El pacto matrimonial (Multimillonarios Hawthorne) Capítulo 24
68%

Capítulo 24

Elvira

SOLO TE ESTÁ USANDO . Mierda. ¿Por qué dejé que me afectara?

Por supuesto que me estaba usando. Nos estábamos usando mutuamente.

Y era un acuerdo perfectamente aceptable.

Nunca había tenido tantos orgasmos sin necesidad de concentrarme.

Levi conocía mi cuerpo mejor que nadie y sabía cómo excitarme sin apenas esfuerzo.

Vivir con él estaba resultando una decisión bastante buena.

Era limpio y reservaba el desorden para su despacho.

Para ser un niño de papá, sabía recoger lo suyo y limpiar siempre que podía, aunque tenía una empleada doméstica que venía todos los días.

Ahora estaba enganchado a las películas.

Al mostrarle Orgullo y prejuicio, parecía que había creado un monstruo.

Insistía en que viéramos todas las adaptaciones de Jane Austen cada noche.

No me quejaba. Me encantaban, pero temía que hubiera dejado de ser el tipo que no veía la tele.

Justo ayer lo pillé buscando televisores en su portátil.

En cuanto al trabajo, seguía siendo irritable, pero después de que le dijera lo duro y exigente que podía ser, había suavizado su carácter, para mi sorpresa.

Trabajar con él era fácil. Rara vez mencionaba nuestra relación.

En el trabajo, éramos colegas. Pero en casa era otra cosa.

Un amante y, me atrevería a decir, un amigo.

En cuanto a las cartas de Johnson, el trabajo iba bien.

Después de fracasar en descifrarlas, optamos por concentrarnos en las que no estaban codificadas y en otros documentos de la colección.

Levi había encontrado poco relacionado con su misterio, pero había una cantidad incalculable de información sobre la corte de Ricardo III, parte de la cual no era de dominio público.

—Está bien —le dije una noche después de que me enviara un artículo para revisar.

Trataba sobre la vida cotidiana de los campesinos comunes durante las Guerras de las Rosas.

Algo que habíamos descubierto en nuestra investigación—.

Aunque no hacía falta que pusieras mi nombre en segundo lugar. Apenas hice nada.

—Si no fuera por ti, no habríamos encontrado los escritos del monje. Tu nombre va en el artículo.

—Gracias, pero sigo pensando que...

—Elle, no hago esto porque me dejes seco cada noche. Te incluyo porque eres la mejor investigadora con la que he trabajado.

Ese cumplido era aún mejor que saber que lo complacía en la cama.

La otra confesión me hacía sentir como una diosa del sexo.

La del trabajo, en cambio, me hacía sentir que realmente era una pieza valiosa de su equipo.

Sus otros colegas también colaboraban en esto.

Habíamos reunido al menos cinco personas en nuestro equipo para investigar la colección Scott-Elliot, y todos eran académicos de renombre.

—Gracias —dije.

—Así me gusta. Por cierto —dijo con la mirada fija en el portátil—, mi familia quiere conocerte.

—¿Tu familia? —Cada vez que hablaba de sus seis hermanos, lo hacía con una calidez que me hacía pensar que tenía mejor relación con ellos que con su madre. Parecía tenerles cariño a todos, especialmente a los cuatro menores.

—Eh, se enteraron de que nos casamos y quieren que vengas a nuestra próxima reunión. Mis hermanos organizan un brunch anual. Mi padre solía organizarlo, y desde que murió, mi hermano ha mantenido viva la tradición.

—¿Saben que nuestro matrimonio es una farsa?

—Lo saben. No les importa. Dos de mis hermanos se casaron de forma parecida, así que, claro, todos creen que es amor verdadero.

—No me importa conocer a tu familia, teniendo en cuenta que la mía irrumpió en tu casa. Es lo justo.

Se le iluminaron los ojos.

—¿Quieres ir? No tienes por qué. No es tan importante.

—¿Quieres que vaya o no?

—¡Sí! Me encantaría.

—Entonces es una cita.

◆◆◆

OPULENTO SE QUEDABA CORTO para describir la casa de su hermano.

El brunch se celebraba en la casa adosada de Nueva York del hermano mayor de Levi, y era el lugar más hermoso en el que había estado.

Fue entonces cuando me di cuenta de lo rico que era Levi.

Su casa en Northridge era bonita, pero era un lugar funcional diseñado para un hombre solo.

Esto era como entrar en un palacio moderno.

Aire, la esposa de Nolan, nos recibió al entrar.

—Debes de ser Elvira —dijo la mujer morena al entrar. Me dio un fuerte abrazo—. Hemos oído hablar mucho de ti.

Levi soltó una risita nerviosa.

—¿Dónde está Nolan?

—Acostando a Forrest. Los demás ya están aquí. Estamos en la terraza.

Levi me tomó de la mano y me condujo al interior, caminando con seguridad, como si conociera el lugar de memoria. Cuando llegamos a la terraza, vimos a prácticamente todos los hermanos de Levi, junto con lo que supuse que eran sus cónyuges y novias, repartidos en grupos.

Raine fue el primero en notar nuestra llegada. En cuanto saludó con la mano, todos a su alrededor y el resto de la terraza se volvieron para mirarnos. Sentí como si me apuntara un foco. Busqué la mano de Levi. Él me la apretó y me condujo hacia su familia. Fuimos primero al grupo de Raine.

—Pensé que no llegarías nunca —dijo con un marcado acento británico de clase alta—. ¿Quién es esta que traes, Levi? —El tono juguetón de su voz era inconfundible, y habría seguido el juego de no ser por mis nervios.

—Elle, saluda a Raine. Esa es su prometida, Willow —Levi señaló a una hermosa mujer de cabello negro azabache—. Y ese es Tyler —dijo, señalando a un hombre algo más joven que Levi pero mayor que Raine—. Mi hermano. El segundo de los hijos de mi madre y el cuarto de la familia.

—Hola —dijo Tyler, estrechándome la mano con fuerza—. Hemos oído hablar mucho de ti.

—Interesante —dije—. Aire dijo lo mismo.

Levi le dio un codazo a Tyler y pasó al hombre que estaba a su lado. Tenía una edad mucho más parecida a la de Tyler y se le parecía bastante.

—Ese es Sebastian, o Seb, como lo llamamos. El quinto en el árbol genealógico de los Hawthorne, pero el tercero y último hijo de mi madre.

Seb me estrechó la mano, aunque con mucha más suavidad. Me dedicó una sonrisa radiante.

—Me alegro mucho de conocerte por fin.

Levi me arrastró hacia el otro grupo, donde otras cuatro personas charlaban.

Dos hombres y dos mujeres. Claramente eran parejas.

Cada hombre tenía una mano en la cintura de la mujer.

Una pareja —una mujer rubia con un hombre alto al que me sonaba vagamente de las noticias— estaba contándole algo a la otra pareja: un hombre que se parecía a Levi y una mujer negra de piel clara.

El hombre casado con la mujer negra era Carey, el segundo de los Hawthorne. Según Levi, la madre de Carey había muerto. Su esposa se llamaba Thalia. Era muy cálida, igual que Ivy, la penúltima hermana antes de Raine. El hombre que acompañaba a Ivy era Damien Sinclair, su marido.

En cuanto Levi terminó las presentaciones, el hermano mayor, Nolan, salió a la terraza, seguido de una fila de camareros con bandejas de comida. —Ahí está Nolan —dijo Levi.

—¿Cómo os las arregláis para no liaros? —dije, observando a Aire dar instrucciones a los camareros sobre dónde y cómo colocar la comida.

—Estamos acostumbrados —dijo Levi.

—No te dejes engañar —dijo Damien—. Ivy le envió el regalo equivocado a Tyler en las últimas Navidades.

—Bueno, Ty y Seb son la misma persona, en realidad —dijo Ivy haciendo un puchero—. ¿Quién puede culparme?

—A mí todavía me cuesta recordar los cumpleaños —dijo Thalia.

—Pero el mío nunca lo olvidas —dijo Ivy—. A veces, cuando estoy agotada, todavía pienso en aquel día de spa que me regalaste.

Ah... —cerró los ojos con una sonrisa en el rostro.

—Así que estás haciendo el doctorado, ¿no? —dijo Thalia—. ¿De qué va tu tesis?

Asentí. —Sobre los africanos en la Europa medieval. Tu cuñado me ha ayudado mucho.

—Belleza e inteligencia. La única mujer a la altura de mi hermano empollón —dijo Ivy.

Sentí que me ardían las mejillas.

—¡El brunch está listo! —gritó Aire.

Todos nos abalanzamos hacia la mesa preparada en el centro de la terraza.

Era un despliegue impresionante de platos variados.

—El tema es desayuno alrededor del mundo en ochenta platos —dijo Aire—.

No son ochenta platos, pero sí ochenta ingredientes diferentes.

Arriba del todo está Nueva Zelanda, luego Sudáfrica —estoy deseando probar los vetkoeks— y después Tanzania.

Fue señalando cada plato y nombrando el país de origen, hasta que llegó al final: —Y por último, Groenlandia.

Todos aplaudieron. —Esta vez te has lucido, Aire —dijo Ivy.

—A quien hay que agradecer es a Magnus. A mí se me ocurrió el concepto, pero él hizo todo lo demás.

Señaló a un hombre fornido con uniforme negro de chef que estaba ahumando carne en la parrilla.

—Un día de estos te voy a robar al chef —dijo Carey.

Nolan se rio. —Me encantaría verte intentarlo. Aire y Magnus se han hecho tan amigos que, si yo fuera otro, habría pensado que tenían un lío.

—Si te dejara por alguien, sabes que sería por Magnus —dijo Aire. Tanto Magnus como Nolan se rieron como si fuera una broma privada entre ellos—. Bueno —recorrió la mesa con la mirada—, a comer.

—Creí que no lo dirías nunca —dijo Tyler, inclinándose para coger unas pinzas y alcanzar un vetkoek.

Los demás siguieron su ejemplo, y pronto todos teníamos los platos llenos.

La comida estaba deliciosa. Probé un poco de todo, imitando a Levi.

Pensé que, siendo gente elegante de clase alta, serían muy estrictos con los modales en la mesa, pero pronto descubrí que no les importaban esas cosas.

La familia Hawthorne era bastante relajada, charlaban entre ellos sin preocuparse por qué tenedor usar.

Me volví hacia Levi. —Tu familia no es lo que me esperaba.

—¿Y qué te esperabas?

—No sé. Esnobs. O sea, venís literalmente de la aristocracia.

—Mi madre no causó muy buena primera impresión, tengo que admitirlo.

—¡Tu madre fue encantadora! —protesté.

Resopló. —Viste su lado bueno.

—¿Tiene un lado malo? Me pareció muy afable.

—Está intentando ser otra persona. Ya veremos cuánto le dura.

La amargura en su voz bastó para que no insistiera.

Para cuando terminamos de comer, el sol apretaba demasiado, así que entramos, donde Aire y Nolan tenían preparados varios juegos de salón. Nos dividieron en equipos, y Levi y yo arrasamos en las Charadas y el Pictionary, ganando a todos.

—No es justo —dijo Willow después de que adivinara la charada de Levi en un segundo—. Vosotros dos sois historiadores. Claro que lo vais a adivinar.

Levi se rio. —La construcción de la Torre Eiffel no es precisamente un hecho histórico oscuro. Lo que pasa es que estás celosa de lo compenetrados que estamos.

Willow resopló. —Si nos ganáis esta ronda, quedáis fuera de la lista de invitados de la boda —dijo en broma.

—Entonces tendré que devolver mi regalo —dijo Levi.

Willow abrió los ojos como platos. —Eso no puedes hacerlo. Díselo, Raine.

Raine estaba ocupado barajando cartas y, sin levantar la vista, dijo: —Eso no puedes hacerlo.

Les ganamos de nuevo en las tres rondas siguientes. —¡Toma ya! —les gritó Levi a Raine y Willow cuando volví a acertar.

Raine hizo un puchero. —Se acabó. Estás desinvitado.

Los dos hermanos empezaron a discutir en broma sobre si quitar a Levi de padrino. Los demás hermanos, Carey, Tyler y Sebastian, se sumaron a la discusión.

—Nunca lo había visto tan despreocupado —dijo Nolan. Me sobresalté. No lo había visto sentarse a mi lado. Tenía una copa de brandy en una mano y un cóctel similar al mío en la otra. Me ofreció el cóctel nuevo, cogió mi vaso vacío y lo dejó en la mesa.

—Gracias —dije.

—O sea, puede ser bromista, pero no hasta este punto, y creo que es todo gracias a ti.

Negué con la cabeza tras dar un sorbo a la deliciosa bebida. —Créeme, yo no he hecho nada. Nuestro matrimonio no es...

—¿Real? ¿Se casó contigo por una cláusula? Créeme, si mi hermano no hubiera querido casarse contigo, no lo habría hecho. Habría encontrado la manera de conseguir ese dinero, con cláusula o sin ella.

El corazón me dio un vuelco.

—Cuando Levi quiere algo, lo consigue.

Sus palabras tenían un doble significado que se me escapaba. Si estaba insinuando que Levi me quería, se equivocaba. Quizá físicamente. ¿Pero emocionalmente? Lo nuestro no era así.

—Nuestro padre no era un hombre muy agradable —Nolan dio un sorbo al brandy—. Y nos dejó muchas cicatrices a todos.

Señaló discretamente a Ivy y Damien, que cuchicheaban entre ellos. Ivy se rio de algo que Damien le había dicho.

—Esos dos estuvieron separados durante años, y mi padre la repudió por seguir adelante con el embarazo. Ni siquiera supo que tenía un hijo hasta hace unos años.

Señaló a Carey y Thalia, que estaban sentados juntos en el mismo sillón, Thalia en el regazo de Carey, enseñándole algo en el móvil.

—Y no te imaginas cómo manipuló a esos dos. Pero con Levi fue peor: descargó toda su ira sobre él por ser «débil». A veces desearía haber estado allí para detenerlo.

—Levi me contó que cuando vuestro padre prácticamente lo dejó hospitalizado, intentó impedirte que lo vieras.

Nolan apretó la mandíbula y dio un trago largo al brandy.

—Sí. Pensaba que la crueldad nos haría más fuertes. Solo nos destrozó.

Se le ensombreció la mirada, como si recordara algo horrible. Luego sacudió la cabeza.

—Me alegro de que sea feliz. Todos deberían serlo.

Miró hacia Seb y Ty, y luego esbozó una sonrisa.

—Espero verte en la boda de Willow y Raine.