿Elvira Edwards?
—Soy yo.
Sacó un sobre manila de su bandolera, con el rostro impasible. Entró en el despacho, me entregó el pesado sobre y dijo:
—Ha sido notificada —y salió sin más.
Jess arqueó las cejas y se quedó mirando el sobre.
—No puede ser. Por favor, dime que ese cabrón no te ha demandado.
Abrí el sobre de un tirón. Era una demanda de Wyatt.
—Me demanda a mí y a la universidad por daños emocionales y físicos. A mí por causarlos y a la universidad por no hacer nada.
—¡¿Por qué no llamó a la policía si estaba tan angustiado?!
Alcé las cejas y la miré.
—Quiero decir, si lo que hiciste fue tan grave, ¿no habría llamado a la policía? —explicó Jess.
Leí el documento y, entre toda la jerga legal, pude deducir lo siguiente:
—Afirma que acudió a las autoridades, es decir, a la universidad, y que no hicieron nada. Lo está convirtiendo en una demanda por infracción laboral.
—¡Dios mío! Ese hombre es una mala pieza.
—Ya te digo.
Guardé la demanda en el cajón de mi escritorio, sin querer pensar en ello.
Había estado en una nube hasta ahora. Había descifrado el código, y ahora que podíamos leer las cartas, prácticamente habíamos encontrado la prueba definitiva en el caso de los príncipes de la Torre.
Levi estaba eufórico de que su teoría —que Ricardo era el responsable— quedara prácticamente confirmada, y de que pudiéramos localizar el lugar donde estaban enterrados los niños.
Había sido una semana fantástica. Y eso sin contar el orgasmo que Levi me había dado en la biblioteca.
¿Esa escena se repetía en mi cabeza cada noche al irme a dormir? Sí, y me encantaba.
Y ahora Wyatt tenía que arruinarlo todo con una maldita demanda. Si él supiera que quería haberle hecho mucho más... Debería haberle dado un puñetazo, como me apetecía hacer en ese momento y cada vez que lo he visto desde entonces. Debería haberle partido esa cara asquerosa y engreída.
Suspiré.
—Uf. Odio mi vida.
Jess hizo una mueca.
—Yo lo odio a él. Ha arruinado las buenas noticias que traía.
—Por favor, cuéntamelas. Lo que sea para alegrar el ambiente.
La alegría que debía de estar conteniendo le iluminó el rostro.
—¡Me han ascendido! —chilló—. ¡Me han dado una plaza fija!
—¡Jess! ¡Eso es increíble!
—Creo que se lo tengo que agradecer al Profesor Fantasma. Fue él quien me recomendó ante Thompson.
—¡¿Qué?! —Levi nunca había parecido interesarse lo suficiente por Jess como para hacer algo así.
—Lo sé. ¡Lo sé! Estaba tan sorprendida como tú. ¿Hablaste con él o algo?
Negué con la cabeza.
—Lo hizo por iniciativa propia.
—Maldito Profesor Fantasma. Quizá fui demasiado dura con él.
—No. Conseguiste ese ascenso porque te lo mereces. Seguramente se dio cuenta de lo buena que eres.
Jess volvió a chillar, pero luego se puso seria.
—Entonces, ¿qué vas a hacer?
Estaba claro que Jess no quería dejar pasar el tema de la demanda.
—Supongo que tendré que buscar un abogado. ¿Qué otra cosa puedo hacer?
—¿Un abogado para qué? —dijo Levi, asomándose a nuestro despacho.
Acababa de llegar. Llevaba al menos una hora de retraso y parecía algo desaliñado en comparación con lo habitual.
Como si simplemente se hubiera echado la ropa encima y listo.
Pero eso no le restaba atractivo. Si acaso, lo hacía parecer una versión más joven de Indiana Jones.
El estómago me dio ese vuelco que solía darme cuando llevaba un tiempo sin verlo.
—Wyatt la está demandando a ella y a la universidad por daños emocionales, aunque parezca mentira —Jess puso los ojos en blanco al decir «daños emocionales», dejando claro lo ridículo que le parecía todo aquello.
Levi frunció el ceño y entró en mi despacho. Extendió la mano.
—¿Puedo verlo?
—No es nada, de verdad. Puedo ocuparme de...
—Elle. —El tono tajante de su voz era difícil de ignorar.
Saqué los papeles y se los entregué. Dejó caer la bolsa al suelo y empezó a leer. Sus ojos recorrieron los papeles, pasando las páginas con cierta brusquedad. Se le tensaba la mandíbula.
—¡Ese miserable imbécil! —Arrojó los papeles sobre el escritorio y los señaló—. Yo me encargo de esto.
Y salió hacia su despacho. Quise decirle que no hacía falta, pero ya estaba cerrando la puerta antes de que pudiera pronunciar palabra, dejándonos atónitas.
—No me gustaría ser Wyatt ahora mismo.
Jess miró el móvil. Soltó un grito cuando vio la hora y salió corriendo de mi despacho.
Intenté concentrarme en el trabajo, pero no pude.
Así que fui al despacho de Levi. Estaba sentado a su escritorio, abarrotado de libros y pilas de papeles y archivos.
Su despacho había pasado del caos organizado de siempre al caos sin más.
Levi levantó la vista del libro que estaba leyendo cuando llamé a la puerta.
Una barba incipiente que no había notado antes le ensombrecía la barbilla.
—¿Puedo hablar contigo un momento?
Cerró el libro de golpe y señaló la silla de visitas. Me dejé caer en la pequeña silla y me aclaré la garganta.
—Sobre la demanda.
—Ya te dije que me encargo yo. Conozco a un par de buenos abogados que pueden echar esto por tierra antes de que llegue a los tribunales. Carey tiene amigos en el Ayuntamiento que también pueden echarnos una mano.
—¿Ayudarnos?
—Bueno, al fin y al cabo eres mi esposa.
—Levi...
—¿De qué sirve ser un Hawthorne si no puedes usar los recursos que te brinda el apellido? —Y añadió—: Aunque solo sea sobre el papel.
—De eso quería hablarte. No puedes librar mis batallas todo el tiempo. Te agradezco mucho lo que hiciste por mí en esa audiencia, pero no puedes hacerlo siempre.
—¿Y si quiero hacerlo? —dijo en voz baja—. Me ayudaste con mi trabajo. Gracias a lo que hiciste, estoy recuperando mi reputación. ¿Por qué no puedo hacer lo mismo por ti?
Su súplica me llegó al corazón. ¿Por qué me resistía si tenía razón?
Él tenía recursos de sobra para enfrentarse a alguien como Wyatt, que me habría arruinado y probablemente conseguido que me despidieran si hubiera estado sola, sin Levi de mi lado.
Además, sería divertido ver a alguien como Wyatt descubrir que no puede solucionarlo todo a golpe de talonario y obligar a la gente a hacer lo que él quiere.
—De acuerdo. Pero no esperes que te la chupe en la biblioteca si ganamos.
Una sonrisa que no había visto en mucho tiempo se dibujó en sus labios. —Un simple beso sería suficiente recompensa.
Se hizo un silencio incómodo entre nosotros. Levi cogió su portátil, que estaba cerrado en el borde del escritorio, lo abrió y dijo: —Si quieres, podríamos hacer algo nosotros mismos para amenazarlo o, por qué no decirlo, chantajearlo para que no siga adelante con esto.
—¿Qué tienes en mente? Podría contratar a unos tipos para que le rompan las piernas si es lo que estás pensando. Conozco a algunos.
Levi arqueó las cejas. —¿Conoces a gente dispuesta a romperle las piernas a alguien por dinero?
—¿Qué? ¿No crees que una chica como yo conozca a gente así? ¿Una chica del Bronx?
—Algunas chicas, pero tú no.
Crucé los brazos. —¿En serio? ¿Por qué?
—Porque eres una empollona —dijo con sorna—. No vas a convencerme de que eres de las que —puso acento italiano— conocen a un tipo que conoce a un tipo.
Puse los ojos en blanco y apreté los labios para no reírme.
Hacía mucho que Levi y yo no pasábamos un rato así.
Me sentía bien. Quería más momentos como este.
Pero no tenía ni idea de cómo retomar la conversación con él.
Después del encuentro en la biblioteca, habíamos vuelto a tratarnos con cordialidad.
Levi no había vuelto a intentar acostarse conmigo, ni yo con él.
Ya ni recordaba qué me había hecho enfadar con él en primer lugar.
—Jess me dijo que la recomendaste para un puesto a tiempo completo.
Levi asintió.
—¿Por qué?
Se encogió de hombros. —¿Por qué no?
—No sé. Apenas la conoces, para empezar.
—Es tu amiga, ¿no?
—¿Le diste un puesto porque es mi amiga?
—Yo no hice eso; Thompson lo hizo.
Crucé los brazos, nada impresionada por su patético intento de disimular su influencia. Thompson nunca la habría ascendido si Levi no hubiera movido los hilos.
—Es buena en su trabajo y merece el ascenso más que nadie. Northride saldría perdiendo si dejara escapar a alguien con tanto talento —dijo.
—Gracias.
Se encogió de hombros otra vez, como si no acabara de cambiarle la vida a una mujer. Mejor dicho, a dos. Me habría dado mucha pena que Jess tuviera que dejar Northride.
Levi se removió en su asiento. —Eh, unos amigos de la Sociedad MMQ y yo vamos a cenar para celebrarlo. ¿Te apuntas?
Quería ir. De verdad que quería. —No puedo. Mi hermana necesita ayuda en la tienda. Estaré en la ciudad todo el fin de semana.
Su sonrisa se desvaneció. —El que no arriesga, no gana, ¿no?
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—¿QUÉ QUIERES DECIR con que ya no os veis? ¿No estáis viviendo juntos? —preguntó Effie mientras cargábamos a duras penas con una caja pesada hacia el almacén trasero. La dejamos caer en el suelo, casi aplastándome el pie—. ¿Qué quieres hacer con todas estas cosas?
—Son antigüedades. Las conseguí tiradas de precio. Entonces, ¿habéis roto? ¿O os habéis divorciado?
—No. Todavía estamos juntos. —Abrí la caja. Había una lámpara vieja con incrustaciones de oro entre el relleno—. ¿Y si es falsa?
Effie se sacudió las manos y se limpió la frente. —Para eso está la hermanita.
Puse los ojos en blanco. Esperaba, por su bien, que no la hubieran estafado. ¿Tienes idea de cuánta gente se dedica a hacer falsificaciones?