Pamplona, junio de 2024
—¿Cómo estás?
Julia y Aguirre se desplazaban hacia comisaría en el coche de la inspectora. Habían salido de la morgue en silencio, procesando la terrible visión de su compañero. No habían cruzado ni una sola palabra hasta ese momento.
—Bueno… Pues mal, Julia , mal. Me imagino que como todos. Todavía no me lo creo.
La inspectora agarró con fuerza el volante y asintió en silencio.
—Es… demasiado —siguió hablando él—. Demasiado que asimilar. Nunca estamos preparados para algo así, pero cuando toca tan cerca… Te hace plantearte cosas. Prioridades.
Ella apretó los labios. Le asaltó un pensamiento y decidió no guardárselo.
—Oye, igual no es el mejor momento para hablar de esto, pero no sé si vamos a tener mucho espacio. Estoy preocupada por ti, Aguirre. Ozcoidi ha estado muy pendiente del fuego cruzado de las últimas semanas entre Beloki y tú. Sé que las cosas han estado algo revueltas y que…
—Yo he sido un gilipollas . Lo sé —reconoció, cabizbajo, volviendo la cabeza hacia la ventanilla.
—No estoy diciendo eso. Solo quiero entender qué te pasa y saber si podemos ayudarte de alguna manera. —La inspectora optó por no señalar el tema directamente.
Aguirre se encogió de hombros. Pasaron varios segundos hasta que se animó a hablar.
—No lo sé , Julia. Contigo las cosas son fáciles.
Sabes mantener al equipo unido. Creo que Beloki estaba demasiado nervioso queriendo hacer las cosas igual de bien o mejor que tú.
Y ahí , simplemente, sois dos personas distintas.
Creo que él es… era —se corrigió, con un nudo en la garganta— muy exigente consigo mismo y con los demás.
Empujaba hasta el límite, pero porque buscaba lo mejor.
Y a mí me ha costado entender que no era nada personal.
Julia miraba al frente, sin decir nada. No pudo evitar sentir un pinchazo de culpabilidad.
«Si hubiera estado aquí… puede que…».
—Para ser del todo sincero —continuó Aguirre, muy despacio—, yo tampoco me he estado portando bien. No le pasaba ni una… Y creo que en parte es porque no encontraba mi sitio. Ni en la comisaría… Ni en casa.
—¿Qué ocurre? ¿Elisa y tú…?
—Elisa no sé cómo no me ha mandado a la mierda ya, Julia.
Sé que sabes que en el pasado tuve episodios oscuros, justo cuando me uní al cuerpo…
El alcohol, las drogas, la noche… No sabía controlarme.
Estaba en un pozo y el trabajo y la paciencia de Elisa me ayudaron a salir.
Ahora con los críos… No sé. Se me está haciendo bola.
Y en lugar de tirar para adelante, he vuelto a las andadas.
He tenido días y noches muy malas. El viernes, sin ir más lejos…
—No necesito saber más. Tranquilo —cortó, con cautela —. Solo quiero que sepas que vamos a apoyarte en lo que sea.
—Supongo que me quedará la losa de no pedirle perdón a Beloki —apretó los labios—. Nunca podré decirle que siento que sus últimas semanas hayan sido así. Que yo no…
—Tú has pasado lo tuyo y él era consciente. Estoy segura. Somos equipo, aunque hayamos estado lejos. Y eso nos convierte casi en familia —sonrió, con melancolía.
El teléfono de la inspectora interrumpió en seco el torrente emocional. Era de la comisaría.
—Arrondo —dijo al descolgar.
—Julia, ha llamado el marido de Lucía Benítez otra vez. —Era Ozcoidi —. No logra localizarla y está muy nervioso. Al parecer tiene un evento con la prensa dentro de media hora.
—Voy ahora mismo —contestó Aguirre, intentando recomponerse.
—¿ Qué tal…? ¿Cómo…? —preguntó Ozcoidi con un hilo de voz.
—Estamos bien —contestó Julia al manos libres, mirando a Aguirre—. Pero tenemos trabajo por delante, así que será mejor que nos enfoquemos en eso.
—He pasado las imágenes de la cámara del puticlub a los compañeros de informática para que nos echen una mano. Ya están revisando e identificando las matrículas de los vehículos que pasaron por la carretera ese día.
—Genial, gracias.
—Otra cosa. El chivato de las llamadas de los teléfonos de Jesús Mari y de Miguel Ángel ya está en marcha. Hemos tenido un aviso de una llamada saliente de Jesús Mari hacia el teléfono del notario, pero no ha respondido.
—Vale, estate atento a cada movimiento. Yo voy de camino a comisaría.
—Lo único que no me ha dado tiempo a hacer es pedir la orden a Hornillos para acceder al historial médico de Carla.
—Perfecto , Ozcoidi, no te preocupes. Le pego un toque yo. Nos vemos ahora.
Julia colgó y miró a Aguirre.
— ¿En qué momento se nos ha hecho así de mayor ? Va a resolver el caso él solo —bromeó con una sonrisa y unos ojos tristes que a él, en ese momento, le hicieron sentir en casa.