El Otro Nombre Capítulo 27 Rojo y Verde #2
78%

Capítulo 27 Rojo y Verde #2

—Sí. Esa píldora posiblemente fue diseñada por quien realizó el pedido con la finalidad de revertir toxicidad por ingestión excesiva de la otra molécula, la de la cápsula verde. Esa sería la explicación más probable.

—¿A qué se refiere? —preguntó Bellini frunciendo el ceño.

—Lo que estoy diciendo es que la roja tiene el efecto contrario a la verde. La cápsula roja anula los efectos de la cápsula verde.

El detective señaló la pantalla.

—Necesito ver cualquier información que pueda usted mostrarme respecto a esa orden. El nombre de quien la haya realizado, facturas o información de pago, lo que sea.

—Creo que el procedimiento correcto es a través de una orden de un juez, si no me equivoco.

—Estas cápsulas con el nombre de su laboratorio son parte de una investigación por un asesinato. Sería conveniente, tanto para la empresa como para usted personalmente, que cooperaran.

Sofía, sorprendida, se giró para mirarlo, pero rápidamente interpretó el plan de Bellini y trató de disimular poniendo su mejor cara de seria y volviendo su mirada hacia la computadora.

El técnico ni lo dudó. Continuó dándoles la información en pantalla sin realizar objeciones.

—El pedido fue hecho por una empresa privada, al parecer. El nombre que figura en sistema es CHALMERS S.L.U.

—¿Algo más?

—Nada realmente notorio en el sistema.

Sofía giró hacia Bellini, intentando leer sus gestos. Él la miró brevemente pero luego volvió a mirar al técnico.

—¿Qué más puede decirme sobre estos compuestos que mencionó?

El hombre comenzó a revisar la información.

—No mucho. Muchas de estas moléculas son usadas en estudios para investigar los efectos que tienen sobre el cerebro y las funciones cognitivas. Pero desgraciadamente no puedo decirle mucho más acerca del uso específico que le hayan dado a estas dos sustancias.

—Entiendo. Muchas gra…

—Un momento, inspector. Aquí hay algo.

—¿Qué? —Giró la pantalla ligeramente hacia ellos.

—En el sistema no me figuran como escopolamina o fisostigmina. En la orden aparecen bajo otro nombre: SC-214 y ARX-214.

Sofía abrió los ojos de par en par.

—¿214? —preguntó.

—Es habitual que las moléculas experimentales lleven nombres así. Muchas veces simbolizan el número de ensayo clínico. Otras veces, está relacionado con la cantidad de intentos que ya se han ensayado sobre un compuesto sintético.

El inspector se quedó mirando la pantalla unos segundos, comprobando los nombres que acababa de oír de boca del técnico. Un instante después, Sofía hizo lo mismo.

—De todas maneras, esos nombres, SC-214 y ARX-214, no fueron asignados por nuestro laboratorio.

—¿Puede decirnos qué tipo de investigación era? —preguntó el inspector.

—No con precisión.

Volvió a revisar los datos.

—Pero la combinación de sustancias solicitada es bastante inusual.

—¿Por qué?

—Porque parece haber sido diseñada para producir una alteración cognitiva importante. No se suelen usar esas proporciones para mucho más que provocar modificaciones en el funcionamiento del tejido nervioso, en el cerebro.

El técnico se encogió de hombros.

—Pero no es más que mi interpretación. Nosotros sólo analizamos los compuestos. Muchos clientes prefieren mantener la confidencialidad de sus experimentos.

Bellini asintió.

—Entiendo. Muchas gracias por su ayuda.

Cuando salieron del edificio, Sofía se detuvo unos segundos en la acera. Bellini comenzó a caminar. Unos segundos más tarde, ella comenzó a caminar junto a él.

—Escopolamina y fisostigmina…

Él asintió.

—Tenemos que averiguar para qué fueron utilizadas esas píldoras.

—Y qué conexión tienen conmigo.

—Venga conmigo —ordenó el inspector.

Caminaron hasta un pequeño restaurante ubicado en la entrada de un edificio de oficinas. Se sentaron nuevamente junto a la ventana.

Él sacó el teléfono de su bolsillo y, tras abrir la página del buscador, escribió los nombres de las dos sustancias en el teclado en pantalla.

—Aquí está —anunció con efusividad unos segundos más tarde.

—¿Qué?

—Aquí dice que la escopolamina se usa comúnmente en el tratamiento de mareos asociados al movimiento, por su función anticolinérgica.

—Sí, eso es lo que nos dijo el hombre en el laboratorio.

—Pero hay más. Escuche. “Se ha utilizado ampliamente en la investigación, específicamente como modelo farmacológico de deterioro de la memoria. Los estudios en humanos muestran un deterioro en diversos tipos de memoria, cuyos efectos se intensifican a mayores niveles de exposición.”

Sofía abrió su boca y la mantuvo abierta unos segundos.

—Entonces alguien estaba experimentando con la memoria.

—Exacto. Parecería tratarse de una droga que produce amnesia a largo plazo.

—¿Para qué?

Él tardó unos segundos en responder.

—No lo sé.

—Entonces la otra píldora…

—Según dijo el técnico del laboratorio, debe ser la droga para contrarrestar el efecto de la píldora verde.

Bellini ingresó el nombre de la otra molécula en el buscador de su teléfono. Leyó en silencio durante unos minutos antes de hablar nuevamente.

—Aquí está, sí. “Fisostigmina: Se ha demostrado que revierte parcialmente los déficits de memoria inducidos por la escopolamina. Estudios en humanos también han hallado que la fisostigmina puede mejorar aspectos del almacenamiento y la recuperación de la memoria a largo plazo.”

Sofía levantó la mirada.

—No logro entender. Comprendo que me ha estado costando recordar cosas estos últimos días. Pero le juro, Bellini, que no tomé ninguna droga.

—No creo que haya tomado una droga estos últimos días.

—¿Entonces usted tiene una teoría al respecto?

—Tengo una. Es sólo una posibilidad.

—¿Cuál?

El detective hizo una seña a la camarera, dando a entender que quería un café. Luego volvió su mirada hacia Sofía pero se tomó varios segundos antes de responder.

—Pienso que es posible que alguien haya estado intentando producir una pérdida de memoria de manera farmacológica.

—¿Y después recuperarla?

—Quizás. Podría ser.

—¿Por qué alguien haría eso?

—No puedo decirle un por qué. Pero es mi mejor teoría al momento.

Ella lo miró con detenimiento y después miró nuevamente el sobre que él llevaba en la mano.

—Usted cree que alguien podría haber experimentado conmigo. Que mi pérdida de memoria está asociada a que me dieron esas drogas en algún momento.

Él se detuvo un instante para permitir que la camarera acomodara las tazas de café en la mesa y esperó a que se retirara antes de seguir hablando.

—Creo que es probable que usted haya estado, o incluso, siga estando, bajo los efectos de esa droga, sí.

—Pero no logro recordar si así fue.

Sofía sonrió amargamente.

—Qué conveniente, ¿verdad? Un estudio donde una persona recibe una droga y luego no recuerda haber participado del estudio.

Él sonrió amablemente.

—Suena a una buena estrategia para evitar demandas legales.

Sofía cerró los ojos y luego lanzó una pequeña carcajada. Él acompañó el gesto con una nueva sonrisa.

Por un momento muy corto, la amargura se esfumó. Pero unos instantes más tarde, ella cerró los ojos y algo apareció en su mente:

Una superficie, una mano, un vaso, dos pequeñas cápsulas, una verde y una roja.

La imagen desapareció antes de que pudiera sujetarla.

Sofía abrió los ojos.

—Sí. Yo he visto esas pastillas.

El detective la observó con sorpresa en sus ojos.

—¿Dónde?

—No lo sé. No lo recuerdo con claridad.

—¿Cuándo?

—Tampoco puedo acordarme.

Sofía respiró profundamente.

—Pero las he visto antes. Estoy segura.

Volvió a mirar las cápsulas.

—Creo que tiene razón, Lorenzo. Quizás tomé una.

—¿Una de estas? —señaló la píldora verde.

—No lo sé. Como le dije, no puedo acordarme con claridad.

Se llevó una mano a la frente.

—Pero también pienso que quizás alguien me la dio.

Bellini se quedó inmóvil en su lugar, escuchando con atención.

—O quizás...

Sofía dudó.

—¿Qué?

Ella lo miró.

—Quizás yo sabía lo que era.

—¿Qué quiere decir?

Ella negó lentamente con la cabeza.

—No sé. Olvídelo. No voy a poder recordarlo ahora.

Miró nuevamente hacia la calle.

—Pero tal vez participé en algo —continuó ella—, algo experimental.

—Creo que es una posibilidad, como le dije.

—Y algo salió mal —prosiguió Sofía, ignorando el comentario del inspector.

Volvió a cerrar los ojos y una vez más apareció aquella imagen fugaz:

Las dos cápsulas, la mesa, aquella mano que no podía identificar, y algo más. Una sensación de miedo, pero también de confianza.

Abrió los ojos de repente.

—Bellini.

—¿Sí?

—Creo que alguien me pidió que hiciera algo.

—¿Qué cosa?

Ella lo miró, pero la respuesta había desaparecido.

—No lo recuerdo, pero tengo la sensación de que así fue. Estoy casi segura.

Él asintió lentamente.

—Entonces tendremos que seguir hasta averiguarlo.

Ella bajó la mirada.

—Lorenzo…

—¿Qué?

—¿Y si no quiero recordarlo?

Él tardó unos segundos en responder.

—Entonces no lo hará —hizo una pausa—. Pero si su intención es recordarlo, entonces encontraremos la manera.

Ella asintió con una sonrisa, que se esfumó antes de que cualquiera de los dos llegara a poder decir algo más.

A unos metros de ellos, Madrid continuaba con su ritmo habitual, ya preparándose para una nueva velada llena de actividades turísticas y gastronómicas. La calle estaba aún repleta de personas caminando, automóviles pasando y todo el bullicio habitual de una metrópolis.