El otro relato 24
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A la mañana siguiente, el trayecto en coche hasta la editorial le resultó más largo de lo habitual.

El día había empezado con absoluta normalidad, pero le costaba desprenderse de la conversación de la noche anterior con Elena. Le seguía dando vueltas al rumbo que había tomado, pero más aún al comportamiento que ella venía mostrando durante los últimos días.

Mientras conducía, no podía dejar de repasar algunos momentos de la velada. Especialmente, esa sensación de que Elena había ido llevando la conversación hacia un lugar concreto, casi sin que él se diera cuenta.

No acababa de decidir si aquello le inquietaba o simplemente le intrigaba.

En cualquier caso, hacía tiempo que no mantenían una conversación en profundidad que no se limitara a la mera intendencia diaria ni incluyera velados —o no tan velados— reproches, y no podía evitar reconocer que era algo que había echado de menos.

Sin embargo, al mismo tiempo, le invadía la desagradable sensación de que, con ello, Elena se había incorporado de algún modo a todos aquellos que, en los últimos días, parecían empeñados en que revisara la forma en que había entendido su pasado…

¿o era él quien, in conscientemente, los estaba llevando a todos en esa dirección?

A primera hora tenía una reunión del comité editorial y luego dedicó unos instantes a recapitular sobre los primeros preparativos para su próximo viaje a la Feria de Montevideo, aunque, casi con toda probabilidad, tendría que desplazarse antes un par de días a San Sebastián para cerrar con un autor los últimos flecos de una presentación pendiente.

Estaba a punto de responder a un correo antes de bajar a tomar un café cuando sonó el teléfono.

No reconoció el número, lo que le hizo dudar un instante antes de contestar. Finalmente lo hizo.

—¿Sí?

—¿Mario?

La voz le sonó conocida, aunque no estaba seguro de si le resultaba realmente familiar.

—Sí…

—Soy Marc. No sé si te pillo en buen momento.

—¿Marc? ¿El del foro? Hombre, qué sorpresa. Sí, claro, dime.

—Nada, es una tontería. Es por algo que se comentó allí hace unos días.

A Mario no dejó de resultarle curioso que, después del correo de Nadir, ahora también Marc hubiera decidido ponerse directamente en contacto con él por algo que se había comentado en el foro.

—Dime. ¿Qué pasó?

—En realidad, nada. Es solo que hubo una conversación que se me quedó grabada y no paro de darle vueltas desde entonces.

Marc hizo una breve pausa antes de continuar.

—Fue un hilo en el que participó Nadir… Bueno, Nadir y otros. No sé si llegaste a leerlo.

—No me sitúo —dijo Mario, mientras comenzaba a sospechar que se estuviera refiriendo al mismo episodio al que se aludía Nadir—, pero ¿qué pasó?

—Pues no sabría decirte exactamente por qué, pero hubo algo que me descolocó. Como si algunos no estuvieran respondiendo a lo que se estaba diciendo en ese momento.

—¿Por?

—Porque parecía como si cada uno estuviera contestando desde un contexto distinto. O como si hubiera partes de la conversación que unos daban por supuestas y otros no veíamos.

Mario frunció ligeramente el ceño. No era una idea completamente ajena.

Más de una vez había tenido esa impresión cuando Adela y el propio Marc parecían estar hablando desde un lugar que los demás no compartían, sobre todo desde que Nadir le comunicó su intuición de que ambos habían salido juntos.

Con todo, en este caso, seguía sin saber muy bien a qué se estaba refiriendo .

—No sé si te sigo.

—Ya… Suena raro dicho así. Pero no me refiero a mensajes ocultos ni a nada parecido. Es más bien una sensación. Como si, por momentos, hubiera varias conversaciones superpuestas.

—¿Y qué te hace pensar eso?

—Precisamente que, a veces, las respuestas parecen tener sentido... pero no en relación con el mensaje inmediatamente anterior.

No sabía muy bien qué decir. Temía que Marc estuviera dejándose llevar otra vez por una de sus asociaciones extravagantes.

—Eso suena un poco abstracto, ¿no? —preguntó, intentando que aterrizara la idea.

—Lo sé. Por eso llevo días dándole vueltas. Además, no sé si responde a algo real... o es cosa mía.

—¿Crees que eres el único al que le pasa?

Marc dudó antes de responder.

—No lo sé. Pero me ocurre cada vez con más frecuencia, leyendo ciertos comentarios.

—¿Con los que escribe Nadir?

—Con los de él... y con los de algunos más.

Mario empezaba a cansarse de tanta indefinición. No es que aquello le resultara completamente ajeno, pero Marc seguía rodeando la idea sin terminar de formularla .

—No sé si acabo de entenderte, Marc. ¿Me estás diciendo que ves intenciones donde no las hay?

—No. Digo que, a veces, tengo la impresión de que me faltan piezas. Y cuando eso pasa, ya no sé si estoy leyendo una conversación... o solo una parte de ella.

—¿Y no puede ser que seas tú quien la esté leyendo de ese modo?

—Claro, ya te digo que no sé si es solo cosa mía—admitió Marc—. Y casi prefiero que sea eso. Porque la otra posibilidad me resulta bastante más inquietante.

—Ya veo.

—Y cuando me pasa eso —continuó Marc—, empiezo a fijarme en detalles que antes me daban igual.

—¿Qué tipo de detalles?

Marc no contestó de inmediato, intentando expresar una idea que no terminaba de cerrar del todo, y Mario entendió que por esa vía solo iban a seguir dando vueltas en círculo sobre lo mismo.

—Mira, Marc… te soy sincero. No acabo de seguirte del todo y ahora mismo estoy un poco perdido con todo esto.

—Ya...

—En realidad, aprovechando que hablamos, hay otra cosa que quería preguntarte. Si no te importa, es algo un poco más personal.

—Claro. Tú dirás.

—Pues quería saber si tú conoces a LadyShadow de fuera del foro… de antes, quiero decir.

El teléfono quedó en silencio.

—¿Marc?

—¿A… LadyShadow? —dijo al fin—. Sí… bueno, nos conocemos de hace ya algún tiempo. ¿Por qué? ¿La conoces tú también?

—Sí... Me escribió un correo aparte hace unos días para presentarse. Fue entonces cuando supe que se llamaba Adela. Pero vosotros... si no es indiscreción, ¿de qué os conocíais?

—De antes de que ella entrara en el foro. No tiene mucho misterio. Salimos un tiempo. Pero… ¿por qué lo preguntas? ¿Te dijo algo sobre eso?

—No, no, qué va… Es que, al hilo de lo que hablábamos antes, recordé que en alguna ocasión me había dado la impresión de que entre vosotros había cierta… no sé… complicidad —dijo Mario, evitando mencionar lo que le habían comentado Nadir o Javier.

—Pues no sé si «complicidad» es la palabra más exacta para definirlo —respondió Marc—. Hace ya bastante tiempo que dejamos de quedar.

—¿Y desde entonces no os habéis visto?

—Solo un par de veces.

—Ya.. .

—Supongo que, en el fondo, fui yo quien propició que acabara entrando en el foro —acabó diciendo Marc—. Le hablaba bastante de él y, en algún momento, debió de darle por buscarlo.

—Pero ¿todavía salíais cuando entró por primera vez?

—No, qué va. Fue tiempo después.

—¿Y por qué crees que lo hizo? ¿Solo por curiosidad?

—Eso pensé entonces. Que era simple curiosidad. Ahora ya no estoy tan seguro.

—¿Por qué?

—No lo sé. Hasta donde la conozco, Adela no es de las que hace las cosas porque sí. A veces pienso que la curiosidad fue solo la excusa.

—¿La excusa para qué?

Marc dejó escapar una leve exhalación.

—Ojalá lo supiera.

Marc no parecía dispuesto a ir más allá y Mario comprendió que insistir tampoco iba a servir de mucho para sacarle del nuevo bucle que empezaba a formar. Un par de minutos más tarde, dieron por terminada la conversación.

Pero colgar no puso fin a sus cuitas y, durante un buen rato, siguió dándole vueltas a lo que acababa de oír.

En algunos momentos, Marc había vuelto a mostrar esa tendencia suya a buscar conexiones donde probablemente no las hubiera.

Le había confirmado el rumor sobre su antigua relación con Adela y también que había sido él quien, aun indirectamente, podía haberla conducido hasta el foro.

Por otra parte, la idea de que la curiosidad quizá no hubiese sido el único motivo de que hubiera entrado en el foro le seguía pareciendo un ejemplo más de su peculiar forma de interpretar las cosas.

Aunque, en esta ocasión, tampoco podía descartarla del todo.

No podía olvidar el tono de aquellos primeros correos de Adela ni cómo se alejaban de lo que cabría esperar de una simple y amable presentación.

Quizá, al menos en ese punto, Marc no estuviera tan equivocado.