El pacto de las sombras (Inspectora Julia Arrondo 3) Vitoria, junio de 2024
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Vitoria, junio de 2024

El estudio de Amaia no tendría más de sesenta metros cuadrados.

Era un local a pie de calle, en una de las entradas al Casco Viejo de Vitoria.

Tenía suerte de haber encontrado algo céntrico y a buen precio.

Solo necesitaba luz natural y un escaparate donde colocar una tele con un pase de diapositivas de sus últimos trabajos.

El resto lo haría el boca a boca y su buen hacer, de eso estaba convencida.

Apenas llevaba un par de años trabajando como decoradora de interiores, pero ya había logrado colarse en las conversaciones de la gente acaudalada de la ciudad.

Su trabajo en uno de los chalets de las afueras nada más poner en marcha el estudio le había valido la confianza de otros amigos del empresario que la había contratado.

Así, Amaia había ido ganando nombre y clientela.

La chica tenía los ojos castaños hundidos en un muestrario de colores de pintura cuando sonó el timbre de la puerta.

—¿Qué haces aquí? —preguntó, entre sorprendida y divertida.

—Ya no tengo ex ámenes y mis padres me han dado el día libre en la carnicería. —Ibai se acercó risueño, la agarró por la cintura y la besó—. ¿Me dejas invitarte a comer?

—Aún me queda un rato, al menos una hora. Tengo que enviar una propuesta.

—No me importa esperar. Me puedo quedar en una esquinita, sin hacer ruido.

— Vale. Siéntate allí —le señaló una zona con dos butacas en color naranja chillón con motivos azules—. Y calladito .

Ibai le robó otro beso y ella lo empujó con cariño antes de devolver su atención al catálogo de esmaltes.

El chico aprovechó para observar a su alrededor.

Había estanterías con jarrones modernos y otros de aspecto antiguo, cerámicas y pequeñas esculturas que se mezclaban con libros y manuales de diseño, arquitectura, colo rimetría…

De las paredes colgaban cuadros con fotografías de dormitorios, salones y jardines que la propia Amaia había diseñado.

A Ibai le encantaba ver la destreza con la que combinaba colores, texturas y plantas para darle la vuelta a una estancia. Era magia.

El muchacho se dejó caer en la butaca y se entretuvo mirando el móvil . La puerta no tardó en volver a sonar.

—Parece que os habéis puesto todos de acuerdo para no dejarme currar hoy —resopló mientras se ponía en pie para saludar a su primo.

Xabi ni siquiera respondió. El chico se dejó caer apesadumbrado en la butaca contigua a Ibai, que lo saludó con un apretón cariñoso en el brazo tatuado.

—¿Qué ocurre? —preguntó Amaia.

—Han detenido a Jon.

—¿Qué? —ambos le miraron at ónitos.

—Sí, hace un par de días, pero ya lo han soltado.

—¿Qué ha pasado?

—Por lo visto dos maderos fueron a su local y el muy idiota echó a correr antes de que pudieran preguntarle nada.

—¿Pero por qué fue la policía? ¿Y por qué echó a correr? —preguntó Ibai con los ojos desorbitados.

—Ni idea. Ni siquiera me lo ha contado él, me lo ha dicho su colega Ander.

— Joder… La última vez que lo vimos estaba muy nervioso con el tema de la policía —murmuró Amaia—. Se rayó cuando le dijimos que nos habían interrogado sobre lo de Izarra.

—Jon es un tío legal. Es un poco bruto, pero no es mal tío.

—¿A qué local fueron? ¿Curra en algún bar, o algo? — preguntó Ibai.

—Qué va —Xabi dejó escapar media sonrisa—, tiene un almacén de chatarra que heredó de su padre. A veces vende cosas a anticuarios y gente así. Es como un Wallapop, pero a lo bestia.

—Claro. Wallapop —replicó Amaia, enfadada—. El tío tiene un morro que se lo pisa. Roba cosas por los abandonos y luego las vende. Vaya fama nos pone a los demás. Luego nos quejamos si la peña entiende mal lo que hacemos. La regla número uno es no llevarse nada .

—Creo que ha escarmentado. Ayer salió en el periódico y todo.

—¡¿Qué?!

—En este hilo de Reddit también sale. Y lo ponen a caldo —dijo Ibai, levantando su móvil.

Xabi leyó la pantalla a toda prisa.

—Mándame el enlace y lo vemos todos desde la pantalla de mi ordenador, anda.

Los tres jóvenes se apelotonaron delante del portátil de Amaia mientras leían los comentarios del foro r/urbexspain.

—Desde luego esto le va a perseguir mucho tiempo… —murmuró Xabi—. Mira, Abandonio también lo menciona.

—¿Abandonio? —preguntó Amaia.

—Es un colega de Madrid, un explorador. Lleva mil a ños en esto, es una eminencia. Me escribió para preguntarme qué tal estaba cuando lo de Izarra. Él se llevó un susto igual hace un par de meses.

Amaia tardó un momento en digerir las palabras de su primo. Parpadeó .

—Espera, espera. ¿Qué? ¿Le pasó lo mismo?

— Sí. Se encontraron un cadáver en un manicomio en la sierra de Madrid. Creo que era de una tía. Estaba atada con unas bridas a una cama… ¿Te lo puedes creer?

—¡Joder, Xabi! ¿Y no te parece mucha coincidencia? ¡Tenemos que hablar con la policía ahora mismo!