Capítulo 15
Gillian
M e duele ver cómo sufre, pero no puedo perdonar que me haya utilizado para mitigar ese sufrimiento infligiendo el mío. He sido sincera cuando he dicho que no comprendo cómo he podido amarle porque ahora mismo siento que ese sentimiento se desvanece poco a poco y temo que jamás regrese.
Todavía soy capaz de sentir su cuerpo sobre el mío, de percibir su aroma en mi piel, y me estremezco al recordar el placer que puedo sentir entre sus brazos, a pesar del odio.
Y eso me horroriza, porque no quiero ser ese tipo de persona, no quiero permitir que el odio y el resentimiento nublen mi razón y me hagan hacer cosas de las que pueda arrepentirme más tarde, porque el pasado no se puede cambiar, pero puede marcar tu futuro para siempre.
Vuelvo a acurrucarme en el lecho, intentando conseguir un calor que no voy a encontrar porque se ha ido, mejor dicho, le he echado de mi lado.
Él me ha hecho daño, pero le he devuelto el golpe, y no quiero seguir así porque terminaré convirtiéndome en alguien como Cedric.
No quiero ser una sombra de lo que soy, no me lo puedo permitir, se lo debo al bebé que crece en mi vientre.
En cuanto lleguen mis padres, tengo una última oportunidad para salir de aquí y criar a mi hijo como me criaron a mí; rodeado de amor, no de rencor y sombras del pasado.
No es algo que vaya a permitir y me importa muy poco si debo desobedecer a mi padre, a mi tío y a todo aquel que se interponga en mi decisión.
—¿Gillian? —Me giro para ver entrar de nuevo a mi tía, que parece muy preocupada—. He visto salir a Cedric y temía que…
—No me ha hecho daño —interrumpo—. No debes temer. Ahora él tiene mucho que pensar.
—Sé que nunca te pondría la mano encima, pero existen muchas formas de hacer daño, pequeña —dice sin dejar de observarme—. Y veo que lo ha hecho, tus ojos me dejan ver el dolor que intentas ocultar.
—No voy a poder hacerlo, tía —confieso incorporándome—. Cuando lleguen mis padres… —muerdo mi labio inferior—, quiero regresar a Girnigoe. No quiero que mi hijo crezca aquí, debes ayudarme.
—Y me gustaría hacerlo —acaricia mi cabello—. Pero eres la única que puede salvar a mi hijo.
—Él no te considera su madre —me aparto de su tacto enfadada—. Deja de protegerlo, ¿por qué lo eliges por encima de mí? —Me siento tan defraudada ahora mismo, abandonada por la persona que lleva la misma sangre que yo.
—No es cierto, niña —replica—. Os amo a los dos por igual, y por eso lucharé por vosotros incluso cuando vosotros mismos os deis por vencidos.
—No pienso permitir que me obliguéis a desposarme con un monstruo —me levanto de la cama—. No voy a hacerlo. —Cada vez me siento más nerviosa, asustada y acorralada.
—Debes tranquilizarte —me pide preocupada—. No es bueno para el bebé…
Ahogo un grito en cuanto acaba de hablar porque siento un pinchazo muy fuerte en el bajo vientre, seguido de eso, algo correr por mis muslos. Mis manos levantan mi falda y jadeo al comprobar que es sangre, sollozo alzando la mirada para encontrar la de mi tía, que parece espantada.
—Túmbate. —Me ayuda a llegar a la cama mientras lloro—. Debes mantener la calma, voy a ordenar que traigan a la curandera.
Sale gritando, pidiendo ayuda, Nessa no tarda en aparecer corriendo a mi lado, comprende de inmediato la situación. Aguanta las lágrimas, coge mi mano y solo habla para darme ánimos e intentar que me tranquilice, pero el miedo no me lo permite y mucho menos la culpabilidad.
—¿Esto es un castigo? —le pregunto.
—¿De qué hablas? —replica, apartándome el cabello de mi frente sudorosa, siento dolor, pero eso es lo que menos me importa, lo soportaría gustosa sí sé que mi bebé está bien.
—Justo estaba diciendo que no quería casarme, que no quería lo que el destino parece tener reservado para mí y… —callo porque Cedric entra corriendo con una mirada de absoluto terror, tras él la curandera.
—¿Qué te sucede? —cuestiona, llegando a mi lado—. ¿Gillian?
—Apartad para que pueda trabajar, demonios —ordena la anciana—. Estás sangrando, ¿sientes dolor? —Asiento con la cabeza, veo cómo aprieta los labios—. Si no se detiene, perderás al bebé.
—No la asustes —espeta Cedric—. Haz algo para pararlo.
Lo miro tan impresionada que olvido todo lo que está pasando a nuestro alrededor.
¿Cómo puede ser que este hombre sea el mismo que hace un rato se ha marchado de mi alcoba sin mirar atrás?
Lo más extraño es que mis sentimientos son tan caóticos que hace un momento gritaba odiarlo y ahora su sola presencia consigue calmarme y darme una seguridad que nadie puede proporcionarme.
—No pasa nada, Gillian —dice, mirándome a los ojos—. Mírame, no pienses en nada más, solo tranquilízate.
—Voy a perderlo —susurro—. He matado a…
—No has hecho nada malo —interrumpe—. El bebé va a estar bien. ¿De acuerdo? No pienses en nada más, solo es un pequeño susto, algo que nos avisa de que debes cuidarte.
Me siento tan culpable y no le puedo decir la verdad. Por primera vez me guardo algo solo para mí, ¿cómo decirle que, justo cuando he comenzado a sangrar, maldecía mi mala suerte?, ¿que me negaba a seguir el camino que parece marcado para mí?
—Toma esto, muchacha. —Miro el brebaje que me ofrece con asco, pero obedezco—. Quiero que permanezcas en cama, al menos, una semana. Siempre y cuando dejes de sentir dolor y sangrar, te permitiré caminar un poco cada día. Llamadme si el sangrado empeora.
—¿Te vas? —pregunta Cedric.
—No hay nada que pueda hacer —replica sin detener sus pasos hacia la salida—. Tu presencia puede ser mejor medicina que la que yo pueda darle. Así tú también tendrás tiempo para pensar en todo lo que hemos hablado.
Se marcha. Maeve y Nessa, que han permanecido calladas, salen con ella, sé que lo hacen para dejarnos solos.
—¿Qué ha querido decir? —pregunto, intentando olvidar el dolorcillo de mi bajo vientre.
—Nada. —Qué estúpida, ¿cómo se me ha pasado por la cabeza que él comparta algo conmigo?—. Lo único importante ahora eres tú y nuestro hijo.
No sé qué es, pero algo parece haber cambiado en el Cedric que tengo delante, porque no se parece en nada al que ha estado en esta misma alcoba hace un rato.
¿Qué es lo que le ha dicho la curandera para conseguir semejante cambio?
¿Por qué ella y no yo o Maeve? Lejos de hacerme feliz, me entristece y enfurece porque llevo años luchando por llegar hasta él.
—Cierto, por lo que debería descansar —digo, apartando la mirada y soltando mi mano de su agarre—. No hace falta que veles mi sueño, al contrario de lo que cree la curandera, tu presencia no va a hacer que deje de sangrar, ni va a salvar a mi hijo.
Mira su mano ahora vacía, parpadea varias veces como si lo necesitara para volver a la realidad y encajar el golpe de mis palabras.
—Me lo merezco. —Alza sus ojos buscando los míos—. ¿Crees que no lo sé?, ¿que ahora mismo no me está carcomiendo la culpabilidad? ¿Y si pierdes el bebé porque yo antes te he…?
Se levanta alejándose de mí, lo observo sorprendida al darme cuenta de que ambos nos estamos culpando de lo que está sucediendo, pero cada uno por motivos distintos.
Lo cierto es que ni se me había pasado por la cabeza la posibilidad de que nuestro encuentro anterior tenga que ver con mi sangrado, ni la curandera ha mencionado que pueda ser la causa, por lo que no termino de comprender por qué piensa lo contrario.
—Dudo mucho que la causa por la cual estoy en estado sea la misma que dañe al bebé.
—¿Por qué intento tranquilizar su conciencia?
Supongo que es algo que hago inconscientemente—.
Solo queda rezar, aunque, sea lo que sea, lo que el destino tiene reservado para nosotros, no es algo que podamos cambiar.
—¿Debo quedarme de brazos cruzados mientras mi hijo…? —vuelve a callar como si no fuera capaz de hablar, pasa sus dos manos por el cabello en señal de frustración—. Esto debe ser un castigo.
Guardo silencio, ahora no puedo permitirme preocuparme por él, el dolor que antes me atenazaba el vientre ha menguado bastante, pero todavía siento molestias y no me atrevo a comprobar si sigo sangrando o no.
Si lo hago y veo que no ha cesado, no seré capaz de mantenerme serena, y debo hacerlo por mi hijo o hija, que se merece vivir, merece una oportunidad y pienso luchar para dársela.
No vuelvo a pedirle que se marche, gastar mis fuerzas en enfrentarlo no es una buena opción, así que cierro los ojos dispuesta a descansar. Rezo en silencio, lo hago sin parar por lo que parecen horas hasta que dejo de sentir dolor.
Al volver a abrirlos, descubro a Cedric a mi lado, no me ha abandonado y no sé cómo sentirme al respecto.