Pamplona, junio de 2024
Beloki borraba con parsimonia los restos de rotulador azul de la pizarra, un lienzo blanco de gran tamaño que tenían justo al lado de la mesa donde hacían la puesta en común.
Estaba a diez centímetros de tocarla con la nariz, pero su mirada apuntaba al infinito.
Trataba de ordenar sus pensamientos alrededor de la investigación, empezar de cero, ver los elementos desde otra perspectiva .
Pero el ambiente con Aguirre no ayudaba precisamente.
Resopló, cansado. Y eso que apenas eran las nueve de la mañana.
Se fijó en un pequeño dibujo de la esquina . Era un garabato de un pene con brazos y ojos que saludaba. Dejó escapar una sonrisa.
Era el mejor ejemplo del tipo de tonterías que echaba de menos.
Su autor, ni que decirlo, era el propio Aguirre, que tenía a bien dejar su impronta gamberra allá por donde pasaba.
Decidió que tenía que hablar con él cuanto antes.
Arreglar la situación entre ambos era vital para liberar la cabeza y sanear la atmósfera de trabajo.
Mientras ordenaba sus notas , se fijó en un montón de papeles encima del escritorio . Era el atestado del colegio Izarra que había llegado el día anterior. Decidió echarle un vistazo.