El pacto de las sombras (Inspectora Julia Arrondo 3) Señorío de Elío, junio de 2024
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Señorío de Elío, junio de 2024

—Hace calor aquí, ¿no?

Lucía seguía sentada en el banco de piedra del patio del señorío.

Juan revoloteaba cerca, silbando, refrescando las plantas y el ambiente con la enorme manguera que salía del establo.

La actriz se había quitado el sombrero de paja y las gafas, y se abanicaba infructuosamente con la mano.

Juan le había traído otro té con hielo que, lejos de aliviarla , le había sentado como un puñado de chiles.

El sonido de las chicharras se le colaba por los tímpanos y le llenaba la cabeza con un zumbido sordo. El calor iba en aumento y comenzó a sentirse mareada.

— Perdona —llamó a Juan con la boca pastosa—. ¿Podrías traerme un vaso de agua?

Juan se giró hacia ella . A Lucía le pareció que sonreía divertido desde su posición , sin moverse, como si hubiera dicho algo gracioso. El jardinero continuó regando las plantas unos segundos más.

—Perdona —repiti ó Lucía, cada vez más mareada—. ¿Me puedes…?

—S í, sí, ya, agua —contestó sin girarse, en un repentino deje de sarcasmo—. ¿Se encuentra mal, señorita?

Lucía tenía los sentidos tan embotados que creyó que aquella salida de tono había sido producto de su imaginación.

—Sí , estoy un poco mareada y…

—Pues toma agua. —Juan se giró de súbito y, riéndose, la roció con la manguera.

Lucía se quedó petrificada. El manguerazo le había acertado de pleno y ahora tenía el pelo, la cara , el pecho y parte del pantalón empapados.

—¿Pero… pero qué haces?

La risa del jardinero llenó todo el patio.

Lucía intentó ponerse de pie, pero tenía las piernas entumecidas y cada músculo del cuerpo se había convertido en mármol. Se apoyó sobre el brazo izquierdo y de ahí se recostó sobre la piedra.

—¿Dónde… dónde está Carla? —preguntó, luchando contra el peso de los párpados .

Juan seguía riéndose solo, de espaldas a ella, como si le estuvieran contando un chiste buenísimo.

—No te preocupes por eso ahora.