El Otro Nombre Capítulo 15 Antes de llegar
41%

Capítulo 15 Antes de llegar

Bellini revisó todos los documentos dentro de la caja. Le tomó exactamente quince minutos organizar toda la información sobre el escritorio.

Encendió una lámpara de la mesa. La luz amarillenta iluminó apenas una parte de la habitación.

Sofía se quedó de pie junto a él, observando los documentos y las fotos.

—¿Qué hacemos ahora?

Bellini sacó la fotografía de las 11:17.

—Primero quiero saber si existen más fotos sacadas en ese horario de la noche.

—¿Otra copia de la misma fotografía dice usted?

—No. Fotos adicionales entre las 11:17 y las 11:18. Es importante que lo comprobemos.

—¿Qué importancia tiene que haya más fotos?

—Significaría que alguien decidió conservar sólo esas dos fotos.

Sofía tomó las fotografías y se quedó observando la de las 11:18.

—¿Y si alguien la agregó al expediente deliberadamente?

—Eso es exactamente lo que estoy pensando.

—Entonces alguien dentro de la Policía podría estar involucrado.

El detective permaneció en silencio, lo que dio a Sofía la sensación de que había dicho algo que él ya había pensado.

—Usted también lo cree.

—Creo que es una posibilidad.

—¿Y qué tan probable?

—No lo sé. Por el momento es sólo una de las tantas posibilidades.

Bellini abrió un cajón y sacó una carpeta.

—Pero antes de acusar a alguien, quiero revisar quién tuvo acceso al expediente.

Abrió la carpeta. Había varias hojas.

—Aquí.

Ella se inclinó.

Era un registro de movimientos del expediente.

Él pasó el dedo por las líneas.

—Fecha de apertura.

—¿Quién?

—Yo.

—¿Cuándo?

—La primera vez que investigamos el caso.

Continuó bajando.

—Aquí sigue. Ingreso de documentación, extracción y devolución de documentación. Todo a mi nombre, ¿ve? Todo de hace once meses.

—Claro. Del momento en que ustedes abrieron el caso.

—Exacto. Después, el fiscal. Luego el cierre de la investigación. Ese fui yo —reconoció el inspector.

—¿Qué más?

Siguió leyendo hasta que su dedo se detuvo.

—Aquí.

—¿Qué dice?

—Dice “acceso autorizado”.

—¿A quién?

El inspector señaló el nombre, uno que Sofía reconoció.

—Autorización a ILTBC

—Otra vez esa sigla.

—Debe haber sido un ingreso o retiro de la documentación. La fecha coincide con la nueva modificación de su registro civil, la que declaró fallecida el día de ayer.

—Sí. La baja por fallecimiento que vimos hoy más temprano con su amiga. ¿Cómo era su nombre? ¿Ana?

—La misma. Deben haber presentado la información al registro para solicitar la baja por fallecimiento.

—Entonces si todo coincide, debe estar bien, ¿no?

Bellini no respondió, pero volvió a mirar el registro. Bajó unos renglones con el dedo.

—Un momento. Este nombre no debería estar aquí.

El inspector señaló las entradas inmediatamente anteriores a la del día anterior.

—¿Qué es lo que vio, Bellini?

—Hay un retiro de documentación que no tiene sentido.

—¿A qué se refiere?

El detective parecía realmente sorprendido. Tomó la hoja.

—Porque esta persona no tiene autorización para acceder al expediente.

—Entonces alguien le dio acceso.

—Es posible.

Sofía miró el nombre nuevamente.

—¿Quién es?

—No lo sé.

—¿Cómo puede no saberlo? Acaba de decir que esa persona no debería haber tenido acceso.

—El nombre no pertenece a ningún funcionario de esta comisaría.

—Entonces estamos otra vez con alguien que no existe.

La falta de reacción y la cara de sorpresa del inspector le dijeron a Sofía que aquella frase había cambiado algo.

El hombre que no existía, el propietario del automóvil y ahora un nombre en un registro policial que tampoco parecía pertenecer a nadie.

—¿Podría ser la misma persona que figuraba como dueño del vehículo y que fue vista usando el departamento 214?

Bellini levantó lentamente los ojos.

—Honestamente, lo dudo. Pero sí. Podría ser.

—Entonces quizás ya sabemos quién incluyó las fotografías en el expediente.

—No.

—¿Por qué no?

—Porque hay algo que no encaja.

—¿Qué?

Él le señaló la fecha.

Sofía miró la fecha del retiro en el registro, y la comparó con la fecha en la pantalla de su teléfono.

—Pero este ingreso fue...

Sofía dejó la frase incompleta pero Bellini la terminó por ella.

—Hoy mismo.

El silencio que siguió fue absoluto.

Miraron el documento, y finalmente ella dijo:

—Entonces…

Bellini la interrumpió.

—Alguien ha estado investigándola. Alguien sin autorización.

—Después de la baja por fallecimiento, después de que yo apareciera muerta nuevamente.

—Exacto.

Bellini miró el reloj.

—Sucedió unas horas después del incidente en el aeropuerto.

—Entonces fue esta misma mañana.

Bellini volvió a revisar el registro, buscando algún detalle adicional. Sofía retrocedió un paso.

—Entonces alguien sin autorización estuvo revolviendo mi expediente hoy mismo.

Él asintió con la cabeza.

—Pero Bellini, hay algo que no entiendo.

El inspector levantó la mirada y esperó la pregunta.

—¿Por qué alguien no autorizado ingresaría a la comisaría, revisaría sin permiso un expediente y luego dejaría su nombre en el registro?

—Sospecho que porque esa persona quiere que sepamos que la está investigando.

Ella se quedó muda unos minutos. Mientras tanto, el detective repitió la lectura del registro de acceso al expediente, intentando encontrar algo que revelara la identidad de quien fuera que estaba investigando a Sofía ese día.

—Bellini.

—¿Sí?

—¿Y si la razón por la que dejaron evidencia del ingreso al registro es porque quieren saber algo?

El inspector la miró.

—¿Qué quiere decir?

Sofía tardó unos segundos en responder.

—Quiero decir que a lo mejor alguien está buscando algo, y cree que yo soy la clave para encontrarlo, sea lo que sea.

Bellini permaneció inmóvil y se quedó pensando durante varios segundos.

—Eso es exactamente lo que no quiero que pensemos.

—¿Por qué?

—Porque si es así como usted dice, ese alguien podría estar llevándonos a jugar un juego que no quiero jugar.

Sofía sintió una mezcla entre ansiedad y miedo.

Bellini tomó la fotografía de las 11:17, la guardó dentro de la carpeta y comenzó a caminar lentamente alrededor de la oficina.

—Pero pensándolo bien, si realmente nos están guiando —se detuvo de repente—, podría sernos conveniente, al menos por ahora, seguirles la corriente.

Un ruido proveniente del pasillo hizo que ambos levantaran la mirada. Esta vez no fue un golpe, fueron pasos, lentos, que se detuvieron frente a la puerta.

Sofía dejó de respirar, se giró hacia la puerta y luego no se movió.

Los pasos permanecieron allí durante varios segundos pero después continuaron, alejándose.

Sofía miró al inspector.

—¿Quién más trabaja a estas horas?

Bellini negó con la cabeza.

—No lo sé. Es una estación de policía. Podría ser cualquiera.

Esperaron un rato por si los pasos regresaran, pero nada. Finalmente, Bellini se levantó y caminó hasta la puerta.

La abrió con un solo movimiento rápido. Pero el pasillo estaba vacío.

Miró hacia un lado, después hacia el otro. No había nadie.

Volvió al despacho y cerró la puerta, mientras Sofía lo observaba.

—¿Está seguro de que no había nadie?

—No. Hoy ya no estoy seguro de nada.