El pacto de las sombras (Inspectora Julia Arrondo 3) Colegio Izarra, junio de 2024
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Colegio Izarra, junio de 2024

Julia hizo una seña a Aguirre para aproximarse al Golf desde los lados.

Hacía tiempo que no sentía aquello. Era una especie de memoria muscular grabada a fuego en su subconsciente: mandíbula tensa, visión periférica, máxima alerta. El chute de adrenalina era tal que al día siguiente, siempre y sin excepción, sentía una es pecie de resaca.

Se acercaron con tiento, casi de puntillas, a los costados del vehículo. Sin mediar palabra, con un movimiento fugaz y de forma perfectamente sincronizada, se vieron apuntando al fondo de un coche vacío.

— ¿Para dónde? —susurró Aguirre.

Julia miró a su alrededor. Había muchas posibilidades.

Se adi vinaban edificios y pabellones de ladrillo por varios flancos, medio devorados por la vegetación abandonada y salvaje de varias décadas.

El cielo estaba cubierto por unas nubes grises, plomizas.

No soplaba ni una gota de aire. Era como si el techo sobre sus cabezas estuviera conteniendo la respiración.

La inspectora enfiló hacia la cancha de baloncesto, dirigiéndose sin ser consciente al dormitorio femenino. Aguirre la seguía en silencio, caminando como un felino, con el arma apuntando hacia abajo, atento a cada movimiento.

Un ruido tremendo irrumpió como un trueno. Una bandada de pájaros huyó en estampida, llenando el aire de graznidos nerviosos.

—¡Mierda ! —exclamó Julia.

Habían tomado la dirección errónea.

El estruendo venía justo de los edificios del otro lado.

Y puede que fuera demasiado tarde.